Sur de la Florida

Wish Book: Esta abuela está criando a dos nietos. Le vendría bien una ayuda en las fiestas

Amparo González comienza cada día a las 7 a.m. preparando un café cubano en su casa rosada y descolorida, en una esquina olvidada de Homestead. Luego atiende a su nieta Annalis, de 18 años, recién graduada del Centro Educativo Robert Morgan, y a su nieto Royce, de tres años.

González, de 61 años, ayudó a criar a sus nietos desde que nacieron y se convirtió en su principal cuidadora después de que su madre muriera a finales de 2018. Discapacitada desde principios de los 2000 debido a ansiedad crónica, González se dedicó a su familia. Planeaba jubilarse para visitar a su padre y hermanos que vivían cerca, pero ahora tuvo que dedicarse a criar a sus nietos lo mejor posible.

González se ocupa de las necesidades de su nieta, que son las de un adulto joven. Añadió a Annalis al seguro de su coche –aunque el precio subió casi $200 al mes, dijo– y le proporcionó apoyo para las solicitudes universitarias y los formularios financieros. Su nieta pronto comenzará las clases de administración de empresas en el campus de Homestead del Miami Dade College.

Royce, en cambio, requiere casi toda su atención. Hace un año, González llevó a su nieto al pediatra. Le preocupaba que su nieto no hablara, le jalara la falda cuando necesitaba algo y anduviera de puntitas por la casa. El pediatra le dijo a González que Royce podría ser autista. Más tarde, un especialista confirmó el diagnóstico.

La familia acudió a la Association for Retarded Citizens South Florida en busca de ayuda. González inscribió a Royce en terapia del habla, física y ocupacional. Acude al programa de guardería de la agencia durante cinco horas todos los días de la semana.

En ese tiempo, la directora ejecutiva de la asociación, María Barros, y su personal se enteraron de la vida de González. Admirando su dedicación y resistencia, Barros y su personal propusieron a González para que el Wish Book cumpliera algunos de sus deseos para estas fiestas.

“La abuela tiene muchos problemas médicos. Ella misma padece depresión, diabetes e hipertensión. Aquí está ella, con todos estos problemas, con depresión por haber perdido a su hija y empezar de nuevo”, dijo Barros. “Se hace a un lado y quiere ayudar a su nieto”.

Cumple un deseo. Haz la diferencia

Cómo ayudar: Wish Book está tratando de ayudar a esta familia y a cientos de personas con necesidades este año. Para donar, puede hacerlo de manera segura aquí.

Con $2,500, González podría satisfacer algunas necesidades: un refrigerador nuevo, una cama individual con ropa de cama para Royce –”está creciendo mucho para su cuna”, dijo González– y las facturas de Florida Power & Light y del seguro del coche.

González recibe ayuda económica del Seguro Social, ya que no puede trabajar debido a su ansiedad y depresión crónicas. Si bien puede proveer lo básico, es un desafío costear las exigencias de su joven familia y los crecientes gastos, como la factura de la luz.

González ha vivido una vida de altas y bajas, empezando por su crianza en el suburbio habanero de Lawton. A 20 minutos en coche del Capitolio nacional y del Malecón, las inclinadas calles de Lawton están en su mayoría bordeadas de casas unifamiliares y árboles. Durante su juventud González, la mayor de siete hermanos, dijo que el barrio tenía unos 5,000 habitantes. Los residentes de esta ciudad de tamaño medio se reunían a menudo durante las fiestas de quinceañera, la celebración del 15º cumpleaños de una chica. En una de ellas, González, que entonces era una adolescente, conoció al hombre que más tarde se convertiría en el padre de sus dos hijas.

A González le apasionaban las matemáticas y las ciencias, que alimentó destacando en sus cursos de preparatoria. Aspiraba a convertirse en médico. Pero, ya a punto de graduarse, la vida dio un giro. Cuando su padre se fue a Estados Unidos el gobierno de Fidel Castro le prohibió asistir a la universidad. González dijo que la administración excluía a los futuros estudiantes de medicina que tuvieran vínculos estrechos con familiares que vivían en Estados Unidos. No habría escuela de medicina.

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Años después, separada de su pareja, la vida de González volvería a cambiar. Aceptó una invitación de su padre para visitarlo en Nueva Jersey en 1991, dejando a sus dos hijas con su abuelita materna. Un día, merodeando por la barbería de su padre, González clavó los ojos en uno de los visitantes, un cubano alto que tenía los ojos grises con líneas doradas.

“Fue amor a primera vista”, dice.

Se casaron a los seis meses de conocerse. Aunque González regresó a Cuba, su marido pudo traerlas a ella y a sus hijas, de siete y 16 años, a Estados Unidos a través del programa de reunificación familiar. En 1993, las tres se reunieron con él en Nueva Jersey.

Amparo González sostiene un retrato de su nieto Royce Aguerro, de tres años, en su casa de Homestead el martes 23 de noviembre de 2021. González cuida de sus dos nietos, una recién graduada de la escuela secundaria y un niño de tres años. Su hija menor y madre de sus nietos murió hace dos años.
Amparo González sostiene un retrato de su nieto Royce Aguerro, de tres años, en su casa de Homestead el martes 23 de noviembre de 2021. González cuida de sus dos nietos, una recién graduada de la escuela secundaria y un niño de tres años. Su hija menor y madre de sus nietos murió hace dos años. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

Mientras su marido trabajaba en una fábrica de pasta de dientes, González contribuía a su hogar despertándose a las 4 a.m. para distribuir periódicos y luego trabajar como costurera en una tienda de novias desde las 8 a.m. y durante el resto del día.

La vida volvió a cambiar cuando su marido murió dos años después de su boda.

En 1995, González se trasladó a Miami, buscando un clima cálido durante todo el año y la proximidad a la familia que se había trasladado recientemente desde Cuba. González hizo malabarismos con dos empleos: uno en el Pollo Tropical y otro de limpiadora. Su hija mayor se fue de casa para formar su propia familia.

Su hija menor se quedó, y acabó criando a una hija y dos hijos junto a González. Pero tras la muerte de esa hija en 2018, el padre del hijo mediano se lo llevó. Un tribunal le concedió a González derechos de visita, pero solo lo ha visto dos veces en dos años.

González temía perder a sus otros dos nietos. “Han estado conmigo desde que nacieron”, dijo.

“Me pasé el primer año llorando”, tras la muerte de su hija menor, dijo González. Recurrió a su fe en busca de consuelo.

El amor por sus nietos hizo que González siguiera adelante. “Me motiva su felicidad, ver que se sienten seguros”, dijo.

Junto a su abuela, los niños siguen creciendo. Un año después, González y Barros ven signos de progreso: Royce abandonó su cobija de seguridad, juega con los demás y se come el almuerzo que le da la escuela. En casa, Royce puede cantar la canción del abecedario y pronunciar algunas frases en inglés, incluyendo “sleepy time”, cuando está cansado.

La mejor recompensa es cuando sus nietos la colman de cumplidos, sobre todo después de que les cocina su comida favorita: un filete con frijoles negros y arroz.

“Estaré aquí mientras esté viva”, dice González.

Cómo ayudar

Wish Book está tratando de ayudar a centenares de familias necesitadas este año. Para donar, pague de forma segura en MiamiHerald.com/wishbook. Para obtener información, llame al 305-376-2906 o envíe un correo electrónico a wishbook@miamiherald.com. Los artículos más solicitados frecuentemente son computadoras portátiles y tabletas para la escuela, muebles y camionetas accesibles.

Sosteniendo un juguete de peluche, Amparo González sabe que a su nieto, Royce Aguerro, de tres años, se le ha quedado pequeña la cuna, pero no tiene fondos para comprar una cama para su dormitorio. González, en esta imagen del 23 de noviembre de 2021 en su casa de Homestead, cuida de sus dos nietos, Royce y su hermana Annalis, de 18 años. Su hija menor y madre de sus nietos murió hace dos años.
Sosteniendo un juguete de peluche, Amparo González sabe que a su nieto, Royce Aguerro, de tres años, se le ha quedado pequeña la cuna, pero no tiene fondos para comprar una cama para su dormitorio. González, en esta imagen del 23 de noviembre de 2021 en su casa de Homestead, cuida de sus dos nietos, Royce y su hermana Annalis, de 18 años. Su hija menor y madre de sus nietos murió hace dos años. Al Diaz adiaz@miamiherald.com
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