Sur de la Florida

No se deje engañar por la belleza: los parques nacionales de la Florida se caen a pedazos

Roger Hammer fotografió este ejemplar de orquídea cowhorne en el año 2016.
Roger Hammer fotografió este ejemplar de orquídea cowhorne en el año 2016. Roger Hammer

Es la temporada alta en el Parque Nacional de los Everglades, los meses menos calurosos cuando la cantidad de turistas finalmente comienza a superar la de los mosquitos, y el paisaje de hierba, cielo y nubes parece hermoso. Pero no todo parece lo que es.

Cerca de la entrada principal del parque en Florida City, los conductores se dirigen al estacionamiento del centro de visitantes que ya perdió el pavimento y ahora es sólo gravilla. Los que van de picnic almuerzan cerca de barricadas y cintas de advertencia bloquean la entrada a un comedor cerrado en Flamingo, en Florida Bay. Los campistas tienen que soportar el frío en las duchas —los calentadores solares ya no funcionan— en el único lugar para pernoctar, más de un decenio después que un huracán destrozó el viejo hotel y cabañas de Flamingo, y las promesas de reconstruirlos siguen sin cumplirse.

En la costa suroeste, una casa rodante da la bienvenida a a los visitantes en la entrada de Everglades City, en vez de un nuevo centro para visitantes aprobado durante la presidencia de Bush, proyecto que nunca fue financiado.

Cuatro meses después que el huracán Irma zigzagueó por toda la Florida, el parque nacional que más visitantes recibe en el estado todavía se está recuperando, algo entendible. Pero las malas condiciones datan de antes de la última tormenta. A lo largo de los años, el parque y otras dos extensas regiones salvajes en el sur de la Florida han acumulado un gran atraso en labores de mantenimiento, cosas grandes y pequeñas por arreglar, desde descuidadas estaciones de guardabosques y edificios para investigaciones, hasta centros para visitantes y cabañas abiertas en ruinas.

El Parque Nacional de los Everglades tiene con mucho el mayor retraso, y la cifra de trabajos de mantenimiento pendientes calculada en julio pasado ascendía a $88 millones. Con la pérdida de ingresos después del paso de Irma y el reciente cierre de las operaciones del gobierno federal, probablemente ahora es mayor. En todo el estado, la cifra alcanza $254 millones, según un análisis del Pew Charitable Trusts.

Según otra medida —el costo de reemplazar completamente instalaciones viejas— la cifra se dispara a los miles de millones, según Pew.

“La están pasando mal”, dijo el martes Tim Corlins, de Nueva Jersey, tras una escala rápida en el maltratado anfiteatro de los Everglades como parte de una visita a todos los parques nacionales del país. “Estamos conscientes de que el Servicio de Parques hace muchísimo con casi nada”.

El enorme retraso en las reparaciones no es nada nuevo: la lista de trabajos de mantenimiento en los Everglades llegó a $58 millones durante el gobierno del presidente Barack Obama. Pero el enfoque del gobierno del presidente Donald Trump sobre las tierras salvajes del país, desde menos menos monumentos hasta allanar el camino para perforación en busca de petróleo y minerales, hasta reducir los gastos, está activando las alarmas. El secretario del Interior, Ryan Zinke, quiere reducir el presupuesto del Servicio de Parques Nacionales en casi $300 millones y eliminar más de 1,200 empleos, lo que significa que el 90 por ciento de los parques nacionales perderían personal.

En vez de pedir al Congreso que busque una solución al retraso nacional en labores de mantenimiento, por valor de $11,300 millones, el gobierno ha propuesto aumentar el doble la entrada a 17 parques populares durante los cinco meses de más actividad, lo que ha enfurecido a defensores de los parques, quienes dicen que el plan pudiera salir mal si el mayor costo aleja a los visitantes. El gobierno también ha eliminado los esfuerzos nacionales por abordar el cambio climático, un tema especialmente crítico para los parques del sur de la Florida.

Hace unos días, 10 de los 12 miembros del grupo asesor del Servicio renunciaron a manera de protesta, quejándose de que Zinke se negó repetidas veces a reunirse con ellos.

“Es como si uno tiene un carro y no le cambia el aceite cada seis meses”, dijo John Adornato, director regional de la National Parks Conservation Association. “Estos son nuestros tesoros nacionales y estamos dejando que se deterioren”.

Con 6,700 millas cuadradas de superficie acuática, manglares densos e inhóspitos pantanos, es fácil pasar por alto la sublime belleza que coloca al sur de la Florida entre los principales parques del país. Los 11 parques del estado atrajeron a casi 11 millones de visitantes en el 2016 y generaron más de $653 millones a la economía estatal, según cálculos del Servicio de Parques. Arizona, que tiene dos veces más parques nacionales que la Florida, incluido el Gran Cañón, atrajo 11.8 millones de turistas y generó casi $1,000 millones.

Las instalaciones de albergue en los Everglades no son nada lujoso. El viejo motel destruido por el huracán Wilma en el 2005 tenía unidades de aire acondicionado ruidosas y una decoración pasada de moda. Las dos casas flotantes del parque tienen generadores que despiden olores desagradables, los colchones son incómodos y se ven numerosos insectos muertos.

Pero más de 50 años después del proyecto Mission 66, valorado en $1,000 millones y el plan de restauración nacional más reciente, el duro clima del sur de la Florida ha dejado su huella. Decenas de edificios, desde las viviendas del personal hasta las áreas de misiles Nike, necesitan reparaciones. Los terrenos de campismo necesitan mantenimiento, casi todas las cabañas abiertas deben ser reparadas y, a pesar de promesas de reconstrucción, el lugar del viejo motel sigue vacante. Parece que los visitantes también se han fijado en la situación. En los últimos cinco años la cantidad de visitantes al Parque Nacional de los Everglades bajó de 1.1 millón en el 2012 a 930,907 en el 2016.

“La carreteras están en mal estado”, dijo Estella Catron, quien viajó desde Virginia con su hijo Travis, mientras miraba un mapa afuera del Centro de Visitantes Ernest F. Coe, donde el pavimento ahora es gravilla.

Algunas señales del abandono son obvias, y se deben al huracán reciente: a lo largo del sendero Rowdy Bend, los manglares y otros árboles caídos interrumpen el camino cada pocos pies. Los caminos que los usan canoas utilizan como atajos también están bloqueados.

“No se debe hacer, pero para ir del punto A al punto B hay que pasar por estos arroyos”, dijo Roger Hammer, botánico y autor de guías de campo, quien visita el parque con frecuencia al parque en busca de orquídeas y otras plantas nativas.

Después del huracán, Hammer descubrió que una orquídea cowhorn había volado. La orquídea, que Hammer sospecha comenzó a crecer en un tronco de árbol partido después del huracán Donna een 1960, sobrevivió tanto a Andrew como a Wilma y se había convertido en una atracción especial del parque. El personal del lugar, donde solamente una quinta parte de la plantilla está cubierta, estaba hasta el cuello de trabajo con grandes proyectos, y debido a que la orquídea estaba en una zona alejada, no hubiera podido salvarla.

“Era un gran ejemplar”, dijo Hammer, quien acompañaba al superintendente del parque y a funcionarios del Departamento del Interior para ver la orquídea. “Era mu fácil que alguien sencillamente se acercara y se la llevara”.

En las semanas transcurridas después de la tormenta, los guardabosques se apresuraron a hacer reparaciones antes que empezara la temporada alta, cuando hay menos insectos, la gente que vive en el norte del país llenan los terrenos de campismo y los turistas hacen fila para montar los aerobotes a lo junto a Tamiami Trail. El parque depende del aumento de visitantes en la temporada alta, que pagan más, para realizar operaciones de mantenimiento durante el verano, cuando hay menos visitantes. Pero después de Irma demoraron varias semanas en reabrir atracciones populares, como Shark River. Todavía hay partes que están cerradas, como algunos terrenos de campismo alrededor de Flamingo, donde las reparaciones incompletas amenazan con agregarse a la lista de retrasos.

Las reparaciones de priorizan sobre la base de la “función y el uso”, dijo Dense Canedo, portavoz del parque. Los proyectos que no se completan para finales de año terminan en la lista de retrasos, dijo.

“Creo que reabrieron con lo mínimo”, dijo el campista Michael Healy, describiendo los caminos bloqueados y la confusión sobre los las reservaciones de los terrenos de campismo. “Está lleno, pero no tienen nadie que lo administre”.

Hace un año, Healy y su compañera de excursión, Kathey Royal, vendieron sus casas para embarcarse en un recorrido de un año por los parques nacionales, acompañados de sus dos perros. Hasta ahora han visitado Yellowstone, Olympic en Washington y Badlands en Dakota del Sur. Pero los Everglades no son los únicos parques nacionales afectados, dijo.

Tal parece que al Servicio de Parques le quitan cada vez más dinero. Algunos lugares parece que no tienen personal suficiente para la entrada y confían en la gente para dejar el dinero de la entrada en una caja”, dijo.

Follow Jenny Staletovich on Twitter @jenstaletovich

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de enero de 2018, 8:00 a. m. with the headline "No se deje engañar por la belleza: los parques nacionales de la Florida se caen a pedazos."

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