Pescador trató de batallar contra Irma en la Bahía de Biscayne, pero no pudo
Andrés López pensó que podía enfrentar la furia del huracán Irma desde su casa, una embarcación de pesca de 25 pies de eslora. Pero se equivocó.
A medida que el viento empezó a soplar con más fuerza, el camarote parecía cada vez más el interior de una lavadora. El agua entraba con fuerza aterradora y López era lanzado violentamente de un lado a otro.
El hombre no quería abandonar el barco, su querido Run Running, pero el barco se escoraba peligrosamente. Subió a la cubierta y se demoró tres segundos en barajar sus opciones.
“Quedarme en el barco y morir ahogado o irme”, dijo. “Me dije a mí mismo que tenía que irme y tratar de llegar a tierra”.
López saltó a la Bahía de Biscayne y empezó a nadar hacia la orilla. Se volteó un par de veces a mirar su embarcación —su casa— y la vio completamente escorada. Luchando incansablemente contra el fuerte oleaje, y con la cabeza debajo de las olas, López llegó milagrosamente a Clarington Island, un tramo de tierra que sirve de una cortina rompevientos a la Marina Sailing Club de Coconut Grove. Allí, López escupió agua salada, recuperó el aliento y se abrazó a un árbol durante una hora, quizás dos.
Después, cuando las marejadas de la tormenta se levantaban en la bahía como si fuera una ola apocalíptica, López fue arrastrado al mar. Tuvo que nadar otros 200 metros hasta Peacock Park, donde encontró tierra firme en Bayshore Drive.
Estaba vivo. Y no podía creerlo.
“¿Usted ha visto la película The Perfect Storm?”, preguntó López. “Lo que me pasó fue una película de desastre”.
López, lleno de barro, sucio y con los ojos desorbitados, narró cómo sobrevivió el huracán el martes, sentado junto a los pantanos cerca del mismo lugar donde él y su barco quedaron a merced de las olas y del viento.
Desde que Irma azotó a Miami el domingo, las aguas han retrocedido, pero López no tiene forma de recuperar su barco, ni lo que quedó de él. Hizo un pequeño campamento en el parque con las últimas pertenencias que le quedaban: un bote inflable roto y dos bicicletas que amarró a un poste de electricidad el día antes de la llegada de la tormenta. Alguien se conmovió y le llevó una silla de patio plástica, una colcha, una gorra, un galón de agua y algo de comer. Andrés mostró las heridas que sufrió en las piernas y la espalda.
“Perdí todo. Mi vida entera estaba en esa embarcación”, dijo. “Cuando encuentre la forma, cuando repare mi bote, quiero tratar de enderezar el barco. Y quiero salvarlo”.
López es ahora miembro de la colonia que vive gratis en la bahía cerca de las mansiones millonarias con yates lujosos anclados en la Marina Dinner Key. Los barcos de los pescadores que viven en ellos están anclados lejos de la costa. Parece una flota que volvió de la guerra.
Muy lejos de la romántica idea de navegar por el Caribe, algunos semejan barcos fantasmas, pero entonces un perro ladra desde la cubierta y un capitán con el torso desnudo saluda desde la cabina de mando. Pasan trabajo para comprar algo de comer o darse un baño.
López, de 56 años, llegó a Miami de Cuba a los 17 años. Se ganaba la vida vendiendo pescado o limpiando barcos de pesca. Perdió gran parte del sentido auditivo y muchos dientes. No tenía ningún lugar donde refugiarse ante la inminente llegada de Irma. Pero tenía fe en Run Running. Pensó que sólo tendría que sujetarse con mucha fuerza como si estuviera en una montaña rusa.
“Tengo un amigo, Richard, que también decidió quedarse en su barco”, dijo López. “No sé qué le pudo haber pasado. No he podido encontrarlo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2017, 1:44 p. m. with the headline "Pescador trató de batallar contra Irma en la Bahía de Biscayne, pero no pudo."