Marco Rubio: de comisionado de West Miami a aspirante a la Casa Blanca
Ellos no pueden indicar el momento exacto en que supieron que Marco Rubio se postularía a la presidencia. Tal vez fuera cuando se hizo uno de los embajadores más populares de Mitt Romney durante la campaña del 2012. Tal vez luego de haber sido elegido al Senado federal, contra todas las probabilidades, en las elecciones del 2010, oportunidad en la que fue comparado con Barack Obama y Hillary Clinton. O tal vez el emotivo día del 2008 en que se despidió tras haber sido el primer presidente cubanoamericano de la Cámara de Representantes de la Florida.
No importa. Las personas que crecieron junto a Rubio en medio de la política de al duro y sin guante del sur de la Florida, que tuvieron fe en su ambiciosa ascensión, que ayudaron a protegerlo de modo que permaneciera lo bastante inmaculado para hacer posible una candidatura nacional, afirman que era sólo cuestión de tiempo que el hijo republicano de inmigrantes cubanos pusiera la vista en la Casa Blanca.
“El primer día que lo conocí, supe que a él lo esperaban grandes cosas”, dijo Rebeca Sosa, comisionada del Condado Miami-Dade y ex alcaldesa de West Miami que lo tomó bajo su protección en su primera campaña, por un puesto la comisión de West Miami, en 1998. “No la presidencia, en ese momento, pero grandes cosas”.
El ex representante estatal Ralph Arza afirmó haber dicho a Rubio en el Capitolio de la Florida en el 2003 o el 2004 que él tenía la “premonición” de que algún día Rubio se postularía a la presidencia. Al visitar a su viejo amigo en el Capitolio federal hace un año, Arza dijo que Rubio le preguntó acerca de su viejo presentimiento.
“¿Ganaré?”, le preguntó Rubio.
Se espera que Rubio, de 43 años, casado y con cuatro hijos, inaugure su campaña por la candidatura presidencial republicana del 2016 a las 5:30 p.m. del lunes en la Torre de la Libertad, en el downtown de Miami, que sirviera de Ellis Island a los exiliados cubanos.
El sería el tercer candidato republicano en declarar formalmente su candidatura, después del senador de Texas Ted Cruz — otro cubanoamericano — y el senador de Kentucky Rand Paul. Es probable que más contendientes se postulen, entre ellos el amigo y antiguo mentor de Rubio, el ex gobernador de la Florida Jeb Bush, un hombre a quien Rubio admiraba tanto que él planeó no postularse al Senado en el 2010 cuando Bush indicó que él lo haría.
Ahora las cosas han cambiado. Rubio se postulará a pesar de las aspiraciones presidenciales, intensa recaudación de fondos y poderosos aliados de Bush. Algunos amigos de Rubio, que son aún más amigos de Bush, alegan que el más joven, que es Rubio, debería esperar su turno.
“El tiene una carrera brillante en el Senado”, se lamentó un asesor de Bush, Al Cárdenas, el ex presidente del Partido Republicano de la Florida que contrató a Rubio como director de campo en Miami de la campaña presidencial de Bob Dole en 1996.
Pero Marco Antonio Rubio nunca ha perdido una oportunidad política.
Campaña a la Cámara del Senado
Rubio pasó solamente un año en la Comisión de la Ciudad de West Miami antes de decidirse a postularse a la Cámara estatal en el 2000. El escaño quedó vacante inesperadamente en 1999, y Rubio decidió correr el riesgo, aun cuando eso representó retar a una personalidad radial mucho mejor conocida que él, Angel Zayón, ahora portavoz de la Ciudad de Miami.
Rubio ganó. Y él usó su llegada antes de tiempo a la Cámara —los demás legisladores novatos no serían juramentados hasta el año siguiente— para ganar apoyo para hacerse presidente de la Cámara en el 2006. La presidencia de la Cámara se decide años antes.
Otro cubanoamericano, Gastón Cantens, se postuló para la presidencia anterior de la Cámara. Pero no la consiguió —al parecer gracias a las maniobras de los partidarios de Rubio, quienes sabían que la Cámara no elegiría dos presidentes seguidos procedentes de Miami. Rubio negó tener nada que ver con el asunto, y Cantens lo apoyó más adelante.
El nuevo puesto de dos años dio publicidad a Rubio en todo el estado. Y, como él dejó en claro en su memorable discurso de despedida en el 2008 — que algunos legisladores elogiaron en ese momento como el mejor que habían oído nunca, y que tanto republicanos como demócratas todavía mencionan — él tenía en mente planes más ambiciosos.
“Hay muchas cosas que están mal en Estados Unidos. Pero es nuestra obligación asegurarla y protegerla para la próxima generación”, dijo. “Esa es la mayor herencia estadounidense. Cada generación de estadounidenses ha legado a sus hijos un país mejor y una vida mejor que la suya propia. Tengo la esperanza de que esta generación de líderes no sea la primera en fracasar. No creo que fracasemos”.
Preferido del Movimiento Tea Party
Cuando el senador federal republicano Mel Martínez se retiró, Rubio decidió postularse para su puesto, aun después de que el popular gobernador republicano de la Florida Charlie Cristanunció su propia candidatura. Importantes figuras republicanas imploraron a Rubio que se retirara de la campaña — postúlate para gobernador, dijeron, o para procurador general— para no perder al formidable Crist. Y Rubio, quien estaba muy por debajo de él en la recaudación de fondos y los sondeos de opinión pública, estuvo a punto de hacerlo.
Pero él persistió, impulsado por lo que luego describió como orgullo y enojo al verse sin el respeto de Crist y de la dirección del partido. Rubio asistió manejando su picop F-150 a pequeñas asambleas políticas en todo el estado, y aprovechó la creciente frustración de los votantes conservadores que acabaron llamándose a sí mismos movimiento Tea Party.
Eso probó ser una estrategia atrevida. A pesar de revelaciones acerca de la descuidada contabilidad de su campaña y sus cargos cuestionables a su tarjeta de crédito del Partido Republicano de la Florida, el atractivo de Rubio creció tanto que Crist prefirió abandonar el partido republicano y postularse como independiente que perder ante Rubio en las primarias.
Rubio salió en la portada de la revista dominical del New York Times. El titular: “¿El primer senador del Tea Party?” El ganó por un amplio margen en las elecciones generales, y su victoria por su partido en el Senado atrajo a reporteros de más de 300 medios noticiosos.
“No importa adónde voy, ni qué título logre alcanzar, siempre seré el hijo de unos exiliados, y siempre seré el heredero de dos generaciones de sueños sin realizar”, dijo a la muchedumbre Rubio, rodeado por su esposa Jeanette y sus hijos Amanda, Daniella, Anthony y Dominick, tras ser presentado por Bush.
Evita la escena pública
Una vez en el cargo, Rubio mantuvo una presencia discreta.
Lo mismo que Clinton y Obama antes que él, ambos electos al Senado bajo la atención nacional, Rubio al principio evitó la atención pública. Trabajó en una legislación poco polémica contra el tráfico humano; escribió un libro de memorias, y admitió que sus padres no habían escapado de la revolución de Fidel Castro en 1959 — como decía su página oficial en el website del Senado — sino que emigraron años antes, en 1956. Ellos probaron su suerte de nuevo en la isla en 1961 antes de regresar definitivamente a EEUU.
La publicación de su libro en el 2012 fue cronometrada con discursos cuidadosamente preparados que posicionaron a Rubio como posible candidato a la vicepresidencia junto a Romney. El fue aprobado para el puesto, pero al final no lo consiguió: la antigua campaña de Romney insistió que es no tuvo nada que ver con la estrecha amistad de Rubio con el ex representante David Rivera de Miami, quien en ese entonces estaba embrollado en una investigación de finanzas de campaña federal que todavía está en curso.
“Nuestro equipo de antecedentes confiaba que, de ser escogido, su historial legislativo y la rectitud de su carácter personal habrían sido un aporte de gran valor para Mitt, tanto en la campaña como en el cargo”, afirmó el administrador de la campaña de Romney, Matt Rhoades.
Rubio viajó de todos modos como emisario de Romney, particularmente para cortejar a los votantes hispanos, y lo presentó a la teleaudiencia nacional durante la Convención Nacional Republicana. Cuando la derrota de Romney dejó al partido republicano en busca de un mensaje renovado, Rubio salió a impulsar una legislación de reforma migratoria de la que había hablado durante meses. El se convirtió en el rostro del partido — “El salvador republicano”, lo llamó una portada de la revista Time — y dio la respuesta del partido republicano al Discurso del Estado de la Unión en el 2013, una intervención que es recordada (y ridiculizada) principalmente por la torpeza con que Rubio echó mano a una botella de agua.
Críticas por la inmigración
El Senado dirigido por los demócratas adoptó el proyecto de ley de inmigración, pero el mismo no hizo adelanto alguno en la Cámara, controlada por los republicanos. Y Rubio sufrió las críticas del movimiento Tea Party, para quienes su apoyo de un camino a la ciudadanía para los casi 11 millones de inmigrantes ilegales en el país fue considerada una traición.
“Yo sabía que sus cifras de popularidad iban a bajar”, dijo Alfonso Aguilar, director de American Principles Project’s Latino Partnership (Asociación Latina del Proyecto de Principios Estadounidenses), grupo conservador que está a favor de una política pro inmigrante. “No obstante, creo que él se dio cuenta, como yo me di cuenta, de que la mayoría de los probables votantes republicanos en las primarias no se oponen a la reforma de inmigración”.’
No obstante, Rubio fue obligado a rehabilitar su imagen en repetidas entrevistas y discursos a grupos conservadores. El renunció a un plan comprehensivo, diciendo que era poco realista, a favor de un plan consecutivo y progresivo que empezaría por asegurar mejor la frontera entre EEUU y Estados Unidos. Los activistas de inmigración consideran que ese cambio representa una capitulación.
Rubio se dedicó a la política exterior, la cual le ha brindado una oportunidad prominente para expresar su oposición a la administración de Obama — particularmente en su política hacia Cuba — y para ser comparado favorablemente con otros posibles candidatos presidenciales republicanos con menos experiencia en ese tema. El creó el comité de acción política Reclaim América (Reclamar Estados Unidos), el cual recaudó millones en visitas a donantes en estados electorales clave. Escribió un libro, publicado a principios del presente año y promovido con una jira por Iowa, Nueva Hampshire, Carolina del Sur y Nevada, los primeros estados en que se celebran las primarias presidenciales.
Y él ha dejado en claro que no tiene problemas con salir del Senado después de un solo mandato. Aun si no consigue su aspiración de llegar a la Casa Blanca, él podría postularse para gobernador de la Florida en el 2018, y tal vez intentar de nuevo hacerlo para la presidencia en el 2020 o el 2024.
“Toda mi vida he estado apurado por llegar a mi futuro”, escribió Rubio en sus memorias, An American Son (Un hijo americano).
El futuro ya está aquí.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de abril de 2015, 8:21 p. m. with the headline "Marco Rubio: de comisionado de West Miami a aspirante a la Casa Blanca."