Sur de la Florida

Enfasis en Africa empieza a dividir a los devotos de santería

Los seguidores llegan aquí de los lugares más lejanos: Miami, Venezuela, Brasil; todos en busca del corazón de la fe tribal.

Alexandre Teixeira Ramos voló desde São Paolo hasta Lagos, Nigeria, y luego viajó cinco horas en automóvil hasta arribar a esta polvorienta y bullente población del oeste de Africa levantada a la orilla de un río sagrado. Durante seis días, Teixeira Ramos participó en una serie de rituales que fueron desde baños con hierbas hasta ceremonias con tambores en bosques sagrados de esta antigua fe de deidades y adivinaciones.

En Cuba y en el sur de la Florida, la religión evolucionó hasta llegar a una creencia diferente ampliamente conocida como santería pero a la cual sus seguidores llaman lucumí. En Haití, los elementos de las creencias tribales se conocen como vudú, mientras en Brasil, Teixeira Ramos estudió una variación llamada candomblé.

Sin que importen demasiado los nombres, las raíces de todas las creencias se encuentran en la tribu yoruba de Nigeria. Cuando los integrantes de la tribu fueron capturados como esclavos hace cientos de años y llevados a distintas partes de las Américas, trajeron consigo sus creencias. En la actualidad muchos devotos como Teixeira Ramos —en un mundo que la internet y las redes sociales han vuelto más pequeño— buscan cada vez más a Africa en busca de contacto nuevo con las raíces de su fe.

Ifayemi Elebuibon, el sacerdote más importante de Osogbo, le da la bienvenida a su templo a un sinfín de creyentes.

“Todos descubren que en muchas de las ceremonias que participan, falta algo”, dijo Elebuibon, un hombre majestuoso vestido con el tradicional traje blanco. “Quieren hacer cosas de una forma auténtica”.

Teixeira Ramos, que terminó su viaje rindiéndole homenaje a Elebuibon, dijo: “Todo el viaje fue de veras intenso. Fue algo increíble porque uno entra en contacto con un ser divino, con algo más grande”.

En el sur de la Florida, con frecuencia la santería ha sido criticada debido a su exótico misticismo, así como por los sacrificios rituales de animales y sus pintorescas deidades como Changó, el viril patrón rey de los tambores. Entretanto, algunos expertos señalan el surgimiento de una ola reciente de “tradicionalistas” como prueba de la popularidad cada vez mayor de diversas religiones surgidas a partir de la yoruba.

Sin embargo, el aumento del movimiento para buscar las raíces ha provocado enfrentamientos entre las diversas ramas de la fe yoruba. Es una polémica que se percibe sobre todo en Miami, donde la religión lucumí se ha convertido en algo más cotidiano desde que en 1993, en un caso que hizo historia, la Corte Suprema de Estados Unidos reconoció su existencia.

Ernesto Pichardo, conocido sacerdote yoruba de Miami, considera que los llamados tradicionalistas no son más que simples “turistas religiosos”, quienes han sido aprovechados por los nigerianos, cuyos estridentes puntos de vista afirman que su fe es más genuina.

“Nosotros tenemos nuestra propia identidad. Nos hemos probado en este medio”, dijo Pichardo. “Por el hecho de que nuestra religión no sea aceptada en esta sociedad no podemos cambiarla por la que se practica en un remoto pueblo africano”.

Período de transición

Miguel (“Willie”) Ramos, sacerdote lucumí de Miami, y experto en religión, propuso que los líderes religiosos de Nigeria, el sur de la Florida, Cuba y Brasil se reúnan para “discutir nuestro futuro religioso”.

“Esta religión ha crecido mucho desde los años 80 y en la actualidad es más aceptada”, dijo Ramos. “Nos estamos convirtiendo en una fe universal. Estamos en un período de transición”.

En Nigeria, la religión yoruba se conoce generalmente como Ifá, mensajero de un ser supremo conocido como Oludumare, o Olòrún.

Los seguidores que buscan les pronostiquen el futuro o que les ayuden con los problemas de sus vidas lo hacen a través de las deidades conocidas como orishas. Se consultan con un sacerdote conocido como babalao, que utiliza una cadena y cáscaras secas de coco en un ceremonia que se conoce como adivinación. Después, el babalao ordena realizar ciertos ritos, ofrendas o sacrificios —por lo general aves o chivos— para así asegurar la buena fortuna.

Los esclavos yoruba que fueron traídos a diferentes regiones de América con frecuencia practicaban la religión en secreto. Con el paso de los siglos, elementos de otras religiones, casi siempre la católica, se incorporaron a la africana.

La fe evolucionó de forma distinta en Cuba, donde dio un importante giro y a los santos católicos se les buscó un equivalente en orishas específicos. La adoración de estas deidades —no el oráculo yoruba Ifá, que domina la práctica moderna en Nigeria— también ocupó un lugar significativo. Con los años, las prácticas sencillas terminaron cambiando en Cuba; por ejemplo, el aguardiente que se produce de la caña de azúcar se añadió a los rituales.

Después de la ola de inmigrantes que llegaron a EEUU tras el triunfo en 1959 de la revolución cubana, Nueva York se convirtió en el centro de religión lucumí en el país. En las siguientes décadas, la religión lucumí prosperó en Miami, donde practicantes como Pichardo y Ramos han tratado de desmitificar la religión y aclarar las diversas asociaciones católicas, entre otras cosas el nombre santería.

En 1993, Pichardo y la Iglesia Lucumí Babalú Ayé de Hialeah, ganaron un sonado caso en la Corte Suprema que permitió el sacrificio de aves y reconoció legalmente la religión.

Desde entonces, la religión lucumí ha prosperado notablemente e impulsado una industria artesanal que vende parafernalia y atrae cada vez más el estudio de religiosos eruditos. Las compañías de Miami fabrican una variada gama de artículos religiosos, desde collares a estatuas y coronas para santos, que se venden en las botánicas de todo el país. Ramos —quien recientemente terminó su doctorado en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en la Historia de la Religión— tiene un portal, Elada.org, que ofrece seminarios por Internet, literatura y contactos por todo el país.

Ramos trabaja como consejero espiritual de un grupo cada vez más grande de seguidores, entre los que se encuentran una congregación blanca en Michigan. Pichardo, por su parte, hace poco desde su casa del sur de Miami-Dade terminó una consulta con una mujer en Chicago, a través de Skype.

Crecimiento de la cultura yoruba

Con el paso del tiempo, la cultura yoruba de la Florida ha crecido.

En los años 90, una solicitud para construir una comunidad tribal yoruba en el sur de Miami-Dade —siguiendo el modelo del pueblo africano “Oyotunji” que se fundó en Carolina del Sur hace décadas— no llegó a concretarse por falta de fondos.

Sin embargo, hoy día en Crescent City, la Fundación no Lucrativa Ifá, que tiene 10 hectáreas llamadas “Jardines Sagrados”, cuenta entre sus seguidores con antiguos miembros de la religión lucumí.

En Liberty City, Nathaniel Styles, seguidor de Ifá, promueve la cultura yoruba a través de una organización sin fines de lucro llamada “Osun Village”. En 2006, los legisladores aprobaron llamar a un tramo de la avenida 7 del noroeste con el nombre de la organización, que patrocina diversos eventos de baile e intercambios culturales.

El año pasado, un equipo de periodistas de PBS acompañó a Styles a Nigeria para filmar allí “Sacred Journeys”, una serie sobre peregrinos religiosos, que está programada para transmitirse en diciembre.

Muchos de los nuevos tradicionalistas de la Florida, donde las enseñanzas cubanas han dominado la religión, buscan información a través de la internet.

En Miami, el abogado Christian Carranza, de 41 años, que creció en la santería, hace varios años comenzó a hacerle preguntas de todo tipo a diversos líderes espirituales, y hasta quería conocer el significado de los cantos que se cantaban en las ceremonias.

“Nadie podía explicarme nada”, recuerda Carranza. “Esta religión viene de Africa, pero se ha perdido mucho del conocimiento”.

No tardó mucho en romper con sus hermanos de la religión lucumí. Mediante la internet, Carranza conoció a sacerdotes africanos en Tennessee. Poco después, viajó a Nigeria para ser iniciado en el rito de Ifá. Era el único blanco y estaba nervioso.

“Me hicieron sentir muy relajado. Era algo muy ancestral”, dijo Carranza. “Me sentí vivo, como si formara parte de una tribu”.

En la actualidad Carranza visita Nigeria dos veces al año para estudiar. A fines del año pasado, llevó con él a su novia, que creció en la fe bautista, pero que en la actualidad es también lucumí, para que también fuera iniciada. Con regularidad le pide a sacerdotes lucumís debatir la doctrina a través de foros por Internet.

“Cada vez más personas tienden a lo tradicional. Los viejos de la línea dura van a desaparecer”, dijo Carranza. “La religión lucumí está viviendo una metamorfosis. Una nueva generación está surgiendo”.

Críticas a los nuevos seguidores

La actitud de Carranza enfurece a algunos sacerdotes lucumí como Miguel Ramos, quien afirma que los nuevos seguidores con su tendencia a aceptar los dictados de Africa están “ciegos”, e ignoran la forma que la fe ha evolucionado en Brasil y en Cuba.

“Quieren ‘rescatar’ las tradiciones de la religión lucumí”, dijo Ramos. “Es un intento de hallar una práctica yoruba más ortodoxa que desestima la historia y la experiencia de la diáspora”.

Sin embargo, no todos los tradicionalistas retan abiertamente la doctrina lucumí. Charles Stewart, que dirige el templo Ilé Orunmila Ogunda-Bede en Hialeah, fue iniciado hace varios años en el estado nigeriano de Oyó. Recuerda cuando llegó a Nigeria: “Es muy difícil describir el sentimiento. Era como si regresara a casa. Mi vida cambió”.

Stewart, de 52 años, propone que haya tolerancia entre las sectas.

“Todos los caminos que llevan a Dios son aceptables. Ifá tiene que ver con la aceptación de todos los seres humanos’’, dijo Stewart. “De la forma que practicamos a Ifá, no vamos a luchar por imponérsela a nadie”.

Sin embargo, en el 2010 Stewart protagonizó una polémica, cuando algunos seguidores de la religión lucumí se le acercaron para que los iniciaran iniciarlo nuevamente en la secta Ifá. Agentes federales hicieron una redada y le registraron la casa en busca de caracoles gigantes africanos, cuya entrada en el país es ilegal y que se consumen en un determinado ritual, y que según han dicho algunos seguidores, los han enfermado.

Stewart calificó el registro como una confusión y dijo que todas sus prácticas se hicieron de acuerdo con los preceptos de la religión. Stewart nunca fue acusado de ningún delito.

Sin embargo, la redada policial —que el Miami Herald reportó primero que otro medio de prensa— sirvió como catalizador para que un importante sacerdote lucumí firmara un acuerdo que, aunque reconoce que existen raíces comunes, señala que los seguidores que aceptan el estilo africano abandonaban sus derechos de seguir siendo lucumís.

Se esperaba que este tipo de confrontaciones sucedieran, no a diferencia las distintas tensiones del cristianismo que debieron batallar contra los dogmas y las prácticas durante siglos, afirman expertos de la religión.

“La santería se basa en antiguas tradiciones africanas, pero tal como existe hoy día, en realidad es un fenómeno de finales del siglo XIX y principios del siglo XX”, dijo Michelle González Maldonado, profesora de estudios religiosos de la Universidad de Miami (UM). “Estos son los problemas que tienen muchas religiones jóvenes”.

En la propia Cuba, donde la religión lucumí se ha convertido en algo más abierto en los últimos tiempos, las tensiones entre los campos también persisten.

Cheryl Grills, profesora de psicología de la Universidad Loyola Marymount, que practica la regla de Ifá, el otoño pasado organizó un viaje para que Elebuibon visitara La Habana, donde pudo reunirse con un grupo de babalaos en una conferencia informal de dos días en la que se discutieron las raíces de la religión.

“Fue una experiencia enriquecedora y maravillosa’’, dijo Grills. “Los babalaos cubanos apreciaron muchísimo la reunión”.

El anfitrión, el Dr. William Viera, psicólogo cubano que practica la religión lucumí, quedó tan impresionado que en diciembre viajó a Nigeria para iniciarse. Allí, Elebuibon le otorgó el título de Araba de La Habana, la más alta posición que un sacedote tradicional yoruba puede alcanzar.

Un acercamiento positivo

Grills considera que el encuentro es un paso positivo para mejorar las relaciones entre los dos campos, aunque el viaje de Viera y nuevos títulos religiosos provocaron rápidamente un furioso debate entre expertos y seguidores de la práctica lucumí en Facebook.

Robin Poynor, profesora de la Universidad de la Florida (UF) que estudia la cultura tradicional yoruba, señaló que incluso en Nigeria, llamada a menudo la Tierra de los Yorubas, donde los antiguos reinos debieron luchar por el dominio de la región, no existe una manera regular de practicar la religión de Ifá.

“Algunos de los orishas son homenajeados y venerados por toda la Tierra de los Yorubas; otros, en cambio, son adorados solo a nivel regional. Tradicionalmente, Changó ni siquiera existe en la zona este del país”, dijo Poynor. “Es realmente una ingenuidad que alguien que se inició en la religión yoruba piense que la manera que lo hace es la única forma de experimentar la verdad de la fe”.

De hecho, hasta en Nigeria —donde la fe musulmana y la cristiana evangélica se enfrentan regularmente— las religiones oriundas a menudo son criticadas como idolatría pagana.

En pleno corazón de la Tierra de los Yorubas, los bosques que utilizaron los antiguos seguidores yorubas han desaparecido ante el avance del desarrollo. No fue sino hasta el 2005 que las Naciones Unidas —ante una petición de urgencia que hizo una artista austríaca, Suzanne Wenger— declaró el venerado “Bosquecillo Sagrado” como un sitio Patrimonio de la Humanidad.

En el estado nigeriano de Osun se celebra anualmente un festival para celebrar la diosa de un río. En agosto del año pasado, tras analizar las peticiones de los devotos del área, el estado declaró un día feriado público para una celebración tradicional de la familia conocida como Isese.

Los fieles esperan que un día feriado similar se declare dentro de poco en Lagos, la congestionada capital comercial de Nigeria. Recientemente en un viejo barrio colonial, unas dos docenas de seguidores de Ifá vestidos completamente de blanco, abarrotaron una ceremonia en la iglesia Fe Indígena de Africa (Indigene Faith of Africa).

Aunque la iglesia existe desde 1939, las ceremonias todavía se ven como algo curioso. Un equipo de documentalistas nigerianos filmó a los creyentes cantando, bailando y orando. Akano Fasina Agboola, un importante sacerdote de la ciudad, dijo que muchos musulmanes y cristianos en Nigeria aún se consultan con babalaos, pero solo en secreto para evitar el ridículo.

“Es una verdadera lucha asegurarse de que la religión tradicional no muera”, dijo Agboola, quien luego agregó que las sectas yorubas en la Florida y en América Latina son cruciales para mantener vivas las creencias. “Estamos contentos de que el evangelio de Ifá se conozca en todo el mundo”.

David Ovalle reportó esta historia desde Nigeria como invitado del programa de intercambios del Centro Internacional de Periodistas.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de marzo de 2014, 0:10 a. m. with the headline "Enfasis en Africa empieza a dividir a los devotos de santería."

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