Oficial de patrulla y capellán ayuda a sus compañeros oficiales
Luego de servir a la congregación en West Kendall por más de una década, Jorge Avila sintió un llamado, quería volver a ser policía. Entonces fue a la oficina de personal del departamento de Policía de Miami-Dade, donde había trabajado por 15 años, hasta 2002. Le dijeron que todo estaba en orden pero tres días después le tenían malas noticias: el alcalde del condado había ordenado que se congelaran las plazas. Las semanas fueron convirtiendose en meses. Así que Avila optó por un camino alternativo. “Comencé a esperar y a orar, y decidí solicitar en Miami”, relata.
Fue contratado en Miami casi de inmediato y su paciencia pagó con creces. Actualmente, Avila, quien patrulla el vecindario de La Pequeña Habana, es también capellán del departamento, ofrece consejería a los compañeros oficiales y es invitado para orar en reuniones de la Policía y eventos del Ayuntamiento.
“Comencé a sentir un llamado para regresar a la fuerza policíaca. Dios coloca un deseo en tu corazón. Estaba luchando con ese deseo. Estaba dirigiendo un iglesia exitosa”, dice Avila.
Es una difícil pero importante vocación para Avila, de 47 años, casado y cuyo hijo es un oficial de la Policía de Miami y que tiene una hija en la universidad y otra que acaba de terminar. Estudio tras estudio ha demostrado que el estrés relacionado al trabajo policíaco conduce a altas tasas de violencia doméstica, abuso del uso de alcohol, problemas cardíacos y hasta una mayor tasa de suicidio que la población general.
Avila ofrece consejería ocasionalmente a los compañeros oficiales en el centro de trabajo, pero más frecuentemente hace el trabajo dedicado a Dios durante horas no laborables. Sentado en un pequeño salón de conferencia en una subestación de la Policía de Miami en West Flagler Street, Avila cuenta la historia de una oficial quien recientemente acudió donde él por un rompimiento difícil con otro oficial. Dice que se reunieron para tomarse un café y le “ofreció a ella alguna información e inspiración que resultó en una transformación. Le va muy bien”, dice.
“Usted está atendiendo todos los efectos colaterales de la humanidad. El herido. El enfermo. Tiene que manejar el elemento criminal desordenado. Con el tiempo desarrollas una carga emocional negativa que tienes que saber cómo manejar”, explica.
Recientemente, dice Avila, se le acercó un oficial que estaba luchando con un problema de alcohol desde que atendió un terrible caso en junio de 2014, que involucró a una niña de 11 años. La Policía cree que la niña fue apuñalada en la garganta por un hombre que estaba molesto con la novia, la madre de la niña, quien había terminado la relación con él. La Policía dice que Miguel Ruiz Lobo, intentó originalmente manipular la escena para que pareciera que la niña se había suicidado. Pero un video de vigilancia ayudó a vincularlo con el crimen, señala el policía.
Avila relata que recientemente se le han acercado oficiales preocupados por meterse en problemas si manejan inapropiadamente un caso. Su preocupación, explica, viene de las recientes confrontaciones con la Policía que provocaron la muerte de un hombre negro desarmado y motines en Ferguson, Missouri y en Baltimore.
Avila se mudó de Nueva York a Miami cuando tenía siete años, se graduó de Southridge High School y “Cristo entró a su corazón” en 1988. Un año antes, había iniciado una carrera con la Policía de Miami-Dade, patrullando y haciendo investigaciones generales. Para el 2002, dirigía Cavalry Chapel de Kendall y servía al departamento de Policía como reserva. Se unió a tiempo completo a la Policía de Miami el pasado marzo.
Avila comenta que ofrecer consejería e inspiración mientras continúa sirviendo como oficial, hace algo más fácil para otros oficiales el que le abran el corazón.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de junio de 2015, 8:29 a. m. with the headline "Oficial de patrulla y capellán ayuda a sus compañeros oficiales."