Sur de la Florida

Están desesperados por saber de sus familiares en Puerto Rico. Pero nadie contesta sus llamadas

Elizabeth Guerrero (izquierda), no sabe nada de su madre, desde hace tres días.
Elizabeth Guerrero (izquierda), no sabe nada de su madre, desde hace tres días. rkoltun@miamiherald.com

Como miles de puertorriqueños en Estados Unidos, Elizabeth Guerrero Laracuente, una agente de bienes raíces de Kendall, ha intentado con insistencia –y sin éxito – comunicarse con su madre de 72 años en la isla, que quedó devastada por el azote del huracán María.

Guerrero trata de mantener la calma y la fe. Pero dijo que se le está haciendo difícil.

Al igual que muchos otros, Guerrero, de 50 años, ha tratado de contactar a sus seres queridos que viven en el campo en San Germán, una localidad al sur de Mayagüez. Lo ha estado haciendo a través de cualquier medio de comunicación que pueda imaginar: por teléfono, por correo electrónico y publicando mensajes en las redes sociales, aplicaciones y grupos de chat creados para intercambiar información y pedir noticias de familiares en la isla. Duerme con su teléfono celular en la mano y se despierta varias veces por la noche para escanear las redes sociales para saber cualquier cosa de su madre, Blanca Iris Larancuente.

“Estoy esperando un mensaje, escuchar la voz de mi madre, saber que está bien”, dijo Laracuente el viernes en Isla del Encanto, un restaurante puertorriqueño en Kendall que estaba recogiendo donaciones para los damnificados tras el paso de María. “Yo estoy orando y Dios me dice que están bien, pero soy humana y no paro de preocuparme”.

Sin embargo, es difícil, por no decir que imposible, recibir la más mínima noticia de familiares y amigos, o al menos recibir esa tranquilidad a través de otra persona, de que están seguros. Solo hay algunas comunicaciones irregulares en San Juan con el resto de la isla de 3.5 millones de habitantes –que han quedado virtualmente aislados del resto del mundo.

“Pasé innumerables horas en Facebook, en Twitter, para tratar de reunir información”, dijo Anthony Williams, gerente de proyectos especiales de una consultora de Miami. Williams ha tratado sin éxito de hallar noticias sobre su madre, Minerva Rivera Vega, de 67 años, y de otros familiares, o de su vecindario Jaime L. Drew, en Ponce.

“Lo único que he podido encontrar en las redes sociales es que estaba totalmente inundado. No hay otras palabras, ni imágenes, ni nada”, dijo. “He leído miles de publicaciones de otras personas. Pero todo está incomunicado al sur de las montañas”.

La tarde del viernes, el restaurante Isla del Encanto era un despliegue de solidaridad. Decenas de personas, algunos vistiendo camisetas y gorras con la bandera boricua, llegaron con donaciones y se quedaron a almorzar.

Personas que no se conocían se daban abrazos de apoyo. Un par de jóvenes grababa testimonios y saludos a familiares en sus teléfonos celulares. Planean colocarlos en grupos de Facebook de puertorriqueños con la esperanza de que alguien pudiera verlos en la isla.

Pero en medio del ambiente de solidaridad, reinaba la preocupación.

En las mesas el principal tema de conversación era la falta de comunicación con familiares en Puerto Rico, las inundaciones y los daños.

Mientras esperaban por los platos en la ventana de la cocina, un grupo de meseros lamentaba que aún no se habían podido comunicar con familiares sus familiares.

“¿Pudiste hablar con tu gente allá?” preguntó uno.

“Todavía nada”, fue la respuesta.

Alba Castillo Alfaro, una maestra retirada que vive en Cutler Bay, dijo que en los últimos dos días ha marcado el teléfono de su hermano, su cuñada y de su sobrino “unas mil veces. O más”.

Desesperada llamó a números de teléfonos de estaciones de policía, hospitales y otras entidades cercanas al vecindario de Toa Baja, en San Juan. Pero no tuvo suerte.

“Sale un mensaje diciendo que no pueden conectar la llamada”, dijo Alfaro, de 75 años.

Como muchos otras personas, Castillo se ha puesto a revisar detenidamente videos, fotos y noticieros de la televisión sobre su pueblo para ver si reconoce el edificio donde vive su hermano, o al menos su calle, pero no ha podido identificar nada.

Cerca, Guerrero dice que ha estado pensando en buscar un vuelo a San Juan cuando se reanude el servicio de las aerolíneas, para irse a buscar a sus familiares. Su madre buscó refugio en la casa de su hermana, que está mejor construida, pero está cerca de un río y un barranco. Guerrero cree que sería muy difícil llegar hasta su pueblo.

“Quiero ir a buscar a mi madre, pero todo está en el aire, no sé si pueda llegar, si hay gasolina, o si puedo rentar un carro”, dijo Guerrero, haciendo eco del sentimiento de muchos boricuas en todo el mundo. “Tengo las manos atadas y no sé que hacer”.

Siga a Brenda Medina y a Andrés Viglucci en Twitter: @BrendaMedinar y @AndresViglucci

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de septiembre de 2017, 7:22 p. m. with the headline "Están desesperados por saber de sus familiares en Puerto Rico. Pero nadie contesta sus llamadas."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA