Sur de la Florida

Los homicidios aumentaron alarmantemente en Miami-Dade en 2020, un año marcado por la pandemia

Lea este artículo en inglés en el MiamiHerald.

Una noche de julio, dos hombres en busca de venganza, pasaron en un automóvil por el frente de una casa de Brownsville y dispararon indiscriminadamente contra un grupo de personas, entre ellas alguna que regresaban de un mercado de pulgas del área. El incidente dejó como saldo trágico, un niño muerto y un bebé herido, además de dos adultos que resultaron baleados.

La muerte de la niña de siete años Alana Washington , que asistía a la escuela charter KIPP Miami en el noroeste de Miami-Dade, estremeció a la familia, a los amigos, a la comunidad y a las agencias del orden público. Seis semanas después, tras una intensa búsqueda, la policía arrestó a dos hombres y los acusó de haber matado a Alana.

La violenta muerte de la pequeña no hace sino ser otro capítulo del alarmante aumento en homicidios ocurridos en el Condado Miami-Dade en 2020, un año marcado por la pandemia del coronavirus que ha visto a los niños a estudiar desde la casa, a los padres perder sus empleos y ha sido testigo de estallidos de protestas por justicia social que han empeorado las ya caldeadas tensiones entre la comunidad y la policía.

De manera oficial se han registrado 272 homicidios hasta el 24 de diciembre en el Condado Miami-Dade, un aumento de 31 casos con relación a 2019. El año aún no ha terminado, pero ya tiene más homicidios que los 232 del 2017, y los 252 reportados en el 2015.

Los expertos atribuyen el aumento de delitos violentos a varios factores. La pandemia ha limitado la labor de la policía en la comunidad, y reducido la positiva interacción entre la policía y el público. La venta de armas ha alcanzado niveles insospechados. La población está encerrada en la casa y se siente frustrada. Los niños no están en la escuela. La economía se ha venido abajo. Y a algunos de nosotros no nos gustan otras personas.

“No voy a culpar al COVID, pero es una parte importante de lo que está sucediendo. Las peleas están ocurriendo en plena calle con violencia armada, que es algo perturbador. Algunos tiroteos tienen lugar a plena luz del día. Y estar sin salir de la casa es parte del problema”, dijo Alfredo “Freddy” Ramírez, director de la policía del Condado Miami-Dade. “Por todo el condado, hemos visto un aumento. Hemos estado encerrados durante nueve meses. Nuestro estilo de vida ha cambiado. Y siempre hay un momento crítico”.

Para los que han debido sufrir la violencia armada, las razones no sirven de mucho. Han perdido para siempre a sus seres queridos. La madre de Alana, Shanlavie “Niecey” Drayton, dijo que los días festivos particularmente duros de soportar, y que el hermano mellizo de Alana, Aaden, aunque está recibiendo ayuda, sigue confundido sobre lo que pasó.

“Es peor en las fiestas. No se sienten normales. Mi niña solo tenía siete años. ¿Cómo se supone que debo enfrentar su muerte?”, preguntó Drayton. “El hermano de Alana estaba acostumbrado a estar con ella. Ahora está en terapia y recibiendo mucho amor”.

Pero no se trata solo de las muertes a tiros. El número de personas que han sido baleadas, pero han sobrevivido también aumentó. Hasta el 7 de diciembre, en secciones no incorporadas de Miami-Dade, con casi 1.2 millones de habitantes, 311 personas han resultado heridas por armas de fuego, un aumento de 16 por ciento con relación al año anterior.

“Está ocurriendo en todas las ciudades y al mismo tiempo”, dijo Alex Piquera, director del Departamento de Sociología de la Universidad de Miami (UM) que estudia las tendencias de los diversos tipos de delito. “Aislar una sola cosa como causante es imposible. Nunca he visto nada igual. Los incidentes con armas y la venta de drogas no se han terminado, pero ahora se agrega el estrés que produce la ansiedad y que la policía no está patrullando las calles como lo hacía antes. Los niños están en la casa o en la calle, sin ir a clase”.

La mayor parte de las balaceras en secciones no incorporadas de Miami-Dade han ocurrido en el norte o el sur del condado. La sección más al sur de las áreas no incorporadas del condado ha llevado la peor parte, con 40 muertes a balazos, y 115 personas heridas por armas de fuego, un preocupante aumento con relación a 2019.

El comandante de la policía de Miami-Dade, Shawn Browne, que supervisa el distrito sur, dijo que los jóvenes han sufrido, en parte, ya que el condado se vio obligada a reducir la fuerza policial en la comunidad cuando la pandemia se desató en marzo. Browne agregó que aunque el departamento ha desplegado más policías en el área, un programa de consejería juvenil en el que la policía pasaba tiempo con adolescentes con problemas básicamente se ha detenido.

VICTIMAS JOVENES

El saldo de la violencia ha sido particularmente devastador entre la juventud. El Departamento de Medicina Forense reportó 62 homicidios de personas menores de 21 años. Además de Alana, varios niños han muerto en casos de violencia.

Entre ellos están Alejandro Ripley, un niño de nueve años, autista que se ahogó cuando, según la policía, su madre lo lanzó a un canal del oeste de Miami-Dade; Hezekiah Mucherson, de siete años, que murió baleada junto a su padre en Miami Gardens; y la recién nacida Ke’lani Brown, que falleció después que su madre fue baleada en la cabeza en el noroeste de Miami-Dade.

Otro recién nacido, Andrew Caballeiro, se cree que está muerto después que su padre mató a tres familiares en el suroeste de Miami-Dade en enero, y luego se suicidó tras haber escapado hasta una zona al norte de Tampa. La policía buscó afanosamente al niño en áreas rurales del suroeste de la Florida, pero su cadáver no se encontró nunca.

Los disparos accidentales entre jóvenes también han provocado tragedias. Por lo menos tres adolescentes de Miami-Dade murieron baleados en incidentes separados en los que las víctimas jugaban con armas de fuego. En otro incidente en el sur del condado, dos adolescentes y un niño de nueve años resultaron baleados en un incidente que la policía calificó también como un accidente.

En una reunión que tuvo lugar hace algunas semanas en el Departamento de Policía del Condado Miami-Dade para discutir y enfrentar el aumento en incidentes con armas, las autoridades afirmaron que el aumento de la violencia ha tenido poco que ver con peleas por drogas. Como lo ocurrido en abril con la muerte a tiros de la estudiante de secundaria Andrea Camps, baleada cerca de una casa en la calle 270 y la avenida 127 del suroeste. Andrea y su novio acudieron a una cita, dijo la policía, tras una conversación en las redes sociales con alguien que decía vender zapatos. El novio de la jovencita, que también fue herido de bala, sobrevivió.

“No son las drogas”, dijo el comandante de la policía de Miami-Dade Jorge Aguilar. “En ocasiones, se trata de venganzas por algo tan simple como una pelea en las redes sociales”.

Sin embargo, muchas veces, los motivos para la violencia no resultan muy claros para la policía.

A finales de mayo, un equipo electrónico de detección llamó a Shot Spotter que se encarga de detectar balaceras, y grabó lo que parecía una zona de guerra: 34 disparos dentro de una pequeña tienda ubicada en la cuadra 2600 de la calle 95 del noroeste. En las imágenes de vigilancia aparecieron un grupo de hombres hablando durante una hora dentro de la tienda. Momentos después, cuando dos de los hombres se dirigían a un Nissan Maxima, una frenética batalla campal a tiros se desató. Por lo menos cuatro hombres dispararon sus armas, y cuatro salieron heridos.

Los investigadores siguen sin saber que fue exactamente lo que provocó el tiroteo. Un hombre fue acusado de intento de homicidio: Lawrence Miles-Trice, de 34 años, que después llegó herido de bala al Hospital Jackson Memorial.

EN LA CASA

En otros casos, permanecer en la casa un día tras otro durante la pandemia ha provocado serias confrontaciones.

El mes pasado, un hombre llamado Anthony Arias trató de entrar en una casa del oeste Miami-Dade, mientras un adolescente estaba tomando una clase por internet. El estudiante llamó a su padre que resultó ser un policía de Miami fuera de servicio, y cuando regresó, encontró en la cochera al hombre armado con un destornillador, y le disparó, dándole muerte.

También ocurrió el caso de Carthoris Jenkins, que hace tres semanas estaba en su casa del norte de Miami-Dade jugando videojuegos cuando un hombre trató de entrar, y en lugar de llamar al 911, dijeron los detectives a cargo del caso, Jenkins persiguió al hombre por la calle y le disparó tres veces a quemarropa. Mientras desde el suelo, el hombre le rogaba que no matara Jenkins, que argumentó en la corte que él era la víctima, está en espera de juicio por intento de homicidio.

La policía de Miami-Dade, que investiga los homicidios en secciones no incorporadas del condado, así como un sinnúmero de pequeñas ciudades, es el departamento que ha registrado el mayor en casos de homicidio: 147 hasta el 24 de diciembre, una subida con relación al año pasado, donde se reportaron 129.

Ciudad por ciudad, los números fluctúan.

Hasta el 18 de diciembre de este año, según cifras dadas por la policía de Miami, la ciudad ha tenido 62 homicidios, 47 de ellos como resultados de balaceras. Hasta la misma fecha en el 2019, el numero total de homicidios en la ciudad, alcanzó los 48.

Miami, la municipalidad más poblada del condado, también registró 130 homicidios en lo que va de este año, mientras el año pasado tuvo 125.

El jefe de la policía de Miami Jorge Colina atribuyó el aumento a una serie de factores que incluyen un uso menor de compañeros federales en áreas plagadas de delitos, además de la reducción de programas comunitarios, ya que la policía se vio obligada a trabajar en labores relacionadas con la pandemia del COVID-19.

“Las investigaciones a largo plazo de delitos han debido limitarse. Y nuestros equipos encargados de solucionar problemas de delitos pasaron los primeros tres meses de la pandemia lidiando con las protestas”, dijo Colina.

Los homicidios in Miami Gardens disminuyeron de 26 en 2019 a 18 hasta el 21 de diciembre de este año, en tanto Miami Beach ha experimentado una disminución en general en los delitos graves como homicidio, violación y agresión con agravantes de un 29 por ciento.

Richard Clements, jefe de la policía de Miami Beach, atribuyó la caída de los delitos graves a que en la ciudad hay menos turistas, a los toques de quedas, y a que el departamento “ha identificado las tendencias de los delitos y ha relocalizado a los agentes en áreas claves”. Hasta el jueves pasado, la Playa había registrado solo cuatro homicidios, contra los seis que tuvo en el 2019.

“Estas medidas, junto a que hay menos turistas y las órdenes de emergencia como el toque de queda a partir de la medianoche debido a la pandemia, han contribuido a la reducción en los delitos”, dijo Clements.

LA TENDENCIA NACIONAL ES PEOR

El aumento en muertes a tiros en Miami y Miami-Dade echa por tierra una tendencia de dos décadas donde la tasa de homicidios alcanzó cifras bajas históricas. Aunque las cifras de delitos graves en el área han aumentado de forma notable, todavía siguen muy por debajo de las escalofriantes tasas que han reportado 51 grandes ciudades del país que han subido un promedio de 36 por ciento, de acuerdo con un estudio reciente del criminalista Jeff Asher.

El estudio de Asher, que se terminó en septiembre, y se publicó en el New York Times determinó que la tasa de homicidios en St. Louis podría aumentar este año hasta un 90 por ciento, mientras se pronostica que en otras ciudades como Baltimore, Detroit y New Orleans casi se duplicaría.

Otra razón para el incremento en muertes a tiros y en homicidios en general, dijo la policía, es que la venta de armas se ha disparado. En noviembre , la Fundación Nacional de Deportes de Tiros dijo que se estimaba que la venta de armas eclipsaría con facilidad el récord de 15.7 millones de armas que se vendieron en el 2016. Los que encabezan las compras, según la fundación, son los que compran un arma por primera vez, sobre todo entre afroamericanos y mujeres.

No es extraño que la venta de armas aumente en un año electoral cuando un demócrata gana la presidencia y la ciudadanía teme que le quiten las armas. Pero si a ello se añade que los residentes han estado encerrados en la casa largos meses debido a la pandemia, y que hay muchas personas asustadas por las violentas protestas de este año, no sorprende mucho que la venta de armas haya alcanzando cifras altísimas.

“Niecey” Drayton, que perdió a su pequeña hija en una balacera a principios de este año, dijo que hay demasiadas armas en poder de los jóvenes.

“No tienen nada mejor que hacer”, dijo Drayton. “Cuando éramos jóvenes, teníamos programas de verano. Pero ahora los muchachos andan por la calle, haciendo lo que quieren”.

Traducción de Jorge Posada

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de diciembre de 2020, 5:27 a. m. with the headline "Los homicidios aumentaron alarmantemente en Miami-Dade en 2020, un año marcado por la pandemia."

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