‘Los Cayos no son lo que ustedes dejaron atrás al evacuar’
Cuando Judith Silva se acercó a su pescadería y restaurante junto a Overseas Highway en la milla 52 el sábado por la mañana, respiró con cierto alivio. Los letreros de King Seafood aún estaban en lo alto de su negocio y estaba intacto el mural por cuya restauración pagó $2,000 recientemente.
En el interior, era un asunto diferente: una marea de tormenta de 2 a 3 pies había depositado una espesa capa de fango y probablemente produjo cortocircuitos en sis refrigeradores.
“Es una pérdida total”, dijo Silva. Sin seguro, sólo espera que califique para recibir ayuda de FEMA o de otras pequeñas empresas.
Silva, que esperó durante días para regresar a los cayos medios para hacerse cargo del negocio, estuvo entre los que volvieron cuando las autoridades comenzaron a readmitir a la gente en la parte central de la cadena de la islas desde el sábado por la mañana. Pero mientras se preparan para reabrir los cayos el domingo para la vuelta de los residentes, advierten que los servicios siguen siendo irregulares y que el esfuerzo de reconstrucción después del huracán Irma llevará semanas o meses.
El agua, la electricidad y el servicio de alcantarillado funcionan intermitentemente en el mejor de los casos, dijo a los periodistas el alcalde del condado de Monroe, George Nugent, en una conferencia de prensa en Marathon el sábado por la tarde. Los hogares podrían no ser habitables. Si los residentes pueden permitirse el lujo de hacerlo, agregó, deberían considerar volver a la península.
“Los Cayos no son lo que ustedes dejaron al evacuar hace unos días”, dijo.
Pero es poco probable que la advertencia disuada a los ansiosos, enojados e impacientes que aún esperan en las carreteras para regresar a sus hogares y evaluar el daño que Irma causó. En los últimos días, muchos han suplicado a los oficiales del punto de control en medio del Overseas Highway, que los dejaran pasar.
Silva estaba entre los inquietos por retornar a los Cayos. Fue rechazada repetidamente en el punto de control de la milla 74, pero pasó el jueves y el viernes por la noche en un refugio en Island Christian School en la milla 81 con otros 60 residentes de los cayos intermedios también ansiosos por regresar.
Cuando llegó la noticia el sábado temprano de que podían seguir, el refugio se vació en minutos, aunque la mayor parte de Marathon todavía está sin electricidad.
“Estaba preocupada por volver tan pronto como fuera posible para ahorrar tanto como pueda”, dijo. “El fango y el moho empeoran con el tiempo”.
Silva perdió su hogar en un incendio en febrero, por lo que la familia ya estaba en una vivienda temporal y probablemente regresará al refugio para dormir. “Es mucho trabajo”, dijo. Pero me alegro de estar de vuelta.
Como otros en la comunidad, pensaba en los demás, incluso mientras se preparaba para reconstruir su negocio.
¿El marisco que se descongelaba en los refrigeradores? Donarlo a Elks Lodge local, que preparaba y distribuia comida a los primeros residentes que necesitan una comida caliente.
“Ella es una bendición, una bendición”, dijo Dani Crowley, de 48 años, jefa del albergue, quien junto a su esposo, Jim, cocinaron durante días. “lo han perdido todo, pero entregan lo que tienen a alguien”.
Crowley, nativo de Marathon cuya casa perdió sus paredes y techo, aún esperaba que ella diera de comer a los rescatistas para comenzar sus propios esfuerzos de recuperación.
“Nos ayudamos mutuamente”, dijo Crowley. “Así es como hacemos las cosas aquí”.
Más arriba en esa calle, Austin Christie inclinó la nevera roja de Coca-Cola, que chorreaba agua de mar y latas de refresco calientes.
“Es tan desagradable”, dijo Krizia, su hermana de 21 años.
“Al menos está ayudando con el fango”, dijo su madre, Kristine, de 50 años.
Sin agua corriente, la familia de West Kendall ha dependido del agua de mar estancada y maloliente para lavar la gruesa capa de fango que el huracán Irma dejó en su casa de Marathon. El fango cubre los pisos, el fondo de los gabinetes, incluso está dentro del lavamanos del baño.
Se pusieron a trabajar recogiendo lo que destruyó la tormenta.
Kristine, maestra de Miami-Dade, ha visitado la casa de bloques en Mackerel Avenue en Ocean Isles Fishing Village desde que tenía 15 años.
Luego, ella y su esposo, Bart, de 56 años, director en el condado Miami-Dade, compraron el lugar a sus padres. Lo echaron al piso y lo reconstruyeron. Reconstruir después de Irma será el tercer cambio de imagen a la casa.
“Una vez cuando lo conseguimos, una vez después de [el huracán] Wilma y ahora, la tercera ronda”, dijo Kristine. “Una cosa es segura, vamos a reconstruir, alguien me preguntó: ‘¿Vendes?’ Oh, no”.
Incluso con “todo en ruinas”, la casa Christie es uno de las afortunadas del pueblo. Un barco de pesca de 20 pies arrancado de sus amarras en el muelle tres calles hacia adentro para acabar en un lecho de algas marinas que da por las rodillas.
Al centro de recreación, donde los visitantes de invierno se reúnen a jugar a las cartas, le faltan las paredes, ventanas y todo por dentro.
Puertas y ventanas volaron de las casas. Sólo quedan los cimientos en las casas de otros muchos. Las calles están cubiertas por equipos eléctricos retorcidos, libros empapados, ollas y sartenes.
“Teníamos mostradores de granito”, dijo Kristine. “No sé dónde están”.
A cada casa se le colocó un papel verde neón como señal de que la búsqueda y el rescate habían despejado el espacio.
“No hay cadáveres”, dijo Kristine.
Los residentes de los Cayos que regresen deben ser lo más autosuficientes posible, dijeron funcionarios.
“Traigan sus suministros”, dijo Gastesi en la conferencia de prensa, incluyendo medicamentos y repelentes de insectos, además de agua y comida. “Los suministros son muy limitados”.
Las tiendas de campaña y los campistas probablemente comenzarán a aparecer en los cayos a medida que la gente se asiente para reconstruir sus casas, añadió, y algunos negocios han comenzado a reabrir. Muchos minoristas, sin embargo, funcionan en horas limitadas.
“Teníamos un Publix abierto hasta las 5 de ayer. Nunca pensé que eso me haría tan feliz”.
Un toque de queda se ha emitido en los cayos superiores a partir de 10 p.m. hasta la salida del sol, y hay un toque de queda en todos los cayos comenzando al anochecer, dijo Marty Senterfitt, director de administración de emergencias en el Condado. Cuatro refugios permanecen abiertos y se ha emitido una alerta para hervir el agua en todos los cayos.
“Hagas lo que hagas, no bebas el agua”, recordó Senterfitt. Es “sólo para propósitos de saneamiento”.
Senterfitt añadió que el Fishermens Community Hospital, que sufrió algunos daños estructurales, ha traído un hospital móvil para atender a los que regresan a los cayos intermedios. El condado de Monroe espera reabrir sus oficinas, las oficinas constitucionales y los tribunales el 25 de septiembre, agregó.
Los que puedan, deben tratar de ser voluntarios, con la información disponible en keysrecovery.org, agregó. “Prepárese para ser parte de la solución”.
El domingo a las 7:00 a.m., los residentes podrán regresar a algunas de las partes más afectadas de los Cayos.
Matt Finn, de 58 años, resistió la tormenta en Goodland, cerca de Naples y regresó a su casa de Big Pine Key el viernes. Estaba en ruinas. El fango del mar cubría el piso y la marea de tormenta mojó la mitad inferior de las paredes de madera.
Pero tuvo suerte de tener cuatro paredes y un techo. Señaló el agua y dijo: “Entre mi casa y el mar abierto había otras tres. Ahora no hay nada allí”.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de septiembre de 2017, 7:49 p. m. with the headline "‘Los Cayos no son lo que ustedes dejaron atrás al evacuar’."