Aguas turbias, un problema recurrente en Miami
Si busca practicar actividades acuáticas y vive en el norte del Condado Miami-Dade, tal vez sería mejor limitarse a un chapuzón en la piscina.
A 10 días de las lluvias torrenciales que inundaron calles y estacionamientos en el sur de la Florida, un parque estatal y partes de la Bahía de Biscayne continúan en alerta por elevados niveles de materia fecal luego que una planta de tratamiento de aguas residuales se desbordara tras la tormenta.
El Departamento de Agua y Alcantarillado de Miami-Dade recomendó el martes evitar tener cualquier tipo de contacto — nadar, pescar e incluso navegar en canoa — con las playas del parque Oleta River, en North Miami, el Lago Maule, la Bahía Dumfoundling y parte del Intracoastal Waterway, que conecta tierra firme con la ciudad isleña de Sunny Isles Beach.
Jennifer Messemer, vocera de la agencia gubernamental, dijo a el Nuevo Herald que el cordón de prevención en el área se ha reducido en los últimos días, y que pronto será otra vez seguro zambullirse en el mar.
“El sector afectado se ha hecho cada vez más pequeño, seguimos analizando muestras de agua y esperamos en cualquier momento alcanzar niveles aceptables para levantar el aviso”, dijo Messemer.
Análisis llevados a cabo desde la tormenta del 28 de febrero por la División de Recursos Ambientales del condado arrojaron niveles elevados de bacterias enterococcus y materia fecal en el agua.
Ese sábado, partes de Miami y Broward — incluyendo Aventura, Hollywood, Opa-locka y el downtown — recibieron de seis a ocho pulgadas de lluvia en solo algunas horas. El exceso de agua fluvial hacia las alcantarillas, combinado con una falla en una de las bombas de desagüe de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales del Distrito Norte, culminaron en una filtración masiva de 3.5 millones de galones de desechos parcialmente tratados.
Messemer explicó que las aguas cloacales ya habían pasado por un cierto proceso de purificación al momento de la inundación, y dijo que el incidente se debió a un “desafortunado conjunto de circunstancias”.
“No esperábamos recibir esa cantidad de lluvia en la temporada seca, y teníamos una de las bombas bajo mantenimiento”, dijo Messemer.
En enero, otro chaparrón esparció entre 1.2 millones y 1.6 millones de galones de desperdicios sin tratar a la Bahía de Biscayne, en el norte del condado.
Los problemas de filtración de aguas turbias al piélago no son nada nuevo en Miami.
De hecho, un reporte del condado presentado a principios de marzo indica que más de un millón de galones de desechos cloacales sin tratamiento alguno se filtraron en los últimos seis meses debido al envejecido sistema de alcantarillado condal.
Un total de 64 derrames de desechos ocurrieron durante este periodo; un alto porcentaje de ellos tuvieron lugar en Hialeah. En noviembre del 2014, el motor de una bomba de drenaje localizado en el bloque 3300 de West 76th Street, en Hialeah, envío unos 540,000 galones de aguas residuales hacia las calles de la ciudad.
De los 64 derrames, nueve dejaron escapar 10,000 galones o más de alcantarillado, con tres de esos nueve causados por roturas en tuberías viejas de fibrocemento — parte de 26 millas de tubería vieja que el condado debe reemplazar.
Entre 2008 y 2012 , Miami-Dade reportó 177 derrames de aguas residuales por un total de más de 50 millones de galones.
El director del Departamento de Agua y Alcantarillado del condado, Juan Carlos Arteaga, le dijo al Miami Herald la semana pasada que su agencia está actualmente trabajando en 101 proyectos para mejorar las alcantarillas del condado.
Las reparaciones son parte de un plan de 15 años y $1,600 millones en fondos federales para mejorar los acueductos de Miami-Dade.
“Esto va a darnos lo que necesitamos para ser proactivos, en lugar de reactivos, en todas estas cosas”, dijo Arteaga.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de marzo de 2015, 5:48 p. m. with the headline "Aguas turbias, un problema recurrente en Miami."