Policía de Bal Harbour: Servir, proteger y enriquecerse
Poco después de que se formara el equipo de trabajo de la policía de Bal Harbour para confiscar activos relacionados con las drogas, ellos instalaron su sede en un tráiler beige con ventanas polarizadas al frente de las oficinas de la villa de Bal Harbour, y, en cuestión de días, sus miembros empezaron a ponerse en contacto con grupos criminales en una serie de negocios que pronto rivalizarían con cualquier operación encubierta del país en cuanto a la cantidad de dinero que traían.
Una revista de los archivos confidenciales del equipo de trabajo, sus instrucciones de transferencias bancarias y sus correos electrónicos muestra que la unidad estaba haciendo dos negocios por semana como promedio, y a veces viajando a dos estados distintos en el mismo día.
El primero tuvo lugar en febrero del 2010 en Houston, donde dos sargentos recogieron una maleta roja llena de efectivo — $460,458 — con la ayuda de agentes de la DEA, y luego volaron de regreso a Bal Harbour con el dinero.
Tras regresar al tráiler, ellos llevaron a cabo lo que se convertiría en un ritual: contar y fotografiar los fajos de dinero, y luego llevarlos al SunTrust cercano, donde la policía abrió cuentas bajo nombres de compañías fachada.
Una semana después, la próxima recogida fue en San Juan — un contenedor con $499,860 — y luego otra cinco días después en Houston por cientos de miles. En casi todos los negocios, la policía se reservó su parte — alrededor del 3 por ciento — en un fondo común que pronto alcanzaría cientos de miles de dólares.
El dinero venía en variados receptáculos, incluyendo una caja de regalo de Gucci, una camiseta de los Bears de Chicago, una caja de tortillas y una mochila JanSport. En un barrio sombreado de árboles en Queens, N.Y., en el 2010, los agentes recogieron $152,740 entregados por una mujer que empujaba un cochecito de niño, según documentos.
Después de cada recogida, el equipo de trabajo recibía asimismo instrucciones de corredores de dinero que colaboraban con los grupos criminales acerca de dónde enviar el dinero de la droga para lavarlo.
Cientos de veces, las órdenes eran de transferir el dinero a las cuentas de banco de empresas de exportación y tiendas de Miami, algunos de los cuales ayudaban en secreto a esconder el dinero de la droga, según muestran documentos y entrevistas.
Aunque los agentes estaban documentando algunos de sus negocios, otra tendencia empezó a desarrollarse entre ellos que sólo fue descubierta recientemente por auditores.
Durante meses, los agentes iban de una ciudad a otra para recoger dinero en negocios de lavado de dinero, pero no reportaban el dinero que entraba. Al menos 30 veces, ellos depositaron cientos de miles de dólares en el banco e incluso transfirieron el dinero a empresas para lavarlo, según fuentes.
En los primeros tres meses del 2012, los agentes movieron $1.1 millones a bancos y empresas para ocultar el dinero de la para los grupos criminales, pero nunca documentaron sus actos.
Ellos volvieron a hacerlo de junio a agosto del mismo año: viajes por todo el país, según la documentación de los viajes, seguidos por enormes sumas de dinero depositadas en sus cuentas de SunTrust en negocios que pasaron de $1.4 millones.
El equipo de trabajo afirma que ellos llevaron a cabo 235 negocios con carteles de la droga durante los tres años en que operaron, pero los auditores han encontrado docenas de casos más que nunca fueron reportados, por un total de $28 millones, según fuentes confidenciales.
La documentación es uno de los deberes más esenciales de un equipo de trabajo, porque los agentes cuentan con el poder de violar las leyes y lavar dinero a través de bancos de EEUU para capturar a criminales, dijeron ex agentes de la DEA. El asunto más grave podría ser cuánto conservaron los agentes como su comisión. En un 3 por ciento del total, la cifra pudo haber sido de cientos de miles de dólares.
“Es lo peor que he escuchado en toda mi carrera”, dijo Michael Levine, ex agente de la DEA que llevó a cabo investigaciones de asuntos internos para la misma. :Hay que documentar cada dólar. Cada correo electrónico. Cada llamada. Es indignante”.
Al aumentar el número de recogidas, también aumentaron los gastos de una unidad que pasaba la mayor parte del tiempo viajando fuera de la Florida, según los archivos.
En lugar de recurrir a los presupuestos de la policía para pagar por la operación, el equipo de trabajo recurrió al dinero de la droga, evidencia que sólo podía ser usada a través de una orden judicial, según expertos legales.
Sin aprobación judicial, los agentes pagaron por sus pasajes de avión, hoteles, comidas y autos de alquiler con las comisiones cobradas por el equipo de trabajo a cambio de lavar el dinero.
Ellos volaron casi 40 veces en primera clase o en clase de negocios. Se hospedaron en lugares como el Bellagio en Las Vegas y el Rincón Beach Resort en Puerto Rico, gastando decenas de miles de dólares en los viajes. Ellos cenaron en restaurantes como Morton’s en North Miami Beach y Chop House en Chicago.
Los agentes viajaron a Las Vegas a pasar un entrenamiento en el 2010, se hospedaron en el Mandalay Bay Resort & Casino, gastaron $9,410 en gastos de hotel, y en su ciudad gastaron $2,094 en diversas estancias en el One Bal Harbour, que ahora es un Ritz-Carlton. Ellos gastaron $25,000 en armas y $100,000 en laptops y otros equipos electrónicos.
Además, empezaron a retiran grandes sumas de efectivo del banco, al menos una docena de veces, sin llenar documento alguno para mostrar cómo se iba a gastar el dinero. En total, el Herald concluyó que los agentes extrajeron $547,000. Además, los auditores han encontrado más fondos retirados: $800,000, sin documentación que los respalde.
“Me hubieran mandado a la cárcel”, dijo Bill Gately, ex agente de Aduanas de EEUU que supervisó las mayores operaciones encubiertas en la historia de su agencia. “Cada centavo que generamos fue aprobado por auditores. Eso no se puede gastar así como así”.
A fines del 2011, los miembros del equipo de trabajo estaban llevando a cabo grandes negocios, en ocasiones varios por semana.
Los agentes descubrieron que tenían que moverse rápido o los criminales recurrirían a otros para lavar el dinero. “Las cosas se movían muy rápido. Ellos estaban pasando de negocitos por centavos a negocios por millones de dólares”, dijo Pottorff, del Condado Glades.
En tres años, las horas adicionales trabajadas por la policía de Bal Harbour se duplicaron, y seis agentes cobraron $558,000 por deberes que incluían recoger el dinero de droga y contarlo en el tráiler, una labor que podía durar horas. En un año, el 2012, el sargento Paul Deitado, líder del equipo de trabajo, alcanzó 933 horas adicionales, aumentando su sueldo regular en un 76 por ciento a $153,394.
A principios del 2010, los agentes empezaron a enviar millones a bancos de ultramar en países como Panamá y China en negocios de lavado de dinero sin alertar a la DEA, lo cual podía poner en peligro a otros agentes que podrían haber estado concentrándose en los mismos blancos, de acuerdo con reportes del Departamento de Justicia.
Hunker, quien denegó esas alegaciones, dijo que el único dinero de que él tenía conocimiento que era enviado al extranjero había sido para pagar a informantes por desviar negocios para ellos, pero que él no estaba al tanto de todas y cada una de las transferencias bancarias. El Herald encontró 138 pagos por un total de casi $7 millones hechos a cuentas de personas y empresas.
Levine, el ex agente de asuntos internos de la DEA, dijo que el equipo de trabajo habría violado las leyes a menos que recibiera permiso del gobierno federal. “Eso podría poner en peligro la vida de un agente encubierto”, dijo. “Eso está en contra de todos los estándares de nuestro entrenamiento”.
Escrutinio independiente
No fue hasta que inspectores del Departamento de Justicia vinieron a Bal Harbour a llevar a cabo una pesquisa de rutina al programa policial de confiscación de propiedades y efectivo que el equipo de trabajo fue sometido al escrutinio de una agencia independiente.
A inicios del 2012, la Oficina del Inspector General empezó a revisar los archivos de la participación de la policía de Bal Harbour en el programa de confiscación que permite a la policía compartir el dinero con el Departamento de Justicia.
Lo que dominó su atención, sin embargo, fueron las actividades de lavado de dinero. Dos veces, el agente Matthew McCloskey trató de investigar la operación, e incluso llegó a cuestionar el derecho legal de un equipo de trabajo a trabajar fuera de la Florida. Pero, durante varios meses, él no consiguió que le respondieran preguntas clave, según correos electrónicos.
“La cuestión esencial que nunca fue respondida fue el número de transacciones de lavado de dinero”, escribió ese verano McCloskey en un correo electrónico enviado el 10 de agosto a Deitado, el líder del equipo. Una pregunta anterior hecha por él a Deitado fue: “¿Qué autorización ha recibido Bal Harbour para lavar dinero de droga?”
Debido a estas preocupaciones, la DEA impuso una nueva regla: Brian M. McKnight, el jefe de operaciones financieras, dijo que el equipo de trabajo necesitaría ahora una carta firmada por la fiscalía estatal de Miami-Dade o la oficina del procurador general del estado para seguir recogiendo dinero de droga con la ayuda de la DEA, de acuerdo con un correo electrónico del 14 de septiembre del 2012.
No obstante, ese permiso no fue dado nunca, afirmaron portavoces de ambas oficinas.
Con millones de dólares en juego, el jefe de policía Hunker recurrió a Amos Rojas Jr., supervisor de la fiscalía estatal de Miami-Dade. “Amos”, escribió cinco días después de que se impusiera la nueva regla, “¡Déjame saber qué se puede hacer!”
Pero no está claro qué medida tomó Rojas, si es que tomó alguna, para ayudar al Equipo de Trabajo de los Tres Condados. Rojas, ahora policía federal del sur de la Florida, no quiso ser entrevistado.
Dos días después de que Hunker envió el correo electrónico, el equipo de trabajo voló a Chicago para recoger otra suma — $99,030 — con la ayuda de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos y el Departamento de Policía del Condado Cook.
Todavía sin aprobación, los agentes regresaron en Nueva York en octubre para recoger $498,000 con ayuda de agentes de la DEA, según los archivos. Antes de que terminara el mes, los agentes regresaron en Nueva York otras cinco veces para recoger casi $700,000.
Rusty Payne, portavoz de la DEA, dijo que miembros de su agencia trabajaron con el equipo de trabajo para terminar “las investigaciones que ya estaban en curso” en Nueva York y no podían ser abandonadas hasta que se terminaran esos casos. Mia Ro, portavoz de la oficina de la DEA de Miami DEA, dijo que su oficina dejó de trabajar con el equipo de trabajo en septiembre del 2012, cuando ellos no le entregaron una carta de la fiscalía estatal.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de junio de 2015, 9:01 p. m. with the headline "Policía de Bal Harbour: Servir, proteger y enriquecerse."