Sur de la Florida

Boria sufre otro revés en el concejo de Doral

El alcalde del Doral Luigi Boria recibió una derrota detrás de otra en una reunión de 7 horas y media del concejo de la ciudad el miércoles por la noche, hasta que finalmente golpeó la mesa con el mazo y salió furioso de la sala del concejo.

El alcalde pidió que se mantuviera a la vicealcaldesa actual por un año más. Quería contratar a un jefe de despacho de la alcaldía con su propio dinero. Trató de expulsar al administrador de la Ciudad de la sala del concejo. Todas sus propuestas fueron denegadas.

Mientras, Boria se quejó de que ningún empleado de la Ciudad ha estado escuchándolo.

“En estos momentos, no estoy recibiendo ningún tipo de apoyo de parte de ningún departamento”, dijo. “Nadie quiere hablar conmigo”.

En cada caso, el alcalde buscaba el tipo de apoyo que podría esperar cualquier presidente ejecutivo.

El problema es que, como en la mayoría de las ciudades del sur de la Florida, el alcalde del Doral no es un presidente ejecutivo. El alcalde es el presidente del Concejo de la Ciudad. El tiene el mismo voto único que los otros cuatro miembros. Para dirigir, él tiene que persuadir, no dar órdenes.

Según los estatutos de la ciudad, el alcalde y los demás concejales pueden hacer preguntas a los empleados de la Ciudad, pero no pueden “dar órdenes a ningún funcionario o empleado, ya sea en público o en privado”.

El sistema está diseñado para separar a los empleados profesionales de la política, dijo George González, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Miami.

“La idea es que el buen gobierno fluye a partir de puestos designados”, dijo González, y añadió que el sistema de concejo/administrador surgió hace un año para crear gobiernos locales en que los trabajadores sean seleccionados por su capacidad más que por sus relaciones.

“El gobierno tiene que hacerse más profesionalizado, y para ello hay que aislarlo de la política que puede corromperlo”, dijo.

El alcalde, que se gana la vida con su compañía de distribución de piezas de computadora, afirma que él entiende el sistema, pero la reunión de la noche del miércoles resultó en otra discusión entre él y el administrador de la Ciudad Joe Carollo sobre quién manda.

(Carollo es un ejemplo de una variación del modelo del administrador de la Ciudad que es común en el sur de la Florida pero poco usual en cualquier otra parte: administradores que se vuelven políticos y viceversa. Carollo fue antes alcalde y comisionado de Miami.)

Una de las quejas de Boria el miércoles fue que el personal de relaciones públicas de la Ciudad no lo escucha.

“La gente del departamento de comunicaciones — de asuntos públicos — esa gente, yo no puedo contar con ellos porque no me escuchan, porque no quieren hacer nada”.

Lucy Tamajón, asistenta administrativa del Departamento de Asuntos Públicos, dijo el jueves que el alcalde había ido a hacer peticiones al departamento sin pasar por el administrador de la Ciudad. Dijo que cualquier empleado de la Ciudad preguntaría a cualquier miembro del Concejo si el administrador había aprobado lo que fuera antes de hacerlo.

“Si se va a hacer algo”, dijo, “uno pregunta si está aprobado. [Boria] no quiere hacer eso. El quiere dar órdenes al personal”.

El jueves, Boria dijo al Miami Herald que él consideraba que le hacía falta más apoyo de la oficina de asuntos públicos, pero negó haber dado órdenes a ningún empleado de la Ciudad.

“Cada vez que un reportero o un canal de televisión llama, se supone que ellos organicen mi agenda”, dijo. “Se supone que ellos ayuden la oficina del alcalde. Como el administrador tiene que ver con todo, ni siquiera puedo interactuar con ellos”.

Boria dijo el jueves que él no consideró que hubiera ningún problema con su decisión de irse de una reunión cuando todavía quedaban dos asuntos por discutir en la agenda.

“No, no en mi caso, porque yo soy el alcalde”, dijo. “Sólo quedaban dos asuntos, y ya era la 1 de la mañana”.

Las escaramuzas del miércoles comenzaron temprano en la noche, cuando el concejo decidió elegir un nuevo vicealcalde. Escogieron a la concejal Christi Fraga, de 26 años, en su primer mandato, pero no antes de que Boria nominara a la entonces vicealcaldesa Bettina Rodríguez-Aguilera para que continuara en su puesto hasta marzo.

Rodríguez-Aguilera dijo que ella no aceptaba la moción de extender su mandato, y que prefería seguir el estatuto de la Ciudad, según el cual se debe elegir al vicealcalde en noviembre.

Por unanimidad, el concejo escogió entonces a Fraga.

Después de que el alcalde se fuera, la concejal Bettina Rodríguez-Aguilera propuso una moción para impedir que el alcalde contrate a su propio jefe de despacho sin pasar por los canales adecuados de la Ciudad. La propuesta se aprobó 3-1, con un voto en contra de la concejal Sandra Ruiz.

La reunión del concejo del miércoles, que comenzó a las 6 p.m., terminó a la 1:41 a.m. del jueves.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de noviembre de 2013, 5:08 a. m..

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