Acusado de tráfico sexual pone a prueba paciencia de juez federal
Christopher Glenn, experto en informática del sur de la Florida quien cumple una condena de 10 años de cárcel por un cargo de espionaje, está de regreso ante los tribunales federales. Pero esta vez los cargos son de haber tenido sexo con chicas menores de edad mientras trabajaba como contratista de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Honduras.
Pero Glenn está lejos de ser el acusado típico. El hombre de 36 años, de West Palm Beach, despidió a su defensor público e insistió en que representarse a sí mismo. Incluso exigió un intérprete al español para el juicio, a pesar de que nació y se crió en Nueva York y habló inglés sin problema alguno durante su caso anterior de espionaje.
Al comienzo de su juicio por tráfico sexual, Glenn puso a prueba la paciencia del juez federal, la fiscalía y el jurado al afirmar repetidas veces que no estaba preparado para proceder. “No estoy listo para defenderme a mí mismo”, alegó.
Finalmente, al juez federal de distrito Robert Scola no le quedó más remedio que designar a otro abogado defensor. “Está claro que está jugando con este tribunal y colocándome en una posición insostenible”, dijo el juez Scola.
Así comenzó uno de los juicios más extraños en la historia reciente de los tribunales federales de Miami. Glenn está acusado de tráfico de menores de edad con fines sexuales, posesión de pornografía infantil y otros delitos mientras trabajaba como contratista informático en el Departamento de Defensa de Estados Unidos en Honduras entre el 2010 y el 2014.
En sus primeras palabras al tribunal, la fiscal federal Vanessa Singh Johannes dijo al jurado que Glenn es un hombre astuto y perspicaz cuyo delito es “haberse aprovechado de algunas de las personas más pobres del mundo”.
La fiscal dijo que Glenn reclutó a varias campesinas hondureñas adolescentes, tentándolas con promesas de dinero, albergue y comida, y luego las explotó sexualmente, llegando incluso a obligar a las víctimas a tomar lo que él llamaba “vitaminas”, que las hacía “perder el conocimiento”. En un caso, afirmó, Glenn usó un “bastón médico largo” para penetrar las partes pudendas de una niña de 13 años en su casa de Comayagua, 50 millas al noroeste de la capital, Tegucigalpa.
Johannes dijo que el acusado obligó a varias de las chicas a casarse con él en ceremonias falsas celebradas en árabe, pero no presentó ningún tipo de documentación ante las autoridades hondureñas, y desarrollaba una “vida tenebrosa y secreta” con ellas. Después que las chicas lo dejaron, dijo la fiscal, Glenn trató de reclutar a otras menores en aldeas hondureñas.
Pero la vida privada de Glenn en Honduras empezó a hacerse problemática después que el FBI empezó a investigar las supuestas actividades ilícitas de Glenn, lo que llevó al descubrimiento de imágenes de pornografía infantil en su computadora que databan de cuando trabajaba de contratista militar en Irak más de una década antes.
Finalmente, la fiscalía federal del sur de la Florida encausó a Glenn por violación de la Ley de Espionaje, por haber sacado información clasificada de las computadoras de la Fuerza de Choque Conjunta Bravo del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos en la Base Aérea Soto Cano.
Después de declararse culpable y ser sentenciado a 10 años de cárcel en el 2015, Glenn fue encausado por tráfico sexual el año pasado.
Wesley Floyd, agente especial retirado del FBI quien supervisó la investigación en Honduras, testificó que un vecino de Glenn ayudó a los investigadores a encontrar a una de sus víctimas y que eso sirvió como base legal para el registro de la casa de dos pisos del acusado en Comayagua. “La cosa empezó con una, y de ahí creció como una bola de nieve”, declaró Floyd.
Jay Weaver: 305-376-3446, @jayhweaver
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de febrero de 2017, 1:39 p. m. with the headline "Acusado de tráfico sexual pone a prueba paciencia de juez federal."