Sur de la Florida

‘Cuadernos Hispanoamericanos’ en Miami: Cuba partida en dos


Los escritores cubanos Orlando González Esteva (izq.) y Gerardo Fernández Fe durante la presentación del libro más reciente del también escritor e historiador cubano Rafael Rojas, en la librería Books and Books de Coral Gables el martes 2 de junio.
Los escritores cubanos Orlando González Esteva (izq.) y Gerardo Fernández Fe durante la presentación del libro más reciente del también escritor e historiador cubano Rafael Rojas, en la librería Books and Books de Coral Gables el martes 2 de junio. Foto de cortesía

Existe una tendencia entre los intelectuales, y los grupos de vanguardia, de tratar de unir la Cuba dividida. A ese grupo me he unido siempre con la intención, como todos los demás, de hacer conocer al mundo que existe un solo tipo de cubanos. Ahora, cada vez menos creo en ello, y creo más en la Cuba partida en dos.

No se puede pensar que los cubanos somos iguales, cuando la mayoría de los del lado “acá” piensa y actúa libremente, ha aprendido a decir gracias, permiso y perdón; y los intelectuales escriben franca y espontáneamente sus ideas sin miedo a la censura y las represalias. La mayoría de los de “allá” no tiene a quién dar las gracias porque nada le han dado, no piden permiso porque ya nada les importa, y mucho menos perdón porque la irreverencia los guía, ya que nada deben; y los intelectuales, o se autocensuran, o los obligan a abandonar sus puestos por ser cívicos, o les hacen el juego al gobierno, creando una fachada de falsa libertad que al final cuando ya no convienen, los precipitan al “truene” (nótese que no hablo de la calidad de unos y otros). Por ello, no podemos creer que los cubanos somos iguales viviendo en diferentes sociedades. Ni lo somos, ni nos comportamos.

En la revista de pensamiento y literatura Cuadernos Hispanoamericanos, que fue fundada en febrero de 1948, y en la actualidad es dirigida por el escritor de Marbella Juan Malpartida, se ofrece una muestra de las diferencias de que hablo. Un dossier titulado Cuba en Miami aparece en el número 779 de la revista, correspondiente a mayo del 2015, y está coordinado por el escritor cubano Gerardo Fernández Fe.

“Por supuesto que se trata de una tarea nada fácil”, dice. “Me sorprendió cuando Juan Malpartida me convocó para el proyecto, y a la vez me agradó el reto. Hasta donde he indagado, es primera vez que una revista literaria de relieve en el mundo editorial hispanoamericano abre sus puertas para abundar sobre el fenómeno de las letras cubanas en Miami. Disponer de un espacio, incluso limitado, era una suerte, sobre todo para hacer notar una serie de nombres de escritores que vivieron o viven en una ciudad tan ninguneada y tan marcada por el dolor”.

ENCUENTRO... ES UN ANTECEDENTE

Es pertinente recordar la relevancia que tuvo en el mundo editorial hispanoamericano la revista Encuentro de la Cultura Cubana (1996-2009) y el dossier dedicado a la literatura cubana de Miami, que se publicó en el número 18 de dicha revista.

Cuadernos Hispanoamericanos, editada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), se presenta este viernes 12 en el Centro Cultural Español de Miami. Incluye los trabajos: “La geografía del corazón ausente. Tres momentos del exilio literario cubano” de Rafael Rojas (Santa Clara, Cuba), historiador y ensayista exiliado en México; “Lydia Cabrera entre amigas: Un tren de sores para una ciénaga cementada” de Mabel Cuesta (Matanzas, Cuba), escritora residente en Texas; “Guillermo Rosales y Carlos Victoria: visiones errantes de Miami” de Ivette Leyva Martínez (Holguín, Cuba), periodista radicada en Miami; “Recuerdos de un librero de la Calle Ocho” de Juan Carlos Castillón, escritor y librero nacido en Barcelona; y el propio Fernández Fe, con la entrevista “Orlando González Esteva: Miami, pasión razonable”, así como el cuento “Nadie es una isla” del desaparecido Guillermo Rosales.

Resulta extraño que en la selección de los escritores que conformaron el dossier, solo aparecen dos residentes de Miami. “No creo que vivir en la ciudad sea un valor en sí, ni que se convirtiera en una premisa para colaborar o no con el dossier. Todas las ciudades del mundo tienen buenos y malos escritores; en todas conviven memoriosos y desmemoriados”, dice Fernández Fe y son ciertas sus palabras, pero en Miami hay nombres de excelentes críticos y ensayistas con años insertados en la cultura de la ciudad, creadores, que conocen cada detalle de este exilio, como Matías Montes Huidobro, José Abreu Felippe, Orlando Rodríguez Sardiñas (Rossardi)… por qué no ellos.

“Rafael Rojas, por ejemplo, no tiene que justificar la agudeza de sus análisis y su trabajo como historiador y crítico literario con un permiso de residencia en la ciudad; conoce el devenir del exilio, porque lo ha estudiado, y aquí nos propone un paneo sobre el tema de las letras exiliadas cubanas que incluso se sale de las fronteras de Miami”.

Nuevamente tiene razón el coordinador, muy lejos de las fronteras de la Miami ninguneada se fue Rojas.

CON LYDIA CABRERA EN LA MIRA

“Mabel Cuesta, por su parte, es una de las investigadoras universitarias que más se han acercado a la obra de Lydia Cabrera, y aquí se detiene justo en su presencia no menos áspera en la ciudad de Miami. Mabel ha sido becaria de la Universidad de Houston y de la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami, justamente por sus trabajos sobre Lydia”; dice Fernández, reafirmando una y otra vez la condición de investigadora de Cuesta que todos conocemos bien, así como su compromiso íntegro con las letras, y reconozco que junto a la escritora Madelín Cámara, es una de las más arduas investigadoras hoy, de la obra de Cabrera; un camino que se inició con Josefina Inclán, Isabel Castellanos, Hilda Perera y Rosario Hiriart, entre otras, siguiendo su ejemplo y citando solo mujeres.

Me comunico entonces con Cuesta y le comento que, no obstante su esencial investigación sobre Cabrera, en la que intuyo un trabajo mayor, me quedo con el sabor de que su interés, más que mostrar su estancia y huella en Miami, pretende dejar establecido su lesbianismo y la sororidad de las mujeres relacionadas con ella por la amistad o el amor.

“No, no te equivocas; pero no son proyectos desasociados. Las ciudades, bien lo sabes, son también y sobre todo las personas que las habitan. La tesis que sostiene todo un libro en el que trabajo en este momento sobre Lydia y sus amantes y amigas es justamente ésta: la antropóloga sobrevivió en ciudades como La Habana, París, Madrid o Miami gracias a un grupo de mujeres que la apoyaron incondicionalmente y desde diferentes lugares (…) Miami es también para Lydia la generosidad de Amalia Bacardí financiando la publicación de sus libros, su proyecto editorial Chicherekú y es la dulce presencia de Isabel Castellanos comprándose una casa más grande de la que necesitara para sí con el solo objetivo de cuidar a Lydia hasta su minuto final”.

“Por otra parte,” continúa Fernández Fe hablando del dossier, “me resultó revelador el trabajo de Ivette Leyva sobre Carlos Victoria y Guillermo Rosales. Creo que se desconoce o se ignora –que no es lo mismo– la labor de Ivette en el necesario y merecido empuje que se le dio a la figura de Rosales hace algunos años y que ha propiciado la publicación de sus libros. Ella publicó la primera investigación sobre su vida y obra en la revista Encuentro de la Cultura Cubana, y durante sus pesquisas halló un original perdido con los últimos relatos del escritor, algo que también está registrado en la revista Encuentro”.

Y sigue Fernández Fe ahora enfocado en la figura de Juan Carlos Castillón, “quien desde la lejana Cataluña aceptó desempolvar su memoria miamense; creo que el lector disfrutará de su jugosa crónica de los años 1980. Haber sido librero –y librero inteligente, no simplemente expendedor de libros– en una ciudad de recién llegados, de emigrantes cubanos de primera y segunda generación (Castillón llega a Miami en 1984), tiene que haber sido un fenómeno raro y fértil a la vez. Se trataba de una ciudad joven, sin siglo XIX letrado, sin vanguardias del siglo XX… ¡una ciudad que en 1896 contaba con 300 personas! Castillón es testigo del empeño de unos pocos por no dejar de leer y por revalorizar el libro en sí; y su crónica no solo va a lo literario, sino que traza también –como luego lo hará González Esteva en su entrevista– una topografía de esta ciudad”.

Se disfruta, y más aún cuando es una mirada foránea la de Castillón. Este catalán zambullido en el cubaneo nos regala un Miami variado, colorido, la Calle Ocho y sus intríngulis, la disimilitud dentro de un mismo grupo de intelectuales, sus pocas coincidencias; es una mirada encantadora que sale desde un lugar donde confluye la cultura y se riega en la ciudad.

Y llegamos a la entrevista que hace el propio Fernández Fe a Orlando González Esteva; ese hombre pasión y recuerdos, uno de los platos fuertes del dossier. Miami lo exalta, lo entusiasma, es uno de los mayores conocedores de la ciudad.

“No puedo olvidar el recorrido que hicimos por la ciudad y el modo en que se dedicó a conducirme por calles y barrios que están estrechamente ligados a su experiencia de exiliado, hace de eso nada menos que 50 años”, cuenta Fernández Fe, quien hace un tiempo también entrevistó a otro de los que lleva la ciudad calada, Néstor Díaz de Villegas.

EL MIAMI DE AYER PARA COMPRENDER EL DE HOY

“Ya intuía yo que a través de ellos dos, tan diferentes entre sí –y de otros que vendrán, por qué no– podía empezar a conformar para mi propio consumo, para mi aprendizaje, una idea del Miami de antes, que me ayudara a comprender el Miami de hoy, con sus logros y sus dolores, sus inquinas gremiales, sus lobos solitarios y sus hienas, como en toda ciudad letrada”, señala Fernández Fe.

Aprovecho para preguntar a González Esteva si no le extrañó ver personas que aunque muy reconocidas y respetadas por su nivel intelectual, resultan ajenas a la ciudad, y la falta de otras que por su vasto conocimiento, debido a la integración en la vida cultural por años, y también con reconocida calidad intelectual, podían haber aportado más sustancia, pensando en nombres como Félix Cruz Álvarez, Andrés Reynaldo, Reinaldo García Ramos, Luis de la Paz, Germán Guerra… y por supuesto su respuesta siempre apasionada llega:

“Rafael Rojas, por ejemplo, no reside en Miami, pero, además de ser un hombre brillante y un historiador de prestigio en Latinoamérica, Estados Unidos y España, ha visitado y visita con frecuencia esta ciudad, donde tiene un buen número de amigos. Es un hombre que no solo sabe más del exilio histórico que la mayoría de los miembros de su generación: sabe más que la mayoría de los miembros de la mía. Ha tenido, además, la honradez y la gentileza de leer, estudiar y citar a muchos cubanos ilustres que residieron en esta ciudad y que fallecieron antes de que él la visitara por primera vez. Mientras otros compatriotas nuestros soslayan las obras de esos cubanos, él ha sabido darles un lugar en sus libros y en su interpretación del devenir histórico, político, social y cultural de la isla”.

Por problemas de espacio como sucedió con el propio dossier, en el que solo pudo dedicársele cuatro páginas a la creación literaria en sí, con el cuento inédito de Guillermo Rosales Nadie es una isla; y nada sobre la literatura actual, tampoco puedo reproducir las entrevistas completas –que agradezco encarecidamente a cada uno de los que amablemente respondieron mi solicitud– todas apasionadas defendiendo sus puntos de vista y los de los otros, y agradeciendo a Juan Malpartida, director de Cuadernos Hispanoamericanos, por haber tenido en cuenta esta ciudad, que ya ha demostrado la calidad de la literatura y la cultura cubana del exilio.

‘Cuadernos Hispanoamericanos’ se presenta el viernes 12, 8 p.m., en el CCEMiami, 1490 Biscayne Blvd.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2015, 1:40 p. m. with the headline "‘Cuadernos Hispanoamericanos’ en Miami: Cuba partida en dos."

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