Hondureño dice que Zetas cruzaron a EEUU armados y con rehenes
Marlon Márquez, hondureño que vive en Miami, parece ser el típico inmigrante indocumentado. Pero Márquez, de 32 años, está muy lejos de ser un inmigrante convencional.
Cruzó la frontera cerca de McAllen, Texas, como rehén de hombres armados que dijeron pertenecer a la poderosa organización criminal mexicana Los Zetas, que luego lo entregaron a un grupo aliado en el lado estadounidense. Éste grupo entonces retuvo a Márquez hasta que la policía y agentes federales lo rescataron junto con otros cautivos durante una redada en el 2008 en San Marcos, Texas.
El relato de Márquez es un reporte de primera mano sobre un posible vínculo entre Los Zetas y un grupo de traficantes de inmigrantes en el lado estadounidense. Márquez dijo que dos hombres armados que dijeron ser Zetas lo escoltaron a él y a otros 30 inmigrantes hasta Estados Unidos y luego los entregaron a captores en San Marcos, una ciudad entre San Antonio y Austin a más de 200 millas al norte de la frontera con México.
Márquez dijo que las personas que se identificaron como Zetas en el lado mexicano realizaron una larga vigilancia para asegurarse de que el grupo no sería descubierto al cruzar el Río Bravo, que marca la frontera entre los dos países.
Márquez contó su extraordinaria odisea durante una reciente entrevista con el Nuevo Herald en La Pequeña Habana.
En tanto, funcionarios federales de la principal agencia que estuvo involucrada en la investigación del episodio de San Marcos en el 2008 dijeron que no se encontró evidencia de vínculos a Los Zetas, pero no excluyeron tal posibilidad.
“Agentes especiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) e Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) no identificaron ninguna afiliación al cártel Zeta con ninguna de las personas identificadas en la investigación de contrabando humano en el 2008 en San Marcos, Texas, y el enjuiciamiento resultante”, según dijo en un comunicado el agente especial adjunto a cargo, Arístides Jiménez, de HSI San Antonio. “Aunque HSI no encontró ninguna conexión con el cártel Zeta durante su investigación, esa posibilidad no puede ser totalmente descontada”.
Márquez inició su periplo junto con amigos de su ciudad natal, San Pedro Sula, en el verano del 2008.
“Viajamos en autobuses desde Honduras hasta Veracruz en México donde teníamos la intención de tomar un tren a la frontera”, recordó Márquez. Veracruz es un puerto marítimo frente al Golfo de México.
Cuando el grupo verificaba los horarios de trenes, se toparon inesperadamente con el padre de Marlon, Enrique, que estaba tratando de regresar a Estados Unidos después de haber sido deportado. Enrique entonces se unió al grupo que luego se encontró con un hombre que ofreció ponerlos en contacto con personas que podían llevarlos hasta Houston a bajo precio. Márquez y su grupo estuvieron de acuerdo.
Fue una decisión fatídica.
Las personas que los llevaron a la frontera desde Veracruz los secuestraron, pero Márquez y su grupo no se dieron cuenta hasta que llegaron a Reynosa, ciudad fronteriza mexicana frente a McAllen, Texas.
“El problema se hizo evidente cuando llegamos a una mansión de dos plantas en Reynosa donde supuestamente nos íbamos a quedar antes de cruzar la frontera”, dijo Márquez. “Ahí nos dimos cuenta de la realidad”.
Encontraron decenas de personas hacinadas dentro de la casa, vigiladas por hombres armados, dijo Márquez.
“Vimos gente con armas, algunas muy grandes, y otras personas que eran claramente rehenes”, recordó Márquez. “Nos dijeron las reglas. Que teníamos que pagar $3,500 más $1,000 por persona para el viaje de Veracruz a Reynosa”.
Márquez luego habló con otros rehenes y algunos le dijeron que habían estado viviendo en la casa durante más de un año debido a que sus familiares habían sido incapaces de pagar el rescate. Márquez dijo que también fue testigo de episodios de malos tratos que sufrían los rehenes a manos de los guardias que se identificaron como Zetas.
“Ví personalmente cómo golpeaban a una mujer porque su familiar se negó a pagar”, dijo Márquez, quien añadió que los guardias dejaban que todos los rehenes pudieran escuchar las conversaciones telefónicas a través de altoparlantes. Parece haber sido una táctica de presión para fomentar la conciencia de lo que sucedería si los familiares no pagaban.
Cuando la mujer empezó a gritar debido a la golpiza, su familiar estuvo rápidamente de acuerdo en pagar el rescate.
Márquez dijo que llamó a su esposa y que ésta envió el dinero a través de Western Union. Pero eso no fue el final de la odisea.
Un mes después de que se pagó el rescate, unos 30 rehenes – incluyendo Márquez y su padre – fueron llevados a la orilla sur del Río Bravo. Márquez dijo que el grupo pasó tres días ahí, mientras sus guardias armados vigilaban los movimientos de la Patrulla Fronteriza en el lado estadounidense.
Finalmente, una noche de julio del 2008, los guardias ordenaron a los rehenes cruzar a nado hacia el lado estadounidense. Dos de los guardias armados cruzaron con el grupo, dijo Márquez. El grupo, incluyendo los dos guardias armados, luego viajó a pie durante dos o tres días hasta que llegaron a un rancho.
Allí, los rehenes y los dos guardias armados abordaron dos vehículos – una camioneta y un camión pickup. Viajaron durante más de media hora hasta que llegaron a un parque de casas móviles en San Marcos, una ciudad entre San Antonio y Austin.
“Estábamos felices porque creíamos que estábamos a punto de ser liberados”, dijo Márquez.
Pero su entusiasmo se desvaneció cuando personas armadas en una de las casas móviles en San Marcos les ordenaron quitarse la ropa y quedarse solamente en prendas interiores.
Entonces, una mujer se apareció para dirigirse al grupo.
“Nos dijo que nos olvidáramos del trato que hicimos en México”, dijo Márquez. “Que aquí era otra cosa, y que teníamos que pagar un monto adicional de $4,500 para lograr la libertad”.
Márquez llamó de nuevo a su esposa en Miami. Esta vez, ella llamó a un primo en Austin en busca de ayuda y éste se puso en contacto con la policía.
El 16 de julio del 2008, un magistrado del Condado Hays, en Texas, emitió una orden de allanamiento a una casa móvil en San Marcos. La orden incluía el nombre de Márquez y el de su padre como dos de los rehenes retenidos ahí.
Cuando la policía y los agentes federales llegaron a la casa móvil rompieron la puerta para entrar y rescatar a los rehenes.
“Oímos un estruendo muy fuerte en la puerta, como un mazazo, y la puerta cayó, y hombres armados vestidos con uniformes de policía del SWAT entraron corriendo”, recordó Márquez.
Más de una docena de personas fueron detenidas y procesadas en el caso y decenas de rehenes fueron liberados.
Documentos de la corte dicen que los traficantes de inmigrantes habían estado operando en San Marcos desde el 2003 y que habían obtenido cerca de $1 millón por pago de rescates.
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Esta historia fue publicada originalmente el 13 de abril de 2015, 7:06 p. m. with the headline "Hondureño dice que Zetas cruzaron a EEUU armados y con rehenes."