¿Un rico de Miami ayudó a amañar la selección de la sede de las Olimpíadas 2016?
Después de que se contaron los votos que decidieron que Río de Janeiro sería la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos del 2016, la ciudad brasileña fue presa de la euforia, el gobierno declaró un feriado estatal y hubo fiestas en la playa de Copacabana.
Fue la primera vez que una ciudad sudamericana era escogida para celebrar los Juegos Olímpicos.
Pero esa victoria ha quedado manchada recientemente por visos de escándalos, e investigadores franceses que buscan pruebas de un posible plan de soborno al estilo de los Papeles de Panamá: una cuenta bancaria en Rusia, una empresa tenedora en las Islas Vírgenes Británicas y una turbia transferencia bancaria de $1.5 millones tres días antes que Río fuera seleccionada.
Uno de los hombres atrapado en la mira de la investigación es un brasileño rodeado por el misterio y quien desde hace mucho tiempo se desplaza entre dos mundos: es un magnate contratista en Río e inversionista destacado en Miami.
Su nombre es Arthur Cesar de Menezes Soares Filho, o ‘rey Arturo’, como es conocido en Brasil. El individuo ha vivido por períodos en Miami a lo largo de los últimos decenios, gastando millones en costosas propiedades y abriendo un sinnúmero de negocios, según los registros públicos. Pero su vida de lujos podría verse en peligro ante la intensificación de las investigaciones en curso.
Pero los fiscales franceses no son su único problema. Investigadores brasileños están encausando a personas del círculo de Soares bajo cargos de corrupción como parte de una investigación separada, lo que provocó la especulación de los medios noticiosos de que el rey Arturo pudiera ser el próximo.
Soares no respondió a mensajes enviados a través de su socio de negocios y del portero de su residencia, en que se le pedían declaraciones. Abogados vinculados con Soares a través de registros de negocios o de tribunales declinaron comentar o no respondieron a llamadas y correos electrónicos que describían la naturaleza de este reportaje.
Soares es un hombre que se mezcla fácilmente en Miami, una ciudad llena de extranjeros ricos, refugio de líderes derrocados y otros que buscan un espacio cuando las autoridades de sus países les cierran el cerco.
Más recientemente, el ex presidente panameño Ricardo Martinelli fue arrestado en su casa de Coral Gables por cargos de corrupción, lo que inició un proceso de extradición.
En Río, Soares era el principal contratista del gobierno estatal, que ofrecía de todo —como servicios de limpieza, seguridad y alimentos en las prisiones— y era la mano derecha del gobernador del estado de Río, Sérgio Cabral. Durante el mandato de Cabral, las ganancias de Soares se multiplicaron, generando 3.000 millones de reales, (unos $960 millones), en contratos con el gobierno, según un reporte de marzo del diario brasileño Folha de Sao Paulo.
Entonces el mundo de Cabral colapsó. Primero, dejó el cargo de gobernador, cediendo ante la presión de un público descontento. Luego fue arrestado por cargos de soborno. Con la esperanza de reducir su condena, Cabral ofreció denunciar a sus aliados, entre ellos Soares.
Cabral prometió divulgar detalles de una reunión celebrada en el 2009 con Soares, junto al entonces presidente brasileño Luiz Ignácio Lula da Silva y el alcalde Eduardo Paes, según tres fuentes que han visto el documento de la propuesta. El supuesto propósito de la reunión era autorizar a Soares a sobornar a un miembro del Comité Olímpico Internacional (COI) para votar por Río como la ciudad sede del 2016.
Los fiscales no aceptaron la oferta de Cabral. Sin embargo, la investigación de esa reunión sigue su curso.
Documentos de negocios registrados en el estado de la Florida, documentos del tribunal y las escrituras inmobiliarias ofrecen un vistazo a la vida de Soares en Miami. Pero encontrar al hombre mismo, conocido por su extrema discreción, es como trata de encontrar un fantasma. El agente que le alquiló el espacio de un restaurante en el Four Ambassadors en Brickell dice que nunca lo conoció. Lo mismo dice el individuo que compró su casa de Key Biscayne en $2.1 millones.
Incluso un abogado en Miami que representó a compañías de Soares en una demanda dijo que nunca habló con su cliente.
Problemas en todo el mundo
El escándalo olímpico de Río empezó como una investigación internacional sobre presunto dopaje entre atletas rusos y la corrupción entre los líderes de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF). Pero a medida que los investigadores comenzaron a profundizar se tropezaron con acuerdos sospechosos sobre los votos que eligieron las ciudades para los Juegos de Verano en el 2020 (Tokio) y el 2016 (Río), según informes publicados en The Guardian y Le Monde.
Francia, que tiene un poderoso órgano de investigaciones financieras, fue encargada de encontrar la verdad. La pesquisa todavía está en sus primeras etapas, pero ya se ha descubierto que una compañía en las Islas Vírgenes Británicas vinculada con Soares estaba involucrada en una cadena de transferencias bancarias sospechosas, según Le Monde.
Ese diario francés escribió que Soares supuestamente usó sus empresas en paraísos fiscales para pagar $500,000 a Papa Massate Diack, hijo de Lamine Diack, senegalés miembro del Comité de Selección del Comité Olímpico Internacional (COI) y entonces presidente de la IAAF, dijo una fuente cercana a la investigación francesa. Ese dinero fue transferido a una cuenta en Rusia.
Le Monde reportó que tres días antes de la votación del COI sobre la ciudad anfitriona del 2016, la compañía de Soares transfirió $1,5 millones adicionales a Papa Massate. Los investigadores están siguiendo la pista al dinero y el diario francés ha informado que el día de la votación cerca de $300,000 llegaron a manos de un directivo del comité.
Río ganó abrumadoramente.
Hoy, Lamine Diack está detenido en Francia bajo cargos de corrupción y lavado de dinero relacionados con el caso de la IAAF. Se ha emitido una orden de arresto internacional contra su hijo, según The Guardian.
Soares está bajo un escrutinio aún más intenso en su país por sus conexiones con Cabral, el ex gobernador encarcelado, mientras los investigadores federales investigan las acusaciones de que el empresario llegó a ser el principal contratista del gobierno a través de sobornos. Tanto él como Cabral tenían casas de verano en el mismo barrio de lujo junto mar —junto con otros funcionarios estatales y empresarios arrestados— en una playa de aguas azules a un par de horas de Río, según el periódico brasileño O Globo.
Entre las acusaciones: Folha de Sao Paulo informó el año pasado que Soares pagó un millón de reales (más de $300,000) al despacho de Adriana Ancelmo, esposa de Cabral.
Soares dijo en una declaración jurada que ese pago fue por servicios jurídicos a Ancelmo, quien es abogada, según documentos del tribunal.
El arresto de Cabral sacudió al país en momentos que la lista de políticos brasileños no implicados en la corrupción es cada día menor. Cabral es solamente el más reciente en caer en la masiva investigación anticorrupción conocida como Lava Jato (Lavado de Autos), llamada así por una gasolinera gasolina usada por redes criminales para lavar dinero.
Un hombre esquivo
En Brasil, el rey Arturo tiene una historial de evitar la luz pública. En conversaciones se dice que habla suave y educadamente. Antes de vender su negocio en Río, pasó gran parte de su tiempo en su oficina principal, un edificio sencillo excepto por sus altos muros y seguridad digna de un bunker, ubicado en un barrio de clase media baja.
Pero en Miami su esquiva presencia es casi como un fantasma.
Un portero confirmó que Soares vive en una lujosa villa de $5.3 millones en Key Biscayne, parte del complejo Oceana, en el lado este de la isla. En su página de Internet, el complejo se anuncia como “ultraexclusivo” y con un “ambiente discreto”. Del lugar salen autos Porsche y Mercedes-Benz y los inquilinos tienen que autorizar la entrada de cualquier visitante.
Los que conocen al rey Arturo dicen que disfruta de las cosas más finas. Solía navegar su yate de 70 pies de eslora en el mar cerca de su casa playera en Brasil y tenía un jet privado para ir y venir a Miami, según antiguos socios. Toma champaña Cristal y fuma puros Cohiba. Y ha ido a conciertos de Cher en las Vegas y Miami.
En Miami, el rey Arturo frecuenta Casa Tua, en Miami Beach, según un antiguo socio, lo que refleja su gusto por el lujo y el misterio.
Definido como un lugar para “escapar del frenesí de South Beach”, el exclusivo restaurante italiano está marcado solo por una pequeña señal en el estacionamiento y muy lejos de la acera, detrás de una pequeña verja que se mantiene cerrada. El patio está rodeado de arbustos altos que sólo dejan pasar la luz de las velas, lo que crea un ambiente privado y exclusivo.
El administrador de Casa Tua confirmó que Soares era un “rostro familiar” que aparecía “algunas veces”.
Según los registros de negocios de la Florida y el reportaje de Folha de Sao Paulo, uno de sus primeros negocios en el estado fue un restaurante brasileño de parrilladas llamado Porcao, uno de los locales favoritos del hotel Four Ambassadors, hasta que cerró. El local en Miami fue el modelo de los primeros restaurante Porcao de Soares en Brasil, entre ellos uno en Río que era un lugar privilegiado para los conectados políticamente.
Robert García, empleado de mucho tiempo y administrador de la oficina de arrendamiento del Four Ambassadors, recuerda a otros dueños, administradores y meseros, pero no a Soares. “He estado aquí desde hace muchos años y nunca lo he conocido”, dijo.
Ricos en Miami
La presencia inicial de Soares en Miami fue mínima, con sólo unas cuantas compañías a su nombre a mediados de los años 90. Hoy está vinculado con 28 empresas en la Florida, según los registros oficiales estatales, algunas con nombres casi idénticos a las que tenía en Río.
Ana Paula Santiago, una aliada de negocios cercana que también es de Río, dijo que todos los negocios son compañías de inversión.
“Algunos [invierten] en bienes raíces, otros en servicios médicos, cada uno tiene algo en particular”, dijo, confirmando también que todas las empresas activas de Soares tienen sede en la misma oficina de un rascacielos de Brickell.
Santiago dijo que le enviaría una solicitud de entrevista a él, pero el esfuerzo fue infructuoso.
Soares aparece como agente registrado o gerente de algunos, pero no todos, los negocios relacionados con él. Shruti Shah, contador forense y vicepresidente de Transparency International USA, una organización no gubernamental que lucha contra la corrupción, dijo que eso es legal pero dificulta tener una visión clara de sus compañías.
“El problema es que se pueden abrir empresas sin tener que revelar quiénes son realmente los propietarios”, dijo.
El grupo de empresas del rey Arturo también se extienden a costosos bienes raíces de Miami y muestran una afinidad por propiedades caras cerca del mar.
En el 2004, una de sus compañías compró una casa de cinco habitaciones en Key Biscayne por $1.5 millones y seis años después la vendió por $2.1 millones, según registros del Evaluador de Propiedades de Miami-Dade.
Luis A. Somoza, quien vive al otro lado de la calle, dijo que Soares y su esposa no socializaban y que los vecinos rara vez los veían o hablaban con ellos.
El hombre que ahora vive en la casa blanca de cristal con su familia dijo que nunca conoció a Soares porque la venta fue manejada a través de agentes de bienes raíces.
En los años siguientes, una empresa administrada por uno de los negocios de Soares compró un centro comercial en Deerfield Beach por $5.8 millones. Otra de sus compañías compró en $2.2 millones un apartamento de tres dormitorios en el edificio Santa María de Brickell, que tiene pisos de mármol y un balcón con vista a Biscayne Bay y el horizonte de Miami. La propiedad fue luego transferida a otra empresa, también ubicada en la sede de Soares en Brickell, según el Evaluador de Propiedades.
Posteriormente, tres de las compañías de Soares intentaron comprar seis condos en Brickell que costaban millones, pero la transacción de frustró por un desacuerdo con el vendedor y las empresas del rey Arturo demandaron, según registros judiciales. John Arrastia Jr., el abogado de Miami que representó a las compañías de Soares, dijo que nunca conoció a su cliente.
“Nos comunicamos básicamente por escrito”, dijo.
Un análisis de la actividad empresarial de Soares en Brasil concluyó que está vinculado con por lo menos 44 empresas, con una gran cantidad de cambios de nombre, disolución de empresas antiguas y creación de otras nuevas.
Por ejemplo, pocas semanas antes que la Operación Lavado de Autos comenzara en marzo del 2014, Soares vendió una participación del 95 por ciento en su mayor grupo de negocios a una compañía llamada Rise International, que inmediatamente le cambió el nombre al grupo y la residenció en las Bahamas, según un documento de registro empresarial en Brasil.
Ese mismo patrón se mantiene en sus negocios en Miami: en el 2014 tres de sus compañías quedaron inactivas. Al mismo tiempo, cuatro nuevas compañías aparecieron bajo su nombre, según registros empresariales.
Shah dijo que ese comportamiento dificulta hacer un seguimiento de la riqueza de Soares.
Por el momento, investigadores de Brasil y Francia comparten documentos e información, tratando de desentrañar el caso de este misterioso hombre que sabe permanecer bajo el radar en dos continentes.
Kevin Hall, de la oficina de McClatchy en Washington y ex corresponsal en Sudamérica, contribuyó a este reportaje. Malu Gaspar reportó desde Río de Janeiro y Emily L. Mahoney desde Miami.
Nota: Este reportaje es una colaboración entre el Miami Herald y la revista brasileña Piaui.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de agosto de 2017, 3:50 p. m. with the headline "¿Un rico de Miami ayudó a amañar la selección de la sede de las Olimpíadas 2016?."