Sur de la Florida

‘Era muy pequeña cuando me violó’. Los sórdidos recuerdos que #MeToo trajo a Miami

Marcia Olivo, del Centro de Trabajadores de Miami, en la reunión donde las mujeres hablaron sobre sus experiencias con el acoso y la violencia sexual el martes 12 de diciembre.
Marcia Olivo, del Centro de Trabajadores de Miami, en la reunión donde las mujeres hablaron sobre sus experiencias con el acoso y la violencia sexual el martes 12 de diciembre. Para el Nuevo Herald

En un antiguo almacén al noroeste de Miami —donde ahora opera una organización local sin fines de lucro— un grupo de mujeres está a punto de empezar una conversación dolorosa pero fortalecedora.

Sentadas en sillas plegables de metal que forman un círculo, alrededor de un altar improvisado cubierto con una sábana amarilla y una vela en el centro, 16 mujeres compartirán sus más íntimos testimonios de acoso y abuso sexual.

No son ricas ni famosas como Angelina Jolie, Taylor Swift o Salma Hayek. Sus verdugos no son hombres poderosos como Harvey Weinstein, actores o funcionarios públicos. Son mujeres comunes de Miami, de minorías, inmigrantes. Son trabajadoras domésticas, niñeras, empleadas de hoteles, meseras, o que se dedican a cuidar ancianos y enfermos.

El debate público a nivel nacional generado tras la campaña #MeToo o #YoTambién, mediante la cual millones de mujeres han compartido sus testimonios desgarradores sobre acoso y abuso sexual, de un golpe ha despertado en ellas recuerdos desoladores. Muchas cargan con años de traumas tras ser abusadas, sus empleos las hacen vulnerables al acoso y al abuso sexual y cuentan con pocos recursos para quejarse y buscar justicia. Tampoco tienen dinero para pagar costosas terapias y, en algunos casos, ni siquiera se benefician de un seguro médico.

Por las próximas dos horas hablarán de situaciones intolerables: sobre el huésped de un hotel que trató de abusar de una conserje y la siguió desnudo hasta el pasillo cuando ella salió corriendo. O la dueña de una casa que excusó a su hijo de 14 años porque “estaba en la edad de la pubertad” cuando la trabajadora doméstica se quejó de que el muchacho le tocó el trasero.

Círculo de Mujeres del Centro de Trabajadores de Miami.
Círculo de Mujeres del Centro de Trabajadores de Miami. Alexia Fodere Para el Nuevo Herald

Pero una vez que entren en confianza, compartirán los sórdidos testimonios de abuso sexual cuando eran niñas: incesto, golpes y violencia emocional que conectan las experiencias de estas mujeres más allá de fronteras, color de la piel y el idioma.

‘Ya no quiero usar Facebook’

Marcia Olivo, la directora del Centro de Trabajadores de Miami, supo que tenía que cambiar el enfoque del Círculo de Mujeres hace unas semanas.

Usualmente, en el Círculo, una reunión que llevan a cabo mensualmente, se discuten temas de trabajo, vivienda y discriminación. Pero recientemente las participantes empezaron a comentar que estaban dejando de usar los medios sociales.

“Cuando ya la quinta mujer me dijo que no quería volver a entrar a Facebook porque las historias que estaba leyendo sobre #MeToo la estaban abrumando, yo dije: ‘tenemos que hacer algo sobre esto’”, dijo Olivo, una sobreviviente de abuso sexual.

Para Olivo, que ha trabajado con víctimas de violencia doméstica por años, proveer este tipo de espacios es primordial para las organizaciones comunitarias. Según estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por su sigla en inglés), 1 de cada 5 mujeres ha sido violada sexualmente en algún momento de su vida. Entre algunos grupos de las minorías esa cifra es aún más alta.

“¿Cuántas de ustedes han sido acosadas de alguna forma?”, preguntó Jasmen Rogers, la moderadora del Círculo de Mujeres, en la reunión más reciente.

De las 16 mujeres, 14 levantaron la mano.

“¿Cuántas han sido violadas? Contesten solo si se sienten cómodas compartiendo esa información”, aclara Rogers.

Esta vez, 10 mujeres levantaron la mano.

“¿Cuántas se sintieron seguras de reportar [la agresión] inmediatamente?”, indagó Rogers.

Solo una mujer alzó la mano.

La conversación trascenderá varias generaciones: la participante de más edad tiene 79 años; la más joven es una niña de 8 años que acompañó a su madre. ¿Muy pequeña para algo así? Puede ser. Pero de las 10 mujeres que dijeron haber sido víctimas de una violación, unas seis dijeron que fueron abusadas antes de cumplir los 8 años de edad.

Yuleidy González-Nieto, de 27 años, es de Cartagena. Emigró con sus padres y su hermano a Miami cuando tenía 10 años. A esa edad, ya era una sobreviviente.
Yuleidy González-Nieto, de 27 años, es de Cartagena. Emigró con sus padres y su hermano a Miami cuando tenía 10 años. A esa edad, ya era una sobreviviente. Alexia Fodere Para El Nuevo Herald

Sus historias no tumbarán de sus pedestales a hombres poderosos. Lo que quieren es desahogarse, dejar el miedo, dejar de sentir vergüenza por cosas que no son su culpa, decir “Yo también”.

Algunas participantes pidieron no ser identificadas con sus nombres reales.

Acoso camino a la escuela

Antes de cumplir los 12 años ya Sonya tenía las caderas redondas.

"Soy una mujer negra. Así somos", explica Sonya, quien creció en un barrio de clase obrera de Miami. "Pero es difícil crecer teniendo cuerpos como los nuestros".

“Siempre caminaba a la escuela. Y desde que me salieron senos los hombres me miraban como un pedazo de carne”, dice Sonya. “Se abrían la cremallera y me mostraban sus partes. Me gritaban desde los vehículos”.

“Empecé a pensar que estaba haciendo algo incorrecto, que algo en mí no estaba bien”.

“Dejé de comer, me convertí en una talla 1, usaba ropa muy ancha. Mi mamá lo notaba, porque yo ya no salía a jugar con mis hermanos al patio de enfrente”.

“Hoy, cuando veo que mi hija, que tiene la edad que yo tenía entonces, cruzar sus brazos delante del pecho porque le están brotando sus senos, suavemente le separo los brazos. Me aseguro de decirle que no hay nada malo con su cuerpo”.

De todos modos Sonya teme por su hija: “¿A qué se enfrentará cuando crezca?”.

Pero en muchos casos, el abuso empieza antes de crecer.

La niñez robada

Yuleidy González Nieto, de 27 años, es de Cartagena. Emigró desde Colombia con sus padres y su hermano a Miami cuando tenía 10 años. A esa edad, ya era una sobreviviente del abuso sexual.

Por años ha evitado hablar sobre lo que le ocurrió. Hasta esta noche.

“Ni siquiera recuerdo cuántos años tenía. Imagínate lo pequeña que era cuando el abuso comenzó”, cuenta González Nieto, quien fue violada varias veces en Colombia. “Lo único que recuerdo es que terminó cuando nos mudamos a este país”.

Mujer abraza a su hija de 8 años, durante el Círculo de Mujeres del Centro de Trabajadores de Miami.
Mujer abraza a su hija de 8 años, durante el Círculo de Mujeres del Centro de Trabajadores de Miami. Alexia Fodere Para el Nuevo Herald

Mientras González Nieto habla, la madre de la única niña en el Círculo coloca un brazo alrededor del hombro de su hija y la aprieta fuerte.

“Yo no recuerdo mi niñez”, confiesa González Nieto. “Es raro cómo funciona el cerebro, pero para bloquear todos esos recuerdos terminé bloqueándolo todo. La gente dice, ‘Oh, cuando yo tenía 8 años’, ‘cuando tenía 9 años’(...) yo no recuerdo nada de eso”.

En el otro extremo del salón, Marcia Olivo asiente.

“Que interesante que dices eso”, opina Olivo, la directora del Centro de Trabajadores de Miami y quien fuera abusada sexualmente por un tío cuando era una niña en la República Dominicana. “Yo también siento que hay partes de mi niñez que no recuerdo durante los años que ocurrió el abuso. Hay muchas cosas que se borraron de mi memoria”.

‘Juguemos al doctor’

También se siente identificada Jasmen Rogers, quien luego de escuchar los testimonios recientes sobre #MeToo, ha empezado a recordar sucesos extraños.

“Recuerdo algo muy, muy específico de mi infancia, cuando mi padre me llevó a la casa de un compañero de la iglesia y había un joven allí. Mientras [mi papá] estaba hablando con [el compañero de la iglesia], [el joven] y yo estábamos jugando”.

Jasmen Rogers, centro, durante el Círculo de Mujeres, una estrategia del Centro de Trabajadores de Miami para empoderar a la comunidad.
Jasmen Rogers, centro, durante el Círculo de Mujeres, una estrategia del Centro de Trabajadores de Miami para empoderar a la comunidad. Alexia Fodere Para el Nuevo Herald

“Recuerdo que él era significativamente mayor que yo; probablemente ni siquiera deberíamos haber jugado juntos. Y recuerdo haber estado debajo de una mesa con él, jugando con mis juguetes. Y recuerdo cuando él dijo ‘juguemos al doctor’. Y luego, ahí es cuando mi memoria se detiene”.

“No recuerdo nada de lo que sucedió después. Y ese recuerdo solo resurgió después de estar en comunidad con tantas mujeres que compartían sus historias. He escuchado cosas muy similares al comienzo de esa historia, pero no sé (...) No puedo forzar mi recuerdo para saber lo que sucedió después”.

“Puede que nada haya pasado, o puede que haya pasado de todo. Pero es interesante para mí que solo pueda recordar hasta ese momento, hasta que él dice ‘juguemos al doctor’, precisamente ahora, sabiendo cómo terminó esa historia para muchas otras mujeres”.

‘Fue mi hermano’

A diferencia de Rogers, Vivian Tutt sí recuerda, aunque hayan pasado casi siete décadas.

“Desde la edad de 7 años, mi hermano me violaba físicamente. Él era mayor que yo”, cuenta Tutt, de 79 años. Es la tercera vez en su vida que habla del asunto.

Júlia Dawson, izquierda, escucha mientras Vivian Tutt, cuenta su historia de abuso sexual.
Júlia Dawson, izquierda, escucha mientras Vivian Tutt, cuenta su historia de abuso sexual. Alexia Fodere Para el Nuevo Herald

“Mis hermanos y yo compartíamos un cuarto. Yo dormía con mi hermana en una cama y mis dos hermanos en otra. Al principió yo estaba muy confundida, pero como [el abuso] seguía pasando una y otra vez, yo empecé a irme a otro mundo. Lo que estaba sucediendo allá abajo era una cosa. Pero yo me había ido a diferentes lugares en mi cabeza, para que no me molestara”.

“A los 10 años él trató de penetrarme y grité de dolor. Cuando grité, mi madre entró en la habitación y él le dijo que yo tenía pesadillas”.

“Él me decía: si se lo dices a mi madre, eso podría matarla. Y si se lo dices a alguien más, te mataré y los mataré a ellos".

"Cuando dijo que me mataría, yo pensé: ‘¡Hazlo! Así ya no tendré que lidiar con lo que me estás haciendo’”, dijo Tutt.

“Pero un día, cuando yo estaba a punto de cumplir 11 años, estábamos en la habitación y él me estaba haciendo lo que me hacía. Mi prima bajó las escaleras y lo vio. Y ese fue uno de los días más benditos de mi vida. Ella lo empujó al piso y comenzó a golpearlo. Mi hermana escuchó todo y también vino y entre todas le dimos una paliza”.

“Como saben, soy una mujer mayor y las cosas eran diferentes en ese entonces. Lo que sucedió fue que no lo metieron en la cárcel, sino que lo mandaron fuera de la ciudad. Para mí eso fue un error, porque entonces iba a hacerle lo mismo a otra persona”.

“Pero fui tan bendecida ese día. Gracias a Dios que mi prima me quería tanto”, añadió Tutt.

‘Soy fruto de una violación’

El abuso a veces puede marcar la vida de algunas mujeres desde antes de nacer.

Milagros Jiménez usa una expresión tan poética para describir su historia que al principio es difícil entender que se trata de un ciclo de violencia desde la concepción de su vida.

Milagros Jímenez, izquierda, de República Dominicana, trabaja limpiando casas en Miami.
Milagros Jímenez, izquierda, de República Dominicana, trabaja limpiando casas en Miami. Alexia Fodere Para el Nuevo Herald

“Es como una flor, que da otra flor, y esa flor da otra flor”, dice Jiménez, mientras toca y separa tres veces las yemas de los dedos de su mano izquierda, como si fueran el botón de una rosa que está brotando.

“Yo soy fruto de una violación”, dice y el salón se queda en silencio. “Y yo también fui violada”.

“Mi mamá era una trabajadora doméstica [en Santo Domingo]. Mi papá era el patrón. Él abusó de mi mamá y yo nací de eso”, cuenta Jiménez, de 51 años.

“Pienso cómo habrá sufrido mi madre durante ese tiempo. Estos tiempos, estas historias me remueven todo por dentro”.

Jiménez es de un campo en República Dominicana.

Cuando su madre salía a trabajar a la ciudad, un vecino llegaba a la casa donde vivía Jiménez, la tomaba de la mano y la encerraba en un cuarto.

“Yo tenía 4, 5, 6 añitos. Él sobaba sus genitales con mis partes. No me penetraba, pero usaba mi pelvis y ahí dejaba sus resultados [semen]”, contó. “Pasaron casi cinco años y no me atrevía a decirle a mi madre, porque él me decía que la mataba si yo le contaba que él me hacía feliz”.

“Porque así me decía: ‘ven que te voy a hacer feliz’”.

“Me sentía sucia. Me daba asco. No podía ver a los hombres. Salía corriendo”.

Jiménez terminó emigrando a Estados Unidos, donde siempre ha trabajado limpiando hoteles y casas. Desde que es adulta, se ha defendido “con uñas y dientes” ante los intentos de abuso de huéspedes de hoteles o de algún dueño de casa.

“Pero que tú te defiendas no hace que los abusos paren. Siempre hay otro que lo intenta”, dice Jiménez, resignada.

Las mujeres de hoy y las de mañana

Antes de terminar la sesión del Círculo de Mujeres, Marcia Olivo imparte unas cuantas instrucciones.

“Lo que han escuchado hoy probablemente les va a remover recuerdos, se van a sentir frustradas, tendrán pesadillas”, advierte Olivo. “Deben recordar que nada de esto es su culpa. Tomen mucha agua e intenten dormir”.

Vivian Tutt canta durante el Círculo de Mujeres del Centro de Trabajadores de Miami, el martes 12 de diciembre.
Vivian Tutt canta durante el Círculo de Mujeres del Centro de Trabajadores de Miami, el martes 12 de diciembre. Alexia Fodere Para el Nuevo Herald

“Pero es bueno, es bueno. Verán que se sentirán mejor al haber hablado”, agrega Vivian Tutt, la mayor del grupo.

“Es como una carga que deja tus hombros. Es una manera de empezar a sanar, de que las cosas empiecen a cambiar. Yo nunca me imaginé que éramos tantas. Somos las mujeres de hoy y de mañana”.

Antes de irse, la 'señora Tutt', como todas la llaman cariñosamente, empieza a cantar una canción de protesta en inglés:

Solid as a rock/ Rooted like a tree/ We are here/ Standing strong/ In our rightful place.

(Fuertes como una roca / arraigadas como un árbol / estamos aquí / con la frente en alto / en nuestro legítimo lugar.)

Las demás mujeres repiten a coro cada frase. Sus cantos a todo pulmón hacen eco en el viejo almacén. La niña de 8 años, que se había quedado dormida en el regazo de su madre, empieza a despertar.

Esta historia fue actualizada.

Siga a Brenda Medina en Twitter y Facebook: @BrendaMedinar y @BrendaMedinaJournalist.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de diciembre de 2017, 10:34 a. m. with the headline "‘Era muy pequeña cuando me violó’. Los sórdidos recuerdos que #MeToo trajo a Miami."

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