El peligro de pasar la tormenta en casas rodantes
Durante una tormenta devastadora como el huracán Irma, nadie es más vulnerable que los que viven en los parques de casas móviles del sur de la Florida, viviendas hechas en lo fundamental de aluminio y madera prensada.
Muchas de estas personas son mayores y pobres. Algunas no tienen vehículo. Todas deberían tener una misión: evacuar.
Pero no todos pueden marcharse.
“No tenemos adónde ir”, dijo Valius Derival, de 66 años, trabajador de la construcción retirado que vive con su esposa y dos familiares en una casa móvil medio desvencijada en el vecindario miamense de Little River. Derival dijo que no sabe dónde están los albergues para evacuados en Miami-Dade ni cómo llegar a ellos.
Pocos de sus vecinos saben que ellos y otras 650,000 personas tienen órdenes de evacuación del alcalde condal Carlos Giménez. La orden se aplica a las áreas costeras, el centro de Miami y las zonas de casas móviles en todo el condado. Ordenes similares se han emitido en Broward.
En una comunidad de alquileres elevados y salarios bajos como el sur de la Florida, los parques de casas móviles sacan a relucir las disparidades económicas que pueden afectar los esfuerzos de evacuación antes de un desastre. Con tantas noticias que nos llegan por los teléfonos móviles, los que no tienen acceso a internet no están al día. Así las cosas, las tormentas enfocan la atención en los problemas de la pobreza.
“A lo mejor podemos pedir a un amigo que nos lleve”, dijo Derival, quien conversaba con sus vecinos en la escalera de la casa sobre sus planes de evacuación.
Lindsay Reiter, el gerente del parque de casas móviles en 215 NW 79 St., dijo que la mitad de los aproximadamente 230 vecinos planean quedarse.
“Voy a hablar con la policía”, dijo Reiter. “Quiero que entiendan bien las consecuencias. Habrá víctimas. Estas estructuras no son robustas”.
Bajo la sombra de los enormes rascacielos de apartamentos del sur de la Florida hay casi 54,000 casas móviles: 13,000 en Miami-Dade, 19,000 en Palm Beach y 21,500 en Broward. Como todos los vecindarios, los parques de casas móviles no son todos iguales. Algunos tienen viviendas manufacturadas de buena calidad. Otras son apenas chozas de metal. Durante el huracán Andrew, los parques de casas móviles en el sur de Dade sencillamente desaparecieron.
“Yo estuve aquí cuando Andrew, en este mismo lugar, y después que pasó el huracán no quedó parque. ¿Escuchó? No había parque”, dijo Bruce Groene, quien vive en el Goldcoaster, una zona cuidada de casas móviles entre Florida City y Homestead. “No tiene sentido poner las contraventanas. Durante Andrew, instalé las contraventanas y la casa desapareció. Es una situación sin solución. Esta casa es muy frágil”.
La Policía de Miami-Dade dice que la mayoría de las personas se están marchando de las casas móviles en la región. Agentes que atienden los vecindarios han recorrido los parques y tomado nota de quién se queda y quién se va.
“Creemos que la mayoría de la gente se marchará, y muchos ya se han ido”, dijo un agente en el parque Goldcoaster.
Los que se quedan
Betty Alexander, de 90 años, no piensa irse a ninguna parte. Después de perder el techo de su casa en 1992, tiene ganas de enfrentarse a Irma.
“No me voy a ninguna parte. Tengo comida, licor y papel de baño. No necesito mucho más”, dijo Alexander con una sonrisa. “Esta casa móvil es diferente. Yo misma la diseñé y la conozco bien. Es robusta”.
Pero tormentas incluso más débiles han causado grandes estragos en los parques de casas móviles.
Después del huracán Hermine, una tormenta de categoría 1 que golpeó en la Costa del Golfo de la Florida el año pasado, “pareció que los parques de casas móviles fueron los más afectados”, dijo Don Hermey, ex director de emergencias del Condado Manatee, al diario Brandenton Herald. Las inundaciones arruinaron las casas y el vientos les arrancó el techo.
El parque de casas móviles de Little River, en 215 NW 79 St., tiene 77 unidades, en su mayoría habitadas por haitianos e hispanos. En el lugar hay perros, gatos y gallinas, además de una zarigüeya solitaria. Un almacén de embarcaciones separa el parque de una carretera transitada. En una calle lateral, un montón de basura —sillas rotas, mesas desbaratadas, sofás viejo— descansa junto a una señal de “No echar desechos”. Los vecinos dicen que gente de fuera viene a echar su basura en el lugar.
El asunto es que esos muebles rotos se pueden convertir en proyectiles mortales con los vientos de 185 millas por hora de Irma.
Felius Gerveus, de 60 años, dijo que no está seguro de que el parque exista cuando regrese de la iglesia de North Miami donde planea refugiarse.
“No tengo nadie que me ayude”, dijo Gerveus. “Sólo Dios. Aquí uno tiene que arreglárselas solo para sobrevivir”.
Fight or flight
Evacuar parece lo más sensato.
En el Moonlight Ranch —un parque de casas móviles y rodantes junto a Griffin Road en Davie— los vecinos de Harriet Blackman se han ido casi todos, o están a punto de marcharse.
Calle abajo, su vecina, Rose Charron, de 59 años y camarera del restaurante DiSalvo’s, está cargando su Ford Expedition con pantalones y camisetas doblados para irse a casa de su pareja.
“Él vive detrás del Bar Josie’s bar, así que estoy bien. Tenemos tres paquetes de 12 cervezas para él y tres botellas de vino para mí”, dice la mujer.
Adentro, la madre de Charron, Bonnie Smith, de 78 años, mira la cobertura de Irma. Parte de su casa móvil se inundó durante aguaceros fuertes pequeños. Al otro lado de la calle, su vecino espera afuera listo con una maleta.
Los vecinos del parque, que viven en casas móviles de aluminio y fibra de vidrio inmediatamente al sur de un lago de retención y al oeste del Turnpike de la Florida, hacen lo que pueden para asegurar sus casas. Pero les preocupa la lluvia y la fuerza del viento.
Irma Roldan (sin relación alguna con la tormenta) ha cubierto las ventanas. Moses Muniz sacó una sierra circular y corta piezas de plywood para clavarlas sobre las ventanas.
Pero Blackman, de 85 años, dice que piensa quedarse, sencillamente porque no sabe adónde ir. Le preocupa su perro, un Yorkie de 10 años llamado Jaden. Y ya decidió no quedarse en un albergue, dice, porque le duele demasiado el cuerpo para dormir en el suelo.
Su casa móvil, que ella dice es de 1963, ha resistido varios huracanes. Pero tiene miedo.
“No quiero dejar a Jaden. Tampoco quiero morir”.
Aunque las órdenes de evacuación —también emitidas para casas móviles y áreas bajas en Broward— son “obligatorias”, muchos no aceptan abandonar sus viviendas. El problema es que los trabajadores de emergencia quizás no puedan llegar a los que se queden. Los tres hospitales de los Cayos están en proceso de cerrar.
“Si uno se queda, uno piensa que es un valiente, pero te quedas solo”, dijo el miércoles Roman Gastesi, administrador del Condado Monroe. “La población no puede esperar que vayamos a rescatarlos”.
En esta era de los medios sociales, las personas mayores y pobres quedan atrás.
“Más que nunca antes, hay una gran dependencia en los medios sociales y los aparatos electrónicos para entregar información”, dijo Alayne Unterberger, de la organización sin fines de lucro Florida Institute for Community Studies. “Y este grupo de personas no sabe mucho de estos equipos, y además no tienen acceso”.
Jay Baker, profesor retirado de la Universidad Estatal de la Florida que estudia la reacción del público a los huracanes, dijo que la mejor forma en que las autoridades pueden conseguir que la gente se marche es tocando puertas y explicando el peligro. En los vecindarios muy poblados, anunciar la evacuación por altoparlantes también puede ayudar.
“La gente sencillamente desestima el peligro que enfrentan”, dijo Baker.
Pero incluso si se marchan, los esperan otros problemas: muchos no tienen dinero para comprar los suministros necesarios para pasar la tormenta.
“Lo único que me voy a llevar son mis tres perros”, dijo José Rivera, de 87 años y de Little River.
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Esta historia fue publicada originalmente el 7 de septiembre de 2017, 6:02 p. m. with the headline "El peligro de pasar la tormenta en casas rodantes."