La Cubana: una comunidad a bordo de un autobús
Cuando uno pregunta por La Cubana en el Alto Manhattan, nadie duda ni señala a una mujer. Todos los dedos indican una parada de autobús situada en Broadway, a la altura de la calle 175.
Desde allí, en el corazón del Nueva York más hispano, los coloreados vehículos de La Cubana llevan más de 30 años transportando a aquellos que quieren viajar entre la Gran Manzana y Florida y que, por distintos motivos, prefieren evitar el avión.
“Por lo menos el que vive en Nueva York, en Florida o en el intermedio los conoce bien”, dice la cubana Iliana Martínez, que llegó en el 1980 a la Florida y que, desde el 1989, vive en la ciudad de los rascacielos.
Como hizo ella de forma definitiva, miles de hispanos recorren cada año esa ruta, ya sea para visitar a familiares, por negocios o con una mudanza en busca de nuevas oportunidades.
Veinticuatro horas de viaje
El trayecto, que en avión dura menos de tres horas, se convierte en algo cercano a una odisea por carretera.
Las enormes distancias de Estados Unidos se hacen evidentes en un viaje en el que se atraviesa una decena de estados y en el que se da servicio a casi una veintena de localidades intermedias: desde grandes urbes como Filadelfia o Washington hasta pequeñas ciudades que rara vez aparecerán en una guía de viajes como Ekton (Maryland) o Manning (Carolina del Sur).
Si todo va bien, el viaje entero se completa en unas veinticuatro horas. Sin embargo, el mal tiempo y el tráfico –sobre todo en Nueva York y Nueva Jersey, y al paso por Washington– dificultan a menudo la puntualidad.
Un día entero a bordo de un autobús puede hacerse interminable para muchos, pero para algunos viajeros, no hay mejor forma de desplazarse.
Uno de ellos es Ramón Burgos, un dominicano que llegó hace 30 años a EEUU, y que hoy, ya retirado, prefiere evitar los aviones y continúa utilizando La Cubana para desplazarse entre Orlando y Nueva York.
A Burgos le gusta la calma con la que se desarrolla el viaje en autocar, las paradas para almorzar y cenar y la música y las películas de las que disfruta a bordo.
También la experiencia de los conductores –“son buenos, no jovencitos”, bromea– y “el buen trato que dan a todos y cada uno de los pasajeros”.
Una gran familia
Pero si algo destaca Burgos de la experiencia a bordo de La Cubana es la camaradería entre los viajeros: “Todos los que viajamos somos una familia”, asegura.
Esa gran comunidad está formada, casi al completo, por hispanos. Cubanos, por supuesto, pero cada vez más dominicanos, puertorriqueños o ecuatorianos, que constituyen algunas de las mayores comunidades latinas de la Costa Este.
Y aunque el español es claramente la primera lengua a bordo de estos autobuses, personas de otras procedencias optan más y más por el servicio, según explica Gabriel Muñoz, uno de los empleados de la compañía, que destaca el aumento del número de clientes rusos y afroamericanos.
En el autobús, que parte de Manhattan en una nublada mañana de septiembre, “hay personas de todas las edades, pero La Cubana encuentra entre las personas mayores su clientela más fiel”, señala Muñoz.
Mejor por carretera
Algunos de ellos llevan haciendo el viaje de esa forma desde que llegaron a Estados Unidos y prácticamente no se plantean otra fórmula. Otros valoran la facilidad de hacer todas las gestiones en español. Muchos, explican en la ventanilla de venta de billetes, simplemente tienen pánico a los aviones.
Pero para un importante grupo, volar no es ni siquiera una posibilidad. En un país como Estados Unidos, con más de diez millones de inmigrantes en situación irregular, las personas que no disponen de los documentos requeridos en los aeropuertos conforman una enorme clientela potencial.
La Cubana, que no solicita ningún documento de identidad para viajar, lo sabe y recuerda esa ventaja cuando uno llama para reservar un billete.
Los precios pueden ser también un aliciente, aunque no siempre explican el éxito de la empresa. Un viaje de ida y vuelta entre Nueva York y Miami cuesta algo más de $300, una cantidad por la que, a menudo, se puede volar y parecida a la que ofrece Greyhound, el gigante de los autobuses en EEUU, que sin embargo no dispone de rutas directas entre las dos ciudades.
¿Dónde está el secreto de La Cubana? Probablemente en haber abrazado con total convicción su condición de servicio clave para una comunidad como la hispana que no ha dejado de crecer y de moverse.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de septiembre de 2014, 5:34 p. m. with the headline "La Cubana: una comunidad a bordo de un autobús."