Recortes a las bibliotecas de Miami dejan a los menores con menos libros
A los niños de tercer grado les encanta leer sobre Lulu y su hábito de adoptar animales callejeros, ya sea un pato en un parque o un gato en una bolsa.
La gran cantidad de seguidores del personaje ficticio de siete años hizo que su más reciente aventura, Lulu and the Dog by the Sea ( Lulú y el perro junto al mar), fuera escogida sin dudarlo por Elizabeth Pearson, directora de títulos infantiles del sistema de bibliotecas de Miami-Dade.
Entonces llegó la decisión difícil: ¿qué bibliotecas no recibirían el popular libro?
“Uno odia tener que desilusionar a un niño”, dijo Pearson, quien encargó 24 ejemplares of Lulu para un sistema de bibliotecas con 49 sucursales. “Tenemos que priorizar los fondos que tenemos”.
Acosado por recortes de impuestos, el mayor sistema de bibliotecas de la Florida ya no puede comprar ni por asomo el número de libros para niños que compraba antes.
A nivel de condado, las bibliotecas de Miami-Dade presupuestaron alrededor de $90,000 para libros infantiles este año, una fracción de los $1.3 millones que el sistema gastó en el 2005 y alrededor del 60 por ciento por debajo del presupuesto de $210,000 que existía hace sólo tres años.
Los sistemas de biblioteca que prestan servicio a más de 1 millón de personas, generalmente invierten alrededor de $600,000 al año en libros para niños, según una encuesta hecha en el 2012 por la publicación Library Journal. A pesar de prestar servicios a una población que pasa de 2 millones, el presupuesto para niños de Miami-Dade se acerca mucho más al promedio de $66,000 que la publicación calculó para las bibliotecas que prestan servicio a comunidades de 100,000 personas, o aproximadamente el tamaño de Miami Gardens.
La estrechez de fondos obliga a Pearson a hacer malabarismos literarios todos los meses cuando hace encargos a las casas editoriales. La veterana de las bibliotecas, con 30 años de servicio en su haber, tiene que sopesar la promesa de nuevos títulos como Lulu y la necesidad de poner al día las secciones de referencia, mantenerse al tanto de las listas de lectura de las escuelas y reemplazar ejemplares gastados de clásicos de la infancia para los nuevos lectores.
“No nos gusta prestar un libro que dice a los niños que pueden colorear las páginas”, dijo Pearson. “Pero lo hacemos. Porque ese podría ser el único ejemplar de Cat in the Hat ( El gato en el sombrero) que tiene esa biblioteca”.
Con el sistema enfrentado a un déficit presupuestario de $20 millones el próximo año a pesar de recortes de personal y de servicios, el financiamiento de las bibliotecas promete resurgir como uno de los principales temas de controversia para los líderes electos del Condado.
Un equipo de trabajo encabezado por el alcalde de Miami-Dade Carlos Giménez tiene fijada una reunión final para la mañana del miércoles, en la cual los miembros deberán considerar el borrador de un informe bosquejando las opciones de financiamiento y sus consecuencias potenciales en el presupuesto de $50 millones del sistema.
El impuesto especial a la propiedad destinado a las bibliotecas sólo genera alrededor de $30 millones al año, y se pronostica que las reservas de dinero que cubren el déficit se habrán agotado para finales de septiembre. Eso obligará a Giménez a decidir si proponer el aumento del impuesto a la propiedad que él defendió brevemente el verano pasado, o llevar a a cabo los drásticos recortes a las bibliotecas de los que él estuvo hablando semanas después una vez que cambió de rumbo y optó por mantener el impuesto al mismo nivel.
Ese plan de recorte de costos, que ha sido pospuesto gracias a medidas temporales, se centraba en cerrar alrededor de 27 sucursales de las bibliotecas, poco más de la mitad de las ubicaciones actuales. En la reunión anterior del equipo de trabajo, Giménez mencionó además reducir los sueldos de los bibliotecarios como una medida potencial de ahorro, mientras que otros alegaron que la era digital ofrece oportunidades para prestar servicio a más lectores con menos profesionales, aunque aún bien entrenados.
“Detesto llamar por Skype a un bibliotecario, pero deberíamos poder llamar por Skype a un bibliotecario”, dijo Deede Weithorn, comisionada de Miami Beach y miembro del equipo de trabajo, en la reunión del 21 de febrero. “Si no se tiene un recurso técnico en una biblioteca, deberíamos poder llamar con Skype y usar otra”.
Un reciente estudio de la consultora de bibliotecas Godfrey’s Associates concluyó que el sistema de bibliotecas de Miami-Dade está tan subutilizado como subfinanciado.
Comparando al Condado con otros nueve sistemas que prestan servicio a entre 1 millón y 3 millones de residentes, Godfrey’s listó a Miami-Dade como la segunda en cuanto a la menor cantidad de fondos: $13 por persona, en comparación con un promedio de $27. Y, mientras el sistema promedio registró 9.4 usos por residente — ya sea por visita o por préstamo de materiales — Miami-Dade sólo tuvo 4.5 usos por residente cada año.
Eric San Juan anda muy por arriba del promedio, ya que él lleva a sus gemelos de seis años a la biblioteca de West Kendall casi todos los días. Pero él tuvo que recurrir el año pasado a Amazon.com para cubrir las lecturas veraniegas de sus hijos.
“La escuela te da una lista de lecturas de verano, pero cuando vas a sacar el libro, nunca lo encuentras”, dijo San Juan esta semana mientras su hijo Christian leía un libro enorme sobre dinosaurios y Sebastian jugaba en una de las computadoras de la biblioteca. “Cuando lo encargas por internet, son $16 cada uno. Y el niño se lo lee en un día”.
La insuficiencia de ingresos ha restado unos $36 millones al año a las bibliotecas del Condado desde el 2009, lo cual condujo a una serie de recortes que incluyeron despidos, cancelar la ayuda sabatina a las tareas con maestros de Miami-Dade y cerrar los domingos. Al esperarse que los fondos de reserva se agoten en septiembre, el sistema de bibliotecas enfrenta un déficit presupuestario de $20 millones el próximo año.
En una intervención pública, Giménez llamó la atención sobre un déficit mayor de $200 millones a nivel del presupuesto del Condado, y advirtió que el sistema de bibliotecas de Miami-Dade tendrá que reinventarse a sí mismo al mismo tiempo que se adhiere a su misión central. “Las bibliotecas pueden ser un lugar magnífico donde invertir en nuestros hijos y en nuestro futuro”, dijo. “Eso de verdad me entusiasma”.
Giménez fue responsable de uno de los dos recortes de impuestos que han motivado la actual crisis de las bibliotecas.
El ex comisionado del Condado ocupó el cargo en el 2011 prometiendo reducir los aumentos de impuestos llevados a cabo por el entonces alcalde Carlos Alvarez. Pero incluso el muy impopular aumento del 9 por ciento a nivel de condado hecho por Alvarez en el 2010 incluía un recorte del 26 por ciento al impuesto especial sobre la propiedad que financia las bibliotecas.
Giménez lo siguió en el 2011 con un recorte del 37 por ciento del impuesto para las bibliotecas en su primer presupuesto. El impuesto, que es ahora de $17.25 por cada $100,000 de valor de tasación, se impone a la mayoría de los propietarios, excepto en las ciudades que cuentan con su propio sistema de bibliotecas, entre ellas Hialeah, Miami Shores, North Miami y North Miami Beach, y las tres jurisdicciones costeras de Bal Harbor, Bay Harbor Island, y Surfside.
En el 2008, la tasa del impuesto para las bibliotecas era de $38.22 por cada $100,000 de valor tasado.
Aunque el descenso del valor de la propiedad provocó la pérdida de ingresos en el 2010 y el 2011, el recorte del impuesto para las bibliotecas en el 2010 es ahora responsable de la brecha actual entre el ingreso de $31 millones por concepto de impuestos para las bibliotecas en el 2013 y su presupuesto de $50 millones. Si la tasa del 2010 de $28.40 por cada $100,000 estuviera todavía en vigor, el impuesto hubiera generado $51 millones.
“Todo se reduce a cuál es la tolerancia para pagar impuestos en esta comunidad”, dijo Raymond Santiago, director de las bibliotecas de Miami-Dade y miembro del equipo de trabajo de Giménez.
De cierto modo, la difícil decisión de Pearson en cuanto a Lulu and the Dog by the Sea ofrece materia de discusión para ambos lados del debate sobre los fondos.
Ella sólo compró la edición del 2013 para 24 sucursales, poco menos de las 27 ubicaciones que hubieran sobrevivido en el plan original de reducción de costos de Giménez en el 2013.
Empleada de las bibliotecas desde la década de 1980, Pearson acabó siendo ascendida a la escala superior de pago para los bibliotecarios y ganó alrededor de $93,000 el año pasado en total de compensación, según documentos condales. Eso es mucho más del sueldo promedio de los bibliotecarios de Miami-Dade de $63,000 para el 2013, y lo suficientemente alto como para que ella ganara el sueldo número 18 en la nómina de 485 personas del sistema.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2014, 5:14 a. m..