Sur de la Florida

Afligidos por la violencia, policías batallan con el estrés postraumático. Miami-Dade estudia cómo ayudarlos

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En sus 30 años de policía en Miami-Dade, había visto cosas que no podía quitarse de la mente: un cuerpo destripado, un hombre que moría de una hemorragia tras darse un balazo en la cabeza. Le habían disparado y él había disparado contra otros. Todavía podía escuchar los gritos de un padre al enterarse que su hija había perecido en un choque vehicular.

En todo ese tiempo, solo una vez un supervisor le preguntó cómo se sentía, y eso fue mucho después del huracán Andrew. Así que se tragó todo.

“Yo no quería que me percibieran como débil. Cuando llegué al departamento, era un tipo alegre. Ya no soy el mismo”.

El estrés y el temor reinaban durante las noches de otro policía: sueños tenebrosos de niños ahogados y heridas de bala. Daba mil vueltas en la cama, con corazón en la boca y la mente a mil, combatiendo la idea de suicidarse.

“Puedo decirle que sé a qué sabe el cañón de mi pistola”.

Los dos agentes están lejos de ser los únicos enfrentados a los traumas y presiones del trabajo. En un estudio histórico, Miami-Dade está encuestando a sus policías y bomberos para tener una mejor idea de cuántos pudieran estar sufriendo de estrés postraumático. Más de mil policías y bomberos ya han llenado los cuestionados y se espera que los resultados de den a conocer tan pronto como diciembre.

Esta encuesta, la primera de su tipo en Miami-Dade, es parte de un cambio cada vez mayor en la comunidad de policías y rescatistas de reconocer abiertamente los retos psicológicos y ayudarlos a enfrentarlos.

“No estamos haciendo lo suficiente por ofrecer servicios de salud mental accesibles a los policías”, dijo Habsi Kaba, director del Equipo de Intervención den Crisis de Miami-Dade, que trabaja con policías y bomberos que piensan que enfrentar callado los malos momentos es parte del trabajo. “Uno debe ponerse una armadura y hacer frente a las cosas, y si se las toma emocionalmente, entonces quizás es el empleo que debería tener”.

Hay suficientes estadísticas nacionales para sugerir la existencia de una epidemia de problemas de salud mental entre los que primero intervienen en caso de desastres y violencia, particularmente los policías, cuyo trabajo diario es objeto de un escrutinio y críticas cada vez más intensas en los últimos años después de numerosos tiroteos y arrestos controversiales, en su mayoría hombres y mujeres negros, grabados en video o cámaras corporales.

Más policías mueren por suicidio que en el cumplimiento del deber, y en comparación con la población en general, tienen un índice mucho mayor de ansiedad y otras afecciones mentales. Aproximadamente nueve de cada diez policías y bomberos quedan expuestos a un hecho traumático en su carrera, y alrededor de tres van a sufrir de estrés postraumático. A finales de octubre, la Asociación Internacional de Jefe de Policía celebró un foro especial para enfrentar la crisis de salud mental en entidades policiales en todo el país.

En Miami-Dade, las peticiones de asistencia también van en aumento, con un alza de 62% en la cantidad de citas con los servicios psicológicos de los departamentos policiales desde 2014, dijo la teniente Melissa Barosela, quien supervisa la unidad. Miami-Dade también ha mejorado el servicio y ahora emplea a seis psicólogos a tiempo completo que trabajan con unos 100 agentes y civiles todos los meses.

El estudio sobre el PTSD en Miami-Dade fue solicitado por el comisionado condal José “Pepe” Díaz, quien lo pidió después de leer un estudio sobre el suicidio entre los bomberos. La solicitud se presentó varios meses después que legisladores estatales aprobaron un proyecto de ley que permite a los policías y bomberos que sufren de PTSD recibir compensación por lesiones laborales

“Pasan por situaciones realmente duras”, dijo Díaz. “Es un desastre que no les demos la asistencia que necesitan”.

El estigma

A pesar de los avances logrados, muchos policías y expertos reconocen que hay un estigma asociado con las enfermedades mentales. Y es más pronunciado entre los policías y trabajadores de emergencias, que deben ser capacitados para lidiar con traumas. Eso se reflejó en entrevistas con tres agentes de Miami-Dade que aceptaron hablar de sus batallas. Aunque dispuestos a hablar de sus dificultades, ninguno quiso ser identificado por su nombre y apellidos.

Los problemas psicológicos siguen siendo un asunto sensible para muchos policías de a pie, una debilidad percibida en una ocupación que se enorgullece de la fuerza y la resistencia, tanto física como mental.

“Hay gente que quiere ayudar”, dijo el tercer agente de Miami-Dade, quien aceptó que lo identificaran por su nombre, Doug. “Sencillamente, los policías temen pedir ayuda”.

Doug es un policía de cuarta generación que sabía lo que quería ser en la vida desde muy pequeño, en la calle, nunca detrás de un escritorio.

“He chocado autos, me han chocado a mí, me han cortado, acuchillado, me han herido de bala dos veces, he atravesado ventanas de vidrio, me he caído por escaleras, me caído desde azoteas, he estado en más peleas de las que puedo recordar. Tengo varias fracturas de huesos, me han dado cientos de puntada, y siempre regreso por más”.

Tantos años en la calle le han dejado el cuerpo en “un dolor constante” y “a veces, la depresión es debilitante”. Este hombre ha perdido la cuenta de las operaciones y otros procedimientos a los que se ha sometido.

Pero su vida personal era peor. Su esposa tuvo un amorío. Su padre falleció y sus finanzas era un desastre. Doug, quien raramente bebía alcohol antes de ser policía, comenzó a beber mucho. Al principio fue cosa de los fines de semana. Entonces fue cosa de todos los días. Muchas veces se levantaba sintiéndose mal de beber tanto y tenía que irse al gimnasio a sudar antes de empezar a trabajar.

Cosas como el olor de la basura, que le hacía recordar un cadáver, lo llevó a empezar a beber. Lo mismo ocurrió con el asesinato en 2016 de King Carter, el niño de 6 años de Miami abatido por una bala perdida cuando se dirigía a comprar caramelos. La investigación de la muerte de un niño inocente destrozó Doug, abriéndole heridas que ya estaban cicatrizadas. Hubo una vez que no pudo dormir durante una semana, así que bebió más.

“Esa fue mi vida durante muchos, muchos años”, dijo. “Hubo un momento en que trataba de matarme bebiendo”.

Y eso fue precisamente lo que casi sucedió el Día de la Recordación de 2015. Recuerda haber hecho un barbecue con varios amigos, para despertarse tres días después en el South Miami Hospital. Había perdido el conocimiento por tanto alcohol.

Barosela, la psicóloga de departamento, estaba a su lado cuando despertó. Recibió asistencia, pero reincidió. Durante los próximos años, estuvo entrando y saliendo de grupos de rehabilitación y apoyo. En un momento dijo basta y mejoró con la terapia. Ahora Doug comparte su historia con los cadentes de la Academia de Policía, ofreciendo consejos que nunca recibió cuando era novato.

“Desafortunadamente, siempre habrá un King Carter’, dijo. Todos los días, las cosas que Doug ve, escucha y huele le recuerdan sus peores casos. “Esos recuerdos llevan a beber y la bebida provoca la adicción”.

Matias J. Ocner

Sacar la basura

Para muchos policías, es difícil reconocer las señales de advertencia. Entre los policías y bomberos, el estrés postraumático muchas veces surge de una acumulación lenta de sucesos, dijo la doctora Deborah Beidel, psicóloga de la Universidad de Central Florida y directora de un laboratorio de investigación clínica conocido como UCF RESTORES.

Beidel comparó la mente con un latón de basura lleno de recuerdos. El estrés postraumático puede ocurrir cuando una persona no puede procesar complemente un hecho traumático, explicó.

“No nos gusta sacar la basura, de manera que llega el momento que en el latón ya no cabe más, y ahí es donde empiezan los problemas”.

Ignorar las señales puede afectar la capacidad para realizar un trabajo a alto nivel, dijo Beidel. Casi cualquier cosa puede provocar ansiedad. Después del tiroteo en el club nocturno Pulse en Orlando, donde mataron a 49 personas y lesionaron a 53, muchos policías y bomberos reportaron que uno de sus recuerdos más difíciles era el timbre de los teléfonos en el oscuro silencio del club. Años después, algunos todavía reaccionan al escuchar el timbre de un móvil.

Durante el tratamiento en UCF RESTORES, los pacientes son expuestos a olores que pueden provocar recuerdos desagradables. Mediante terapia de realidad virtual, les reacondicionan el cerebro para aliviar las respuestas negativas a estos olores y otros estímulos.
Durante el tratamiento en UCF RESTORES, los pacientes son expuestos a olores que pueden provocar recuerdos desagradables. Mediante terapia de realidad virtual, les reacondicionan el cerebro para aliviar las respuestas negativas a estos olores y otros estímulos. Courtesy of UCF Restores

Beidel dijo que los policías tienen más probabilidades que quedar abrumados por hechos relacionados con su vida personal, como responder a la muerte de un niño de edad similar a uno propio.

El tiroteo en el Pulse en 2016 cambió la forma de operar de UCF RESTORES. Antes del incidente, la instalación trataba en lo fundamental a veteranos de guerra. Pero ahora, en momentos que aumentan los tiroteos masivos, ha abierto sus puertas con servicios gratuitos, financiado por el estado, a policías, bomberos y civiles que necesitan asistencia. Beidel dice que en los últimos tres años el laboratorio ha tratado a casi 250 de estas personas.

El programa usa algo llamado terapia de exposición para ayudar a las personas a enfrentar situaciones difíciles y elementos que su cerebro ha quedado condicionado para creer que son peligrosos. Después de tres semanas de tratamiento intensivo, tres de cada cuatro pacientes ya no cumplen los criterios de diagnóstico de estrés postraumático.

La psicóloga espera que los policías y bomberos puedan aprender a aceptar que sus sentimientos son reacciones humanas normales a los traumas, no una aflicción incurable de la deben sentirse avergonzados.

“Yo no quiero que me protejan robots”, dijo Beidel. “Quiero personas con corazón, que reaccionen con el corazón. Nadie con corazón puede ver por lo que pasan los policías y bomberos y esperar que eso no los afecte de alguna manera”.

Un paciente participa en una sesión de terapia de realidad virtual en UCF RESTORES para ayudarlo a aliviar los síntomas del estrés postraumático. La instalación ha tratado a casi 250 policías y bomberos desde 2016.
Un paciente participa en una sesión de terapia de realidad virtual en UCF RESTORES para ayudarlo a aliviar los síntomas del estrés postraumático. La instalación ha tratado a casi 250 policías y bomberos desde 2016. Courtesy of UCF Restores

‘The hotline’

El objetivo de los expertos en salud mental tiene tres aristas: enseñar a los policías y rescatistas a reconocer los problemas, eliminar el estigma relacionado con esos problemas y ayudar a las personas a hacerles frente. La Policía de Miami-Dade parece estar a la delantera en estos temas, en parte los agentes tratan con muchos enfermos mentales en las calles.

Desde 2003, Habsi Kaba ha dictado clases creadas para ayudar a los agentes a reconocer y manejar mejor esas interacciones complicadas. Pero con el tiempo, la clase ha pasado a enseñar a los policías sobre su propia salud mental y lo que probablemente experimenten. Kaba calcula que ha realizado sesiones de capacitación para más de 7,000 agentes.

“Nadie los estaba ayudando. La clase se convirtió en una plataforma”, dijo Kaba. “Lo presentamos como si fuéramos a hablar sobre personas con afecciones mentales, hasta que se dan cuenta que también hablamos de ellos. Hablamos de los seremos humanos, de todos, no hay diferencia alguna”.

Al final de cada clase, “sin fallar”, dijo Kaba, algunos agentes piden hablar. Kaba dijo que demoró años en que aprendieran a confiar en ella, y ahora recibe llamadas de agentes que están pensando en someterse a alguna forma de tratamiento o terapia.

Sus clientes la han apodado “The Hotline”.

Barosela, quien dirige los servicios de psicología del departamento, dice que muchos agentes se preocupan por el impacto sobre sus carreras. Para ayudarlos a mantener el anonimato, los servicios se ofrecen en un edificio separado y las visitas son estrictamente confidenciales: no se notifica a los supervisores y no se comparte ninguna información personal. Incluso las citas se programan de manera tal que eviten que los pacientes se encuentren unos con otros.

Barosela, quien lleva trabajando en la unidad más de un decenio y ha servido junto a personas que ha tratado, dice que que recibe llamadas a cualquier hora.

“Si son las 3 de la madrugada y estoy sentado apuntándome con una pistola a la sien, puedo llamarla y sé que va a contestar”, dijo al Herald un policía que solicitó asistencia a Barosela. “Sé que la puedo llamar”.

Los Servicios Psicológicos ofrecen apoyo a casos de abuso de drogas y alcohol, pérdida de familiares, asesoría de relaciones, información sobre crisis e intervención postraumática. Otros departamentos de Policía en Miami-Dade pueden solicitar sus servicios.

Sin embargo, fuera del sur de la Florida, muchos departamentos policiales con presupuestos pequeños no tienen los recursos para ofrecer estos servicios.

Geoff Bichler, abogado especializado en demandas, dijo que muchos policías y bomberos no tienen buenas opciones. También está el asunto de cuántos están dispuestos a presentar reclamaciones por lesiones laborales bajo la nueva ley porque eso exige reconocer abiertamente ciertos problemas, lo que sigue siendo un gran obstáculo para muchos agentes.

“La mayoría de las agencias exige que la gente pida los servicios, en vez de esperar que se los ofrezcan”, dijo. “Pienso que ese enfoque es desafortunado y regresivo. Todavía queda mucho por hacer”.

Apoyo personal

En las fuerzas policiales de Miami y Miami Beach, los agentes abrumados pueden acudir a otros policías en busca de ayuda, equipos de apoyo persona que escuchan los problemas y pueden dirigir a los agentes a buscar asistencia fuera del departamento.

Desde 2016, la Policía de Miami Beach tiene un grupo de apoyo disponible 24 horas al día.

“Tenemos un equipo de colegas, agentes, gente que puede entenderlos, que comprende el estrés y por lo que pasamos en el trabajo” dijo la teniente Elise Spina Taylor, psicóloga licenciada de la Policía de Miami Beach.

Los escogidos como voluntarios toman un curso de 40 horas sobre cómo reconocer problemas de salud mental. Durante incidentes críticos, como tiroteos o la muerte de un menor, los voluntarios acuden al lugar de los hechos y entregan un folleto que explica los síntomas y los recursos disponibles.

“No puedo obligar a nadie a pedir asistencia”, dijo Spina Taylor. “Pero al menos puedo informarles que hay asistencia disponible”.

La psicóloga dijo que el escepticismo está perdiendo fuerza y que ahora su departamento promedia entre 50 y 100 horas de apoyo al mes.

“Entendemos que nuestro trabajo es ayudar a la comunidad”, dijo Spina Taylor del departamento. “Pero si uno no está física y mentalmente bien, entonces no puede ayudar debidamente a los demás. Algunas veces no nos ayudamos a nosotros mismos”.

La carga psicológica del trabajo policial ha comenzado a recibir, aunque tardíamente, cierto nivel de atención. Altos funcionarios policiales reunidos en Chicago la semana pasada para abordar el índice de suicidio entre los policías en todo el país. En lo que va de año se han suicidado 188 policías, más del doble de los fallecidos en el cumplimiento del deber. Solamente en la Ciudad de Nueva York, hasta finales de octubre se habían suicidado 10 agentes.

En la Policía de Miami-Dade, una de las mayores de la costa este con casi 3,000 agentes, no se ha suicidado ningún agente en activo en casi cinco años. El director de la agencia, Juan Pérez, dijo que las razones son difíciles de cuantificar, pero piensa que se debe al menos a la “robusta intervención” del departamento. También opina que las interacciones del departamento con la comunidad sib yb factor. Pérez menciona las manifestaciones que hubo en el país en 2016 después que un francotirador mató a cinco agentes de Dallas e hirió a 9 más. En Miami-Dade las protestas fueron mínimas.

“En Nueva York ridiculizan y humillan a la Policía. Hay protestas y manifestaciones. Ellos pasan por problemas adicionales que no nosotros no tenemos”, dijo Pérez. “Nuestra relación con la comunidad es diferente. Quizás es porque estamos más integrados”.

Doug es un agente veterano de la Policía de Miami-Dade.
Doug es un agente veterano de la Policía de Miami-Dade. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

El temor a buscar tratamiento

Pero no importa lo difícil que resulten las condiciones de trabajo, para muchos es resulta complicado pedir ayuda.

Aquel agente feliz que se sumó a la fuerza policial a los 21 años, recuerda como el peso del trabajo le cayó encima de pronto un día de descanso mientras estaba en su auto, cuando ya tenía unos 10 años de servicio. De repente sintió que iba a perder el conocimiento y se apresuró a ir a un hospital, pensando que tenía un infarto.

El médico le dijo que era ansiedad.

Se dio cuenta que estaba quemado de trabajar largos turnos de madrugada a la vez que trataba de pasar tiempo con sus hijos durante el día. Como su colega, y muchas otras personas con estrés, comenzó a automedicarse después de un par de años en la policía. Primero fueron un par de cervezas, después llegó a una botella de whiskey. Peleaba a su esposa a hijos por cosas sin importancia, y una vez lanzó la tostadora contra la pared. Bebió alcohol durante toda su carrera.

Dos años antes de retirarse, el agente dijo que recibió una llamada sobre un hombre en Cutler Ridge que había consumido heroína sintética y se había echado aceite caliente sobre la cabeza. Cuando el agente y su colega llegaron al hombre, se estaba hiriendo la garganta con pedazos de vidrio y estaba tinto en sangre. El hombre soltó el vidrio y se lanzó sobre los policías, gritando “mátenme, cabrones mátenme”.

Inicialmente se llevó la mano a la pistola, pero como el hombre estaba desarmado, lo derribó al suelo. La sangre del individuo le manchó todo el uniforme, incluso se le metió en los zapatos. El agente tuvo que esperar semanas antes de saber que el individuo no tenía ninguna enfermedad transmisible.

Cuando regresó a su casa ese día, no pensó en lo que había sucedido. Estaba más preocupado por encontrar zapatos nuevos para poder ir a trabajar al día siguiente. Fue más tarde que se dio cuenta de cómo lo ocurrido lo había afectado, recordando una y otra vez por las noches cuando el hombre ensangrentado le fue encima.

Le contó a su esposa lo que sucedió y los dos rompieron a llorar. Dijo que fue la primera vez que le contó a su esposa el daño que le hacía el trabajo.

“Fue como si todo lo que había experimentado hasta ese momento explotara. Fue una emoción totalmente abrumadora”, dijo.

Ya está retirado, y esperaba que eso iba a aliviar su ansiedad. En su lugar, sus problemas han empeorado. Incluso en su casa, come de frente a la puerta, para protegerse mejor si alguien entra para hacerle daño a él o a su familia. En los juegos de voleibol de su hija, se sienta en la última fila de las gradas, para observar mejor el entorno. Todavía hay noches que se despierta de noche con el corazón que se le quiere salir por la boca.

“Quisiera pedir ayuda”, dijo. “Pero no sé por dónde empezar”.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de noviembre de 2019, 6:00 a. m. with the headline "Afligidos por la violencia, policías batallan con el estrés postraumático. Miami-Dade estudia cómo ayudarlos."

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