Sur de la Florida

Padres de niño ahogado piden cambios al Departamento de Niños y Familias

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<span class="ng_cutline_leadin">Yunior Feliciano</span> Rivero y Mirelys Morales Tamayo son los padres de Jonathan Feliciano, el niño de 3 años que murió ahogado en la piscina de una guardería en el sur de la Florida. el Nuevo Herald

Los padres de Jonathan Feliciano no pueden recordar a su hijo sin llorar, pero pidieron que al menos su muerte sirva para evitar la de otros niños.

Jonathan, de 3 años, murió ahogado en diciembre tras permanecer más de 20 minutos en la piscina de una guardería familiar que había sido certificada como segura por el Departamento de Niños y Familias (DCF, por sus siglas en inglés). Dos meses más tarde, la policía arrestó a Zobeida González, la mujer que lo dejó solo, por homicidio agravado de un menor.

El padre de Jonathan, Yunior Feliciano, asegura que el dolor no cesa. Toma el chupete de su hijo y dice que ahora lo lleva consigo a todos lados.

“No sabe, cuando cerramos los ojos y vamos a dormirnos lo que vemos”, dijo Feliciano sentado junto con su esposa en su apartamento de Hialeah bajo varias fotografías de su hijo. “Lo entregamos a las 5 de la mañana bien y lo recogimos a las 3 de la tarde muerto”.

Los padres de Jonathan pidieron que el DCF prohíba las piscinas en las guarderías e invierta en formar mejor a sus inspectores para que no mueran otros niños.

“Que preparen mejor a su gente, que les enseñen qué es seguridad y qué es prevención”, dijo Feliciano. “Los inspectores son culpables [de la muerte de Jonathan], por su falta de preparación y de conocimiento de las leyes. [...] Su incompetencia le costó la vida a nuestro hijo”.

El abogado de Zobeida González, Scott Egleston, se preguntó cómo su cliente iba a sospechar que Jonathan podría acceder la piscina si los inspectores de DCF habían certificado que era segura. La ex vocera de DCF, Lisette Valdés-Valle señaló, cuando aún trabajaba para el departamento, que nada sustituye a la vigilancia de una persona.

Los padres de Jonathan consideran culpables de la muerte de su hijo a González y a los inspectores del DCF.

La piscina en la que Jonathan se ahogó había pasado cuatro inspecciones del DCF, cuyos códigos afirman que las barreras que impiden el acceso a las piscinas no pueden tener huecos por los que pueda pasar un niño. Pero el médico forense determinó que el cuerpo de Jonathan pasaba con facilidad entre los barrotes de la puerta que daba a la piscina. Además, la piscina fue instalada sin obtener la licencia correspondiente.

Durante al menos cinco minutos, Jonathan jugó en los escalones y en la cubierta de la piscina sin supervisión. Permaneció 23 minutos en el agua hasta que alguien se percató.

DCF consideró que la investigación del incidente no está relacionada con la licencia de guardería, porque la muerte de Jonathan se produjo un domingo, cuando el centro no tenía licencia para operar, entre otros motivos.

Feliciano y Mirelys Morales contaron que el domingo 22 de diciembre dejaron a su hijo a las 5:30 de la mañana en la guardería familiar propiedad de Mayling Brache, en el noroeste del condado antes de ir a trabajar en el Aeropuerto Internacional de Miami.

Jonathan era el único niño en la guardería ese domingo cerca de la 1 de la tarde, cuando, según la orden de arresto, Brache salió y dejó a Jonathan bajo la supervisión de su madre, González, quien lo dejó solo en el patio.

Una cámara de vigilancia grabó cómo Jonathan jugaba sin supervisión, subía y bajaba los tres escalones que llevaban a la piscina, caminaba por la cubierta y saltaba al agua. Al cabo de 23 minutos, Brache y otra persona lo vieron, lo sacaron del agua e intentaron reanimarlo sin éxito.

Veinte minutos después, a las 2:10 de la tarde, Brache llamó a los padres de Jonathan, afirmó Feliciano.

“Mayling nos dice: ‘El niño se ha caído a la piscina, ha tragado agua y el rescue se lo llevó’ ”, recordó Feliciano. “Teníamos la calma de que ya se lo había llevado el rescue, que ya estaba a salvo [...] Fuimos al hospital sin saber que nuestro hijo estaba muerto”.

Mientras hablaban con los médicos, pensaban que Jonathan seguía vivo.

“Yo tenía esa esperanza de madre”, dijo Morales. “Cuando esos médicos me dijeron: ‘Madre, lo sentimos, no pudimos hacer nada por él’[...] fue muy duro”.

Feliciano y Morales, ambos pastores cubanos, llegaron hace dos años a Estados Unidos para ayudar económicamente a su familia en la isla y ofrecer a sus hijos un futuro mejor.

Meses atrás, cuando la vecina que cuidaba a su hijo les dijo que ya no daba abasto para cuidarlos a él y a su propia hija, quisieron buscar a un profesional en vez de dejarlo a cargo de su otro hijo.

“Siempre nos pareció que al ser [su hermano] un niño, de 15 años, era más seguro dejarlo en un day care, con profesionales”, dijo Feliciano. “Preferíamos pagar, pero que el niño estuviera seguro”.

En la guardería donde dejaban a su hijo de lunes a viernes, les recomendaron la de Mayling Brache. Cuando fueron a la guardería familiar, situada en el 2955 de la calle 99 del NW, afirman que Brache les enseñó varios certificados y les dijo que podían cuidar a su hijo cualquier día de la semana, 24 horas al día.

Aseguran que nunca les contó que su licencia solo era válida de lunes a viernes, de 6 a.m. a 6 p.m.

Las leyes de la Florida y del condado exigen que quien quiera cuidar en su casa a niños de más de una familia no emparentada con el cuidador debe poseer una licencia de guardería familiar.

Pero Feliciano y Morales dijeron que vieron a otros niños en la guardería de Mayling durante los fines de semana, generalmente dos o tres, y que a veces coincidían con otros padres que iban a la guardería a recogerlos. Contaron que siempre pagaban en efectivo y nunca les dieron ningún recibo.

Los padres de Jonathan afirman que Brache les contó que su madre trabajaba con ella, pero nunca les dijo que no estaba registrada como empleada de la guardería, sino como miembro de la familia en cuya casa estaba instalado el centro.

El dijo que Brache también fue culpable de la muerte de su hijo porque lo dejaron a su cuidado. “Ella era la responsable de tener a mi hijo”, dijo Feliciano.

La secretaria de prensa de DCF, Michelle Glady, afirmó que el DCF está investigando la muerte de Jonathan, ya que el departamento investiga todas las muertes de menores por ahogamiento que se denuncian en su hotline. Sin embargo, esta investigación no está relacionada con la licencia de la guardería.

Explicó que se abrió una investigación relacionada con la licencia, pero que no se concluyó porque la muerte de Jonathan no ocurrió durante las horas en las que la guardería tenía licencia para operar, Jonathan no figuraba como inscrito en la guardería y la persona con la licencia de la guardería no estaba al cargo del niño ni fue la persona arrestada.

“No se consideró un asunto relacionado con la licencia”, afirmó Glady.

Feliciano dice que una de las cosas que más le dolió es que la guardería siga teniendo licencia.

“Cuando yo vi eso [en las noticias], yo me quería morir”, dijo Feliciano. “Pueden hacer dinero de cualquier otra manera, pero cuidando niños, yo creo que no. Y la prueba es ese niño muerto”.

González le dijo inicialmente a la policía que solo lo había descuidado un minuto o un minuto y medio, mientras fue a apagar el aire acondicionado. Egleston, abogado de la mujer, afirmó que es difícil calcular las diferencias en un tiempo tan corto, pero que su cliente buscó frenéticamente a Jonathan durante mucho tiempo antes de que lo encontraran, porque no podía imaginarse que estaba allí.

Egleston señaló que su cliente, ahora en libertad bajo fianza, se va a declarar no culpable de los cargos.

Los padres de Jonathan, sin embargo, no entendieron cómo pudo haber buscado a su hijo durante tanto tiempo.

“Si el niño no estaba en el day care, no estaba dentro de la casa ni en el frente y no estaba en el patio, no había otro sitio donde buscar [que no fuera la piscina]”, dijo Feliciano.

González señaló que no estaba en condiciones de hablar cuando fue contactada por el Nuevo Herald.

El DCF tampoco ha investigado por qué su inspector Samson Fateru, empleado desde 1989 e inspector desde 1997, certificó tres veces en el 2012 y el 2013 que la puerta era segura, a pesar de que por sus huecos cupiera un niño, en violación de los códigos.

El inspector que revisó por primera vez el centro, Douglas Nieblas, le ordenó a Brache que pusiera un cerrojo en la puerta de acceso a la piscina, algo que Brache hizo, pero no hizo más comentarios.

Glady señaló que todos los inspectores del departamento pasan por un entrenamiento de tres semanas que incluye 84 horas de clase y actividades adicionales como localizar regulaciones, observar a inspectores durante al menos 12 inspecciones y realizar una inspección en presencia de un supervisor.

Afirmó, además, que los empleados no tienen que tomar ningún examen al final del entrenamiento, pero que hay actividades a lo largo del curso para verificar que los estudiantes asimilaron los conocimientos. Tampoco se realiza una prueba para medir el nivel de inglés de los empleados.

Uno de los folletos que se reparten en los cursos explica que las vallas que rodean las piscinas no deben tener huecos de más de 4 pulgadas. También explica que cada año, 300 niños menores de 5 años mueren ahogados en piscinas en Estados Unidos.

“Queremos que ellos [DCF] prohíban las piscinas en los day care”, dijo Feliciano. “Es como encender fuego cerca de una gasolinera”.

Feliciano y Morales agradecen a sus allegados, a la policía y a la fiscalía su apoyo durante este tiempo, y respecto a González, solo piden justicia. Estará bien lo que determine un juez, dicen.

Mientras, Feliciano todavía no puede comer nada de lo que le gustaba a su hijo: ni pizza, ni helado de chocolate ni maduros. Y sigue llevando a todos lados el chupete de su hijo.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de marzo de 2014, 5:10 a. m. with the headline "Padres de niño ahogado piden cambios al Departamento de Niños y Familias."

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