‘Extremadamente frustrante’: Los trabajadores, los más afectados por el toque de queda en South Beach
Mientras las luces se apagaban y los empleados comenzaban a recoger las sillas dentro de Mango’s Tropical Cafe el viernes a la medianoche, la camarera Yubeisy Deleon dijo que el nuevo toque de queda en South Beach no solo enviaba temprano a las casas a los turistas, sino igualmente a los que laboran en el área.
Deleon, que trabaja desde hace 15 años en el Ocean Drive club, dijo que también los empleados tenían que irse antes de tiempo a sus casas y, en su caso particular, ella se iría sin los $500 que, según dijo, hace casi siempre los viernes por la noche en marzo. Generalmente, Deleon trabaja hasta las 4:30 a.m., y depende de las horas de madrugada de su turno de trabajo sirviendo bebidas para ganar propinas .
“Nuestros cheques van a ser muy delgados”, dijo Deleon. “No vamos a tener suficiente dinero para pagar las cuentas”.
La festiva música que típicamente se escucha en Ocean Drive se sustituyó con severas advertencias de la policía usando megáfonos, y dándoles instrucciones a los visitantes para que se marcharan a sus casas. La desbordada multitud de hace apenas una semana, cuando la policía se vio forzada a cerrar brevemente Ocean Drive al tráfico, era mucho menos compacta el viernes.
Un grupo de bailarines de TikTok era el único entretenimiento de la noche, mientras filmaban videos de grupos de danza ante una multitud de curiosos en la calle 8 y Ocean Drive. No pasó mucho tiempo para que varios agentes de la policía les pidieran que apagaran su estéreo portátil.
Sin embargo, el hecho de que los negocios cerraran temprano en South Beach no significaba que los turistas dieran por terminada la noche.
Al Tavano, de 22 años, y residente de Montreal, bebía un un rum runner de tamaño gigante en una mesa de un café al aire libre mientras se acercaba el toque de queda. Tavano acababa de enterarse de la medida apenas una hora antes, y rápidamente hizo planes para irse a Wynwood. Dijo que comprendía porqué la ciudad imponía el toque de queda después de dos tiroteos que tuvieron lugar durante dos noches consecutivas el pasado fin de semana. En los incidentes, cinco personas resultaron baleadas.
“Aunque el toque de queda es frustrante, lo cierto es que la semana pasada, la calle se convirtió en una locura”, dijo Tavano.
Por su parte, bebiendo un vodka Tito con limonada mientras la policía le decía que tenía que irse, el turista de Las Vegas, Adrián Valadez dijo que estaría celebrando su cumpleaños en el hotel Fountainbleau. Le preguntó a uno de los policías en qué calle podía esperar por un Uber y caminó por la acera con el trago en la mano. También él dijo que era una verdadera pena detener la diversión para evitar más violencia, pero que buscaría otro lugar donde gastar su dinero.
“LIV no pierde nunca”, dijo Valadez, refiriéndose al club del hotel Mid Beach, muy al norte de la zona de toque de queda de South Beach.
Una turista de 22 años, de Baltimore, que solo se identificó como Khala H., dijo que esperaba pasarla bien en las madrugadas de las vacaciones de primavera. Pero, tras un cambio de planes, lo que pensaba hacer era visitar un club de bailarinas desnudistas o un club lejos de Miami Beach. La joven dijo estar contemplando varias opciones: King of Diamonds, G5ive y Taboo.
“South Beach no es el único lugar que está abierto, puedo ir a otros sitios”, dijo Khala H. “Es una verdadera desgracia para los negocios que están aquí, porque no van a ganar dinero”.
El viernes, un juez ratificó el toque de queda después que dos negocios de South Beach, Papi Steak restaurant y el club Treehouse, presentaron sendas demandas para que lo anularan.
En una columna de opinión que publicó el viernes, el alcalde de Miami Beach Dan Gelber dijo que entendía que imponer un toque de queda podría afectar las vidas de muchas personas, pero era el último recurso que tenía la ciudad para luchar contra una violencia armada en South Beach “nunca antes vista”.
“No hay la menor duda de que es una imposición a la libertad de las personas”, dijo. “Pero no podemos comparar ingresos perdidos con nuestra obligación de mantener a salvo al público”.
Horas antes de que el toque de queda entrara en vigor, Rick Silverberg se vio obligado a cerrar su licorería en el exclusivo barrio South of Fifth a las 6 p.m., como parte de la orden de emergencia de la ciudad. Aparte de la temporada navideña, marzo es el mes del año con más ventas, en tanto entre las 6 p.m. y las 10 p.m. son las horas de más actividad para la mayoría de las licorerías, toda vez que la gente sale del trabajo, y se prepara para disfrutar de la noche.
Localizada afuera del distrito de entretenimiento, la tienda de bebidas y licores Portofino Wine Bank no ha visto grandes cantidades de clientes por las vacaciones de primavera, dijo Silverberg, quien luego agregó que le parecía una medida injusta que la ciudad obligara a las licorerías a cerrar más temprano, y pensaba que los negocios debían presentar una demanda contra la ciudad para tratar de recuperar algo del dinero perdido.
Silverberg estima que el cierre le va a costar unos $30,000 en ingresos a lo largo de tres días. Sin embargo, dijo que la medida no evitaría que los amantes de las fiestas dejen de beber, ya que ordenarían botellas de alcohol a la ciudad de Miami mediante Uber Eats, dijo.
“Es algo sumamente frustrante, y, para mí, no tiene sentido”, sentenció.
David Wallack, dueño de Mango’s, dijo que el jueves, los ingresos en su club cayeron a un 66 por ciento, en comparación con el 2019, y gran parte del dinero debió emplearlo para pagarle a los empleados.
“Yo voy a perder. Todos los dueños van a perder”, pero los propietarios podemos sobrevivir una situación de este tipo mucho mejor que los trabajadores”.
Wallack dijo que comprendía la decisión de la ciudad de imponer un toque de queda, pero pensaba que el año próximo tiene que haber una mejor preparación para el fin de semana por el Día de San Patricio que, según explicó, por lo general es una semana de mucho trabajo para la policía. Además del cierre a la medianoche,, observó, Ocean Drive se sintió “maniatado” el viernes por la noche debido a las restricciones adicionales para estacionar, y el limitado acceso de vehículos a South Beach.
“Ya hace una semana que el daño está hecho”, dijo Wallack. “Ahora tenemos que ver cómo podemos reparar el error”.
Traducción de Jorge Posada