Sur de la Florida

Su vida giraba en torno a José Fernández, todavía es así cinco años después de su muerte

Maritza Gómez Fernández sostiene una foto de su hijo, José Fernández, ex lanzador as de los Marlins y estrella de la MLB, en la residencia de Fernández en Miami el 15 de septiembre de 2021. José Fernández y otros dos hombres murieron en un accidente náutico el 25 de septiembre de 2016. A medida que se acerca el quinto aniversario de la muerte de José, ella dice: "Todavía se siente tan crudo".
Maritza Gómez Fernández sostiene una foto de su hijo, José Fernández, ex lanzador as de los Marlins y estrella de la MLB, en la residencia de Fernández en Miami el 15 de septiembre de 2021. José Fernández y otros dos hombres murieron en un accidente náutico el 25 de septiembre de 2016. A medida que se acerca el quinto aniversario de la muerte de José, ella dice: "Todavía se siente tan crudo". dvarela@miamiherald.com

Todas las mañanas comienzan de la misma manera para Maritza Gómez Fernández.

Se despierta en su casa de Kendale Lakes y prepara dos tazas pequeñas de café cubano. Una para ella y otra para su difunto hijo José, el ex lanzador estrella de los Marlins, quien murió a los 24 años el 25 de septiembre de 2016, cuando su embarcación se estrelló a alta velocidad contra un rompeolas rocoso frente a Miami Beach alrededor de las 3 a.m.

Lleva su taza con cuidado a un dormitorio que convirtió en un monumento conmemorativo y la coloca junto a una vela encendida incrustada con fotos cariñosas de los dos, José mostrando su contagiosa sonrisa. La vela dice: “Nada es lo mismo sin ti, Delfy” [su apodo].

Cinco largos y tortuosos años. Más de 1,750 días. Más de 1,750 tazas de café sin tocar y tiradas a la mañana siguiente.

El sábado se cumple el quinto aniversario de aquel espeluznante día, cuando Maritza recibió la llamada de la Policía a las 6:15 a.m.: José y otros dos jóvenes perecieron en el accidente. No podía creer lo que estaba escuchando. Seguramente se trataba de un error. Cuando la policía le aseguró que era su hijo, su único hijo, el que habían encontrado, no dejaba de gritar.

Su madre, quien había llegado de Cuba unos días antes para una visita, se despertó y sostuvo a su afligida hija en sus brazos.

Maritza y José eran algo más que madre e hijo. Eran inseparables. Su padre no fue parte de su vida desde que era un bebé, así que Maritza era mamá y papá. Navegaron juntos por muchos momentos turbulentos y alegres. Él le debía su vida a ella y ella le debía la suya a él.

Su viaje desde Santa Clara, Cuba, hasta Estados Unidos está bien documentado: José intentó sin éxito desertar tres veces y lo encarcelaron tres veces. En el cuarto intento, en 2007, escapó con su madre. En un momento del viaje, ella se cayó por la borda y José se lanzó tras ella y le salvó la vida. Llegaron a México y luego llegaron a Tampa en 2008.

La mujer admite que lo consintió el resto de su vida, y bromeó con que él tenía un caso grave de “mamitis”. Le preparaba café todas las mañanas. Le lavaba la ropa. Incluso cuando estaba jurando ya de profesional en las Grandes Ligas, le empacaba y desempacaba el equipaje. Acompañó a los Marlins. en muchos de sus viajes La invitaba a ir con él y sus amigos a los clubes nocturnos para que no tuviera que quedarse sola en casa.

Su vida giraba en torno a él, y todavía es así.

“Todo lo que quería hacer era ir al agua, al lugar del accidente, y verlo por mí misma, pero no me dejaron”, dijo Maritza. “Quería verlo, tocarlo. Dijeron que tardarían 48 horas en reconstruirlo. ¿Por qué tanto tiempo? me pregunté. No me di cuenta de cómo había acabado su cuerpo. Cuando finalmente llegué y lo vi... [empieza a llorar]... Ese no era él. Ese no era mi Delfinsito. Así que, tal y como yo lo veo, mi hijo sigue aquí conmigo”.

A las pocas horas del accidente, la noticia se extendió por todo el sur de la Florida y el mundo del béisbol.

“No puedo decir cuánta gente empezó a aparecer en mi casa esa mañana y el número de policías que estuvieron allí”, dijo. “Durante esa primera semana supongo que pasaron por la casa unas 300 personas. Tuvimos que mantener la puerta cerrada para que no entrara la gente”.

Con el paso de las semanas, los meses y los años, los visitantes, las llamadas telefónicas, los correos electrónicos y los mensajes de texto disminuyeron.

“He aprendido mucho en estos cinco años”, dijo Maritza, con los ojos llenos de lágrimas. “He aprendido que cuando estás en la cima todo el mundo quiere estar a tu lado. Cuando caes, por la razón que sea, toda esa gente que creías que estaba a tu lado para apoyarte, de un momento a otro, desaparece.

“Cuando José murió, había todo un mundo de gente a mi alrededor. Mi casa estaba llena. Hoy puedo contar con una mano el número de personas que aún quedan [levantando la mano]. La gente que estaba a mi alrededor entonces no sabe si estoy viva, si no estoy viva, si estoy en Miami, si no estoy en Miami”.

Hizo una pausa para serenarse.

“No es que quiera que todo el mundo sepa todo de mí porque no soy una figura pública, no soy nadie, pero este tiempo me ha enseñado que no puedes abrir las puertas y los brazos a todo el mundo porque al final el tiempo pasa, el mundo sigue, cada uno vuelve a su vida y la gente que estaba cerca de ti ya no lo está..

“Ni siquiera los compañeros de Delfi se han acercado a preguntarme cómo estoy. Ni siquiera un simple mensaje. [Marcell] Ozuna de vez en cuando, pero eso es todo. El peluquero del equipo, Juice [Hugo Tandron], es el único que se mantiene en contacto”.

Todas esas personas que la abrazaron y consolaron hace cinco años no estuvieron allí en marzo de 2018, cuando los nuevos dueños de los Marlins le pidieron que fuera al estadio a buscar cajas con objetos personales del casillero de José, que había sido conservado como un monumento por la anterior dirigencia de los Marlins.

No estuvieron allí en 2019 cuando perdió la casa familiar en una ejecución hipotecaria, sufrió un derrame cerebral y no pudo conducir ni hablar con claridad durante seis meses. No estuvieron allí cuando se resolvieron las demandas por negligencia contra el patrimonio de José presentadas por las familias de las otras dos víctimas, dejándola emocional y financieramente agotada.

Y no están allí cuando se dirige al embarcadero muchas madrugadas, camina desde un estacionamiento, se sube lentamente a las rocas irregulares y llora mientras arroja flores al mar.

Al preguntarle cómo está ahora su salud física y mental, Maritza cruzó la habitación hasta la cocina, abrió un pote de cerámica para guardar galletas y y sacó una gran bolsa de plástico transparente llena de frascos de medicamentos.

“Así es como me las arreglo”, dijo.

“Hay días en los que ni siquiera tengo ganas de respirar o de salir de la cama, en los que me apetece irme y reunirme con mi hijo. Pero no puedo hacerlo por muchas razones. Primero, Penélope. Ella es mi razón de vivir, mi motor, mi fuerza, mi todo. Recuerdo que una semana antes del accidente, iba caminando con José y me dijo: ‘Mami, me vas a ayudar a criar a Penélope’. Nunca olvidaré eso”.

La novia de Fernández, María Arias, estaba embarazada de cuatro meses cuando él murió. Sabía que iba a ser una niña, le compró un pequeño guante de béisbol y eligieron el nombre de Penélope.

La niña cumplirá 5 años en febrero. Aunque no llegó a conocer a su padre, sabe que era jugador de béisbol, que llevaba el número 16 y que su apellido era Fernández.

Según su cariñosa abuela, que le ha enseñado videos de su padre lanzando en YouTube, cuando Penélope ve el número 16 en cualquier sitio, en una señal o en una placa, lo señala y dice “¡Papi!”. Cuando vio una foto de Fernández en un restaurante Flanigan’s, señaló y dijo: “¡Papi!”.

Cuando visita la casa de Maritza, se dirige inmediatamente a un póster de tamaño natural de su padre, lo abraza y luego Maritza la levanta para que pueda besar su mejilla. No sabe cómo murió. Maritza dice que piensa contarle más a Penélope cuando crezca .

Mientras tanto, la ha llevado al embarcadero para que lance flores al agua. Le advierte que tenga cuidado con las rocas, que pueden ser peligrosas y que podría caerse y hacerse daño.

“Se me rompe el corazón cuando Penélope dice: “Quiero darle un abrazo a mi padre. Quiero conocerlo en persona’. Le digo que Papi está jugando al béisbol en el cielo. Es una copia idéntica de su padre, con los ojos azules y esa sonrisa”.

Las paredes de la casa de Maritza están cubiertas de fotos de su hijo y su nieta, a la que llama “mi princesita” y “Delfinsita”.

David Samson, ex presidente de los Marlins, era muy cercano a Fernández. Dijo que habló por mucho tiempo con él sobre la posibilidad de ser padre. Cuando Fernández murió, el ex propietario de los Marlins, Jeffrey Loria, creó un fondo fiduciario para pagar la educación de Penélope. Samson es el fideicomisario del fondo y está en contacto regular con Arias y Penélope.

Arias se negó a ser entrevistada, diciendo que no estaba preparada para hablar públicamente.

Samson dijo que Arias trabaja a tiempo completo, va a la escuela y es “una madre increíble que sabe que su trabajo es dar a Penélope la mejor vida posible. La niña es feliz, pero nunca conocerá a su padre salvo a través de reportajes, fotos e historias”.

Estuvo de acuerdo con lo que Maritza dijo sobre Penélope, que es brillante, llena de personalidad y curiosa.

“Me emociona verla crecer”, dijo Samson. “Lo prometí entonces, y hay mucha gente que hizo muchas promesas y todas han desaparecido porque José ya no es una fuente de dinero. La expectativa era que sería un proveedor para 50 personas para siempre y lo habría sido, pero la verdadera prueba son las personas que siguen ahí cuando no hay dinero, cuando no hay publicidad, solo estás ahí por amor, compasión y cuidado”.

Samson se lamenta que Fernández, que ganó $2.8 millones en su última temporada, declinara una oferta de contrato multianual, que se reportó en torno a los $40 millones, en los meses previos a su regreso de una operación en 2015. Estaba a punto de salir a la agencia libre en 2018 y se imaginó que como uno de los mejores lanzadores del juego valdría mucho más para entonces.

“Cuando se lesionó, tratamos de contratarlo a largo plazo para mantenerlo durante los años de agente libre y ofrecerle a su familia una seguridad financiera permanente, y lo rechazó”, dijo Samson. “Tuve muchas conversaciones con él al respecto y me dijo: ‘Apuesto por mí mismo porque soy así de bueno’. Y era así de bueno”.

El temor de Maritza es que, cuando Penélope tenga edad suficiente para leer, busque en Google el nombre de su padre y encuentre los detalles de la investigación de la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de la Florida y el informe de la autopsia, que encontró alcohol y cocaína en su organismo al momento del accidente. Dice que hay otro lado de la historia que quiere que su nieta conozca.

El abogado de la familia Fernández, Ralph Fernández, sin parentesco pero que fue una figura paterna para José, ha realizado su propia investigación a lo largo de los años e insiste en que fue una investigación a medias y que José no estaba al timón de la embarcación.

“Penélope siempre sabrá quién era su padre y todo lo que se escribió sobre él porque hoy en día no se puede ocultar nada, todo está en Google”, dijo Maritza. “No tengo que decirle `Tu padre habría sido un gran padre’ o `Tu padre era un gran jugador de béisbol’. Ella misma lo leerá y verá todos los comentarios. Pero no quiero que tenga una falsa imagen negativa de su padre. Quiero que lea toda la historia”.

Se ha vuelto cínica con los medios de comunicación porque cree que la parte de la historia de su familia no se cuenta.

“Todo el mundo quiere repetir la historia de nuestra salida de Cuba, mi caída del bote, el rescate de José, su conversión en estrella del béisbol y el accidente. Pero nadie quiere dar a conocer ni hablar de la investigación que hizo Ralph. Trabajó duro durante muchos años, no sé cuántos viajes hizo a Miami, a cuántas personas entrevistó, cuántas horas dedicó a documentar sus hallazgos porque nunca estuvo convencido de que lo que saliera fuera exacto. Quiero que salga a la luz toda la historia”.

Está cansada de las promesas incumplidas.

Se le prometió una Estrella de la Fama fuera del restaurante Versailles. Nunca ocurrió.

Se le prometió el nombramiento de una calle cerca del estadio de los Marlins. Nada.

Se estaba trabajando en una estatua de bronce. Se canceló cuando los Marlins cambiaron de dueños.

Medios de comunicación y cineastas han hablado con ella sobre libros, documentales y películas. Sigue esperando.

La pared del estadio donde los fanáticos escribieron mensajes fue pintada en 2018.

La única señal de Fernández en el Marlins Park es una pequeña placa que no incluye su nombre. Dice “16”, 1992-2016, y una cinta negra.

“Esperaba que al menos retiraran su número, pero en este momento, no me importa la estatua o la estrella o una calle”, dijo Maritza. “Lo que quiero es que la verdad sobre mi hijo salga a la luz y que su imagen sea la que debe ser. Él trajo mucha alegría a esta comunidad, tanto a los jóvenes aficionados como a los ancianos en silla de ruedas. Su legado debería ser más que ese choque”.

Samson coincidió en que Fernández era una figura comunitaria enorme y generosa y que las circunstancias de su muerte no deben significar que se le borre de la historia de los Marlins.

“Es triste porque es necesario contar la historia de José una y otra vez”, dijo Samson. “Estaba embriagado por su libertad. Él y yo tuvimos largas conversaciones sobre la libertad. Siempre decía: ‘Nunca entenderás por lo que he pasado’. Y yo le decía `Tienes razón porque yo nací libre. No tuve que conseguir mi libertad, simplemente la tuve. Nunca conocí otro camino’.

“Es muy importante que la gente entienda la responsabilidad que conlleva la libertad, que la gente entienda la persona que era, tanto la buena como la mala”.

Independientemente de cómo haya muerto, dijo Samson, la historia de Fernández debe ser recordada.

“La historia de José siempre tendrá que incluir cómo murió porque eso forma parte de la historia. Cuando no explicas a la gente lo malo con lo bueno, no hay forma de crecer a partir de eso porque es una fantasía y la gente no puede aspirar a algo que es irreal. No puedes esconderte de lo que pasó y hay una manera de hacerlo de forma positiva porque lo que hizo en vida no debe, ni está, definido por el acto final de conducir ese bote”.

Maritza pidió a los Marlins que le enviaran las grabaciones de todos los actos conmemorativos que se hicieron tuvieron lugar en el estadio y sus alrededores. Todavía no las ha visto.

“Todavía lo siento tan crudo”, dijo. “Tengo recuerdos de él quitándose los zapatos y saltando a la piscina todo sudado, jugando dominó, cubilete y Monopoly. Me ha costado mucho tiempo aceptar que realmente se ha ido”.

Al acercarse el quinto aniversario del fallecimiento, la gente le ha preguntado qué hará para conmemorar la ocasión.

“Lo mismo que hago siempre: salir a las rocas por la mañana temprano, tirar flores al agua, llorar.

“Para mí, los aniversarios y las fechas no son importantes. El 25 de septiembre no es significativo. Tampoco lo es el 31 de julio, su cumpleaños. O el 4 de septiembre, que es mi cumpleaños, el último que celebró conmigo. ¿Acción de Gracias? ¿Qué tengo que celebrar? ¿Navidad? Para mí, todos los días son iguales. No es que me vaya a acordar más de él el 25 de septiembre. Es cuando el público se acuerda de él. Lo extraño todos los días”.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de septiembre de 2021, 3:39 p. m. with the headline "Su vida giraba en torno a José Fernández, todavía es así cinco años después de su muerte."

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