Oswaldo Muñoz, el editor que unió a los venezolanos en el exilio, muere a los 73 años
Oswaldo Muñoz, empresario, editor, líder comunitario y una figura clave en la historia de la diáspora venezolana en Estados Unidos, falleció el 25 de julio en Madrid a los 73 años, tras una larga batalla contra el cáncer.
Fundador del periódico comunitario El Venezolano y más tarde de El Venezolano TV, ambos con sede en Miami, Muñoz fue una figura querida y visionaria que ayudó a tejer los primeros lazos de unidad entre los venezolanos en el sur de Florida, cuando apenas comenzaban a llegar a la ciudad a principios de los años noventa.
Murió como vivió: discretamente, rodeado del amor de sus más cercanos y fiel a su naturaleza de proteger a los demás de su propio sufrimiento.
“No quería que nadie supiera por lo que estaba pasando”, dijo Ignacio Marcano, uno de sus más cercanos acompañantes durante sus últimos días. “Le decía a la gente que solo se estaba haciendo unos exámenes. Nunca quiso preocupar a nadie”.
Tras su última visita al hospital, los médicos decidieron sedarlo. Falleció rodeado de seres queridos a las 7 a.m. hora local en Madrid.
Pionero en tierra desconocida
Muñoz llegó a Miami en 1991, en un momento en que la comunidad venezolana era tan pequeña que, como solía decir, “cabíamos todos en el comedor de un restaurante”. Fundó El Venezolano en agosto de 1992, pocos días después del devastador paso del huracán Andrew por el sur de Florida. Contra todo pronóstico, logró distribuir la primera edición en medio de la destrucción dejada por el ciclón.
Desde entonces, El Venezolano se convirtió en un faro para miles de venezolanos recién llegados que buscaban noticias, orientación y una voz que los representara en el exilio. Lo que comenzó como un modesto emprendimiento se transformó en un medio influyente con franquicias en otras ciudades de Estados Unidos y en América Latina.
“Oswaldo fue el venezolano que más unió a los venezolanos con la comunidad local de Miami”, dijo José Hernández, amigo y colega que encabezó el equipo editorial de El Venezolano durante años. “Fue uno de los primeros líderes visibles en un momento en que casi no había venezolanos en la ciudad. Compartió espacios con figuras como Jorge Mas Canosa y otros importantes líderes comunitarios”.
Más que un periódico
Durante años, El Venezolano se convirtió en un sustituto informal del consulado venezolano, especialmente cuando la representación oficial dejó de operar en Miami.
“En muchas ocasiones, actuamos como el consulado”, recuerda Sylvia Bello, socia, amiga y colega de Muñoz durante 25 años. “Oswaldo fue un hombre que ayudó a tantas personas de todas las maneras posibles”.
El periódico se convirtió en una plataforma de empleo, integración y encuentro. “Le dio trabajo a muchísima gente”, dijo Bello. “Organizaba eventos que reunían a cientos de personas. En nuestras ediciones aniversario, llegamos a reunir hasta 600 personas en los hoteles más prestigiosos de Miami. Eran celebraciones que mostraban la fuerza y el orgullo de nuestra comunidad”.
Entre 1998 y los años previos a la pandemia de COVID-19, El Venezolano fue una referencia indiscutible, no solo por su contenido, sino también por el estilo accesible y carismático de su fundador.
Muñoz tenía una habilidad natural para conectar con figuras públicas y celebridades, afirman sus colegas. “Era amigo de todo el mundo: El Puma (José Luis Rodríguez), los Estefan (Gloria y Emilio), quien fuera. No le tenía miedo a nada. Llamaba por teléfono y todos le respondían”, recordó Bello.
Quienes lo conocieron coinciden en que detrás del editor había una persona profundamente generosa, siempre dispuesta a ayudar. “Era el amigo que todos quieren tener: incondicional, compasivo, siempre con una sonrisa”, añadió Bello.
Para muchos inmigrantes que llegaban sin redes de apoyo, sin empleo y sin idea de cómo empezar de nuevo en una ciudad extranjera, Muñoz fue una guía y un ancla. “No hubo nadie que se acercara a él por ayuda y no la recibiera”, dijo Hernández. “De alguna manera, ayudó a que la ciudad creciera. Muchos anunciaban con él, y muchos negocios comenzaron gracias a El Venezolano”.
En una historia que contaba con orgullo, Muñoz relataba su encuentro con el novelista y premio Nobel Gabriel García Márquez en una feria del libro en Bogotá. El escritor colombiano elogió su forma de escribir. Muñoz, con humildad, le respondió que no era periodista de profesión. García Márquez le dijo: “Estás equivocado. El periodismo es un oficio, no una profesión”.
Pocas frases podrían haber descrito mejor el camino de Muñoz. Sin un título universitario en periodismo, construyó una carrera basada en la vocación, el instinto, la empatía y su capacidad de conectar con las personas.
Un legado que perdura
El legado de Muñoz no se mide solo en ediciones impresas o emisiones de televisión. Su mayor aporte, según quienes lo rodearon, es la comunidad que ayudó a construir. “Cumplió todos sus sueños”, dice Bello. “Ahora está en un lugar mejor, y dejó una huella en cada uno de los que lo conocimos”.
Durante los últimos tres años, libró una dura batalla contra el cáncer. Comenzó en su columna vertebral, luego se extendió a los pulmones. Más tarde, los médicos tuvieron que extirparle un riñón. A pesar de todo, logró recuperarse en múltiples ocasiones.
“Siempre tuvo esa capacidad increíble de levantarse. No sé cómo lo hacía”, dice Bello. “Pero esta vez, su cuerpo dijo: ‘Hasta aquí’”.
A pesar del deterioro de su salud, intentó mantener su vida lo más normal posible, según sus allegados.
Muñoz deja atrás una comunidad agradecida, amigos, excompañeros, lectores y socios que lo consideraban familia. También deja una obra que vivirá en las páginas de El Venezolano y en la memoria de quienes cruzaron caminos con él.
Fue, en palabras de quienes lo conocieron y admiraron, “el amigo incondicional que todos quisiéramos tener”, quizá el mejor homenaje para recordar su vida.