Sur de la Florida

Se les acaba el tiempo a los pequeños negocios de la Pequeña Habana de Miami

Los pequeños negocios que le han dado vida a la íconica Pequeña Habana de Miami—con su emblemática Calle Ocho llena de cafecitos, restaurantes, tiendas de souvenir y habanos—están en peligro de desaparecer.

El aumento de las rentas y la creciente demanda por los bienes raíces en el área han puesto entre la espada y la pared a los propietarios de negocios de la zona. Algunos han tenido que cerrar, y sus vecinos temen la misma suerte.

“Esto es un negocio familiar en el que invertimos salud, sudor y mucho dinero. Nosotros hicimos en este local desde la plomería hasta las trampas de grasa”, dijo a el Nuevo Herald Laura Espinosa, de origen colombiano, propietaria de LeKoke, un pequeño restaurante en la icónica Calle Ocho y la Avenida 12, apenas a unos pasos del Paseo de la Fama y el Parque Máximo Gómez.

Espinosa y su esposo, Ronald Torres, están luchando por conservar su negocio en el centro comercial donde abrió hace cuatro años. Pero en el 2015 el inmueble cambió de dueño, y Espinosa y Torres aseguran que el nuevo propietario quiere que se marchen.

“Quiere convertir la Pequeña Habana en otro Brickell”, dijo Espinosa. Otro negocio del mismo edificio, una heladería, tuvo que cerrar, y su dueña “lo perdió todo”, dijo.

Sin embargo, el dueño del inmueble, Marcos Lapciuc, dijo a el Nuevo Herald que compró el edificio en una corte de bancarrota y está invirtiendo $2 millones en renovar el centro comercial. Su proyecto de remodelación tiene como fin que el centro comercial “luzca como La Pequeña Habana”, aseguró.

“Ahora mismo parece un basurero”, dijo Lapciuc, quien asegura que en la zona hay “varios problemas ocultos”, entre ellos el crimen y las drogas.

Lapciuc asegura que es un defensor del vecindario y quiere mantenerlo con “el encanto de La Pequeña Habana, que son los pequeños negocios”.

Representación de la remodelación del centro comercial donde se encuentra LeKoKe, en la Pequeña Habana.
Representación de la remodelación del centro comercial donde se encuentra LeKoKe, en la Pequeña Habana. Cortesía

“Queremos mantener ese patrimonio”, dijo Lapciuc, pero argumentó que LeKoke paga de alquiler unos $10.77 por pie cuadrado, mientras que sus gastos por el inmueble, incluidos el seguro y los impuestos, son de unos $10 por pie cuadrado. “Por lo tanto, la renta es de 77 centavos. Básicamente gratis”, dijo.

El precio promedio en Miami por ese tipo de locales es de unos $30 a $35 por pie cuadrado, dijo Lapciuc. En otras áreas, como Brickell, el pie cuadrado se cotiza a unos $80, y en Miami Beach $200, dijo.

Además, el vecindario podría muy pronto quedar irreconocible si no se pone en práctica un plan de preservación urgente, aseguran los expertos.

La Pequeña Habana ha sido objeto de controversia por una propuesta del gobierno municipal a principios del 2015 para permitir la construcción de edificios más altos en una zona del vecindario. Vecinos y activistas se opusieron, argumentando que la urbanización desplazaría a los residentes más humildes y destruiría el patrimonio arquitectónico de comienzos del siglo XX. Más de 70,000 personas viven en el vecindario, el más poblado de Miami.

La Comisión Nacional de Preservación Histórica incluyó ese mismo año a La Pequeña Habana en su lista de Tesoros Nacionales y de comunidades más amenazadas de Estados Unidos, con el fin de proteger al vecindario del rápido desarrollo urbano que está transformando Miami.

La Comisión de Miami retiró la controversial propuesta en enero pasado y acordó que se guiará por un plan de preservación que están elaborando la Comisión Nacional de Preservación Histórica junto con la Comisión de Preservación de Dade y una firma asesora de urbanización y planificación llamada Plusurbia.

El plan deberá estar listo para finales de año, con suerte antes de las elecciones de noviembre, según Christine Rupp, de la Comisión de Preservación de Dade.

Pero para ese entonces ya podría ser muy tarde para algunos negocios, como LeKoKe.

Según Espinosa, desde que el edificio cambió de dueño, la familia ha vivido “un suplicio”.

Espinosa alega que el nuevo dueño “ha dejado deteriorar el shopping y el parqueo estaba lleno de maleza. En el 2015 arreglaron el techo y para eso no nos avisaron y nos dejaron a la intemperie por varios días. Una vez que teníamos un evento, nos cortaron el agua”. Esos inconvenientes le han generado cuantiosas pérdidas, dijo.

LeKoke y West Brickell Properties están en pleno litigio en el tribunal de Miami-Dade. Espinosa y su esposo quieren renovar el contrato de arrendamiento, que vencía en enero del 2017, pero hasta la fecha no lo han conseguido.

En mayo, la cuenta en el Ocean Bank donde depositaban los pagos del arrendamiento fue bloqueada, según Espinosa.

La abogada Barbara Cass, quien representa a LeKoke, dijo a el Nuevo Herald que después de meses de litigio, finalmente los dueños del restaurante han podido comenzar a depositar sus pagos del alquiler del local en el tribunal. “Al menos eso les permitirá continuar en el local”, dijo Cass.

“Es una situación desafortunada”, dijo Cass. “Están sacando a todas estas personas de aquí y tratando de cambiar La Pequeña Habana”.

Lapciuc asegura que está dispuesto a trabajar con los dueños de LeKoke para llegar a un acuerdo y que planea poner otros restaurantes en el centro comercial, pero que hasta ahora los inquilinos de LeKoKe han sido “intransigentes”.

Christine Rupp, de la Comisión de Preservación de Dade, dijo que la realidad es que a medida que el valor de la propiedad aumenta en Miami, los propietarios de inmuebles aumentan los alquileres y muchas veces los pequeños negocios no pueden pagar los nuevos precios y se ven obligados a ceder el lugar a cadenas nacionales.

“La razón por la que la Calle Ocho es la Calle Ocho es por esos pequeños negocios”, dijo Rupp. “Nadie quiere otro Pizza Hut en La Pequeña Habana”.

Mientras tanto, el futuro de LeKoke y otros negocios similares permanece incierto. Tampoco se sabe cómo va a lucir La Pequeña Habana en el futuro porque no se han creado las normas de diseño ni se han escrito ordenanzas al respecto.

Cuando un vecindario es designado como histórico, se crean directrices para su desarrollo y preservación, explicó Rupp. Si un área no está designada, lo que cuentan son las normas municipales.

El plan que se está trabajando “es simplemente una recomendación”, dijo Rupp. “Pero si la Ciudad está interesada en preservar la viabilidad y proteger el vecindario del aburguesamiento, deberían revisarlo”.

“Esperamos que sea una hoja de ruta para el futuro de La Pequeña Habana”, añadió.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de agosto de 2017, 7:48 a. m. with the headline "Se les acaba el tiempo a los pequeños negocios de la Pequeña Habana de Miami."

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