Subsidio público a los Miami Dolphins consiguió traer el Super Bowl a Miami
Tom Garfinkel, presidente ejecutivo de los Miami Dolphins, observó desde la cuarta fila cuando el alcalde de Miami-Dade aprovechó un momento en su discurso del estado del condado para agradecer al equipo por una renovación financiada en privado del estadio Hard Rock, donde se celebrará el Super Bowl 54, la oncena vez que el espectáculo se hace en el condado.
“Sin el compromiso de al menos $500 para el estadio, el Super Bowl nunca se hubiera celebrado en Miami”, dijo Giménez al agradecer a Garfinkel por su nombre y alabar la organización, propiedad del urbanizador Stephen Ross. “Gracias a los Miami Dolphins y el estadio Hard Rock”.
De lo que no se habló fue del papel jugado por Giménez y el dinero público del condado para la renovación del estadio que los dueños de la NFL exigían para celebrar un Super Bowl en Miami Gardens. El acuerdo de 2014 que Giménez negoció con Ross y sus cabilderos vinculó una renovación del estadio financiada en privado con años de pagos por parte del condado que los Dolphins pueden ganar para conseguir espectáculos deportivos grandes y lucrativos.
Según el acuerdo a 20 años, Miami-Dade paga al estadio un máximo de $5.75 millones anuales de fondos recaudados con el impuesto hotelero para atraer multitudes internacionales a torneos, campeonatos colegiales y otros juegos de fútbol importancia fuera de la temporada regular de los Dolphins.
El 2 de febrero, los Dolphins deben ganarse su mayor pago en el acuerdo hasta el momento. Una vez que el Super Bowl se juegue en el Hard Rock, Miami-Dade le debe al equipo $4 millones.
“Es un incentivo para que mantengan el estadio como un lugar donde se celebren espectáculos grandes”, dijo Jennifer Moon, directora de Presupuesto del condado y vicealcaldesa de Miami-Dade.
El acuerdo del Condado con Ross es uno de los trasfondos más complicados en el camino del Super Bowl de regreso a Miami Gardens después de 10 años, uno de los períodos de espera más largos en la historia de Miami-Dade como sede del campeonato de la NFL.
Aunque Miami-Dade usó dinero del contribuyente para construir estadios propiedad del gobierno para los Miami Marlins y el Miami Heat, los Dolphins son propietarios de su estadio, de 65,326 butacas, y pagan unos $4.7 millones al año en impuesto a la propiedad a Miami-Dade y Miami Gardens.
El acuerdo de 2014 significó para los Dolphins su primera transacción subsidiada con Miami-Dade, y el Condado debe pagar millones todos los años para diferir costos de operación en una instalación que pertenece a un urbanizador multimillonario y sus socios.
El Heat recibe actualmente $5.5 millones al año de Miami-Dade a tenor con el acuerdo original de 1997 con el Condado que creó la arena propiedad condal frente al mar que anteriormente era propiedad de Miami. Los Marlins no reciben subsidio, pero Miami-Dade y Miami acordaron cubrir la mayor parte del costo de la construcción del Marlins Park, también propiedad del Condado.
El acuerdo con los Dolphins es más complejo y desafía una explicación simple. Por una parte Miami-Dade todavía no está pagando nada a los Dolphins. Los pagos no comienzan hasta 2024.
Miami-Dade también incluyó una cláusula que permite al Condado no pagar nada si los ingresos por concepto del impuesto hotelero bajan mucho más de lo esperado, algo poco probable dado el crecimiento económico y el nivel actual de recaudación de fondos por ese concepto.
Todos los años, Marcus Bach-Armas, director de Asuntos Jurídicos y de Gobierno, quien además es cabildero, envía a Giménez una carta en que enumera los eventos cubiertos por el acuerdo.
La carta más reciente llegó el 13 de septiembre de 2019, en que Bach-Armas solicitó $2.75 millones para el año presupuestario que concluyó el 30 de septiembre. Esa reclamación de pago estaba vinculada con un juego colegial de football en diciembre de 2018 entre Alabama y Oklahoma por valor de $2 millones y un partido de fútbol en septiembre entre Brasil y Colombia por valor de $750,000. Los dos juegos se vendieron totalmente.
En total, los Dolphins han pedido menos de $6 millones en los tres años que el acuerdo lleva en vigor, desde 2016, aproximadamente una tercera parte del máximo permitido. El Super Bowl 54 debe impulsar la solicitud de 2020 al máximo, puesto que el pago de $4 millones significa el 70% del límite.
En 2018, los comisionados de Miami-Dade aprobaron prorrogar el acuerdo 10 años y aumentar el límite de $5 millones a $5.75 millones. A cambio, los Dolphins acordaron mudar la instalación de entrenamiento del equipo y sus oficinas unas 10 millas al sur, de Davie a Miami Gardens, a una nueva instalación de $70 millones junto al estadio. Una que vez que la instalación se construya, el acuerdo se prolongaría a 30 años siempre que los costos de construcción encajen con los estimados.
El año pasado, los Dolphins propusieron aumentar el tope del acuerdo a $7 millones a cambio de traer el campeonato de Fórmula 1 a Miami Gardens, con un pago de $2.5 millones por la carrera anual. Un borrador del acuerdo que circuló entre administradores y abogados del Condado en octubre de 2019 incluía el nuevo tope, pero la administración de Giménez dijo que los Dolphins retiraron la solicitud del aumento por encima del máximo actual de $5.75 millones.
La financiación condal aprobada en 2014 también satisfizo el sistema de la NFL, que premia a los dueños que negocian subsidios con los gobiernos locales.
El acuerdo de 2014 se centró en un Super Bowl a futuro. El acuerdo exigía que la NFL abandonara la práctica de colocar a los dos equipos en hoteles y su sede y centro de prensa dentro de Miami-Dade, en vez de compartir negocios con Broward.
Floridian Partners, una firma de cabildeo de Coral Gables, representó a los Dolphins durante las conversaciones con Giménez y sus asistentes. Uno de los socios de la firma, Rodney Barreto, preside el comité organizador local de Super Bowl, la entidad sin fines de lucro que maneja los preparativos para el juego del 2 de febrero. Barreto y ejecutivos de los Dolphins no estuvieron disponibles el martes para entrevistarlos.
El acuerdo de 2014 limitó los esfuerzos de Ross por conseguir más subsidios tradicionales para el estadio.
En 2013, Ross convenció a Giménez y a comisionados condales de respaldar un referendo en mayo para crear un nuevo impuesto hotelero para financiar una renovación del estado antes de una reunión con otros dueños de equipos de la NFL para escoger la sede del Super Bowl de 2016. Ross no logró que se implementara el cambio en una ley estatal necesaria para el impuesto local, y Miami-Dade canceló el referendo. San Francisco terminó llevándose la sede con su nuevo estadio de $1,300 millones.
Con el acuerdo con Miami-Dade en la mano y las renovaciones casi terminadas, Ross y los demás propietarios de equipos de la NFL otorgaron en 2016 la sede del Super Bowl de 2020 a Miami Gardens.
Es la primera vez que el Super Bowl regresa a Miami-Dade desde 2010. Esa espera igualó el decenio transcurrido entre el último Super Bowl en el Orange Bowl en 1979 y el primero en Miami Gardens en 1989 en el nuevo complejo construido por el entonces dueño Joe Robbie en terrenos condales.
Los que respaldaron el acuerdo de 2014 insistieron que la espera sería mucho más larga sin la renovación vinculada a pagos futuros del condado.
“No creo que el Super Bowl hubiera regresado a Miami-Dade sin un paquete de incentivos”, dijo Giménez. “Así que un paquete de incentivos de $4 millones, con dinero del impuesto al turismo, para eventos del nivel del Super Bowl, que atrae 100 millones de televidentes, vale la pena para seguir elevando la marca de Miami-Dade en todo el mundo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2020 a las 4:52 p. m. con el titular "Subsidio público a los Miami Dolphins consiguió traer el Super Bowl a Miami."