Better Bus Network prometió rapidez en Miami-Dade. Los usuarios siguen esperando resultados
En un grupo de Facebook titulado Usuarios de autobuses de Miami contra la red Better Bus (Miami Bus Riders Against The Better Bus Network), la frustración inunda la página.
“Un desastre total”, escribió José Mandriano en el grupo.
“Un lío espantoso”, publicó Erik Paul Vásquez.
“Esperas de más de una hora”, añadió Mandriano.
“No puedo nunca sentarme”, comentó Janine Therese.
Miles de publicaciones similares describen problemas con los autobuses de Miami-Dade. Usuarios de todo el condado relatan que los autobuses, abarrotados, los dejan atrás. También se quejan de un servicio impredecible y de rutas que ya no los llevan a donde necesitan ir. Una publicación realizada el 22 de marzo generó más de 40 comentarios.
La red Better Bus de Miami-Dade se puso en marcha en noviembre de 2023. Su objetivo era mejorar el servicio eliminando algunas rutas y aumentando la frecuencia en otras. Fue descrita como la mayor reestructuración del sistema de autobuses en la historia del Condado Miami-Dade.
Sin embargo, para muchos, el rediseño no ha cumplido sus promesas. Por el contrario, los usuarios reportan tiempos de espera más largos, autobuses abarrotados y rutas que ya no los llevan a sus destinos habituales.
Según los datos de afluencia de pasajeros de Miami-Dade, el número de usuarios de Metrobus disminuyó cada mes entre octubre y diciembre de 2025, registrando caídas que oscilaron entre el dos y el 10 por ciento.
No se obtuvo respuesta a nueve llamadas telefónicas y 10 correos electrónicos que se enviaron al Departamento de Transporte y Obras Públicas de Miami-Dade —incluida su directora, Stacy L. Miller—, ni al Comité de Transporte de Miami-Dade.
La red Better Bus surgió a raíz de un esfuerzo sostenido durante años para replantear un sistema que no había sido rediseñado por completo en décadas. En 2023, la emisora WLRN informó que el proyecto había comenzado años atrás como una iniciativa impulsada por la comunidad para simplificar las rutas y mejorar la frecuencia del servicio.
Los cambios introducidos fueron significativos. El rediseño aumentó el número de rutas de alta frecuencia, al tiempo que eliminaba o modificaba otras, lo que obligó a algunos usuarios a depender más de los transbordos y a realizar caminatas más largas para llegar a sus destinos.
Sus defensores argumentaron que este cambio haría que el sistema fuera más eficiente.
“Con la red Better Bus, tuvimos la oportunidad de analizar cómo podíamos ser más eficientes”, declaró a WLRN Eileen Higgins, entonces comisionada de Miami-Dade y actual alcaldesa de Miami. Para la mayoría de los pasajeros, los problemas comienzan incluso antes de subir al autobús.
José Hernández, estudiante de último año de 19 años en la escuela secundaria Coral Gables, depende en gran medida del transporte público a diario. Los autobuses, comentó, a menudo simplemente no aparecen.
“Muy a menudo, hay autobuses fantasmas que están programados para pasar, pero no hay ningún vehículo asignado a ese trayecto en particular”, dijo.
Hernández viaja por muchas rutas del condado. Utiliza el Metrorail para llegar a la escuela todos los días y, posteriormente, el Metrobus para explorar la zona, comer algo y reunirse con amigos.
Sin embargo, el sistema carece de previsibilidad. Las rutas 203 y 211 —la 203 Biscayne MAX, que circula entre el downtown de Miami y el Aventura Mall por Biscayne Boulevard, y la 211 Flagler MAX, que parte desde la avenida 108 del SW— tienen una frecuencia programada de 30 y 15 minutos, respectivamente. En la realidad, el servicio a menudo se queda corto, señaló.
Hernández recordó un viaje reciente en la Ruta 77 —que conecta la terminal de autobuses de Aventura con el centro de Miami— en el que la aglomeración de pasajeros llegó a ser tan severa que un usuario en silla de ruedas no pudo subir al vehículo.
“Simplemente no había espacio”, relató. “El autobús estaba completamente abarrotado, y tuvieron que dejarlo atrás”.
Los expertos en transporte afirman que las largas esperas y la congestión son consecuencia de la irregularidad del servicio.
Qianwen Guo, profesora asistente de ingeniería de transporte en la Universidad Estatal de la Florida (FSU), señaló que las pequeñas incidencias pueden tener repercusiones a escala de todo el sistema de transporte público.
“Los trayectos cancelados se traducen en una mayor aglomeración, tiempos de espera más prolongados y conexiones perdidas”, explicó Guo. “Esta incertidumbre también influye en la percepción que los pasajeros tienen del transporte público”.
Esa falta de previsibilidad no se limita a un solo corredor. La Ruta 100, por ejemplo, conecta el centro de Miami, Miami Beach y Aventura. Su recorrido a través de zonas de intenso tráfico y congestión —como el viaducto MacArthur— ayuda a explicar por qué los retrasos pueden desencadenar una cascada de aglomeraciones.
Para los pasajeros, estos efectos sistémicos configuran la realidad cotidiana de sus desplazamientos.
Gaby Figueredo, estudiante de segundo año en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y residente de Allapattah, comentó que la iniciativa Better Bus Network ha vuelto sus trayectos más impredecibles, especialmente durante las horas pico. Ella depende de las rutas 54, 3 y 203 para llegar al recinto de Biscayne Bay de la escuela, pero comentó que no siempre son confiables.
Según explicó, los autobuses de última hora de la tarde suelen ir abarrotados, lo que obliga a los pasajeros a dejar pasar uno antes de encontrar sitio.
“A veces tengo que esperar dos o tres autobuses porque los primeros van demasiado llenos”, dijo.
Para Figueredo, el trayecto desde Allapattah hasta el campus Modesto A. Maidique de la FIU es “cien veces más fácil”. Llegar al recinto de Biscayne Bay resulta menos fiable y más difícil de planificar.
Pero Figueredo no está solo. Para algunos residentes de Miami-Dade, esas frustraciones se remontan a décadas atrás.
Georgina Reyes, residente de Miami de 88 años y de larga trayectoria en la ciudad, ha dependido de los autobuses de Miami-Dade durante unos 45 años, utilizando muy particularmente la Ruta 36. Los retrasos y los largos tiempos de espera han sido parte del sistema, comentó ella. En su opinión, nada ha mejorado. Los autobuses pueden llegar con 15 ó 20 minutos de retraso, obligándola a esperar mucho más tiempo del previsto.
La experiencia resulta agotadora, sobre todo para los pasajeros mayores que tienen que permanecer de pie en paradas que carecen de bancos.
“No ha cambiado en absoluto”, dijo, suspirando. “Sigue igual”.
Y a lo largo y ancho de Miami-Dade, la escena se repite.
Sin asientos. Sin espacio.
En una tarde luminosa a lo largo de Biscayne Boulevard, un autobús de la Ruta 3 se detiene ya abarrotado; los cuerpos se aprietan contra las ventanillas y los pasajeros se aferran a las barras superiores simplemente para mantenerse en pie. No queda espacio alguno.
Seis pasajeros se adelantan, miran hacia el interior y vacilan.
Entonces, sin decir una palabra, dan media vuelta.
Regresan a la acera.
Y, aun así, siguen esperando.
Este reportaje es el resultado de una colaboración entre la Escuela de Periodismo y Medios Lee Caplin de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y el Miami Herald.