Sur de la Florida

Más denuncias contra casero en La Pequeña Habana por apartamentos deficientes

Ni el mismo Hardy Fuller puede creer su mala suerte.

Después de que se desplomó el piso de una unidad en el complejo de Havana Palms en La Pequeña Habana, Fuller se sintió estafado por los empresarios que le habían vendido uno de los condominios y se mudó con su esposa a un apartamento a siete cuadras.

Pero su nueva vivienda está infestada de cucarachas.

Al reclamarle al administrador de los apartamentos, a Fuller se le ocurrió preguntar: “¿A quién le pertenece este edificio?”

La respuesta lo dejó perplejo. El dueño es Aníbal Duarte-Viera, uno de los dos empresarios inmobiliarios que le vendió el condominio en Havana Palms por $44,000 en el 2010.

“Esta gente se está haciendo rica, aprovechándose de la miseria de los demás”, denunció Fuller, quien sigue pagando su hipoteca además del alquiler.

Por ahora Fuller ha clausurado su cocina con una lámina de plástico para separarse de los insectos. Pero está desesperado por mudarse a un lugar donde pueda dormir sin pensar en las cucarachas que corren por las paredes.

El Nuevo Herald ha reportado sobre el drama de los vecinos del complejo en el 960 SW 2 Street desde que se cayera el piso de la sala de uno de los condominios en enero. Las autoridades han dicho que los residentes tienen hasta el lunes para evacuar el edificio debido a las peligrosas condiciones estructurales.

No hay responsables

Hasta ahora, nadie se ha hecho responsable por los problemas. Los propietarios, quienes entre el 2006 y el 2011 pagaron entre $44,000 y $184,000 —y en muchos casos con subsidios y préstamos gubernamentales— culpan a la empresa inmobiliaria Montara Land V LLC por haberles vendido condominios con daños estructurales. Duarte-Viera y Gabriel de la Campa eran los socios de esta empresa, que fue disuelta en el 2011 tras la venta del último condominio a un inversionista.

En entrevistas con El Nuevo Herald, Duarte-Viera ha dicho que nunca habría comprado la propiedad de haber sabido de los problemas estructurales. De la Campa no ha respondido a múltiples llamadas y correos electrónicos.

Pero la nueva situación de Fuller indica que los edificios de Havana Palms no son los únicos que ha comprado Duarte-Viera que presentan condiciones precarias.

El Nuevo Herald visitó una decena de edificios de apartamentos en el área de La Pequeña Habana que pertenecen a empresas de las cuales Duarte-Viera es dueño o socio. Algunos edificios se encuentran en mejores condiciones que otros, y sus residentes no se quejaron.

“Cuando hay un problema en el apartamento, ellos vienen y arreglan”, dijo Edwin Masso, quien vive en otro edificio de Duarte-Viera en la SW 9 Street. “Ayer mismo estuvieron aquí para reemplazar una tubería del lavamanos”.

Pero también había ejemplos de descuido como grietas en los techos y las paredes, filtraciones de agua y losas rotas.

En un caso, Gladys Mercado dijo que paga $800 al mes por un apartamento de dos recámaras en otro edificio en la SW 9 Street donde se está pudriendo el techo del baño. Además, hace un mes se cayó un árbol en el patio y tumbó varios cables de electricidad que quedaron expuestos sobre el techo. Uno de los gatos del barrio murió mientras corría sobre el techo y Mercado piensa que fue electrocutado. La mujer dijo que lleva semanas quejándose con el administrador de la propiedad por el peligro.

“Tenía miedo que uno de los gatos se iba a enredar en los cables, y causar un cortocircuito o un incendio”, dijo Mercado, quien está deshabilitada tras sufrir un derrame cerebral y padecer de cáncer. “No dejaba a mi hijo salir afuera porque tenía miedo de que se pegara de esos alambres”.

El árbol finalmente fue removido de la propiedad. Sin embargo, el cadáver del gato aún continúa en el techo y se siente un fuerte olor a descomposición.

Problemas con la propiedad

Duarte-Viera dijo que no sabía de las condiciones en esta propiedad, pero que duda que el gato se hubiera electrocutado. Tras ver una foto de varios cables que colgaban detrás del edificio, dijo que pensaba que se trataba de cables de televisión y de teléfono, y no de electricidad.

Sin embargo, dijo que si sus empleados fueron negligentes, que podría tener que despedirlos.

“Yo dejo que mis administradores lidien con estas cosas, porque yo no puedo estar en todos los lugares a todas horas”, explicó Duarte-Viera. “Desafortunadamente, esto no es una ocurrencia única. Si caminas por La Pequeña Habana, te darías cuenta que hay millones de propiedades en peores condiciones que las mías”.

Tiene razón.

En el último año, El Nuevo Herald ha reportado sobre inquilinos que pagan entre $600 y $800 para vivir en apartamentos donde hay huecos en los techos, moho en las paredes e inundaciones de aguas negras. Los inquilinos han dicho que permanecen en estos lugares miserables porque no pueden encontrar otros apartamentos económicos en La Pequeña Habana, un barrio ideal para aquellos que dependen del transporte público para llegar a sus trabajos como meseros o haciendo limpieza en el downtown.

Mercado, por ejemplo, no trabaja porque está deshabilitada, pero su hijo de 21 años mantiene a la familia con su sueldo de mesero en el P.F. Chang’s Chinese Bistro en Brickell. Camina nueve cuadras para llegar al trabajo.

“Por eso nos hemos quedado aquí, porque mi hijo no tiene un auto para ir a trabajar”, dijo Mercado. “Estamos pensando mudarnos porque no podemos seguir viviendo así, pero no sé a dónde”.

Algunos inquilinos han reportado que se sienten explotados porque son inmigrantes, porque no entienden sus derechos legales o porque son indocumentados. Pero hasta los ciudadanos nacidos en este país con abogados en la familia también creen que es imposible para los pobres encontrar una vivienda digna.

Buscando apartamento

Fuller nació en Estados Unidos, es anglosajón y habla inglés. Es hijo de un fallecido juez condal. Trabaja en la distribución de flores y su esposa limpia casas. Cuando decidieron evacuar su condominio en Havana Palms, dijeron que se desesperaron durante el proceso de conseguir un apartamento en el barrio. En dos ocasiones, Fuller hizo citas con administradores de otros edificios, para luego enterarse que las unidades habían sido alquiladas a otras personas horas antes de su cita.

Finalmente cuando encontró el apartamento en el edificio de Duarte-Viera se mudó el mismo día sin saber quién era el dueño. La renta por una recamara le cuesta $725 al mes.

Tras ser informado de la infestación de cucarachas en el apartamento, Duarte-Viera aseguró que le devolverá a Fuller sus $725 para que busque un nuevo hogar. También explicó que es difícil prevenir las cucarachas en edificios de apartamentos.

“Pueden aparecer de repente si un solo vecino no mantiene su apartamento higiénico o si deja comida expuesta en la cocina”, dijo Duarte-Viera.

El empresario inmobiliario reconoció que podría hacer arreglos substanciales a sus propiedades en La Pequeña Habana pero advirtió que tendría que subir el alquiler mensual por unos $100 a $200, para cubrir los gastos.

“Si yo empiezo a hacer grandes inversiones en esos edificios, muchos inquilinos se van a quedar sin viviendas”, afirmó Duarte-Viera. “Para la gente que alquila en La Pequeña Habana, subir el alquiler por apenas $50 significaría tener que decidir si comprarán comida ese mes”.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de marzo de 2013, 5:00 a. m. with the headline "Más denuncias contra casero en La Pequeña Habana por apartamentos deficientes."

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