Sur de la Florida

En juicio por atroz asesinato, ex peleador de la MMA declara contra sus compañeros y se quita ‘de encima el peso’

Durante su carrera profesional en las artes marciales, Ariel “La Pantera” Gandulla subió al ring ante grandes multitudes, pero nunca como la estrella.

Pero el martes todas las luces estaban centradas en él como testigo de cargo para declarar sobre su papel en el secuestro de un hombre de Miami que más tarde fue torturado, degollado y le quemaron los genitales en un sensacional caso que ha generado titulares internacionales.

En el muy anticipado testimonio, Gandulla dijo a los jurados que lo convencieron de participar en el secuestro de Camilo Salazar en junio de 2011 a petición del propietario de Presidente Supermarket, Manuel Marín. La razón: Salazar tenía un amorío con la esposa de Marín, lo que enfureció el empresario de Lighthouse Point.

“No hice nada por detener el secuestro”, dijo Gandulla a los jurados.

Gandulla, de 51 años, testificó el martes, menos de dos meses después que aceptó regresar a Miami desde Vancouver, Canadá, donde vivió varios años fugitivo. Después de conocerse la noticia en 2018 que estuvo implicado en el asesinato, Gandulla perdió su empleo de soldador y estuvo a punto de suicidarse, lanzándose ante un tren.

“¿Qué le hizo decidirse a decir la verdad?”, le preguntó Gail Levine, fiscal de Miami-Dade.

“Quería quitarme eso de encima”, dijo Gandulla. “Llevaba encima el peso de lo que sucedió”.

El ex luchador declaró contra sus antiguos compañeros de gimnasio en Miami, Alexis Vila Perdomo y Roberto Isaac, acusados de planear y ejecutar el asesinato de Salazar. Marín, quien estuvo varios años fugitivo en España, espera juicio el próximo año.

Como parte de su negociación de cargos, Gandulla aceptó una sentencia de prisión de 36 meses por secuestro. Los fiscales no creen que participó en el asesinato.

Gandulla ya no tiene la figura de luchador. Ha perdido cabello y se le vio demacrado, con barba, espejuelos y el uniforme rojo reservado a los presos de cuidado. Habló en voz baja y cierto tartamudeo.

Los abogados defensores presentaron a Gandulla como un mentiroso que consiguió una negociación de cargos que lo benefició. “¿Fue así?”, le preguntó incrédulo el abogado defensor de Isaac, Michael Walsh.

Gandulla huyó de Cuba en una balsa en 1994 y estuvo seis días en el mar hasta que el Servicio Guardacostas lo rescató. Más adelante se hizo residente legal.

Pero su vida estuvo marcada por la tragedia: su esposa y su hijo, cubanos los dos, se ahogaron tratando de llegar a Estados Unidos. Sus muertes lo hicieron caer en una profunda depresión, declaró Gandulla.

Con el tiempo, Gandulla volvió a interesarse en la lucha. En Cuba había practicado lucha grecorromana y en Miami empezó a entrenar en los gimnasios Young Tigers y Freestyle Fighting Academy.

Los luchadores de la MMA Alexis Vila, Jorge Mas Vidal y Ariel Gandulla en el gimnasio Young Tigers Gym, en Miami en 2008.
Los luchadores de la MMA Alexis Vila, Jorge Mas Vidal y Ariel Gandulla en el gimnasio Young Tigers Gym, en Miami en 2008. Gaston de Cardenas El Nuevo Herald

Ganó sus primeras cuatro peleas. . “Ahora puedo salir a buscar mi sueño. Por eso estoy aquí”, declaró a Yahoo! Sports en 2007 antes de un campeonato semipesado World Extreme Cagefighting en el Hard Rock de Las Vegas.

Pero Gandulla perdió esa pelea y su carrera perdió impulso. Terminó con un récord de 8 ganados y 9 perdidos.

Gandulla se involucró en los planes de secuestro poco antes de uno de sus combates en mayo de 2011. Estaba entrenando en el gimnasio Young Tigers en Kendall. Vila llegó al lugar con Isaac y se lo presentó como un viejo amigo, y pandillero.

“Era de los Latin Kings”, testificó Gandulla.

Gandulla le estrechó la mano a Isaac y siguió entrenando. A poca distancia, Vila e Isaac empezaron a discutir un “trabajo” no especificado que les ofrecía Marín, fanático de la MMA y bien conocido en los círculos de artes marciales.

“No sabía. Pensaba que era un trabajo normal, como en un supermercado”, dijo Gandulla.

Isaac lo llamó más tarde un par de veces, aunque nunca le explicó exactamente en qué consistía el trabajo, y al final le pidió que le cobrara un cheque, dijo Gandulla, quien aceptó. Entonces Isaac se apareció en su apartamento la mañana del 1 de junio de 2011.

Los dos condujeron hasta Coconut Grove, donde Salazar vivía con su esposa y un recién nacido. Estacionaron la camioneta alquilada de Isaac, y mientras el propio Isaac reconoció que había estado vigilando la casa de Salazar varios días, dijo Gandulla.

Roberto Isaac en su juicio por asesinato en Miami, en una imagen del 5 de noviembre de 2019.
Roberto Isaac en su juicio por asesinato en Miami, en una imagen del 5 de noviembre de 2019. Carl Juste cjuste@miamiherald.com

Más tarde, los dos hombres condujeron hasta la oficina de la esposa de Salazar, donde el hombre estaba dejando a su hija. Cuando Salazar salía para dirigirse a su auto, Isaac se bajó de la camioneta, le ató las manos con una banda plástica y lo metió en el vehículo, dijo Gandulla.

“Me quedé ahí tieso. No sabía qué hacer”, testificó Gandulla.

Isaac entregó a Gandulla las llaves del auto de Salazar y le pidió que las dejara en el vehículo del hombre. Ahí fue cuando Gandulla tocó la puerta del pasajero del auto de Salazar, la huella dactilar crucial que lo vinculó con el secuestro.

Entonces se fueron a casa de Isaac en Wynwood, de donde salió un hombre y ayudó a Isaac a llevar el rehén hasta la casa.

Gandulla dijo que e quedó en la camioneta durante al menos dos horas, desde donde llamó varias veces a Vila, quien estaba en Las Vegas entrenando para un combate. Vila no le hizo caso. Gandulla agregó que también llamó a Isaac para que le dijera qué estaba sucediendo dentro de la casa.

Finalmente, Isaac saló con el rehén y admitió que habían secuestrado Salazar porque “había estado con la esposa de otro hombre”. Dijo que solo hacía falta una “tunda”.

“Yo dije: ‘No voy a hacer eso. Él no me ha hecho nada a m’ ”, declaró Gandulla.

Finalmente, tomaron rumbo norte y entregaron el rehén a Marín en un almacén cerca de Fort Lauderdale. Isaac y Marín llevaron al rehén al SUV de este último, que tenía el asiento trasero cubierto con una lona plástica, dijo Gandulla.

Gandulla testificó que cuando vio el plástico se puso nervioso y se alejó, dejando a Isaac con Marín.

Cuando regresaba a Miami en auto, Gandulla llamó enfurecido a Vila a Las Vegas y le contó lo que había sucedido.

“Me dijo que lamentaba lo ocurrido”, recordó Gandulla. “También me dijo que yo no había tocado a Camilo [Salazar] no me iba a pasar nada, y que me callara la boca”.

Ariel Gandulla (centro), ex luchador de la MMA, señala hacia el acusado Alexis Vila Perdomo mientras declara durante el juicio por asesinato a Roberto Isaac, en una imagen del 5 de noviembre de 2019 en Miami.
Ariel Gandulla (centro), ex luchador de la MMA, señala hacia el acusado Alexis Vila Perdomo mientras declara durante el juicio por asesinato a Roberto Isaac, en una imagen del 5 de noviembre de 2019 en Miami. Carl Juste cjuste@miamiherald.com

Más tarde esa noche, Isaac fue a casa de Gandulla a recoger la camioneta alquilada. Isaac dijo que si Gandulla no se hubiera ido Marín le habría pagado $20,000, dijo el testigo.

Gandulla notó algo más: “[Isaac] olía a gasolina”.

Más tarde se enteraría que a Salazar le habían dado una golpiza y lo habían apuñalado, dejándolo muerto en un campo cerca de los Everglades en el oeste de Miami-Dade. Después le prendieron fuego al cadáver.

En 2012, Gandulla, junto con su esposa y tres hijos, huyó a Vancouver, donde pidió asilo, alegando que tenía miedo de la pandilla los Latin Kings. Su espos abrió una peluquería. Gandulla trabajaba entrenando alumnos en lucha y como soldador.a

Pero cuando el Vancouver Sun y el Miami Herald publicaron varios artículos sobre el caso, su vida cambió. “Perdió mi empleo. Lo perdí todo. Mi vida iba cuesta abajo”, dijo. “Yo quería lanzarme delante de un tren”.

Pronto aceptó cooperar con las autoridades.

A final de cuentas, la Policía y fiscales de Miami-Dade viajaron a Vancouver, al igual que el abogado defensor miamense Jay Kolsky. En una estación de Policía en Vancouver, durante dos días en agosto, Gandulla contó su historia en detalle, la misma historia que contó el martes ante el tribunal en Miami.

Su esposa e hijos siguen en Canadá, que no le permitirá regresar cuando cumpla su sentencia.

“¿Tiene usted idea de cuándo va a volver a ver a su esposa e hijos?”, le preguntó la fiscal Levine.

“No”, dijo.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de noviembre de 2019, 8:15 p. m. with the headline "En juicio por atroz asesinato, ex peleador de la MMA declara contra sus compañeros y se quita ‘de encima el peso’."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA