Sur de la Florida

Hacen maravillas, pero su trabajo es muy personal. Qué pasará cuando reabran los negocios

Manuel Portuondo tiene una de esas peluquerías pequeñas en las que “todo el mundo sabe tu nombre”.

Con solo tres sillones para estilismo y una entrada que no es visible desde la calle, su salón cuenta con una clientela sólida que viene por el arte de su dueño, que trabaja en Coconut Grove desde 1980, especializándose en el corte y color del cabello.

“Las finanzas de mi negocio iban muy bien hasta que golpeó el coronavirus”, dijo Portuondo. “Ahora siento que estoy luchando contra el mundo desde la puerta de mi salón”.

“Manolo”, como lo conocen sus clientes, eligió esta profesión, que ya lleva tres generaciones en su familia, porque pensaba que era “segura” desde el punto de vista financiero.

Antes de la pandemia, el estilista, de 66 años, se encontraba en una posición cómoda para retirarse a los 70, un plan que ha sustituido por uno más urgente, salvar su negocio.

“Existe una pequeña posibilidad de contraer el coronavirus y una gran posibilidad de perder mi negocio”, expresó Portuondo, que necesita ayuda para pagar la renta y otros gastos inminentes.

Hace un mes, el estilista solicitó el Préstamo por Desastre o Daños Económicos de la Administración de Pequeños Negocios (SBA), pero no recibió respuesta.

“Esos $10,000 pueden salvar mi negocio”, dijo, y agregó: “El dinero no nos llega a nosotros, sino a las personas que no lo necesitan. Solo me hace falta algún tipo de ayuda financiera, o que me dejen trabajar“.

A medida que el confinamiento y cierre de negocios afecta profundamente a pequeñas empresas de todo tipo, tal vez pocas hayan sido tan afectadas financieramente, o tan extrañadas por sus clientes, como aquellas que brindan servicios de cuidado personal.

Los peluqueros, manicuristas, masajistas y profesionales de la depilación están en la mente de todos.

A diferencia de otros trabajadores y pequeños empresarios cuyos servicios se han considerado no esenciales, aquellos que brindan cuidado personal no pueden trabajar de forma remota, vender sus productos en línea u ofrecer comida para llevar, para al menos generar algunos ingresos.

Uno pensaría que con el confinamiento, que provoca que menos personas tengan que salir a la calle y por lo tanto necesiten verse bien en público, estos profesionales del cuidado personal no iban a ser tan necesarios.

Pero cuando en las redes sociales la gente comparte fotos del estado deplorable de su cabello, la presencia de canas hasta la mitad de la cabeza u otros asaltos a la estética, se confirma que los salones de belleza serán uno de los lugares en los que se hará una parada obligada una vez que se pueda salir a la calle.

El sector del cuidado personal no emplea a tantas personas, según las estadísticas oficiales.

Aunque por toda la ciudad se ven numerosos letreros que indican la presencia de peluquerías y salones de belleza, la mayoría de estos negocios son pequeños. Un poco más de 9,000 personas trabajaban en cuidado personal y aseo en el sur de Florida en 2019, según la Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU.

Tampoco es un campo muy bien remunerado: el salario de una manicurista puede ser de alrededor de $25,700 y el de una especialista en el cuidado de la piel ronda los $36,400. Esta situación hace que los trabajadores del sector sean especialmente vulnerables a los embates económicos de la pandemia.

El dilema de reabrir los negocios

Al igual que muchas personas jóvenes y creativas con una inclinación práctica, Rebecca Saint Pierre siguió trabajando en una tienda de cosméticos en Aventura Mall, mientras se preparaba para ejercer una profesión con gran demanda, la de maquillista.

Sin embargo, sus perspectivas se derrumbaron cuando el centro comercial cerró por la pandemia, y Saint Pierre, de 30 años, fue despedida por Inglot Cosmetics. Entonces, lo que prometía ser una temporada muy ocupada, con numerosas reservaciones para hacer maquillaje para bodas y fiestas de graduación quedó truncada abruptamente.

Aun así, ella devolvió a sus clientes el depósito que ya habían puesto sacándolo de su propio bolsillo.

“No era culpa de ellos lo que estaba ocurriendo, pero eso afectó mis finanzas muchísimo. Todo se paró. No se puede maquillar a una persona a través de una cámara ni por internet”, dijo Saint Pierre.

Las particularidades de este tipo de trabajo, que exige una proximidad física con el cliente, dificultan mucho más que se pueda realizar en estos tiempos de pandemia.

Al mismo tiempo es un sector, que tal vez más que ningún otro, inspira el tipo de relaciones personales que llevaron a Saint Pierre a reembolsar el depósito a los clientes cuando no estaba obligada a hacerlo.

“Disfruto lograr que una mujer se sienta más bonita”, expresó Saint Pierre. “Sacamos a flote la belleza desde el interior”.

Danny Roblejo, codueño de Primos, dos peluquerías de lujo en Kendall y Pinecrest, transfirió las llamadas de sus negocios a su teléfono celular después de que se vio obligado a cerrar porque considera que es importante mantener el toque personal.

El empresario se ha sorprendido de la cantidad de llamadas que recibe de sus clientes para preguntarle cómo se encuentra e incluso ofreciéndole pagar por adelantado cortes de pelo o propina para ayudarlo en este momento de crisis.

“Mis clientes se sorprenden de que yo mismo les contesto el teléfono. Conversar con ellos me hace bien. Es una oportunidad para decirles que esperen por nosotros, que regresaremos a trabajar, pero que por ahora tenemos las manos atadas”, dijo Roblejo.

No se sabe cuánto tiempo las peluquerías de Roblejo y otros negocios de este tipo tendrán que permanecer cerrados.

En medio de presiones de grupos conservadores y partidistas, gobernadores de algunos estados, incluyendo a Florida, han comenzando a hacer planes para una reapertura gradual de las empresas.

Esta decisión ha sido criticada por los Demócratas, por expertos en salud y residentes de estos estados que se preocupan porque una medida de este tipo fomente la propagación del COVID-19, la enfermedad del coronavirus.

La más controvertida hasta el momento ha sido la decisión del gobernador de Georgia, Brian Kemp, quien el viernes levantó la orden de cierre de peluquerías y otros negocios no esenciales. Esta disposición recibió una serie de críticas, entre estas una reprimenda del presidente Donald Trump, quien dijo que era demasiado pronto para hacerlo.

En Miami-Dade, el alcalde Carlos Giménez dijo que las playas, los parques y los campos de golf abrirán el miércoles 29 de abril, pero no ha dicho cuándo se reabrirán los pequeños negocios considerados no esenciales. El alcalde de Miami, Francis Suárez, dijo que la ciudad no estaba lista para reabrir ningún espacio.

Los funcionarios locales tienen autoridad para ordenar restricciones, incluso en ausencia de órdenes estatales.

Como otros empresarios, Roblejo está “deseoso” de reabrir, pero no quiere hacerlo hasta que los expertos de salud digan que el hecho no representa peligro. Tampoco enviaría a sus estilistas —Primos emplea a 15 personas— a citas en casas de los clientes, a pesar de que esto afecta el bolsillo de todos.

“Hemos tenido que cerrar antes por los huracanes, la diferencia es que no era por un motivo de salud. No había ningún riesgo en hacer una visita o dos a domicilio”, afirmó Roblejo. “Ahora no le diría a un empleado que vaya a la casa de nadie. Me sentiría responsable si alguien se enferma. No vale la pena poner en riesgo la salud”.

Roblejo es afortunado. Su negocio es uno de los pocos de Miami que ha recibido un cheque de los préstamos Paycheck Protection Program (PPP) del gobierno federal, ya que la gran tajada ha ido a compañías de construcción y corporaciones.

La cantidad que Roblejo recibió es suficiente para pagarle a la mayoría de sus empleados y cubrir los gastos por al menos siete semanas. Por suerte, algunos proveedores a los que le debe están extendiendo el plazo de los pagos, dijo.

Aun así él no sabe cuánto podrá aguantar. Está rogando poder abrir para mediados de mayo, asumiendo que disminuyan los casos de infectados. También espera que haya mucha demanda cuando vuelva a abrir, aunque a la vez le preocupa que algunos clientes no quieran ir a la peluquería por un buen tiempo.

“Son tiempos duros”, dijo Roblejo.

La demanda por la labor de estos profesionales ya está en la calle. No en balde uno de los videos humorísticos en las redes sociales muestra la supuesta avalancha de personas que correrá a las peluquerías una vez que se levante la prohibición.

Precile Lozama, dueña de un salón de belleza y spa en North Miami, PI Beauty Express, reconoció que tiene que rechazar muchas peticiones para visitas a domicilio.

“No me arriesgaré. Mi negocio es legal y se trata de un tema de salud”, dijo Lozama.

Su salón tiene siete empleados, incluyendo una esteticista y una masajista, y ninguno de ellos está trabajando. La orden de cerrar, el 19 de marzo, llegó en un momento crucial, porque había puesto en marcha un programa de tratamientos para el cabello que estaba atrayendo muchos clientes.

Ella solicitó la ayuda federal para pequeños negocios, pero no obtuvo respuesta en la primera vuelta. Afortunadamente, el dueño del centro comercial donde está su salón ha sido comprensivo y pospuso el cobro del alquiler.

“Durante la cuarentena no hay que cortar el cabello. Esto no va a durar para siempre”, dijo Lozama, que está impartiendo clases gratis en Facebook y vendiendo en línea un tratamiento humectante para el pelo, Solution7.

Doris Roblero atiende a una clienta en su casa de Kendall. La esteticista y peluquera no trabaja durante la pandemia, pero está preocupada porque no gana dinero y es el sostén de su familia
Doris Roblero atiende a una clienta en su casa de Kendall. La esteticista y peluquera no trabaja durante la pandemia, pero está preocupada porque no gana dinero y es el sostén de su familia

Por su parte, Doris Roblero, estilista y cosmetóloga también especializada en depilación con cera, ha construido una carrera de varias décadas que incluye presentaciones en televisión, entre ellos el programa Despierta América, de Univision.

Ahora ella tiene su salón en una habitación de su casa en Kendall, pero decidió dejar de trabajar para no exponer al virus a sus hijos, de 12 y 19 años.

Como madre divorciada que lleva el peso del sustento de la familia, está preocupada de que hace más de un mes que no trabaja. No sabe si podrá cubrir el pago de la hipoteca y otros gastos necesarios con lo que recibió del estímulo federal, $1,200 por ella y $500 por los hijos.

“La salud es lo primero”, dijo Roblero, de 50 años. “Pero el estímulo no es suficiente, y si esto continúa, llegará el momento que no podré pagar la hipoteca”.

Para ella muchos aspectos de su trabajo no serán lo mismo. Aun cuando las autoridades permitan que abran los negocios no esenciales, no volverá a hacer faciales por un buen tiempo.

“Siempre he trabajado con guantes y máscara, pero tengo que tocar la cara de las personas”, dijo.

Se sentirá más segura si solo se concentra hacer la manicura y depilación con cera.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de abril de 2020, 6:25 p. m. with the headline "Hacen maravillas, pero su trabajo es muy personal. Qué pasará cuando reabran los negocios."

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Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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