La agonía de pacientes de Miami tras las inyecciones en los glúteos
A María Montero se le formaron en los glúteos lo que ella describe como unas pelotas duras, al principio amoratadas, y luego negras. Empezó a sentir decaimiento, quemazón, dolor y fiebre. La piel de los glúteos se le puso oscura, como quemada por una plancha.
Ocho años antes del primer síntoma, un presunto médico costarricense le había puesto inyecciones para aumentar el volumen de sus glúteos en lo que ella creía que era una clínica de belleza en la Calle Ocho.
“Yo llegué a pensar que me iba a morir”, dijo Montero, quien tiene 52 años y que utilizó su segundo apellido para no ser reconocida en su trabajo. “Yo lo veo como una pesadilla de terror”.
Con excepción de la grasa del propio paciente, la inyección de cualquier sustancia para aumentar el volumen de los glúteos, incluyendo silicona, biopolímeros, aceites o hidrogel, es ilegal en Estados Unidos debido a que implica altos riesgos.
Pero los relatos como los de las pacientes del llamado “Doctor Cemento”, la muerte de la joven Suyima Torres en abril, o el sufrimiento de la locutora Betty Pino, han dejado en evidencia que estas inyecciones se siguen administrando clandestinamente en el sur de la Florida.
La gran mayoría de las pacientes que se inyectan silicona tienen problemas, según varios cirujanos plásticos consultados. Pero suelen pasar cinco, siete, o más de diez años hasta que aparecen síntomas como decoloración, quemazón, inflamación, dolores o infecciones.
Entonces empieza la búsqueda de un cirujano que extraiga la silicona, un procedimiento complicado que muchos no quieren hacer, cuesta miles de dólares y los seguros médicos no cubren.
Muchas de las pacientes que, como Montero, se pusieron inyecciones hace años están acudiendo ahora a las consultas de cirujanos plásticos en busca de una solución.
“En Miami el volumen de pacientes con ese problema ha aumentado bastante”, dijo el experto en cirugía plástica y reconstructiva Alberto Gallerani, certificado por la Junta Médica de Cirugía Plástica, quien asegura que todos los días ve a una paciente que se puso inyecciones y que cada semana opera a dos o tres para extraerles el material que les causa problemas.
Procedimiento barato
Dulce Pacheco, de 60 años, relató que acudió a la vivienda de la persona que le aplicó las inyecciones hace unos 13 años “para tapar unos huequitos”. Pacheco, quien no quiso ser identificada por su verdadero nombre, no conocía los efectos adversos de la silicona.
“En aquel momento, no había alarma”, dijo. “Ellos [quienes ponían las inyecciones] no se escondían”.
Pacheco trabaja en el sector de la estética y afirma que que ahora los procedimientos los realizan personas que tienen como mucho una licencia de asistente de médico o que afirman ser médicos en otros países. Además, los procedimientos se suelen realizar de incógnito y que quienes inyectan estas sustancias intentan engañar a las pacientes.
“Le dicen al paciente que le van a poner ácido hialurónico, que lo chequeen en internet, y lo que encuentran es bonito. Encuentran que es un producto natural, que está en tu cuerpo”, dijo Pacheco. “Pero un c.c. de ácido hialurónico vale $400 [...] El procedimiento valdría $100,000 o $200,000. Eso no es posible”.
Uno de los atractivos de las inyecciones es que suelen ser mucho más baratas que los procedimientos más seguros.
De Colombia y Venezuela
Pacheco afirma que generalmente, las sustancias que se inyectan se introducen en Estados Unidos desde Colombia, Venezuela y en algún caso, España, enviadas por paquetería en cajas con etiquetas que dicen “aceite para máquinas” o “uso externo”.
A veces se envía a la propia casa de la persona y luego alguien acude a poner las inyecciones.
Otras veces, asegura Pacheco, el proceso se realiza en spas donde las puertas permanecen cerradas hasta que un paciente llama, como en el caso del sitio sin licencia al que acudió Suyima Torres.
Gallerani, especializado en cirugía de reconstrucción, explica que a veces una cosmetóloga tiene el teléfono de todas las mujeres que quieren ponerse las inyecciones y de quien las va a aplicar y avisa a última hora de la dirección a la que deben acudir.
En ocasiones, quienes aplican las inyecciones se anuncian en en internet en Craigslist con un teléfono y un primer nombre. Uno de los anuncios, activo al cierre de esta edición, señalaba:
“Inyecciones de Glúteos (Miami, Fl). Sesiones seguras de hidrogel. $2 por cc. Se incluye antibióticos, anestesia e instrucciones de cuidado. Los resultados son permanentes. Tarifas de grupo disponibles”.
Otro afirmaba: “Una ruta segura a un glúteo bonito. Cualquiera quiere un glúteo elevado, redondo, lleno y sexy [] Muchos hombres y mujeres tienen un glúteo plano, cuadrado o deformado. Afortunadamente hay una forma de corregirlo”.
Los problemas
Lo que los anuncios no cuentan son todos los problemas de salud que vienen después.
Pacheco empezó a sentir algo de dolor en la pierna, la piel rosada e inflamación en uno de los glúteos hace un año.
Ella ya conocía la situación de Montero.
“Yo no quise llegar al estado crítico de ella”, dijo Pacheco.
Montero había pasado cuatro años buscando alguien que la operara. Llegó a viajar a Cuba, su país natal, en busca de un remedio pero sólo le ofrecían alivios temporales.
“Muchas veces me mandaban antibióticos para ayudar a bajar la infección”, recordó Montero, quien vio desaparecer y reaparecer los granulomas en forma de pelotas en sus glúteos. “Cuando tomaba antibióticos y antiinflamatorios, la inflamación bajaba, pero a los pocos días volvía a aparecer”.
Soledad Ruiz, de 49 años, pasó meses buscando una solución. Se puso las inyecciones en Cali, Colombia, en un establecimiento que le recomendó una amiga hace nueve años. Comenzó a sentir molestias y quemazón dentro del glúteo. Pero no le prestó atención hasta que hace un año leyó en el periódico la noticia de una mujer que murió tras ponerse unas inyecciones.
“Comencé a relacionar lo que me pasaba y me empecé a aterrar”, dijo Ruiz, quien no quiso ser identificada por su verdadero nombre. Sus hijos, a quien hasta entonces no había contado nada, estaban asustados
“Lo único que te dicen es: ve a Colombia, donde te lo hicieron”, dijo Ruiz, quien añadió que el seguro médico no cubre la operación de extracción de la silicona, que puede costar de $10,000 a $12,000.
Respuesta inmunologica
Gallerani, quien operó a Montero, Pacheco y Ruiz en los últimos meses, afirma que las reacciones se producen porque el sistema inmunológico trata de disolver la sustancia inyectada, pero no puede. Entonces trata de aislarla y la envuelve, creando una inflamación permanente.
El cirujano enumera la lista de síntomas: “Picazón, quemazón, decoloración, después el material se pone duro. Es entonces cuando vienen dolores en la pierna, en las caderas. A veces, si llega muy cerca de la piel, empieza a supurar”.
El cirujano, con nueve años de experiencia, afirmó que algunos inyectan ahora las siliconas y otros materiales con una cánula, por lo que se introduce una mayor cantidad.
Si no se inyecta bien, el material puede desplazarse, y si se inyecta en el músculo, crea una fibrosis, que puede hacer que el músculo deje de funcionar, afirmó Gallerani. Además, la silicona no se puede extraer del músculo.
“Hay ocasiones en las que no se puede hacer nada, cuando está dentro del músculo, pegado al nervio”, dijo Gallerani, quien advirtió del peligro de las técnicas que ofrecen disolver la silicona con un láser de ultrasonido, porque eso puede generar embolismos. Señaló que estas operaciones de reconstrucción deberían realizarse en un hospital.
Cuestion de tiempo
Los síntomas suelen aparecer entre cinco y diez años después de las inyecciones, afirmó Gallerani. El tiempo depende, entre otras cosas, de la composición de la sustancia inyectada y de la fortaleza del sistema inmunológico de la persona.
“Cada paciente que va a ser inyectada, va a tener problemas”, dijo el cirujano. “Es cosa de tiempo”.
Pero Onelio García, cirujano plástico certificado por la Junta Americana de Cirugía Plástica y ex presidente de la Sociedad de Cirujanos Plásticos de la Florida, cree que aunque la mayoría de las mujeres que se inyectan tendrán problemas, algunas no los padecerán.
“Las hay. Hay pacientes que a largo plazo no han tenido problemas”, dijo García.
El cirujano, quien señaló que la primera medida es prevenir y no ponerse inyecciones, recomienda la operación sólo a las mujeres que presenten síntomas. Explicó que la cirugía tiene riesgos y que es imposible extraer todo el material inyectado, por lo que la silicona no extraída puede seguir causando problemas en el futuro.
García dijo que muchas veces el material que causa problemas está cerca de los vasos linfáticos y que la silicona que se puede extraer generalmente está en partes del cuerpo más superficiales.
El cirujano señaló que ve a unas 12 pacientes al año que se pusieron inyecciones y que suele operar a dos o tres. Afirmó que tuvo que operar a una de sus pacientes cuatro o cinco veces para extraerle la silicona que le estaba causando una infección.
Una vez operadas, las pacientes tendrán que vivir con deformidades hasta que unos meses más tarde puedan someterse a una cirugía de reconstrucción.
Gallerani habla de la vergüenza que sienten sus pacientes y que les lleva al silencio.
“He tenido pacientes que ni se lo han dicho a sus médicos”, dijo Gallerani. “Así de vergüenza tienen”.
“La vanidad que tuvimos nosotras no vale la pena. Una tiene que pensar en una, en su salud”, dijo Ruiz, quien insistió en la importancia de educar a las mujeres. “Tú le cuentas mi experiencia a alguien y va a decir: ‘A mí no me va a pasar eso’. Pero le va a pasar”.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2013, 3:30 a. m. with the headline "La agonía de pacientes de Miami tras las inyecciones en los glúteos."