Pese al coronavirus los cruceros zarparon. Miles de pasajeros pagaron el precio atrapados
A medida que el coronavirus se propagaba por todo el mundo a principios del 2020, millones de personas se encontraron atrapadas en lo que ahora se sabe es uno de los lugares más peligrosos durante una pandemia: un viaje de crucero.
Conocer cuántos pasajeros y tripulantes se enfermaron o murieron es imposible. Ninguna agencia mundial de salud se conoce que rastree este tipo de estadística. Y la industria de cruceros —que le restó importancia a los peligros ante los consumidores y los siguió enviando a barcos, a pesar de las epidemias que se desataron a bordo y de las advertencias de funcionarios de salud pública—, se ha mantenido en silencio sobre la cifra.
Así las cosas, el Miami Herald comenzó a rastrear las epidemias a bordo. Ya los números resultaban alarmantes. En el momento de la publicación de este reportaje, los reporteros hallaron que al menos 2,592 personas habían dado positivo al COVID-19 durante o inmediatamente después de un viaje, y por lo menos 65 personas murieron, de acuerdo con un banco de datos que elaboró el Herald. Se trata de una cantidad mucho más grande de la que la industria o funcionarios de salud pública han reconocido. Tampoco es el panorama completo.
El Herald encontró casos de COVID-19 vinculados con por lo menos 54 barcos de cruceros, casi una quinta parte de la flota global. Ese número podría aumentar a medida que se reporten más casos.
Los reporteros recopilaron la información mediante archivos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), departamentos de salud extranjeros, informes noticiosos, compañías de cruceros y entrevistas con pasajeros y tripulantes. El Herald se compromete a actualizar la información semanalmente hasta que la pandemia del COVID-19 se declare exterminada.
La industria de cruceros dijo que es posible que algunas de las personas se infectaron con el COVID-19 de otra fuente distinta al barco donde viajaban. También es probable que otros pasajeros y tripulantes hayan contraído el virus sin presentar síntomas ni haber sido examinados.
Los pasajeros y los tripulantes pagaron el precio tras la decisión de la industria de continuar navegando —y la renuencia del gobierno de detenerla a principios de febrero. Fue en ese momento que el barco Diamond Princess quedó aislado en Japón después de una epidemia de COVID-19 que dejó infectados a cientos de personas, una clara advertencia sobre el peligro que representa el coronavirus en barcos cruceros.
El 8 de marzo, el CDC alertó a los norteamericanos de mantenerse alejados de los cruceros, tras mencionar el alto riesgo de contraer el COVID-19. Sin embargo, algunos barcos zarparon llenos de pasajeros después de esta alerta. Por lo menos ocho de estos barcos reportaron casos de COVID-19, lo que provocó al menos 309 casos de la enfermedad, un equivalente a 12 por ciento del total de casos de cruceros conocidos relacionados con el virus, según indica un análisis del Herald. Por lo menos tres de dichas personas murieron.
Algunos barcos llevaron la enfermedad de un crucero al otro. Después que la epidemia se desató en el primer viaje, el número de casos en los viajes subsecuentes estalló.
Consulte los datos del Herald de los CRUCEROS CON COVID para obtener información sobre casos relacionados con viajes específicos.
Si bien algunos pasajeros enfermos fueron enviados directamente al hospital, otros regresaron a sus casas, en ocasiones en vuelos comerciales. Mientras tanto, miles de tripulantes se encontraron atrapados en el mar en cuarentena, como presas fáciles en espera que los ataque la epidemia. En el momento de la publicación de este reportaje, por lo menos 922 tripulantes se habían infectado, y por lo menos 11 han muerto debido al COVID-19.
El 14 de marzo, el CDC emitió una orden de no partir en aguas de EEUU, un día después que la industria ya había accedido a detener cualquier viaje. Sin embargo, los cruceros continuaron, a veces buscando durante semanas un puerto que aceptara la llegada de los barcos.
Los barcos con casos de COVID-19 pertenecen a las cuatro líneas de cruceros más grandes del mundo: Carnival Corp., Royal Caribbean Cruises Ltd., Norwegian Cruise Line Holdings —todas con sede en Miami— y MSC Cruises, junto a varias líneas más pequeñas.
Solamente Carnival y MSC proporcionaron datos en respuesta a cuestionarios del Herald.
El Dr. Roderick King, director del Instituto de Innovación de la Salud de la Florida, dijo que tanto el público como la industria tienen que conocer el tipo de información que el Herald está compilando.
“Aquí hay una situación en la que tiene una pandemia global, y está ejecutando un negocio en el que esencialmente tiene entornos autónomos donde esta enfermedad puede proliferar rápidamente”, dijo King. “Al cerrar los ojos, no solo va en detrimento de su modelo de negocio y su capacidad de recuperación, sino que tiene enormes implicaciones para la población en general”.
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‘ESTÁNDARES REALMENTE ALTOS’
Emilio Hernández, un pasajero de Miami, abordó a regañadientes el barco Costa Luminosa de Carnival en Fort Lauderdale el 5 de marzo. Hernández estaba nervioso sobre el COVID-19, pero la compañía no estaba ofreciendo devoluciones. El barco tenía programado visitar Puerto Rico y Antigua y después cruzar el Océano Atlántico hasta llegar a Europa.
A los tres días de estar viajando, los temores de Hernández se confirmaron. Una mujer con síntomas de COVID-19 debió ser bajada del barco e ingresada en un hospital de Puerto Rico. Antigua no permitió que el barco atracara en el país, y en vez de regresar a un puerto de la Florida, Carnival decidió que el Luminosa continuara su viaje a Europa. La compañía esperó siete días para aislar a los pasajeros y darle a la tripulación mascarillas y guantes, en momentos en que cada vez se enfermaban más personas. Por lo menos cuatro pasajeros y un tripulante murieron. Docenas se enfermaron, indica la información del Herald.
Hernández, de 51 años, y su esposa Bárbara, de 46 años, dieron positivo al COVID-19 tras haber desembarcado. Bárbara pasó una noche en hospital. Ambos se recuperaron.
“Si los cruceros no aprenden ahora, ¿cuántas personas más van a morir?”, dijo Emilio. “Deben hacerse responsables de lo que han hecho a sus pasajeros y sus tripulaciones”. Decidieron que llevar su activo a Italia era más importante que mi salud y la salud de todos los pasajeros. Esa decisión le ha costado la vida a las personas“.
Desde que empezó la pandemia, la industria ha tratado de restarle importancia a la gravedad de la crisis.
Arnold Donald, presidente y principal ejecutivo de Carnival Corp., la compañía de cruceros más grande del mundo, ha dicho más de una vez que “muy pocos barcos” se han visto afectados por el COVID-19. (En el momento de la publicación, 17 por ciento de los barcos de la compañía tenían casos de coronavirus).
“Los barcos crucero no son la causa del virus, ni tampoco la razón de su propagación en la sociedad”, dijo Donald la semana pasada. “Los barcos no tienen un impacto dramático si se comparan con la forma en que el virus se ha propagado por el mundo”.
En una entrevista del 15 de abril con CNBC, Donald dijo que que en muchos casos los pasajeros “corren mucho menos riesgo en un crucero que en cualquier otro lugar”.
“Tenemos estándares realmente altos en los cruceros para hacer frente a cualquier tipo de riesgo para la salud”, dijo. “No vas a muchos lugares donde tienes registros médicos, donde hay escaneo de temperatura, hay mucha limpieza profunda a menudo y todo el tiempo”.
En infinidad de ocasiones, los CDC ha advertido del alto riesgo de contraer una infección de COVID-19 en los cruceros, y ha dicho que mantener el distanciamiento social y una efectiva desinfección es una tarea difícil de llevar a cabo en los barcos.
El grupo cabildero de la industria, Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA), dijo que las compañías respondieron a la crisis con la información que en ese momento tenían disponible. Los viajes se detuvieron el 13 de marzo.
“Ahora sabemos que, trágicamente, esta pandemia afecta a todos los entornos donde las personas se unen para socializar y disfrutar de experiencias compartidas, que incluyen cruceros, pero también incluye restaurantes, hoteles, cines y similares”, dijo la portavoz de CLIA Laziza Lambert por correo electrónico. “Utilizaremos este tiempo durante la suspensión temporal de las operaciones para revisar y mejorar nuestros protocolos para determinar las formas en que podemos avanzar aún más en nuestros esfuerzos para proteger la salud de los pasajeros, la tripulación y los destinos que visitamos”.
LA INDUSTRIA SIGUIÓ VIAJANDO
Mientras el resto del mundo contemplaba cómo el coronavirus consumía a China —que aún pensaba que se trataba únicamente de una gripe— la industria de cruceros tenía asientos de primera fila para ser testigo de una catastrófica realidad.
A mediados de febrero, la mayor epidemia de coronavirus fuera de China se desató en el barco de Carnival, Diamond Princess, que se encontraba en cuarentena en un puerto japonés. Cientos de personas se enfermaron y por lo menos ocho murieron.
Como respuesta, las compañías limitaron que abordaran las personas que habían viajado recientemente a China, Hong Kong y Macao. Sin embargo, la industria no se detuvo y siguió con los cruceros. A continuación, cómo ocurrieron los acontecimientos:
La semana del 25 de febrero
Los países del Caribe comenzaron a rechazar los cruceros, una clara señal de lo que estaba por venir.
Cuando la industria suspendió los viajes semanas después, varios barcos quedaron varados en el mar, en tanto las personas morían a bordo sin ningún puerto en el cual poder atracar.
7 de marzo
Incluso en momentos en que la pandemia empeoró, el gobierno del presidente Donald Trump se mantuvo del lado de las compañías de cruceros.
Tras reunirse con ejecutivos de la industria en Fort Lauderdale, uno de los puertos más activos de todo el país, el vicepresidente Mike Pence le aseguró a la nación que era “los americanos saludables no corrían ningún riesgo en viajar en cruceros”.
Adam Goldstein, presidente de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros, dijo que las compañías estaban preparadas para pagar el traslado de pasajeros y tripulantes enfermos a hospitales.
“Dada la importancia de los viajes y el turismo, es fundamental que los estadounidenses sigan viajando”, dijo Goldstein. “Y sí, también reconocemos que esta es una situación sin precedentes con COVID-19. Nuestro compromiso aquí hoy y en el futuro es trabajar estrechamente con el gobierno e ir más allá de lo que estamos haciendo actualmente”.
Ese día, una persona que trabajó en Port Everglades como pasajero para un subcontratista de Carnival Corp. dio positivo, seguida de dos más en los días siguientes.
Los pasajeros que se negaban a no viajar, y que no querían perder su dinero, confiaron en que las compañías no estarían funcionando si no se sintieran seguras. Las compañías no ofrecían devoluciones, sino que hacían más minuciosas las labores de limpieza en los barcos, y no aceptaban que abordaran aquellas personas que habían viajado recientemente a lugares con focos de infección.
8 de marzo
Ese día, el CDC y el Departamento de Estado le alertaron a la población que evitara hacer un viaje crucero, tras argumentar que había un gran riesgo de infección de COVID-19 en los barcos. Al menos 1,791 pasajeros y tripulantes en barcos que zarparon antes de la advertencia fueron infectados, según el análisis del Herald.
9 de marzo
Al día siguiente de la alerta de viajes, un gran número de barcos atracaron en PortMiami para llenar cuestionarios de salud, con el objetivo de luego poder comenzar sus viajes.
“Se trata de una gran compañía global que no expondrá a ningún peligro a los usuarios”, dijo Steve Hoffman, de 48 años, y vecino de Naples, que abordó el barco Carnival Sensation. “Creo que vamos a estar bien”.
A pesar de la clara advertencia del CDC, la Fuerza Especial del Coronavirus de la Casa Blanca dijo que las líneas de cruceros estaban trabajando en protocolos de seguridad más estrictos para poder seguir viajando. El Dr. Anthony Fauci, director of the Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, dijo que las personas mayores y con condiciones de salud débiles debían evitar los viajes.
Entretanto, el CDC y las autoridades de salud de California se prepararon para transportar a más de 2,000 pasajeros del barco de Carnival Grand Princess a hospitales para ser atendidos, o a bases militares para ser puestos bajo r cuarentena después que estalló una epidemia de COVID-19 en el barco. Según la información del Herald, por lo menos 125 pasajeros y 19 tripulantes del barco arrojaron positivo, y cinco personas fallecieron.
11 de marzo
La CLIA entró en acción en el Congreso para tratar de defenderse de una orden del gobierno donde le decía a la industria que debía suspender los viajes. Los cabilderos se reunieron con la delegación de la Cámara de la Florida para discutir propuestas que buscaban controlar las infecciones en los barcos, entre ellas prohibirle a personas mayores de 70 años abordar las naves. Más pasajeros abordaron los cruceros. Otros querían visitar diferentes puertos del mundo.
El 11 de marzo había cerca de 550,000 pasajeros viajando en cruceros, según la CLIA, el mismo día la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el COVID-19 era una pandemia.
12 de marzo
La linea Princess Cruises, propiedad de Carnival Corp., fue el primero que dejó de viajar. La línea canceló todos los cruceros por los próximos 60 días después que el gobierno impuso cuarentenas en dos de sus naves.
13 de marzo
El resto de la flota tomó las mismas medidas, y anunció un receso de 30 días.
Los gobiernos del sur de la Florida declararon su apoyo a las decisiones de Carnival Corp. El Condado Miami-Dade le permitió a las compañías de cruceros llevar sus barcos a PortMiami con descuentos, y ofreció convertir un almacén en un centro de emergencia sanitaria, para aislar a los pasajeros infectados.
La industria de cruceros es un importante motor de la economia del sur de la Florida. Además de atraer a millones de turistas, los cruceros pagaron casi $77 millones y $60 millones en tarifas de pasajero a PortMiami y Port Everglades, respectivamente, en el año fiscal 2018.
El presidente Trump escribió en ingles en Twitter : “Es una estupenda e importante industria, y ¡queremos mantenerla así!”.
SE DETUVIERON LOS CRUCEROS, PERO LAS INFECCIONES AUMENTARON
Para el 17 de marzo, el CDC hizo más estrictas sus advertencias para viajar, y exigió que los pasajeros debían autoaislarse durante 14 días después de desembarcar.
A pesar de su persistente apoyo a la industria, Trump firmó un proyecto de estímulo federal de ayuda económica, que excluye a las compañías de cruceros, y lo convirtió en ley el 27 de marzo.
Dos días más tarde, el gobernador de la Florida Ron DeSantis amenazó con rechazar un barco lleno de personas enfermas que buscaba refugio en un puerto del estado.
Entretanto, las acciones de la La industria de cruceros se desplomaron a niveles históricos: Carnival Corp. cerró a $11.64 por acción ese miércoles, una disminución de 77.3 por ciento desde el 2 de enero, Royal Caribbean Cruises Ltd. cerró a $34.01, una disminución de 74.74 por ciento, y Norwegian Cruise Line Holdings cerró a $10.87, una disminución de 81.52 por ciento. MSC cotiza de forma privada.
De cualquier modo, la pausa en los viajes no impidió que las infecciones siguieran aumentando en los barcos.
Algunos barcos que pudieron regresar a puerto rápidamente luego del 13 de marzo desembarcaron miles de pasajeros sin que las compañías ni los gobiernos locales les hicieran ningún tipo de pruebas.
Los pasajeros del barco Ruby Princess que atracó en Sydney, Australia, el 19 de marzo se bajaron del barco, y se diseminaron por todo el mundo, a pesar de que muchos tenían síntomas de COVID-19. Por lo menos 647 personas, entre ellas 202 tripulantes, dieron positivo, y por lo menos 22 personas murieron. El barco terminó siendo la fuente más grande de casos de COVID-19 en Australia, y en la actualidad es objeto de una investigación en el país.
Los pasajeros del MSC Meraviglia desembarcaron en Miami el 15 de marzo sin que se les realizara ningún examen de detección del virus, pese a que un pasajero de un viaje anterior dio positivo. Por lo menos dos pasajeros que ese día bajaron del barco, contrajeron el COVID-19.
Al menos cinco pasajeros del Zaandam dieron positivo al COVID-19. Todos murieron, al igual que uno de los tripulantes que también arrojó positivo.
El 20 de marzo, el principal médico on the Coral Princess le escribió una carta a los pasajeros donde les aseguraba que el barco era, quizás, uno de los lugares más seguros del mundo en ese momento.
Desde entonces, sin embargo, por lo menos ocho pasajeros y cinco tripulantes dieron positivo al COVID-19, y dos pasajeros murieron. La nave atracó en Miami.
Después de desembarcar a los pasajeros, muchos barcos se convirtieron en incubadoras para infecciones. Aproximadamente 120 barcos con más de 80,000 tripulantes a bordo navegan actualmente en aguas de Estados Unidos; se sospecha que por lo menos 20 tienen casos de COVID-19, dijo el CDC.
Durante el último viaje con pasajeros en el barco de Royal Caribbean Oasis of the Seas, la compañía alertó al CDC de una probable infección a bordo. El 26 de marzo, la compañía envió un correo electrónico a los pasajeros advirtiéndoles que alguien en el barco había dado positivo al virus.
La compañía esperó hasta el 28 de marzo para advertirle a la tripulación de que era probable que se hubiese expuesto y que debían aislarse. Por lo menos, 14 tripulantes dieron positivo.
Por su parte, Norwegian Cruise Line alentó a los tripulantes del barco Norwegian Encore, que atracó en PortMiami, que aprovecharan las actividades que por lo general están limitadas a los empleados como acceso a los buffets de los restaurantes, piscinas y gimnasios para los pasajeros, todo ello a pesar de que más personas se sentían enfermas. En tierra, las autoridades le pedían al público que se quedara en casa.
Un tripulante que pudo bajarse del Encore dio positivo al COVID-19 al día siguiente.
Algunos tripulantes nunca pudieron llegar a sus casas.
Por lo menos 11 tripulantes fallecieron a consecuencia de COVID-19, cuatro de ellos en hospitales del sur de la Florida.
Pujiyoko, de 27 años, una ama de llaves de Royal Caribbean de Indonesia, se convirtió en la persona más joven en el sur de Florida en el momento de morir por COVID-19 el 12 de abril.
Andrew Fernandes, de 48 años, de la India, que trabajaba como guardia de seguridad en el crucero Costa Favolosa de Carnival, que tuvo al menos 58 personas con resultado positivo, murió solo en el hospital Larkin Community en Hialeah el 4 de abril. Era padre de cuatro.
Tras mencionar más infecciones y hospitalizaciones a consecuencia de COVID-19 entre los tripulantes que permanecían en los barcos, el 9 de abril, el CDC ordenó detener los viajes hasta julio, o hasta que termine la pandemia. De igual modo, la agencia le exigió a la industria que debía tener preparado un plan para mitigar de inmediato cualquier epidemia que se desate en un barco.
LA INDUSTRIA DICE QUE LA ACUSAN INJUSTAMENTE
Para este reportaje, el Miami Herald le preguntó a todas las compañías de cruceros el número de casos de COVID-19 vinculados a cada barco de sus flotas.
Carnival Corp. and MSC Cruises respondieron; Royal Caribbean Cruises Ltd. se negaron a dar ninguna cifra, así como tampoco decir si en la actualidad los barcos tienen kits de detección.
La mayoría de las compañías que se llamaron, no respondieron, entre ellas Norwegian Cruise Line Holdings, Disney Cruise Line, Genting Cruise Lines, TUI Cruises, Aurora Expeditions, Fred Olsen Cruise Line y Phoenix Reisen Cruises.
De todas, Carnival Corp. fue, con mucho, la más transparente, y brindó información sobre sus 104 barcos. Aun así, el recuento de la empresa fue bajo.
“No existe un mecanismo sólido o un circuito de retroalimentación establecido hasta la fecha para que los gobiernos, especialmente a escala internacional, informen a las líneas de cruceros una vez que los pasajeros bajen el barco”, dijo el portavoz de la compañía, Roger Frizzell. “Hemos recurrido en gran medida a las autoridades sanitarias del gobierno para tomar y administrar estos datos como parte de su función supervisora”. Dijo que la compañía solo recientemente comenzó a usar kits de prueba a bordo de uno de sus barcos, el Zaandam; en los demás no tiene pruebas.
MSC, que opera 17 cruceros, también brindó información. Un portavoz de la compañía dijo que no se pueden descartar otras formas de transmisión para aquellas personas que dieron positivo después de desembarcar. En la actualidad, todos los barcos de la compañía tienen kits para detectar el COVID-19.
La CLIA dijo que, en comparación con otros sectores, la industria de cruceros tiene rígidos reglamentos para informar casos, y criticó la orden que el CDC dio el 9 de abril de no zarpar.
“Estamos ... preocupados por las consecuencias no deseadas que tiene la Orden de No Vela emitida el 9 de abril en señalar a la industria de cruceros, que ha sido proactiva en su escalada de protocolos de salud y saneamiento y fue una de las primeras industrias en anunciar un voluntario suspensión de operaciones ”, decía el comunicado. “Sería una suposición falsa conectar una mayor frecuencia y visibilidad al informar a una mayor frecuencia de infección”.
El Dr. Martin Cetron, director de la División de Migración y Cuarentena Global, del CDC, dijo en una entrevista que los barcos cruceros tienen un mayor riesgo de contraer infecciones que los estadios, complejos deportivos, teatros y restaurantes.
“Es intuitivo y es obvio, y se ha confirmado mirando la ciencia de las tasas de ataque”, dijo. “Es especialmente desafiante”.
Los barcos cruceros tienen a bordo centros médicos, pero sus instalaciones se llenan fácilmente durante una epidemia ya que los recursos son limitados. En una reunión con comisionados del Condado Broward que tuvo lugar el 31 de marzo, Bill Burke, jefe marítimo de Carnival Corp., dijo que el barco Zaandam, que lleva más de 2,000 pasajeros y tripulantes, tiene capacidades de cuidado intensivo para solo uno o dos pacientes que necesiten equipos de respiración artificial.
La diversa población de pasajeros y tripulantes que llevan tanto tiempo en el barco, junto al acceso limitado a hospitales desde remotos lugares del mar, hace que las naves sean especialmente vulnerables al virus.
“Cuando te das cuenta del impacto que el virus está teniendo en el crucero en ese tipo de entorno, es un entorno que tiene desafíos únicos”, dijo Cetron. “Un solo caso puede amplificarse a un brote extremadamente rápido. ... Las oportunidades de amplificación y difusión en este tipo de entorno son realmente desafiantes“.
Un portavoz del CDC dijo que las medidas de cuarentena y de aislamiento son difíciles de poner en práctica en los barcos, y solo se hacen cuando la infección se logró identificar, lo cual minimiza su efectividad.
A inicios de este mes, Genting Cruise Line anunció que se está preparando para llevar a cabo un sinfín de cambios cuando los cruceros se reanuden. Entre los cambios están la nota de un médico para pasajeros mayores de 70 años, detectores de fiebre por los pasillos, mascarillas para todos los pasajeros y tripulantes, y desinfectar cada dos horas las áreas más concurridas.
Rockford Weitz, director del Programa de Estudios Marítimos de la Escuela Fletcher de la Universidad Tufts, dijo que este tipo de cambios son necesarios para mantener verificadas las tasas de infección.
“Es natural que la clientela espere que la industria haga más que antes para mantener un ambiente sanitario“, dijo. “Esta puede ser una oportunidad. Los viejos procedimientos se basaban en el hecho de que no había una aceptación social de usar una máscara y guantes y hacer el tipo de desinfección, que es la mejor práctica. COVID-19 ha cambiado las normas sociales“.
FALTA DE TRANSPARENCIA
El verdadero número de personas que se infectaron con COVID-19 en los barcos cruceros tal vez no se sepa nunca.
Los tripulantes con síntomas dijeron que nunca se les examinó y esperan pasar la enfermedad aislados en camarotes. Algunos pasajeros y tripulantes no han podido ser analizados tras haber desembarcado. Y un sinnúmero de otros tiene el virus pero no presentan síntomas, propagándolo a su alrededor sin saberlo.
Miles de tripulantes siguen atrapados en barcos con epidemias han dicho que las compañías no comunican la cantidad de casos de COVID-19 que hay a bordo. Tampoco las compañías han entregado mascarillas y guantes, ni les permiten seguir los protocolos para mantener distanciamiento social. Aquellos que han podido dejar los barcos dijeron que nunca se les advirtió que podrían haber estado expuestos.
“Me preocupa que la gerencia nos haya mentido todo este tiempo”, dijo un miembro de la tripulación del Norwegian Encore que pudo abandonar el barco. “Es un comportamiento imprudente de su parte, en mi opinión, y poner en peligro. Podría haber puesto en peligro a mi familia“.
Los pasajeros y sus familias dijeron que habrían pospuesto sus vacaciones si las compañías les hubieran dicho la cantidad de personas que tenían síntomas de COVID-19 en las naves.
Entre ellos se encuentra Tom Sheehan, de Sarasota. Cuando Sheehan abordó el barco Carnival’s Costa Luminosa en Fort Lauderdale el 5 de marzo, su familia dijo que no tenía la menor idea de que las autoridades de Jamaica le habían prohibido bajar a tierra a los pasajeros italianos de un viaje anterior, ni tampoco que un pasajero, que después murió de COVID-19, había sido evacuado a las Islas Caimán.
Sheehan, de 69 años, murió en un hospital de Sarasota el 30 de marzo. Sus hijos tuvieron que despedirse de él mediante el altavoz de un celular.
“Si el barco le hubiera dicho a todo el mundo lo que estaba ocurriendo, mi padre y mi madrastra se habrían bajado en Puerto Rico y hubieran volado a casa”, dijo su hijo Kevin Sheehan. “Pero no le dijeron nada y ellos se quedaron en el barco”.
El redactor del Miami Herald Forrest Milburn contribuyó a este reportaje.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de abril de 2020, 3:49 p. m. with the headline "Pese al coronavirus los cruceros zarparon. Miles de pasajeros pagaron el precio atrapados."