Historias de aumentos de $750 y opciones sombrías de inquilinos en Miami
Emily Moloney estaba contenta con su lugar en la economía de Miami cuando comenzó el año: Ganaba $85,000 en un trabajo tecnológico y cubría el alquiler de un apartamento de una habitación en el downtown. Entonces llegó el aviso de un aumento de alquiler de $750 en 90 días.
“Les hice saber que esto es básicamente un desalojo”, dijo Moloney, de 31 años, sobre el aumento de 40%. “Miami me parecía bastante asequible, hasta ahora”.
Moloney fue una de las 30 personas que se unieron a la más reciente manifestación en Miami para protestar por el aumento de los alquileres y exigir medidas del gobierno en un mercado de la vivienda considerado en crisis por los activistas de la asequibilidad, líderes electos y otros que advierten que el aumento de precios pone en peligro a la fuerza laboral.
Una clasificación nacional de los costos del alquiler hecha por la empresa de venta de apartamentos Redfin indicó que el área metropolitana de Miami, que incluye Fort Lauderdale y West Palm Beach, tuvo el quinto mayor aumento de alquileres el año pasado en el país, con 31%.
Los datos de Apartment List encontraron que el área de Miami no tuvo tanta inflación como otras áreas metropolitanas, con un aumento de 27% en los lugar 11 de la clasificación.
Nelida Jean-Baptiste Pellot dijo que renunció a Miami el verano pasado después de perder su casa en un incendio. Con un sueldo de unos $50,000 al año como organizadora comunitaria, la mujer de 36 años dijo que encontrar un nuevo lugar para vivir significaba opciones sombrías. “Los lugares que podía pagar daban miedo: moho, ratas, cucarachas”, dijo. Ahora vive en Vero Beach.
La manifestación fue organizada por SMASH, un grupo activista llamado formalmente Lucha por la Vivienda Asequible y Sostenible de Miami.
Coincidió con la aprobación por parte de los comisionados de Miami-Dade de una nueva norma que exige un aviso de 60 días para los aumentos de alquiler superiores al 5%. La junta también está considerando una legislación que pudiera conducir a un referendo sobre el congelamiento de los alquileres durante un año; una propuesta que se espera que llegue a la comisión en el verano.
La alcaldesa del condado, Daniella Levine Cava, dijo que la actual trayectoria del alza de los alquileres no era sostenible.
“Estoy con ustedes totalmente”, dijo a los participantes. “Les agradecemos que hayan dado un paso al frente y sean la voz de la comunidad ante esta crisis que no puede continuar”.
Daniella Pierre, de 40 años, dijo a la multitud que los precios de vivienda están expulsando a los profesionales de clase media, como los maestros. Dijo que no tiene ninguna opción si pierde su vivienda en un edificio asequible.
“He buscado por todo el condado”, dijo Pierre, presidenta de la NAACP de Miami-Dade. “No puedo ir a ninguna parte”.
Moloney caminaba hacia la manifestación, en la cual la multitud afuera del centro gubernamental Stephen P. Clark en Miami-Dade coreaba “La vivienda es un derecho humano”.
“Tenía que estar aquí”, dijo. Uno de los mensajes que quería compartir era la posibilidad de que los inquilinos se opongan. Aunque su casero quería un aumento de $750, Moloney dijo que pudo negociar un incremento menor, de $250.
“No voy a vivir por encima de mis posibilidades”, dijo. “Tienes que saber si tu casero depende de tu alquiler para sobrevivir o si te está timando. Yo sabía que me estaban timando”.
Sofía Prado, de 24 años, dice que está luchando en el extremo inferior del mercado de alquiler de Miami, con una tubería con fugas en la pared y un refrigerador que está tan frío que es básicamente un congelador. Ella y una compañera de casa comparten una vivienda de 400 pies cuadrados en el Pequeño Haití, donde una litera permite tener más espacio. El alquiler es de $975 al mes.
Prado, una paseadora de perros con un trabajo secundario de carpintería y estudiante de Psicología en el Miami Dade College, vivía antes en el sur de Dade por el alquiler más barato. Pero el viaje a la zona de Miami, donde estudia y trabaja, resultaba ser demasiado largo.
Prado creció en Miami de padres nicaragüenses que trabajaban en la construcción y en el servicio doméstico para pagar las facturas. Ahora quiere irse de Miami.
“La vida no es fácil. Lo entiendo”, dijo Prado. “Honestamente, si no fuera por la escuela, ya me habría ido”.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de marzo de 2022, 9:26 a. m..