Sur de la Florida

Aun con boleto gratis en mano, estos boricuas desplazados por María eligen aferrarse a la Florida

Richard González, de 53 años, se hospedó en el hotel Extended Stay America en Fort Lauderdale durante dos meses bajo un programa de cupones de FEMA para puertorriqueños desplazados por el huracán María. Ahora que el programa está por terminar, no sabe a dónde ir.
Richard González, de 53 años, se hospedó en el hotel Extended Stay America en Fort Lauderdale durante dos meses bajo un programa de cupones de FEMA para puertorriqueños desplazados por el huracán María. Ahora que el programa está por terminar, no sabe a dónde ir. erua@miamiherald.com

Los papeles que prevendrían que Richard González se convirtiese en una persona sin hogar estaban esparcidos sobre la mesita de centro de su habitación de motel esta semana. Ahí estaba el curriculum vitae que su hija le había preparado. Una lista de contactos de las agencias de servicios sociales. Y la hoja suelta en la que había garabateado una docena de números de apartamentos en renta.

Pero el sábado en la mañana, tras finalizar su turno de trabajo en el Seminole Casino de Hollywood, González se preparaba para dejar su habitación en un motel en Fort Lauderdale, su humilde hogar durante el último par de meses.

González, de 53 años, manejó rumbo norte hacia Orlando, donde desde hace años viven su madre y hermano. Como cientos de ciudadanos provenientes de Puerto Rico que huyeron del huracán María en septiembre, González no sabe qué le depara el futuro. El dinero con el que pagaba su techo está por agotarse pues el programa de cupones para hoteles de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) expira el 30 de junio.

 

Lo que González tiene claro es que no volverá a Puerto Rico —al menos no todavía—. Al preguntarle qué haría después de este fin de semana, González, cuya esposa e hijos adultos aún viven en la isla, comenzó a llorar.

Desde octubre, FEMA extendió la fecha límite del programa de cupones Asistencia Transitoria de Refugio (TSA) cuatro veces, algunas de ellas pocos días antes de que terminara. Sin embargo, esta vez la propuesta de la agencia fue definitiva: acepten el boleto de avión de ida para regresar a la isla para el 1 de julio o encuentren alojamiento por cuenta propia.

La inmensa mayoría eligió quedarse. De 600 familias que en el 26 de junio fueron alojadas en hoteles en Florida mediante este programa, solo 44 regresaron a Puerto Rico a expensas de FEMA, informó la agencia. Las últimas estadísticas nacionales proporcionadas por FEMA muestran que entre las 2,000 familias que hasta el 2 de junio permanecían en hoteles, solo 11 regresaron y otras 180 expresaron interés en hacerlo.

Luis DeRosa, presidente de la Cámara de Comercio Puertorriqueña en Miami, que ha estado trabajando para asistir a las familias desplazadas en la región, opinó que FEMA estaba cometiendo un error al poner fin a la ayuda para la estadía.

“Si les cortas la ayuda ¿Adónde van a ir?”, preguntó DeRosa. “Esto se llama exclusión de vivienda forzada por parte del gobierno federal”.

La mayoría de las familias desplazadas se han reubicado en los condados Osceola y Orange, en la Florida Central. Sin embargo, hasta esta semana, en el condado Miami-Dade 46 familias aún vivían en hoteles, el tercer condado con más familias boricuas en el estado.

Richard González ha intentado, sin éxito, encontrar una vivienda fija en el Sur de Florida desde que huyó de Puerto Rico en enero pasado.
Richard González ha intentado, sin éxito, encontrar una vivienda fija en el Sur de Florida desde que huyó de Puerto Rico en enero pasado. Ellis Rua erua@miamiherald.com

A nivel nacional, más de 7,000 familias —unas 19,000 personas— participaron en el programa de cupones después de que María devastara Puerto Rico hace nueve meses, destruyendo la totalidad de la red eléctrica, lo que probablemente causó miles de muertes, según estudios recientes. En las semanas siguientes, FEMA fue ampliamente criticada por su aletargada respuesta.

A partir de entonces, la mayoría de estas familias dejaron los hoteles y pudieron trasladarse con otros familiares, consiguieron rentas asequibles a personas de bajos ingresos o regresaron a Puerto Rico. Para los últimos residentes de los hoteles, sin embargo, encontrar vivienda a precios asequibles ha resultado una tarea imposible.

“Ya teníamos una crisis de vivienda asequible”, dijo Gladys Cook de la Coalición de Vivienda de Florida, una organización sin fines de lucro con sede Tallahassee que aboga por la creación de viviendas asequibles en el estado.“Cuando tienes a más personas sin recursos intentando entrar a este sistema, empeoras el cuello de botella”.

Ariana Colón, madre de un hijo de un año y un infante de cuatro meses, es una de las personas atrapadas en este sistema. Colón estuvo viviendo en un Holiday Inn en Kissimmee, el quinto hotel que su novio y ella han ocupado desde Navidad. Colón, de 20 años, trabaja en un Burger King unas cuantas horas a la semana y su novio es barbero.

El ingreso no es suficiente, admite. Para un apartamento de una habitación o un estudio, caseros le han pedido tres meses de depósito por adelantado —la primera y última renta por adelantado más un depósito— algo que sencillamente no puede pagar. Y las listas de espera para las unidades designadas para inquilinos de bajos ingresos son tan largas que la espera puede demorar hasta dos años.

Algunos caseros, añade Colón, llegaron a utilizar a su bebé como una justificación para rechazarla. “Dicen que es demasiada gente en un solo lugar”, relató.

Antes del huracán María, Colón vivía con su abuela en Bayamón, cerca de la costa norte de Puerto Rico. Aunque su hogar no fue completamente destruido por la tormenta, su situación de todos modos era desesperada. En una ocasión Colón pasó tres días buscando fórmula para bebé para su hijo.

También vio a oficiales gubernamentales —específicamente al gobernador de Florida Rick Scott— anunciar en la televisión que Florida tenía oportunidades para quienes quisieran venir.

“Vinimos aquí porque el gobierno mismo nos dijo, 'vengan aquí, hay trabajos, lugares para quedarse,'” dijo Colón. “Ya estando aquí no había nada.”

Colón se encuentra decepcionada, pero, al igual que González, no se da por vencida.

“Vine aquí y estoy dispuesta a luchar”, dijo. “No vine aquí nada más para tener beneficios. No quiero sentir que vine aquí para nada”.

En semanas recientes, el senador Bill Nelson exhortó a extender el programa de cupones, pero fue ignorado. El jueves, sin éxito, rogó a sus compañeros en el Senado a fin de que prolongaran el programa.

Nelson pidió consenso unánime para la minuta que presentó, de modo que si nadie se hubiera opuesto hubiera sido aprobada automáticamente, sin embargo, el senador Ron Johnson de Wisconsin se opuso momentos después de su llamado.

Nelson también pidió a FEMA y al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (DUP) que activaran otro programa llamado Asistencia de Vivienda de Desastre (DHAP), el cual provee subsidios mensuales del alquiler para algunas familias puertorriqueñas desplazadas hasta febrero de 2019.

Condenó lo que percibió como un doble estándar, haciendo notar que el DHAP fue activado después del huracán Katrina en 2009, pero no después de María.

“¿Si fue suficientemente bueno para la gente que huyó del huracán Katrina en Nueva Orleans, por qué no es suficientemente bueno para la gente que fue igualmente devastada ahora en Florida, habiendo tenido que huir de las condiciones deplorables de su isla nativa, nuestros compatriotas, los ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico?” preguntó Nelson.

Pero FEMA arguyó que el DHAP es un programa menos efectivo que sus alternativas. Una opción, conocida como el programa de arrendamiento directo, proporciona a algunas familias la oportunidad de mudarse a propiedades vacantes en Puerto Rico.

“No se necesita el DHAP para alojar a los supervivientes desplazados por el desastre,” escribió FEMA en su sitio web a principios de junio, diciendo que el programa de arrendamiento directo “provee de la misma opción de vivienda a los supervivientes de desastre que el DHAP y en una manera más eficiente y efectiva en relación al costo”.

Otra opción, conocida como la asistencia a la renta, podría ayudar a las familias cuyos hogares en Puerto Rico siguen siendo inhabitables según FEMA. El dinero podría ser usada para rentar, ya sea en Puerto Rico o en el continente.

Estas opciones, sin embargo, no han proveído recursos para personas como González, quien dice que ha hecho todo lo posible para encontrar un apartamento pero está al borde de convertirse en una persona sin hogar.

El martes, González asistió a una reunión dirigida por funcionarios de FEMA y el gobierno puertorriqueño en Casa Refugio de Miami. Dos días antes, una llamada la animó a pensar que la reunión podría ayudarlo a encontrar una solución a largo plazo a su problema de vivienda. Sin embargo, cuando llegó se sintió engañado, dijo.

"Fue una farsa,” comentó González. “Era solo para pedirnos a los que estamos aquí que nos fuéramos para Puerto Rico”.

Al final, González salió de la reunión con algunos recursos, incluyendo información para programas de asistencia a la vivienda en Puerto Rico y de organizaciones que luchan contra la pobreza en Florida. No obstante, tras contactar a tres entidades nadie le respondió, aseveró.

A él le gusta su trabajo en el casino. Es una posición similar a la que tenía en casa, y recién fue nombrado empleado del mes. A largo plazo, cree que en este trabajo tendría oportunidad de progresar y ganar más.

Por supuesto, todo su futuro es incierto.

Aquí, la dificultad son los apartamentos”, concluyó González. “¿Dónde voy a conseguir ayuda?”.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de junio de 2018, 6:46 p. m. with the headline "Aun con boleto gratis en mano, estos boricuas desplazados por María eligen aferrarse a la Florida."

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