Sur de la Florida

La primera ventanita: Así creó Miami la cultura cubana del café

Felipe Valls Sr. dice que sencillamente estaba de tratando de solucionar un problema cuando creó la primera ventanita de Miami.

Es el tipo de historia que uno espera escuchar en una de las omnipresentes ventanitas de Miami, donde la ciudad se reúne para tomar café cubano, fuerte y dulce, e intercambiar historias. A veces para hablar de política, a veces para contar inverosímiles.

Las ventanitas son escalas después de una fiesta o escalas en las campañas políticas, la versión miamense de la Feria Estatal de Iowa. Están ocupadas al mediodía por la hora de almuerzo para comer algo ligero, o a las 3 a.m. con juerguistas que buscan la sobriedad. Se han convertido en una creación única, algo que nunca había existido en Cuba, pero que ha llegado a significar la cultura social de Miami las 24 horas del día.

Pero la historia de sus orígenes y cómo Valls podría ser quien las inventó, requiere una colada de café para compartir, un par de croquetas de jamón recién fritas y volver a la época en que Miami estaba recibiendo su primera ola de familias cubanas exiliadas.

Más de una década antes de fundar el restaurante cubano más famoso del mundo, el Versailles, Valls llegó a Miami en diciembre de 1960 a los 25 años, huyendo de la revolución de Fidel Castro con su esposa embarazada de siete meses y dos niños menores de 5 años.

Había tenido varios negocios de fabricación en Santiago, Cuba, y encontró trabajo en una empresa de equipos de restaurantes en el downtown, diseñando cocinas de restaurantes, instalando equipos de refrigeración y rescatando electrodomésticos de restaurantes cerrados para arreglarlos y revenderlos.

En 1963, recordó, uno de sus clientes habituales, el mercado El Oso Blanco, cerca de la esquina de Flagler Street y SW 12 Avenue, en lo que pronto se conocería como La Pequeña Habana, le pidió que ayudara a remodelar su mercado.

Felipe Valls Sr., el fundador del restaurante cubano Versailles, y de más de otros 40 restaurantes, nos cuenta la historia de cómo inventó el concepto de una ventana invertida para servir café al público de a pie, en su casa de Coral Gables el viernes 4 de septiembre de 2020.
Felipe Valls Sr., el fundador del restaurante cubano Versailles, y de más de otros 40 restaurantes, nos cuenta la historia de cómo inventó el concepto de una ventana invertida para servir café al público de a pie, en su casa de Coral Gables el viernes 4 de septiembre de 2020. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

Era un mercado típico de la época, un local abierto al fuerte calor de Miami, un local sin abierto al fuerte calor de Miami, que se preparaba para convertirse en el centro para los cubanos en el exilio.

Los propietarios querían cerrar en el mercado para aprovechar un nuevo avance que estaba barriendo el sur del país: el aire acondicionado. Y los dueños cubanos también querían que Valls les encontrara algo que no habían podido obtener en ningún otro lugar del país: una máquina comercial de café espresso.

Valls estaba a punto de enfrentarse a un nuevo tipo de problema de diseño cuando dos fuerzas inesperadas chocaron en Miami exactamente a la misma hora en la década de 1960: los cubanos y el aire acondicionado.

“La ventanita nació por necesidad”, recordó Valls, que ahora tiene 86 años.

Importación de la cultura del café

En los dos primeros años después de la revolución de Fidel Castro en 1959, más de 135,000 refugiados llegaron a Miami. Otros 340,000 habían llegado hasta 1973 con la ayuda de los Vuelos de la Libertad.

Estos cubanos querían café. Y no tazas de café americano aguachento, sino el café que ya conocían en la isla, donde habían conocido el espresso italiano.

En Cuba, la cultura del café se centraba en carritos similares a los puestos de perros calientes de Nueva York. Otros eran poco más que quioscos o mostradores al aire libre, sirviendo café a 3 centavos la taza, por lo general con bocados como pastelitos de guayaba, croquetas y una selección de tabacos. Esos puestos eran los lugares donde la comunidad, los amigos, se reunían y hablaban de política.

La cultura del café en Cuba se centraba alrededor de carritos y cafeterías, mostradores al aire libre donde los clientes disfrutaban de u café por entre 3 y 5 centavos la taza. En esta imagen, el padre del autor de esta nota, Fernando Frías, se toma una taza de café en la cafetería Mi Buchito Oriental en Marianao, la Habana, alrededor de 1957.
La cultura del café en Cuba se centraba alrededor de carritos y cafeterías, mostradores al aire libre donde los clientes disfrutaban de u café por entre 3 y 5 centavos la taza. En esta imagen, el padre del autor de esta nota, Fernando Frías, se toma una taza de café en la cafetería Mi Buchito Oriental en Marianao, la Habana, alrededor de 1957. Courtesy Carlos Frías

Mientras tanto, en 1960, Miami estaba cansado del calor.

Por difícil que sea imaginar durante un verano de Florida, el aire acondicionado no se hizo común hasta la segunda mitad del siglo XX.

El floridano John Gorrie inventó una “máquina de aire frío” patentada en 1851 para mantener frescos a los pacientes con fiebre amarilla, y cualquier floridano puede estar de acuerdo en que se merece esa estatua de mármol en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio federal. El aire acondicionado fue una creación exclusivamente estadounidense, el primer país del mundo en popularizar su uso, según el trabajo definitivo sobre este tema, el artículo académico del también floridano Ray Arsenault, “El fin del verano: el aire acondicionado y la cultura del sur”.

Pero no fue hasta la invención de la primera unidad de ventana en 1952 que el aire acondicionado tomó impulso.

Cuando la primera ola de refugiados cubanos llegó a Miami en 1960, sólo 18% de todas las viviendas tenía aire acondicionado, escribió Arsenault. Pero para finales de ese decenio, más del 60 por ciento de todos los hogares de Florida ya disfrutaban de la climatización.

El Oso Blanco Supermarket en Miami era típico de los mercados de su época, con el frente abierto al fuerte calor. (Colección Fotográfica de Arva Moore Parks), Imagen cortesía del la Cuban Heritage Collection de la Biblioteca de la Universidad de Miami, Coral Gables.
El Oso Blanco Supermarket en Miami era típico de los mercados de su época, con el frente abierto al fuerte calor. (Colección Fotográfica de Arva Moore Parks), Imagen cortesía del la Cuban Heritage Collection de la Biblioteca de la Universidad de Miami, Coral Gables. Image courtesy of the Cuban Heritage Collection, University of Miami Libraries, Coral Gables, Florida.

Pronto, todo, desde estadios hasta restaurantes en el sur del país instalaban sistemas de climatización. El aire acondicionado ya no era una curiosidad, sino parte de la vida.

“El aire acondicionado lo cambió casi todo. Cambió la cultura en el sur”, dijo Arsenault, profesor de la cátedra John Hope Franklin de Historia del Sur en la Universidad del Sur de Florida.

De repente, en las viviendas y negocios de los exiliados, había un nuevo estribillo además de los lemas contra Fidel: “¡Cierra la puerta que se va el aire!”

Y El Oso Blanco no quería quedarse atrás. Quería un par de cafeteras comerciales para atraer multitudes, y también quería que esas multitudes se sintieran frescas y cómodas.

“A finales de los años 60 era difícil tener un negocio exitoso sin aire acondicionado central”, dijo Arsenault. “Es uno de los cambios característicos de la década de 1960”.

Innovación

Valls se dedicó a solucionar el el primer problema: el café.

Pidió dinero prestado para comprar cinco máquinas de café espresso Italcrem por $300 dólares cada una de un contacto en España, una cantidad exorbitante porque fueron enviadas por avión. Valls las vendió todas la primera semana. Pagó para que la asociación de plomeros de Miami las certificara, después de agregar una válvula de presión para cumplir las normas de seguridad.

Lo próximo a solucionar fue el calor.

El Oso Blanco quería cerrar el mercado pero mantener las ventas de café en el frente.

¿La solución de Valls? Una ventana modificada estilo guillotina.

Valls tenía experiencia en innovación. Graduado en 1950 de la Academia Militar Riverside en Gainesville, Georgia, Valls había pasado por alto la Universidad de Boston y regresado a Santiago, Cuba, donde lanzó varios negocios de fabricación de botellas de ron para Bacardí, bolsas de cemento para Titan American y otro que fabricaba refrigeradores industriales.

Así que habló con un fabricante de ventanas de Miami para quitar la parte inferior de una ventana, reforzar los lados y colocarla sobre el mostrador, que daba a la acera.

Una ráfaga de aire frío besó al cliente cuando la una camarera abrió la ventana y sirvió un dedal de dulce néctar negro de los dioses cubanos.

“Por eso existe la ventanita”, dijo Valls. “Podían tomar su café, comer un pastelito, fumarse un puro y seguir su camino”.

La fama de las ventanitas

Esta imagen muestra (a la derecha) a un cliente tomando algo en lo que se cree que fue la primera ventanita de café que creó la cultura del café cubano en Miami. Felipe Valls Sr. inventó una ventana sobre el mostrador, que se instaló en el mercado El Oso Blanco, en Flagler Street y SW 12 Avenue en 1963. Ese local se incendió y quedó destruido el 14 de febrero de 1977. Nathan Benn.
Esta imagen muestra (a la derecha) a un cliente tomando algo en lo que se cree que fue la primera ventanita de café que creó la cultura del café cubano en Miami. Felipe Valls Sr. inventó una ventana sobre el mostrador, que se instaló en el mercado El Oso Blanco, en Flagler Street y SW 12 Avenue en 1963. Ese local se incendió y quedó destruido el 14 de febrero de 1977. Nathan Benn. Nathan Benn

Ese rincón de Flagler y la calle 12 fue un tiempo el corazón de La Pequeña Habana, la capital no oficial de los cubanos exiliados. La heladería de San Bernardo al lado de El Oso Blanco fue un éxito entre las familias jóvenes. Y La Tijera, una tienda fundada por tres hermanos cubanos donde se vendía de todo, desde televisores a color hasta filtros para cafeteras italianas tradicionales, era tan esencial como el cafecito.

En poco tiempo, Valls creó su propia empresa de equipos de restaurante e instaló cafeteras italianas comerciales en toda La Pequeña Habana. Otros se entusiasmaron con la idea y la ciudad se llenó de ventanitas de la noche a la mañana.

“Empezaron a levantar una pared aquí, una ventana allí. Y un día mirabas hacia arriba y todo estaba cerrado. Nada de inspectores”, dijo riéndose Estrella Aragón, de 81 años, cuyo difunto esposo, Alberto Villalobos, abrió el restaurante cubano favorito de Miami, El Morro Castle, en 1964.

“Felipe sabía lo que estaba haciendo”, dijo.

Aragón dijo que cuando su marido levantó su segundo Morro Castle, el primero estaba cerca del hospital en el este de Hialeah, insistió en tener una ventanita. La dejaba por las mañanas y la recogía por las tardes para que ella misma pudiera manejar la ventana.

“Operar las primeras cafeteras comerciales exigían mucha fuerza”, recordó Aragón.

La ventanita se convirtió en algo tan esencial como el aire acondicionado para el éxito de un restaurante familiar. El local podía reservar las mesas para las personas que fueran a comer mientras que la persona que atendía la ventanita podía atender a los demás.

Y Aragón se convirtió en el rostro del restaurante.

“Mi padre me tuvo en la ventana 28 años. Es una excelente manera de establecer contacto con la la gente”, dijo Mercy González, cuyo padre, Victoriano “Benito” González, fundó la cadena de hamburguesas cubanas El Rey de las Fritas. “Hay que ser rápido. Le das a la gente su dosis de hospitalidad y un café y los dejas ir”.

La ventanita permitió a los cubanos preservar su cultura cafetera mientras se adaptaban a su nuevo mundo con aire acondicionado.

“Las ventanitas ofrecen esa oportunidad para una fuerte actividad peatonal, en que los clientes se toman un café en la acera”, dijo Paul George, historiador residente del Museo HistoryMiami. “Son el antídoto contra la soledad de la vida en los suburbios”.

Valls aprendió el funcionamiento de los restaurantes y poco después compró Badía’s, un conocido lugar de sandwiches en la esquina de la Calle Ocho y la 16 Avenue. Lo primero que hizo fue remodelarlo para incluir una ventana. El restaurante que está allí hoy El Pub, con su pequeña ventana, es uno de los favoritos de los turistas y vecinos por igual.

No se puede decir lo mismo de El Oso Blanco.

El mercado y otras 10 tiendas se incendiaron en un fuego espectacular el 14 de febrero de 1977, y con él desapareció la primera ventanita de Miami. Alrededor de 110 de los 150 bomberos de Miami lucharon contra el incendio toda la noche, escribió el Miami Herald la mañana siguiente. Las autoridades determinaron que el incendio fue intencional, pero nadie fue acusado.

Con su hijo, Felipe Jr., Valls llegó a abrir más de 40 restaurantes a lo largo de los años, como La Carreta, Casa Juancho, Casa Cuba, La Palma, y su favorito, el Versailles.

Valls se aseguró de que todos ellos tuvieran una versión de la innovación que cambió la cultura del café de Miami para siempre.

“Las ventanitas son icónicas”, dijo González. “No creo que nunca van a pasar de moda.

Lea esta noticia en inglés en el Miami Herald.

Traducción de Oscar Díaz

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de septiembre de 2020, 1:57 p. m. with the headline "La primera ventanita: Así creó Miami la cultura cubana del café."

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