Sur de la Florida

La caldeada y poco conocida batalla sobre el pargo: un estudio busca soluciones

En el 2003, Jorge Sánchez vendía pargos en su mercado en Watson Island. Un estudio de la población de pagos en el Golfo de México, que se desplomó en los años 1980, ayudará a los científicos a comprender mejor la población y ofrecer mejor información a las autoridades reguladoras.
En el 2003, Jorge Sánchez vendía pargos en su mercado en Watson Island. Un estudio de la población de pagos en el Golfo de México, que se desplomó en los años 1980, ayudará a los científicos a comprender mejor la población y ofrecer mejor información a las autoridades reguladoras. Miami Herald

Durante los próximos dos años, un equipo de investigadores que estudia el pargo —el rey del menú de mariscos y en el centro de una caldeada batalla normativa— tratarán de lograr lo imposible: contar el número de ejemplares de esa especie en el Golfo de México.

El estudio, que tiene un costo de $10 millones, tiene por fin ofrecer un conteo independiente para beneficio de los pescadores en todo el Golfo, y a final de cuentas pudiera ser la mayor encuesta de población de peces realizada hasta el momento, y generar herramientas más precisas en la compleja labor de evaluar la cantidad de peces. También es un intento por solucionar una caldeada disputa sobre las estrictas normas que rigen la pesca del pargo, que los críticos dicen benefician a los pescadores comerciales, y permite a unos pocos poderosos controlar las lucrativas cuotas de captura, que se negocian como acciones en el mercado de valores.

“Es un asunto muy delicado”, dijo Bob Spaeth, ex propietario de la empresa Madeira Beach Seafood Co., en la costa floridana del Golfo de México, y director ejecutivo de la Southern Offshore Fishing Association. “Hemos tenido algunas consecuencias imprevistas”.

Hubo un tiempo en que el Golfo de México estaba lleno de pargos, y suplía un mercado en que se convirtió en el rey del menú de pescados y mariscos. Pero para los años 1980, la población de pargos bajó a niveles insostenibles debido a la ausencia de peces adultos que pueden vivir hasta 50 años. Eso provocó años de estrictas regulaciones, evaluaciones precisas de la cantidad de peces y debates entre los pescadores comerciales y recreativos, que se rigen por normas diferentes.

Mientras tanto, el precio del pargo se disparó y la presencia de sucedáneos se hizo sentir. En el 2004, estudiantes de la Universidad de Carolina del Norte que practicaban con nuevas técnicas de análisis de ADN descubrieron que 77 por ciento de todo el pescado que se venía como pargo en realidad era otra cosa.

“Se convirtió en un verdadero enigma. Y no es un asunto científico. Es un asunto de gestión”, dijo Will Patterson, especialista en explotación pesquera de la Universidad de la Florida, quien está preparando una flotilla de vehículos submarinos a control remoto y otras herramientas como parte del equipo investigativo, que incluye a la Universidad Texas A&M, la Universidad Estatal de Louisiana, la Universidad del Sur de Alabama, la Universidad del Sur de Mississippi y el Servicio Nacional de Pesca en Agua Salada.

Según las normas en vigor, las aguas bajo jurisdicción estatal y federal tienen diferentes temporadas de pesca y límites de captura. Eso ha creado un desequilibrio entre los pescadores comerciales, quienes están restringidos a las aguas federales, y los pescadores recreativos y embarcaciones de alquiler para pesca deportiva.

Los pescadores comerciales están limitados a las aguas federales, donde el Consejo de Explotación Pesquera del Golfo de México fija los límites. Durante años, la temporada del pargo se limitó a la primera semana de cada mes durante la primera y el otoño, lo que hacía que los pescadores comerciales trataran de capturar la mayor cantidad de pargo posible. En el 2007, con poco avance en los esfuerzos por aumentar la cantidad de pargos en el Golfo, el Consejo decidió asignar cuotas individuales a los pescadores comerciales. Pero eso llevó a que un pequeño número de pescadores acapararan las cuotas, que entonces vendían como acciones a un alto precio.

“El problema es que hay unas 20 personas que tienen la mayor parte de las cuotas de pargo, y debido a las regulaciones, cualquier nueva cuota de pargo que se asigna va a esas personas”, dijo Spaeth.

A medida que las normas se hicieron más estrictas en las aguas federales, los estados, presionados por los pescadores recreativos locales, comenzaron a ampliar la temporada. Texas, donde la población de pargos es más grande y los ejemplares tienen más años, mantiene la temporada abierta todo el año. Así las cosas, la temporada más larga de los estados llevó a los gerentes federales a apretar las tuercas para mantener la población en niveles saludables. Este año, la pesca de pargo en aguas federales está limitada a tres días al año para los pescadores deportivos.

“Es un círculo vicioso”, dijo Patterson. “Si hubiera una cuota fija, la temporada tenía que terminar y el límite anual de captura tendría que colocarse por debajo el umbral del exceso de pesca. Tenía que haber algún espacio de maniobra”.

Los pescadores deportivos convencieron al gobierno de Trump para que tomara cartas en el asunto y ordenara una prórroga de la temporada, a pesar de que la Administración Nacional de la Atmósfera y los Océanos (NOAA) dijo que era la mayor captura en 10 años.

Spaeth dice que eso serviría como una señal de la recuperación del pargo.

Pero la NOAA reporta que los peces jóvenes siguen siendo muchos más que los de más años, y la mayor parte de la población de pargos tiene menos de 10 años, lo que significa que producen menos huevas. Un pez de más de 10 años, más grande, produce 33 veces más huevas que un pargo de 3 años durante la temporada, indicó la agencia. Determinar la edad de la población ayudaría a las autoridades normativas que estudian aliviar las restricciones.

Para el estudio, Patterson y su colega Robert Ahrens, especialista en explotación pesquera quien diseño el conteo, usarán una combinación de métodos de muestreo que incluye cámaras submarinas, sensores acústicos, el método de captura y marcado de peces y otros para crear índices para diferentes hábitats. Entonces se crearán modelos para pronosticar poblaciones, explicó Ahrens.

Patterson sospecha que las conclusiones del estudio no serán muy diferentes de los conteos de población actuales. Los científicos han estudiado repetidas veces los conteos de diferentes maneras, dijo, y siempre terminan con cifras similares, dijo, sin encontrar ningún factor que altere el resultado.

“Estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo por recoger información imparcial”, dijo Patterson. “El legado de este estudio será mucho más que establecer la biomasa de los pargos”.

Siga a Jenny Staletovich en Twitter @jenstaletovich

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de diciembre de 2017, 4:23 p. m. with the headline "La caldeada y poco conocida batalla sobre el pargo: un estudio busca soluciones."

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