Sur de la Florida

Familia lucha para esclarecer muerte de abuela hace 18 años en La Pequeña Habana

Milda Grabis, en una imagen sin fechar de la familia. Grabis falleció a los 82 años en agosto de 2000, 19 meses después de recibir un disparo en la cara durante un intento de robo de su casa en La Pequeña Habana.
Milda Grabis, en una imagen sin fechar de la familia. Grabis falleció a los 82 años en agosto de 2000, 19 meses después de recibir un disparo en la cara durante un intento de robo de su casa en La Pequeña Habana.

Casi dos décadas después de que Milda Grabis recibiera un tiro en la boca disparado por un ladrón en La Pequeña Habana y falleciera 31 meses más tarde, su nieto se niega a permitir que su historia sea olvidada.

Michael Grabis llama y envía correos electrónicos con regularidad al Departamento de Policía de Miami, que él considera que no hizo lo suficiente para investigar en aquel entonces. El persuadió a la Oficina de Medicina Forense a que cambiara un fallo clave, lo cual podría facilitar el enjuiciamiento del atacante de su abuela por asesinato.

Asimismo, él compareció en una reciente conferencia de prensa con la policía de Miami para hablar del caso.

“Mi objetivo es conseguir tanta información como sea posible”, dijo Grabis, de 38 años, consultor de negocios que vive en Nueva York. “Ella era una parte muy importante de mi familia. Miami cuenta con muchas personas muy trabajadoras, y ella era una de esas personas”.

Sus esfuerzos han dado fruto. Detectives de homicidios de Miami han revivido el caso y están tratando de reconstruir los viejos expedientes, encontrar nuevos testigos y estudiar la evidencia para hacer pruebas de ADN. Además, ellos volvieron a comparar las huellas digitales encontradas en la escena del crimen con bases de datos de criminales conocidos.

Pero hasta el momento el ataque sufrido por Grabis sigue siendo tan misterioso como lo fue en enero de 1998.

“Todo da negativo”, dijo el detective de homicidios de Miami Rolando García.

Grabis murió en agosto del 2000, a los 82 años. Su vida estuvo marcada por increíbles odiseas para escapar de la violencia y la pobreza.

Ella creció en una granja en Letonia, el país báltico encajado entre Lituania y Estonia. La dura vida de ordeñar vacas y cultivar la tierra marcó su carácter de hierro y su vigoroso cuerpo. Sus dos hijos le decían Popeye, lo cual la divertía mucho.

La familia Grabis huyó cuando Rusia ocupó Letonia en 1940 durante la etapa inicial de la Segunda Guerra Mundial. Ellos viajaron por barco fluvial hasta Alemania, entonces gobernada por los nazis, pero se las arreglaron para sobrevivir la guerra antes de emigrar a Estados Unidos, donde tenían familia.

Luego de pasar temporadas en Nueva York y Carolina del Norte, la familia Grabis se estableció en Miami. Grabis consiguió trabajo como cocinera de una compañía de catering, un trabajo que al principio le exigía tanto que sus hijos vivían la mayor parte del tiempo en un hogar caritativo para niños.

Con el tiempo, Grabis y su familia prosperaron. Ella compró un dúplex en La Pequeña Habana, cerca de la oficina de su trabajo. A medida que ella envejecía, sus hijos fundaron sus propias familias. Grabis se retiró pero se mantuvo activa. Ella vivía sola en una de las unidades del dúplex y alquilaba la otra.

En la noche del 27 de enero de 1998, John Grabis recibió una llamada telefónica de la familia que alquilaba la otra unidad del dúplex, situado en el 1210 SW 15 Ave. La puerta de su madre estaba abierta, y nadie la había visto en todo el día.

Él les imploró que entraran y vieran cómo estaba. Poco después, John Grabis recibió una llamada de la policía que casi le detuvo el corazón: su madre había sido encontrada en la cama con un disparo en la cara, y había sido llevada de urgencia al Jackson Memorial Hospital.

Detectives creían que el intruso había entrado en la casa y le había disparado esa mañana, dejándola casi muerta por más de 10 horas hasta que fuera descubierta.

“La casa había sido completamente saqueada”, dijo en ese entonces un portavoz de la policía de Miami. “Estamos hablando de las gavetas, los closets, todo. Esta persona se tomó su tiempo después de dispararle a esta señora registrando toda la casa, y luego simplemente la dejó allí para que muriera”.

Grabis languideció durante semanas en el Jackson Memorial, y finalmente fue trasladada a un hogar en Plantation.

Su estado nunca mejoró. Ella nunca volvió a hablar, quedó confinada en la cama y tenía que ser alimentada por medio de un tubo.

Finalmente, en agosto del 2000, Grabis fue llevada de urgencia al Plantation General Hospital, donde falleció. Pero el médico que la atendió — quien al parecer no sabía nada del ataque— diagnosticó de inmediato su muerte como un paro cardiaco natural y no llamó a la Oficina de Medicina Forense de Broward para que le hicieran la autopsia.

Michael Grabis dijo que había quedado estupefacto al enterarse de que el caso de la policía de Miami había quedado latente, relegado a robo con allanamiento de morada con un arma mortal, y que faltaban pedazos del expediente. La oficina de homicidio asignó pronto el caso a la unidad de casos fríos o no resueltos, donde empezaron a tratar de reconstruir los expedientes.

Ha habido dificultades de cierto.

Grabis fue incinerada, lo cual hizo imposible la exhumación y la autopsia. Pero Grabis persuadió a la Oficina de Medicina Forense de Broward a que cambiara la causa de la muerte de “paro cardiaco” a “indeterminada”, lo cual haría algo más fácil llevar a juicio por asesinato a su atacante, aunque probarlo seguiría siendo difícil.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de enero de 2017, 1:12 p. m. with the headline "Familia lucha para esclarecer muerte de abuela hace 18 años en La Pequeña Habana."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA