Sur de la Florida

Las explosiones estremecen las casas, rompen ventanas y agrietan los pisos. ‘¿Eso es Florida o Siria?’

Kate Tobon y su familia viven en Riviera Isles, un barrio de Miramar que se ha visto afectado por las explosiones de the White Rock Quarries. Tobon ha iniciado una petición para detener las explosiones.
Kate Tobon y su familia viven en Riviera Isles, un barrio de Miramar que se ha visto afectado por las explosiones de the White Rock Quarries. Tobon ha iniciado una petición para detener las explosiones. emichot@miamiherald.com

Daniel Molina trabaja desde su casa en el negocio de la inteligencia cibernética en los suburbios de Miramar, pero los colegas que lo llaman en conferencias telefónicas a veces preguntan si está en una zona de guerra. Es porque Molina vive cerca de una cantera de piedra caliza donde casi diariamente explosiones mineras retumban a través de su piso, sacuden sus ventanas y le retumban en el cerebro.

"Hablo por teléfono con personas que pueden estar llamando de cualquiera de los 45 países y el bam-bam-bam-BOOM se dispara y ellos dicen: '¿Estás en Miami o en Siria? ¿Estás en Irak? Porque parece que estás en un ataque terrorista'", dijo Molina.

Molina, quien se mudó al oeste en busca de tranquilidad, dijo que las explosiones no solo le sacuden el cuerpo sino también la todos los cimientos de su casa. Ha gastado más de $15,000 reparando grietas en las paredes, adoquines y la piscina.

Una explosión puede sonar como una bomba. Puede sentirse como un terremoto. Hace aullar a los perros y llorar a los bebés. Mejor no afeitarse en ese momento. El martes a la 1.15 p.m., una alarmante explosión que emanaba de la cantera hizo temblar la casa de Linda Gómez y a cada persona que estaba allí, una onda expansiva que les recorrió desde las plantas de los pies y la columna vertebral hasta el cráneo.

"Yo describiría ese como uno de nivel medio, tal vez un 7 en una escala de 1 a 10", dijo Gómez después de que el tintineo de los paneles de vidrio y el estremecimiento de las puertas se detuvieron. Ella y su esposo Milan Bogdanovic trabajan desde su casa en la sección Riviera Isles de Miramar, ella como auditora y él como consultor de aviación. "A menudo es mucho más fuerte. Da miedo. Es inquietante, interrumpe completamente tu concentración. Asusta a nuestros niños, a los visitantes y a cualquier reparador que esté aquí cuando eso sucede. Suelo maldecir, luego trato de recomponerme y volver al trabajo".

Han gastado $5,000 en reparaciones de techos. Su vecino de al lado pintó recientemente su casa, y las docenas de fisuras que tuvieron que rellenarse "hicieron que pareciera la piel de Frankenstein", dijo Gómez.

"La fatiga estructural por las constantes sacudidas está afectando a estas casas", dijo Bogdanovic. "Este es un buen vecindario. No queremos que se convierta en un barrio arruinado donde nadie quiera vivir".

Kate Tobon, que vive cerca, apunta a las grietas en el piso de su garaje, patio y baños, y alrededor de sus ventanas y puertas francesas. Sus pisos de madera se pandean en algunos puntos. Tiene el cuidado de separar los vasos dentro de los gabinetes. Eche un vistazo a sus paredes interiores: cada pintura o fotografía cuelga de forma torcida. Por costumbre, ella las endereza mientras camina por la casa.

Tobon dirigió una campaña de peticiones y organizó un feed de Twitter (@nomoreblasting) y una página de Facebook para registrar quejas y buscar una reforma a las regulaciones de explosiones. Ha visto cientos de fotos y escuchado cientos de historias: de lámparas de araña hechas añicos, recuerdos familiares que caen de las estanterías, angustia de personas mayores y padres con niños autistas.

"Las explosiones se han vuelto más intensas y frecuenten", dijo. "Hemos sufrido suficiente".

Luis Domínguez, veterano del ejército estadounidense, dijo que las explosiones lo transportaron de regreso a los combates en Vietnam "porque se siente exactamente como una bala de mortero golpeando un objetivo". Su esposa, Eunice, quien padece de Alzheimer, se asusta y se confunde por las explosiones.

"Ella me mira y tengo que decirle que es solo un trueno", dijo. "¿Pero cómo explicas algo que es más largo y más fuerte, y parece no tener fin?"

Los residentes de Miramar, Miami Lakes, Palm Springs North y otras comunidades del noroeste de Miami-Dade y del suroeste de Broward se han estado quejando durante años y dicen que la situación está empeorando a medida que la minería se expande hacia las afueras y más cerca de los hogares. Quieren que el jefe de bomberos del estado que supervisa la industria reduzca los límites de vibración del terreno, establezca límites seguros y reduzca la cantidad de explosivos.

White Rock Quarries, la compañía sobre la que recae la mayoría de las quejas, dice que ocupó el área antes remota, antes de que el desarrollo desenfrenado invadiera sus operaciones. La compañía dice que ha cumplido con las leyes que regulan la minería y el uso de explosivos durante 30 años.

Los mineros en la industria multimillonaria están extrayendo el material justamente para construir las casas, carreteras y estacionamientos que rodean la cantera. Florida ocupa el tercer lugar en la nación en la producción y el uso de productos de piedra caliza triturada, consumiendo alrededor de 153 millones de toneladas por año. Cerca de 60 millones de toneladas provienen de la región de Lake Belt en el oeste de Miami-Dade, de acuerdo con White Rock Quarries, que también se encuentra cerca de las frágiles zonas húmedas y Northwest Wellfield, que proporciona el 40 por ciento del agua potable de Miami-Dade. Broward prohíbe las explosiones, pero Dade lo permite.

Jim Hurley, presidente de White Rock Quarries, no devolvió los mensajes, pero ha declarado constantemente que los niveles de explosiones en las canteras están por debajo de los límites del estado y que la compañía quiere coexistir en armonía con las comunidades adyacentes.

Pero los propietarios temen lo que viene. La explosión del martes pasado fue a 2,584 pies de la casa más cercana en Riviera Isles. En el futuro, White Rock Quarries espera detonar a tan solo 915 pies de distancia.

"Deberíamos agradecerles por proporcionar materiales de construcción en Florida: esa fue la actitud de la compañía cuando nos reunimos con ellos", dijo Tobon.

"Dijeron que lo peor había quedado atrás. Pero es todo lo contrario. Nos engañaron. Se niegan a cambiar cualquier cosa porque reducir la intensidad o la frecuencia les costaría más".

Gonzalo Cabrera, cuya casa en Silver Lakes está llena de tejas rajadas, es un ingeniero civil que ha trabajado en proyectos de explosiones de petróleo y gas en Sudamérica.

"Nunca he visto explosiones tan cerca de los hogares y no sé por qué lo permiten", dijo Cabrera. Su hija de 3 años se molesta cuando ocurren las explosiones. "Hoy en día la cantera podría hacerlo con explosivos menos poderosos. Sin embargo, llevará más tiempo. En un proyecto en el que no se nos permitió usar dinamita debido a las regulaciones ambientales, utilizamos concreto expansivo no explosivo para romper la roca desde adentro. Brasil y Bolivia tienen políticas más estrictas que las que tenemos aquí".

Una revisión estatal en la precisión de las mediciones de explosiones que se completó en junio mostró inconsistencias en los equipos de grabación, como los sismógrafos, lo que exacerba las sospechas de los propietarios, que creen que los límites se exceden o no se monitorean adecuadamente. El próximo mes se lanzará un estudio más exhaustivo sobre el impacto de la voladura de las minas de roca.

El Director Financiero y Jefe de Bomberos Jimmy Patronis reconoció la "creciente preocupación" entre los residentes y dijo que tiene la intención de trabajar en "una solución amistosa y bien investigada" al tiempo que alienta a los propietarios a presentar quejas en fireprevention@myfloridacfo.com.

El alcalde de Miramar, Wayne Messam, se aseguró de que su ciudad fuera incluida en el estudio, pero simpatiza con los residentes que están cansados de esperar un cambio.

"La compañía minera se siente atrapada entre la espada y la pared porque los acontecimientos apuntan a ellos mientras están produciendo un producto precioso y necesario para el desarrollo en Florida", dijo Messam, a quien le dieron un recorrido por White Rock Quarries. "Pero está afectando la calidad de vida. El estudio al menos nos dará información para ver qué podemos hacer para regularlo. Para tratar con la Legislatura estatal, debes tener tus datos en su lugar para que las cosas avancen y no queden atrapadas en la demagogia política. Es difícil refutar la ciencia. Sin embargo, ahora quieren alivio y no los culpo. Vivo en el oeste de Miramar y en ocasiones escucho el estruendo y siento el traqueteo".

El abogado de la ciudad de Miramar, Jamie Cole, dijo que es "desafortunado" que el estudio no incluya una evaluación de los efectos psicológicos de las explosiones. También dijo que ahora es más difícil para los propietarios recaudar dinero por daños estructurales que cuando las ciudades regulaban las detonaciones y los reclamos por mediación, hasta que el estado se hizo cargo en el 2003. Ahora los propietarios tienen que probar su caso ante un juez estatal de audiencias administrativas, y es difícil vincular un estallido específico con un daño específico.

"Te enfrentas a una empresa con muchos expertos y abogados, y eso hace que sea casi imposible que un propietario gane un reclamo", dijo.

Bal Cheema ha vivido durante 25 años en Marbella Park en Miami-Dade en el lado este de la I-75. Cuando compró su casa por $125,000 estaba en el borde de un pantano y no sabía que existía esa operación minera. Ahora su computadora se sacude durante las explosiones y la baldosa de su patio trasero tiene una grieta de una pulgada de ancho que "parece causada por un terremoto aterrador".

"Es irónico que necesiten ese material rocoso para toda la construcción que convertirá estas carreteras en un plato de espagueti", dijo Cheema, un contador público. "No, no puedes detener toda una industria. Es como una manada de elefantes. Pero puedes desacelerarlo. Si simplemente redujeran los límites legales para disminuir la intensidad, sería un buen compromiso".

Luis Domínguez dijo que el conflicto entre la industria y los seres humanos es tristemente inevitable.

"Cuando compramos aquí en el fin del mundo en el 2005. Había vacas, campos y lagos", dijo. "Ahora tienes una población en crecimiento que está alimentando la demanda de piedra caliza extraída de las minas y están directamente enfrentados. Ya no es un lugar tranquilo".

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de diciembre de 2017, 4:54 p. m. with the headline "Las explosiones estremecen las casas, rompen ventanas y agrietan los pisos. ‘¿Eso es Florida o Siria?’."

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