Tras años de maltratos y encierro, esta madre y su hija comienzan a disfrutar la libertad
Durante más de una década, Michelle Vega y su hija vivieron en susurros.
Vega es una sobreviviente de abusos horribles y de la trata de personas, a los que ella dice fue expuesta por su ex marido. Él también obligó a su hija a una vida de aislamiento, confinando a la niña en la habitación de un hotel casi 12 años y prohibiéndole ir a la escuela, tener amigos o incluso verse con un médico.
Por fin, esos años oscuros quedaron atrás. Su ex esposo está ahora en una celda de una cárcel de Miami por cargos de abuso, madre e hija escaparon a un refugio seguro y Vega ha encontrado una nueva misión en la vida. Ella quiere que otras mujeres en situaciones de violencia doméstica sepan que eso no tiene que ser para siempre.
“Soy una prueba de que no tiene por qué ser así”, dijo. “Este es el comienzo de un largo camino hacia la recuperación para nosotros, pero sé que mi hija lo logrará. Y voy a ser una de esas mamás que lloran y gritan ‘Esa es mi hija’ en la primera fila en la graduación”.
Su consejero en el programa contra la violencia doméstica de Miami-Dade, que ayuda a las mujeres víctimas de abuso a encontrar seguridad y rehacer sus vidas, nominó a la pareja de madre e hija para el Wish Book del Miami Herald con la esperanza de ayudar a la familia a comenzar una nueva vida. Necesitan mucho para empezar: muebles para instalarse en un lugar nuevo mientras Vega consigue la licencia de conducir, encuentra un trabajo y tal vez un automóvil. Ella también necesita una dentadura postiza, porque los suyos se les echaron a perder con las drogas que dice que su ex marido la obligaba a consumir. Su hija está aprendiendo cosas sencillas, como como amarrarse los cordones de los zapatos, después de pasar toda la vida usando Crocs sin cordones.
Vega nunca pensó que la vida se le complicara tanto.
Conoció a su esposo, Luis Alicea, en Nueva York cuando tenía 16 años. Él le abría la puerta, le decía que era hermosa y le colocaba la chaqueta en la grama del parque para que se sentara. Se enamoraron y tuvieron un bebé cuando ella tenía 22 años. Todo estaba bien antes que la familia se mudara al sur cuando su hija tenía 4 años. En la Florida todo cambió.
“Pensé que iba a ser mi caballero de brillante armadura”, dijo Vegas.
De repente, en vez de apartamentos, vivían en habitaciones de hoteles por toda la costa, a veces sólo por una noche. Vega dijo que su esposo la obligaba a trabajar de 12 a 16 horas al día, que sólo la dejaba comer una vez al día. que la golpeaba y la violó.
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Cómo ayudar: WishBook está tratando de ayudar a esta familia y a cientos de personas con necesidades este año. Para donar, puede hacerlo de manera segura en: MiamiHerald.com/wishbook.
Todos los días le decía cuánto dinero tenía para llevar a casa, dijo. La mayor parte de ese dinero lo ganaba bailando en clubes de desnudismo, aunque a veces hacía trabajos de jardinería o limpiaba casas y automóviles. Ocasionalmente, cuando no traía suficiente dinero, dijo que él la obligaba a prostituirse.
“Intenté hacer todo lo posible para que mi dinero fuera limpio, pero a veces tuve que hacerlo de manera sucia”, dijo.
Dentro de la habitación debían guardar silencio. Nada de risas, llantos ni gritos. Solamente susurros. Lo peor de todo, dijo Vega, es que mantenía a la niña con él en la habitación de hotel, todo el día, todos los días.
“Solamente tenía una hora para hablar con ella en todo el día. A veces ni siquiera eso”, dijo. “Aunque cuando estábamos en la misma habitación, la mantenía a ella en un lado y a mí en otro”.
La única conexión de la niña con el mundo exterior era una computadora portátil. Rara vez salía de la habitación y nunca iba a la escuela. Pasaba todo el tiempo leyendo y dibujando personajes de anime en Microsoft Paint. Hizo amigos en internet, pero ninguno en la vida real.
“A mí me criaron mi madre y la internet”, dijo la niña, que ahora tiene 16 años. El Herald no la identifica porque es menor de edad.
Vega dijo que su ex marido, quien le había dicho a su hija que él nunca salía de la habitación del hotel porque tenía una enfermedad terminal, abusó sexualmente de la niña, aunque Vega no lo supo hasta después.
Alicea está detenido sin derecho a fianza en la cárcel del Condado Miami-Dade bajo cargos de agredir sexualmente y descuidar a su hija. Vega y su hija testificaron recientemente contra él en una audiencia.
Él se declaró inocente de los cargos. Su abogado de oficio no respondió a solicitudes de comentarios. El caso de Vega contra él por prostitución y trata de personas fue desestimado, dijo la mujer, porque los fiscales dijeron que no tenían suficientes pruebas o registros médicos para hacerlo valer en un tribunal.
Vega dice que intentó escapar durante años, pero este año lo logró yéndose a vivir a la calle.
Empezó a llegar todos los días con menos dinero. En dos semanas habían bajado a $50, insuficiente para pagar la noche en su habitación. Vega la dijo a su esposo que llamarían la atención si caminaban por la calle con una niña de 15 años y lo convenció para dejar a su hija en la casa de un compañero de trabajo un par de días, hasta que ganara suficiente dinero para volver a una habitación de hotel.
“Simplemente corrí con la niña lo más rápido que pude y no miré atrás”, dijo Vega.
Desde allí llegó a la casa de una amistad, luego a un refugio y finalmente al programa contra la violencia doméstica de Miami-Dade. Los detectives la ayudaron en su caso y arrestaron a su ex marido. Se mudaron a una vivienda de transición y su hija se inscribió en la escuela secundaria.
La adaptación ha sido un proceso lento, pero la jovencita está llena de años de conversaciones reprimidas. Primero se hizo amiga de los guardias de seguridad, lo que la hizo sentir más segura, del personal, de sus profesores. Y finalmente, en la parada de autobús conoció a su mejor amigo. Los unió el programa favorito de animados en televisión: Voltron. Aunque nunca había estado en la escuela, está entre los mejores en Inglés y tiene calificaciones de A en todo menos Matemáticas.
María Santamaría, sobreviviente de la trata de personas, de Embrace Ministries, con sede en Miami, ha estado trabajando con Vega durante unos meses. Le brinda apoyo emocional en las audiencias judiciales, la lleva a la iglesia y responde sus llamadas en medio de la noche. Dijo que el caso de Vega es uno de los peores que ha visto, pero que ella y su hija se están recuperando rápidamente.
“Tienen esta gran alegría de por vida”, dijo. “Realmente quieren una nueva vida”.
Vega tuvo que someterse a varias operaciones para recuperarse de sus lesiones. Su objetivo de sacarse los dientes en mal estado está cerca.
Vega dijo que su ex marido le hacía consumir drogas a la fuera cuando ella se negaba. Vega se la colocaba detrás de los dientes para después escupirlas, lo que le produjo una infección, dijo. Durante años no le permitió ir a un dentista. Cuando finalmente lo hizo, le tuvieron que sacar todos los dientes. La dentadura postiza vale mucho dinero, que ella no tiene.
Mientras tanto, Vega está estudiando para obtener su licencia de conducir y su diploma de escuela secundaria. Espera graduarse de técnico en algo relacionado con los niños, los animales o plantas. Quisiera tener un automóvil cuando saque la licencia de conducir. Estar rodeada de grupos de hombres en el transporte público la pone nerviosa.
Cuando ella y su hija se muden de su casa el próximo verano, van a necesitar muebles. A las dos les gusta pintar y dibujar como alivio al estrés, por lo que agradecerían materiales de arte, como un lienzo, un caballete y pinturas de óleo. También les encanta poner la radio a todo volumen y bailar y cantar. Algún día también quisieran crear su propia música. Su hija quiere un ukelele para darle una serenata a alguien.
Como parte del proceso de recuperación, Vega también está reclamando su propio cuerpo. Un salón de tatuajes la ayudó a cubrir los tatuajes en la espalda que su esposo la obligó a hacerse. Uno dice Nicole, el nombre que usaba cuando bailaba. El otro es el símbolo chino de fantasma.
“Eso es lo que era en la sociedad”, dijo. “Debíamos vivir como si no existiéramos, sólo para él”.
Ahora tiene tatuado un fénix. Sus alas extendidas son un símbolo de su nuevo comienzo.
Cómo ayudar: Wish Book está tratando de ayudar a cientos de familias necesitadas este año. Para hacer una donación de forma segura, visite MiamiHerald.com/wishbook. Para obtener información, llame al 305-376-2906 o envíe un correo electrónico a wishbook @ MiamiHerald.com. (Los artículos más solicitados: computadoras portátiles y tabletas para la escuela, muebles, furgonetas accesibles para personas con discapacidades). Obtenga más información en elNuevoHerald.com/wishbook.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de diciembre de 2017, 11:39 a. m. with the headline "Tras años de maltratos y encierro, esta madre y su hija comienzan a disfrutar la libertad."