Sur de la Florida

El día que el huracán Andrew dejó a Miami en ‘situación de vida o muerte’

Así quedaron zonas del sur del condado de Miami-Dade después del paso del huracán Andrew.
Así quedaron zonas del sur del condado de Miami-Dade después del paso del huracán Andrew. credit

Muy poco después de que el huracán Andrew aterrorizara a Miami el 24 de agosto de 1992, y mucho antes de que nadie se lo imaginara, las páginas del Nuevo Herald comenzaron a ser repartidas por entre los escombros de las casas, repasando la noticia del huracán y avisando de las últimas noticias para reconfortar a los lectores.

Ya desde antes de que se acercara, esas páginas fueron una imagen fotográfica y escrita de los reportes sobre una depresión tropical. Más adelante, los reporteros entrevistaron a dos meteorólogos latinos. Uno era el puertorriqueño John Morales, rostro de la noticia climática en español por el Canal 23 de la cadena Univisión. El otro era el rostro detrás de la noticia, desde el Centro Nacional de Huracanes, el cubano Lixion Ávila.

Lo curioso es que ambos tuvieron primicias durante ese huracán. Morales era el primer meteorólogo graduado que trasmitió las noticias climáticas por cualquier televisión hispana en el país. Los anteriores eran solo presentadores. Pero Morales es un científico graduado de Cornell University, una institución Ivy League norteamericana.

Ávila no es presentador de televisión, sino Especialista Principal de Huracanes, desde 1987, y le tocó designar para todo el país y al mundo entero que Andrew se había convertido en verdadero huracán. Ávila tiene un doctorado en Ciencia Atmosférica de la Universidad de Miami.

Morales explica que donde se sintió la verdadera furia de Andrew en Miami-Dade fue desde Kendall Drive hacia el sur: “Esa zona que se conoce como la pared del ojo, alrededor del interior del ojo, el anillo; la pared tenía 165 millas por hora y ráfagas hasta de 200 millas, fue descomunal, debido al destrozo por el viento; y el ras de mar, como se conoce en Cuba, la marejada huracánica, tuvo de 12 a 14 pies de altura, en las zonas costeras”.

En uno de los videos de Univisión de ese momento que se puede observar en YouTube, se le ve bien preocupado avisando al público que se tomara muy en serio lo que venía para Miami.

El meteorólogo John Morales, también prensentador de televisión.
El meteorólogo John Morales, también prensentador de televisión. credit

“Sí, sí, estaba muy preocupado, y hablaba muy pausado, hablaba un poco lento, por la gravedad de la situación”, recuerda Morales. “Lo pausado era también porque era muy nuevo en la televisión. María Celeste Arrarás se quedó alarmada con lo que yo decía, y ese era el último mensaje para la gente que quedaba allá fuera, les decía que me preocupaba lo que estaba a punto de suceder en el sur de la Florida, había que resguardarse en la mejor forma posible, salvar la vida de cada individuo, porque era una situación de vida o muerte”.

Antes de venir a Miami, Morales trabajaba en una oficina federal norteamericana del National Weather Service, situada en Puerto Rico. “Entre los meteorólogos y en la comunidad científica en general, no hay muchas personas que se sienten a gusto ante los micrófonos”, comenta Morales, “en el caso mío, yo era diferente; una de mis actividades extracurriculares en la Universidad era ser presentador de deportes y de música, era un disc jockey”.

En septiembre de 1989 se le dio enorme atención al huracán Hugo. El ojo del huracán entró en Puerto Rico, y lo entrevistaban en los medios periodísticos con frecuencia impresionante.

“Hablaba en todas las emisoras de radio, y en televisión, tanto en inglés como en español”, recuerda Morales. Ya desde entonces le propusieron un trabajo en la televisión, pero la comparación del salario federal con el de la islita no le era favorable en ese momento.

“A los dos años, estoy regresando de jugar golf con un amigo, y en el contestador del teléfono de la casa, había la voz de un primo que le indicaba que Javier Romero iba a dejar el segmento del tiempo en el Canal 23, porque se iba a trabajar con Don Francisco”, relata Morales.

A su amigo, Roberto Cortés, no le interesaba irse de Puerto Rico, así que Morales decidió aceptar la sugerencia él mismo. Llegó aquí como un puro científico tras bastidores, y con barba. Lo entrevistó Alina Falcón, directora de noticias en aquel entonces.

“Fue una gran oportunidad, el primer meteorólogo certificado con diploma, en cualquier canal hispano”, subraya Morales.

Al año de empezar el trabajo amenazó Andrew, y esto lo hizo famoso. “Pudo haber sido cualquier meteorólogo de habla hispana, que pudo haber estado sentado en esa silla, y habiendo entendido la gravedad de esa situación hubiera comunicado lo mismo”, afirma Morales. “Y se hubiera hecho famoso, y quedado en la televisión por casi tres décadas”.

“Ese gran desastre que fue Andrew concretó mi carrera”, comenta el meteorólogo, “18 años en la televisión en español, 12 en Univisión, seis en Telemundo y llevo más de ocho años en inglés en NBC”.

Personalmente, él también sufrió, la que es hoy su esposa, Carmen, tuvo que mudarse de la casa donde vivía en The Hammocks, porque se fue el techo de la mitad de la casa. Tuvieron que guarecerse en un closet en casa de una amiga.

María Celeste Arrarás se quedó alarmada con lo que yo decía, y ese era el último mensaje para la gente que quedaba allá fuera, les decía que me preocupaba lo que estaba a punto de suceder en el sur de la Florida, había que resguardarse en la mejor forma posible, salvar la vida de cada individuo, porque era una situación de vida o muerte

John Morales

meteorólogo y figura de la TV

También Ávila tiene recuerdos profesionales y personales. “Andrew se volvió huracán el sábado 22 a las cinco de la mañana”, recuerda. “Al amanecer del sábado los aviones sobrevolaron, y notificaron que aquella pequeña perturbación que no se había intensificado en toda la semana, había alcanzado vientos de huracán, de 75 millas por hora. Como es el protocolo en el Centro, yo llamé al director. ‘Llámalo huracán y voy para allá enseguida’, me contestó”.

Aquella semana de agosto le tocaba cubrir los turnos de madrugada. Y ya no se pudo ir aquel día, ni los tres siguientes de la oficina. “Mi más latente recuerdo fue que el lunes 24, que Andrew pasó por Miami a las cinco de la mañana, yo dormí en el Centro de Huracanes”, cuenta el científico, “cuando salí a las cinco de la tarde de las oficinas, que estaban entonces frente a la Universidad de Miami, me costó trabajo llegar a mi casa; por todo Coral Gables los árboles estaban en el suelo y yo no reconocía las calles, porque uno tiene referencias, pero las referencias estaban perdidas, no podía llegar a la casa”.

Lixion Avila, especialista Principal de Huracanes, desde 1987, en el Centro Nacional de Huracanes.
Lixion Avila, especialista Principal de Huracanes, desde 1987, en el Centro Nacional de Huracanes. MARICE COHN BAND MIAMI HERALD

“Llevo muchísimos años en la carrera de meteorología, pero no podía calcular lo que iba a suceder, mi capacidad no lo podía absorber”, dice Ávila acerca de la intensidad del huracán.

Pero nos advierte que los huracanes no son peores, lo que es peor es que se construyen muchos nuevos edificios. “No soy ingeniero, pero el downtown de Miami en el año 1926 no era lo mismo que el de ahora en que hay más cosas que perder, porque nos hemos hecho más vulnerables”.

“El sur de la Florida tiene el código de construcción más fuerte de todo Estados Unidos, ya que esta ha sido la ciudad más expuesta a los huracanes”, afirma Ávila. “Después de Andrew es el código de construcción más perfecto de Estados Unidos”.

El sur de la Florida tiene el código de construcción más fuerte de todo Estados Unidos, ya que esta ha sido la ciudad más expuesta a los huracanes

Lixion Ávila

especialista principal de huracanes

El barrio de Country Walk fue devastado. Los techos volaron. “Una prima mía tuvo trillizos en marzo de aquel año y vivía en Country Walk”, relata Ávila, “ella quedó marcada de por vida, tuvo que esconderse en el baño de su casa nueva con las trillizas, quedó destrozada”.

Pero hubo zonas de ese mismo lugar en que las casas perduraron. A veces, cerca de una calle entera en que las casas perdieron los techos, no pasó nada en dos o tres calles próximas. Y es que según Ávila, el huracán tiene una peculiaridad: se crean torbellinos a modo de pequeños tornados cerca del ojo del mismo.

“En la historia de los huracanes, el primer aviso en este hemisferio se hizo en Cuba, en 1875, el padre jesuita Benito Viñes escribió en sus libros lo que se confirmó cuando empezaron los satélites, 100 años más tarde; el conocimiento de huracanes en Cuba es único en el mundo”, declara Ávila.

Y añade que la razón de que unas casas se derrumben y otras no, lo descubrió en Cuba, en 1938, Eulogio Vázquez que publicó un artículo sobre los vientos de rachas fuertes cerca del ojo del huracán, alrededor de la pared del ojo. Y luego lo redescubrió después de Andrew, el japonés Tetsuya Theodore “Ted” Fujita.

“Teodoro Fujita era un genio, aunque el cubano lo supo mucho antes”, concluye Ávila, consciente de que es heredero de una tradición de siglos en su país natal.

Columnista de el Nuevo Herald, y ha sido directora de sus secciones culturales, con varios premios periodísticos a su haber.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de septiembre de 2017, 7:26 p. m. with the headline "El día que el huracán Andrew dejó a Miami en ‘situación de vida o muerte’."

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