Policía de Bal Harbour operaba un sistema de lavar dinero
Para el departamento de policía de una pequeña comunidad de condominios costeros y elegantes boutiques, el plan era ambicioso: una operación encubierta para enfrentarse a algunas de las organizaciones de narcotráfico más peligrosas de la nación.
Necesitada de un asociado, la policía de Bal Harbour recurrió a una agencia del otro lado del estado, al borde de los Everglades: el Departamento de Policía del Condado Glades.
Haciéndose pasar por blanqueadores de dinero, las dos agencias se convirtieron en aliados inusuales, creando un equipo de trabajo que recibió más de $55.6 millones de carteles de la droga y otros grupos criminales, mientras viajaban por todo el país en docenas de vuelos en asientos de primera clase y de negocios, y se alojaban con frecuencia en hoteles de lujo.
Para cuando fue disuelto a fines del 2012, el Equipo de Trabajo de los Tres Condados (Tri-County Task Force) no había hecho ni un solo arresto o confiscación de cargamentos de drogas de importancia, dejando que agentes federales cumplieran con esos deberes.
Para hacer su papel, la policía lavó el dinero a través de cientos de cuentas de banco –quedándose con por lo menos $1.7 millones por haber hecho esos arreglos– y luego devolvieron el resto a los mismos grupos criminales que venden drogas en las ciudades de EEUU.
Tres años después del fin del equipo de trabajo, documentos confidenciales muestran que los agentes retiraron cientos de miles de dólares en efectivo sin dejar trazo alguno de dónde iba el dinero.
“Eran como ladrones de banco con chapas de policía”, dijo Dennis Fitzgerald, abogado y ex agente de la Administración para el Control de Drogas (DEA) que dio clases de tácticas de trabajo encubierto en el Departamento de Estado de EEUU. “No tenían objetivo policial. El objetivo era hacer dinero”.
Durante casi tres años, los agentes encubiertos y sus informantes –algunos de los cuales usaban identidades falsas– hicieron negocios con las organizaciones de la droga, cobrándoles comisiones para lavar su dinero en lo que se convirtió en la mayor operación encubierta en el estado en décadas, según los documentos.
Entretanto, el equipo de trabajo gastó decenas de miles de viajes a Las Vegas y San Juan, y compró artículos costosos como computadoras de Apple y armas semiautomáticas FN P90.
El equipo de trabajo de 12 miembros atrajo la atención del Departamento de Justicia hace tres años, en una investigación que concluyó que Bal Harbour había gastado indebidamente dinero de confiscación de autos y efectivo para pagar los sueldos de la policía, lo cual llevó a la renuncia del jefe de la policía Tom Hunker en el 2013.
Pero una investigación llevada a cabo por el Miami Herald concluyó que los agentes gastaron mucho más dinero durante la operación encubierta de una fuente de fondos muy distinta que nunca fue examinada por investigadores federales.
Dos meses después de que el Herald comenzara su pesquisa, Bal Harbour ordenó la primera auditoría de los millones que fluyeron en cuentas encubiertas del SunTrust Bank de Bal Harbour durante la operación de lavado de dinero entre el 2010 y el 2012.
Dinero en la mesa
Mark Overton, veterano oficial de la policía de Miami contratado como jefe de policía de Bal Harbour el año pasado, dijo que los auditores están todavía tratando de rastrear el dinero colocado en cuentas del banco a apenas una cuadra de la jefatura de policía. El total que se ha recuperado: $245,000.
Según las leyes estatales, a la policía se le permite montar operaciones encubiertas para combatir el azote de las drogas y el lavado de dinero en la Florida. En su papel, a la policía se le permite incluso cobrar una comisión a los grupos criminales, como cualquier blanqueador de dinero, y conservar el dinero como prueba.
Pero, durante toda la operación, los agentes convirtieron la unidad encubierta en un cajero automático sin controles para su fuerza de choque y sus informantes, y prestaron escasa atención a la necesidad de hacer sus propios arrestos mientras cobraban dinero de droga en lugares tan lejanos como San Juan y Nueva York.
El Miami Herald obtuvo un acceso sin precedentes a los archivos confidenciales de la investigación encubierta, y pudo revisar miles de documentos, incluyendo reportes de recogida de efectivo, correos electrónicos, informes de la DEA, estados de cuenta del banco y transferencias bancarias de millones de dólares. La pesquisa concluyó que:
▪ La policía sacaba efectivo como cosa de rutina –por miles– por un total de $1.3 millones, de cuentas de banco encubiertas, pero hasta el momento no existen documentos que muestren dónde se gastó ese dinero. “En todos los años que llevo en la policía, nunca he visto nada así”, dijo Overton, el nuevo jefe.
▪ Agentes de Bal Harbour afirman que no pueden encontrar los recibos de cientos de miles de dólares en gastos, incluyendo estancias en hoteles de cinco estrellas, cenas que llegaron a los $1,000 y montones de compras tales como laptops, iPads, contadores electrónicos de dinero, envíos de flores y hasta música y películas bajadas en iTunes.
▪ Mientras se hacían pasar por blanqueadores de dinero, los policías entregaron casi $20 millones a negocios en Miami-Dade para lavar el dinero para grupos de narcotráfico –recogiendo pruebas críticas contra los dueños de los negocios– pero no tomaron medida alguna en contra de ellos. Años después, los negocios continúan abiertos, y agentes federales todavía sospechan de algunos de ellos que están lavando dinero para los carteles.
Además de las conclusiones del Herald, los auditores contratados por Bal Harbour han encontrado aún más transacciones que han suscitado cuestionamientos preocupados entre los administradores de la villa, llevándolos a ampliar el ámbito de su propia investigación.
Tras recibir acceso a resmas de documentos bancarios, los auditores descubrieron que el equipo de trabajo recibió millones de dólares más de lo que reportó, posiblemente para hacer negocios adicionales de lavado de dinero con redes criminales, de acuerdo con fuentes confidenciales.
Hasta el momento, los investigadores han encontrado depósitos por un total de $28 millones en SunTrust que no aparecen en ninguna parte de los registros hechos por la policía. Ya la cantidad de dinero en sí misma “es chocante”, dijo Overton, debido a que la policía tiene la obligación de marcar sumas tan elevadas.
Overton, de 52 años, no quiso dar detalles sobre la auditoría, pero dijo que estaba “encontrando más preguntas que respuestas. El hecho de que no haya documentación hace muy difícil responder cualquier pregunta”.
Durante más de un cuarto de siglo, la policía local ha llevado a cabo operaciones encubiertas de lavado de dinero para ganarse la confianza de los criminales, por lo general bajo la dirección de la fiscalía con ayuda de la DEA.
Aunque el Equipo de Trabajo de los Tres Condados trabajaba con la DEA, la unidad no era supervisada por la fiscalía, ni tampoco operaban con controles financieros estrictos, incluyendo auditorias anuales.
En el 2012, altos líderes de la DEA ordenaron a la unidad que pidiera un permiso especial de la fiscalía estatal antes de que sus policías encubiertos siguieran viajando fuera de la Florida para llevar a cabo negocios con grupos criminales con ayuda de agentes federales, de acuerdo con correos electrónicos obtenidos por el Herald.
Pero el equipo de trabajo continuó recogiendo millones de dólares en dinero de la droga sin permiso, viajando a ciudades como Chicago y Nueva York y encontrándose con los mensajeros que traían el dinero en barrios tranquilos y estacionamientos de pequeños centros comerciales, según muestran los archivos del equipo de trabajo.
Un veterano abogado criminal de Miami dijo que el Departamento de Justicia debió haber cuestionado mucho antes por qué un equipo de trabajo de dos comunidades sin problemas de lavado de dinero andaba viajando por todo el país cobrando dinero a carteles de la droga. En el 2012, el año final del equipo de trabajo, Bal Harbour reportó un solo delito violento –un asalto con agravantes– en la villa de 2,500 habitantes.
“Bal Harbour es un hermoso poblado en el que no hay absolutamente delito alguno, ¿y ellos están investigando lavado de dinero?”, dijo Robert Amsel. “Ni siquiera estoy seguro de que necesiten un departamento de policía. ¿Para que necesitan ellos ametralladoras? Es inconcebible”.
Defender el objetivo
Hunker, de 64 años, un veterano oficial de la policía que pasó años como agente de narcóticos en Miami Beach, dijo que los millones en negocios hechos por sus agentes con grupos criminales fueron todos documentados adecuadamente, y el dinero desglosado en los registros.
Como ex jefe de la policía de Bal Harbour, él dijo que no se involucraba en las decisiones cotidianas de la unidad, pero sus agentes siguieron una rutina: rastrear el dinero.
Hunker puso en tela de juicio las conclusiones de que el equipo de trabajo hubiera recaudado $28 millones adicionales. “Eso no es posible”, dijo. “Yo sé cuáles son las cifras”.
En lo que se refiere a que el equipo de trabajo no hiciera ningún arresto, Hunker dijo que el objetivo era infiltrar las redes de narcotráfico por medio de hacerse pasar por blanqueadores de dinero –una táctica clásica del trabajo encubierto– y luego pasar la inteligencia a los agentes federales.
Dijo que Bal Harbour se había involucrado en la operación “porque teníamos a los chivatos”, refiriéndose a los informantes con los que había trabajado durante años que tenían lazos con grupos delictivos. “Es parecido a Crime Stoppers. Si usted recibe información sobre un asesinato en Chicago, usted llama a la policía y se lo dice, ¿no?”
Hunker, quien dirigió el grupo IMPACT del sur de la Florida –otra unidad de trabajo encubierto– Hunker dijo que la información que sus agentes pasaban a los agentes federales cuando recogían dinero de la droga en otras ciudades condujo a numerosos arrestos y la confiscación de grandes cantidades de heroína y cocaína. Un informe del equipo de trabajo en el 2012 aseguraba que los arrestos pasaban de 200.
“Nosotros no hacemos esto nada más por el dinero”, dijo Hunker. “Estamos haciendo eso porque es una manera alternativa de detener el narcotráfico”.
Sin embargo, agentes en la jefatura de la DEA afirmaron que no podían confirmar las cifras de los arrestos ni las confiscaciones de drogas que se hicieron como consecuencia de reportes del Equipo de Trabajo de los Tres Condados, el cual, a pesar de su nombre, nunca estuvo compuesto por agentes de más de dos condados.
“Hubo arrestos, eso lo podemos decir, pero no hay forma alguna de que podamos validar esas cifras. No tenemos idea de qué están usando ellos como base para esas cifras”, dijo Rusty Payne, portavoz de la DEA.
El equipo de trabajo no documentó los nombres de las 200 personas que fueron arrestadas.
Un ex supervisor de la DEA dijo que el equipo de trabajo ayudó a su equipo con casos que terminaron en arrestos y redadas por drogas y dinero en Atlanta. “Ellos venían a vernos y decían: tenemos esta oportunidad, hay un blanco que está operando en el área de ustedes. Entonces nosotros evaluábamos ese blanco”, dijo Richard Crock, quien está ahora retirado de la agencia.
El dijo que no recordaba el número de arrestos y que ya no tiene acceso a los archivos, pero afirmó que sus agentes consiguieron “resultados significativos” gracias a los policías de la Florida.
El Equipo de Trabajo de los Tres Condados fue creado en un momento en que las agencias policiales de toda Florida buscaban un modo de mejorar sus presupuestos durante uno de los períodos económicos más difíciles del estado. La crisis del mercado de bienes raíces afectó el valor de las propiedades, provocando el derrumbe del precio de la vivienda en casi todos los condados.
Como Hunker y Tommy O’Keefe, ex policía de Miami-Dade que trabajaba en el Condado Glades, se conocían, ambas partes acordaron crear una investigación para tener acceso a un programa llamado Distribución Equitativa (Equitable Sharing). Según este plan, las agencias locales de policía pueden reclamar propiedades confiscadas –dinero, autos, barcos– en los tribunales federales y luego compartir fondos con el Departamento de Justicia.
Hunker había pasado años cultivando lazos con informantes confidenciales que podían entrar en la red de los carteles de la droga.
Para Glades, uno de los condados más pobres de la Florida, la razón de participar fue sencilla: ellos necesitaban el dinero. “Teníamos que encontrar una fuente de ingresos”, dijo Duane Pottorff, jefe de las autoridades de Glades. “Eso nos permitió contar con recursos que normalmente no podíamos tener”.
Con sólo 18 agentes, Glades tenía un personal limitado que dedicar al equipo de trabajo, pero acordaron jugar un papel crítico: el jefe de la policía Stuart Whiddon tenía el poder, bajo las leyes de la Florida, de juramentar personas fuera de su agencia.
Por medio de juramentar a dos agentes retirados que vivían en Nueva York, Paul Christensen y Fidel Devivo, el equipo de trabajo pudo traer nuevos casos del norte, donde los carteles de la droga mexicano estaban haciendo millones.
Fitzgerald, el ex agente de la DEA que escribió un libro de texto sobre las operaciones encubiertas, dijo que la decisión de juramentar personas en zonas tan lejanas había sido motivada por un modelo policial basado en la generación de ingresos. Ninguno de los dos agentes había trabajado jamás en la Florida. “Sólo lo hicieron por el dinero”, dijo. Christensen y Devivo no pudieron ser contactados. Whiddon se negó a ser entrevistado.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de junio de 2015, 10:08 p. m. with the headline "Policía de Bal Harbour operaba un sistema de lavar dinero."