Sur de la Florida

Andrés Pi Andreu presenta nuevo espacio para ‘locos bajitos’


El escritor y editor Andrés Pi Andreu coordina un proyecto para estimular la lectura y escritura creativa en los niños.
El escritor y editor Andrés Pi Andreu coordina un proyecto para estimular la lectura y escritura creativa en los niños. el Nuevo Herald

Cuando se es niño y los padres comienzan a leer “cuentos para dormir”, se sueña con ser aquellos personajes que se describen. Con el paso del tiempo el niño se convierte en lector, sigue transformándose en los personajes que lee, y siempre lo hará aunque cumpla los 99 años; pero ese momento en que ha tomado el libro en la mano para quedarse solo con él, es el instante en que lo convierte en escritor potencial. El niño que quiere escribir esas historias que lee, y que llegará a hacerlo si se lo propone.

“Escribir para mí es una necesidad fisiológica, sé que diciendo esto pongo bocarriba a [Abraham] Maslow y a su famosa pirámide de las jerarquías de las necesidades humanas, pero para mí, la fisiología y la autorrealización siempre han estado al mismo nivel”, cuenta Andrés Pi Andreu, escritor cubanoamericano que se dedica a la literatura infantil y juvenil.

Este sábado 11, en la sede del Centro Cultural Español de Miami, en Biscayne, Pi Andreu ofrece una actividad participativa para niños en la que estos podrán compartir ideas y opiniones. El escritor conversará con los pequeños (y los menos pequeños) sobre cómo surgió la escritura, cómo escribir, y juntos todos escribirán un cuento.

“Tengo un proyecto de lectura creativa comunitaria al que llamo “Mochito”, en el que comparto con los niños actividades interactivas para crear historias, para hablar del origen de la escritura y enseñarlos a crear sus propios cuentos o, simplemente, escribir libremente. Es una especie de taller de escritura creativa donde uso recursos del teatro y pedagógicos”, informa el autor de Lo que sabe Alejandro, que no solo se dedica a la escritura y a la enseñanza, sino que también es un motivador que insiste en gastarse el tiempo promoviendo el hábito por la lectura.

Aunque Pi Andreu (La Habana, 1969) escribe literatura en general, su fama y grandes victorias se deben a los “libros para niños”.

“En realidad, una idea es lo primero que me viene a la cabeza, una idea que creo buena para escribir un cuento, una novela, un álbum ilustrado, después, tengo que encontrar el formato en que esa idea se transmitirá. Uso mi infancia, la infancia de mi familia, la de mis hijos, pero sobre todo, uso mi experiencia de adulto y la observación…. y por supuesto, gran parte de esto viene del niño que aún vive en mí y que, por suerte, no me ha abandonado todavía”, dice el escritor, que ha sido reconocido con el Premio de Cuento Bonaventuriano de la Universidad de Cali 2014; el Premio Destino infantil “Apel les Mestres” de la editorial Planeta; el White Ravens List 2013 y la Lista de Honor del IBBY, entre otros.

Heredero directo de las escritoras cubanas Dora Alonso y Olga Andreu (tías bisabuelas) y de voces tan importantes como Mirta Aguirre, Ivette Vian, Julia Calzadilla y Onelio Jorge Cardoso, su aliento, sin embargo, es más cercano a Salinger y, sobre todo, a Saint-Exupéry.

El protagonista de Lo que sabe Alejandro es también un niño, un príncipe inocente pero avispado, que no quiere crecer “porque cuando uno crece no puede jugar canicas, ni correr por la cuadra y mucho menos orinar en el parque”. Cansado ya de que “las personas mayores me digan que no sé nada de la vida”, se decidió a escribir una libreta de apuntes con 99 viñetas sobre los afectos, la ciudad, la familia, la escuela, los recuerdos, los amigos…:

“Cuando escribí Lo que sabe Alejandro, estaba experimentando dos cosas al mismo tiempo, literatura con formato sin una línea argumentativa cronológica, que cuando el lector terminara ese libro se quedara con la impresión de que había leído una novela”, cuenta. “Veía que mi lectura del mundo ya no era una página escrita, sino un performance, por eso sale con ilustraciones, narración telegráfica, el juego con las preguntas que no se contestan y las respuestas sin preguntas. Juego con el espacio ausente que al final, es el que da la sensación de profundidad. El otro aspecto era la realidad de mi país, y no solo lo que estaba pasando, sino la forma en que la gente reaccionaba o no ante esa realidad. Pensé que un libro escrito desde la ternura podía decir muchas más cosas que en aquellos tiempos no se podía por la censura, tanto del gobierno como de las familias”.

Pi Andreu comenzó a escribir en Cuba, donde ganó sus primeros premios y publicó sus primeros libros. “Era un tiempo muy turbulento en el que mi madre se la pasaba con el corazón en la boca por mi forma de pensar, que no ocultaba. Mi vida intelectual transcurría entre amigos que eran mi familia y con los que compartía inquietudes, textos y mentiras”, dice.

Salió hacia Estados Unidos en diciembre del 2003, y vivió en Miami, Boston y Chicago. Hace cuatro años regresó a esta ciudad “huyéndole a la soledad y al frío, buscando a la familia, y sobre todo buscándome a mí. Miami es ese lugar desconocido pero a la vez extrañamente familiar donde nunca me siento extranjero”.

Pi Andreu actualmente comparte el tiempo entre una hermosa familia conformada por su esposa, dos hijos varones, parientes, amigos, la literatura y el desarrollo de programas pedagógicos de educación bilingüe.

“El CCE me propuso hacer este taller en sus instalaciones periódicamente, creo que es una oportunidad increíble, porque es un lugar donde podemos converger todas las culturas que hablamos el castellano, donde nuestros hijos pueden aprender sobre su cultura, idioma, países, y sobre todo, darse cuenta que la mezcla nos hace más aptos”, dice Pi Andreu. . “Creo que en el Centro se generará un espacio donde tendremos un lugar para crear y aprender, pero, sobre todo, divirtiéndonos”.

Taller con Pi Andreu, sábado l1, 10 a.m., CCEM, 1490 Biscayne Blvd., (305) 448 9677. Entrada gratis.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de abril de 2015, 8:00 a. m. with the headline "Andrés Pi Andreu presenta nuevo espacio para ‘locos bajitos’."

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