Sur de la Florida

Dos años después del derrumbe en Surfside: ‘No nos hemos recuperado. No nos olviden’

Una mujer camina junto al terreno de Champlain Towers South, en 88 Street y Collins Avenue en Surfside, pocos días antes del segundo aniversario del derrumbe del edificio. Algunos colocaron flores en el lugar del edificio arrasado para honrar a las 98 personas que murieron.
Una mujer camina junto al terreno de Champlain Towers South, en 88 Street y Collins Avenue en Surfside, pocos días antes del segundo aniversario del derrumbe del edificio. Algunos colocaron flores en el lugar del edificio arrasado para honrar a las 98 personas que murieron. jiglesias@elnuevoherald.com

En los dos años transcurridos desde que el condominio de su familia quedó destruido en el derrumbe de Champlain Towers South, Gabe Nir se ha mudado 10 veces.

No ha podido encontrar un nuevo hogar y, lo que es peor, no encuentra la paz.

Nir, de 27 años, es una de las cuatro personas que vivían en el condominio de Surfside que escaparon antes de que cayera su sección del edificio. Otras tres fueron rescatadas de entre los escombros. Cuando la torre de 12 pisos se derrumbó a la 1:22 a.m. del 24 de junio de 2021, probablemente como consecuencia de fallos de diseño y construcción de 40 años de antigüedad, murieron 98 personas de edades comprendidas entre los dos y los 92 años.

Nir, su madre y su hermana corrieron para salvarse la vida aquella noche. El terror los vuelve a visitar en momentos impredecibles y, sobre todo, por la noche.

“Siento que mi cuerpo y mi cerebro están todavía en estado de shock y que nunca he procesado realmente lo que pasó”, dijo. “Me siento entumecido. Me han hospitalizado cinco veces por vértigo. Algunos días que ni siquiera puedo salir porque estoy demasiado mareado”.

Esa sensación de desequilibrio y desorientación se ha visto exasperada por todas las mudanzas. Los Nir han vivido como nómadas en hoteles, apartamentos y ahora una casa alquilada en Aventura, a veces expulsados de sus alojamientos temporales por unas tarifas de alquiler que son las más altas del país. Siguen viviendo con maletas, llenas de la ropa que han ido adquiriendo desde que lo perdieron todo.

Han perdido el sentido del hogar, de lo que significa estar en casa. Cuando uno de ellos dice: “Nos vemos en casa”, suena extraño, falso.

“La gente bienintencionada nos dice que deberíamos dar gracias por estar vivos y supone que después de dos años nos hemos recuperado”, dijo Nir. “Es todo lo contrario. Me enfurece que digan que somos una familia milagrosa. Sobrevivir tiene un alto precio”.

Depresión, ansiedad, insomnio, culpabilidad, trastorno de estrés postraumático, dolores de cabeza, flashbacks, sobre todo cuando entra en edificios o ascensores: Los pocos sobrevivientes de Champlain Sur nunca volverán a ser los mismos.

La familia Nir ya se ha quedado sin hogar antes. Hace cinco años, su casa de Atlanta se incendió y ardió hasta los cimientos. Salieron a duras penas. Nir recuerda que se despertó en mitad de la noche, tosiendo y cegado por el humo.

“Cuando Champlain se vino abajo, le pregunté a mi madre: ‘¿Es este el segundo asalto?”, dijo Nir. “Me da miedo la oscuridad. Me da miedo dormir. Me quedo despierto por la noche para asegurarme de que estamos a salvo”.

La noche del derrumbe, Nir, su madre, Sara, y su hermana, Chana, estaban despiertos dentro de la unidad 111, justo al lado de la terraza de la piscina. Gabe estaba cocinando salmón, Chana se duchaba después de un turno de niñera y Sara tecleaba en el teléfono celular. Oyeron ruidos de golpes desde arriba y una secuencia de bum-bum-bum, “como si alguien estuviera moviendo muebles o clavando perchas en las paredes”, dijo Nir.

Sara fue al vestíbulo a quejarse con el guardia de seguridad Shamoka Furman. Mientras hablaban, la cubierta de la piscina se desplomó sobre el estacionamiento inferior, poniendo en marcha el fallo estructural progresivo que rompería las columnas que sostenían el edificio. Siete minutos después cayeron dos secciones de la torre.

Gabe Nir, de 27 años, era una de las cuatro personas que vivían en el edificio de Surfside que escaparon antes de que su sección del edificio se derrumbara hace dos años.
Gabe Nir, de 27 años, era una de las cuatro personas que vivían en el edificio de Surfside que escaparon antes de que su sección del edificio se derrumbara hace dos años. Courtesy of Gabe Nir

Pero durante ese intervalo de siete minutos, Sara consiguió correr por el pasillo hacia sus hijos, gritando: “¡Terremoto! ¡Tenemos que salir! Deprisa”.

Corrieron por el vestíbulo y le dijeron a Furman que llamara al 911 y activara el sistema de alarma. Furman, que era nuevo en el trabajo, les preguntó el domicilio, que era 8777 Collins Ave.

Los Nir salieron por las puertas de cristal y corrieron calle abajo mientras les perseguía una enorme bola de polvo blanco y humo. Nir miró hacia atrás y vio salir a la gente de la parte del edificio que permanecía intacta. Recuerda haber visto a una mujer empujando un cochecito de bebé y gritando. Nir corría con Crocs y su hermana llevaba un albornoz y una toalla alrededor de la cabeza. Sara llamaba a las puertas gritando “¡Terremoto! Evacúen!”

Cuando llegaron los equipos de rescate y las calles estaban bloqueadas, les dijeron a los Nir que fueran al Surfside Community Center, que fue donde pasaron los tres días siguientes.

Después, dos años a la deriva.

En mayo de 2021, Nir se graduó con un título de química en la Universidad Estatal de Georgia y tenía previsto inscribirse en la facultad de odontología. Su carrera ha quedado en suspenso. Da clases particulares a estudiantes, pero no ha podido mantener un empleo a tiempo completo porque se ponía enfermo con demasiada frecuencia. El padre de Nir, Eyal (que estaba en Atlanta en el momento del derrumbe), es joyero. Su madre es profesora en una escuela judía. Chana, de 17 años, cursará el último año de preparatoria.

“Es difícil de explicar. Me siento atascado”, dice Nir. “No estoy preparado para volver a la escuela. Necesito trabajar en mí mismo. Es difícil subir desde lo más bajo”.

La familia de Nir y otros sobrevivientes creen que su calvario se hizo más difícil por lo que consideran un reparto injusto del dinero del acuerdo de conciliación de $1,100 millones de la demanda colectiva contra varios acusados: la junta de condominios de Champlain South, empresas de ingeniería, empresas implicadas en la construcción de un edificio de condominios de lujo contiguo, la empresa de seguridad que mantenía el sistema de alarma de Champlain South.

Los Nir alquilaban su vivienda, por lo que no tuvieron derecho a la indemnización que recibieron los propietarios. Los familiares de los fallecidos recibieron la mayor parte de las indemnizaciones decididas por el juez Michael Hanzman, quien se jubiló en abril.

Nir recibió la indemnización mínima, $50,000. Su madre recibió $100,000 y Chana $100,000. Los propietarios no estuvieron satisfechos con las indemnizaciones, muy inferiores al valor de mercado de sus viviendas. La indemnización más alta, de unos $35 millones –basada en los ingresos proyectados de por vida–, fue a parar a una víctima de unos 25 años.

Hanzman había advertido durante todo el proceso que sería imposible llegar a un acuerdo que contentara a todos. Pero a Nir le molestó cómo los abogados y el juez se habían felicitado por un acuerdo de conciliación enorme que dejó amargados a muchos sobrevivientes y familiares de víctimas.

“Todos los del edificio estábamos muy unidos y nos apoyábamos después del derrumbe, pero desde el acuerdo de conciliación no nos hablamos, hay mucho resentimiento y rabia”, dijo Nir. “El juez no trató a la gente por igual. Quiero decirle al juez: ‘Mire lo que nos hizo, consiguió que nos odiáramos’”.

Dos años después, Nir sigue intentando curar sus heridas emocionales.

“No nos hemos recuperado”, dijo. “No nos olviden”.

La sección derrumbada del edificio de condominios Champlain Towers South en Surfside antes de ser arrasado semanas después del desastre que mató a 98 personas hace dos años.
La sección derrumbada del edificio de condominios Champlain Towers South en Surfside antes de ser arrasado semanas después del desastre que mató a 98 personas hace dos años. David Santiago dsantiago@MiamiHerald.com

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de junio de 2023, 11:38 a. m..

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