‘Se hizo justicia’. Sentencian a la asesina de un querido atleta de Miami Northwestern
Nathalie Jean recuerda vívidamente lo ordinario que comenzó el 20 de diciembre de 2024. Ella y su hija estaban armando el árbol de Navidad cuando su hijo Yahkeim Lollar, de 17 años, entró en la habitación y bromeó sobre el árbol rosado.
Cuando comenzó a sonar la canción We Belong Together, de Mariah Carey, Yahkeim cantó a todo pulmón, dijo Jean. Ella y su hija cantaron con él, como si fueran las coristas de Yahkeim.
En ese momento, Jean no podía imaginar que, apenas unas horas después, su hijo sería apuñalado mortalmente. Y que Jahara Malik, la temperamental novia de Yahkeim, sería la responsable de ello.
Jean relató el dolor de tener que elegir un ataúd para Yahkeim —conocido cariñosamente como “Keimo”— y de ver su cuerpo cuando fue trasladado desde la oficina del médico forense a la funeraria. Ahora, tanto en los momentos cotidianos como en los especiales, se descubre pensando: “Desearía que Keimo estuviera aquí”.
“Esa noche, Jahara le arrebató la vida a mi hijo”, declaró Jean ante el tribunal. “Nadie pudo salvar a mi hijo. Ella dictó la sentencia de muerte de mi hijo”.
Jahara Malik, de 18 años, fue sentenciada a 17 años en una prisión de la Florida, seguidos de cinco años de libertad condicional. Durante el periodo de libertad condicional, Malik deberá escribir una carta cada 20 de diciembre asumiendo la responsabilidad por el homicidio.
Malik lloró mientras algunos de sus familiares, sollozando, la abrazaban tras dictarse la sentencia. En marzo, Malik se había declarado culpable del cargo de homicidio involuntario. Yahkeim era un querido jugador de football y estudiante de tercer año en la escuela secundaria Miami Northwestern Senior High.
Decenas de familiares, compañeros de clase y amigos de Yahkeim abarrotaron la sala del tribunal; algunos vestían camisetas con fotografías de Yahkeim. Permanecieron en silencio una vez dictada la sentencia.
“Su vida fue arrebatada demasiado pronto”, afirmó la jueza del Tribunal de Circuito de Miami-Dade, Christine Hernández. “Tu juventud no exime las consecuencias previsibles de la decisión que tomaste. Las decisiones que tomaste afectaron la trayectoria de la vida de todos ellos, así como la trayectoria de tu propia vida y la de tu familia”.
Vestida con un traje negro y con los ojos llorosos, Malik admitió su responsabilidad en la muerte de Yahkeim, reconociendo que actuó con imprudencia. Afirmó que reflexiona a diario sobre el daño que causó y expresó sentir que vive en su “propia prisión por el resto de su vida”.
“Estoy aquí para asumir las consecuencias de mis actos”, declaró Malik. “Amaba muchísimo a su hijo y nunca quise que le sucediera esto... Era una buena persona y, sin duda, debería seguir aquí”.
Tras dictarse la sentencia, Jean entonó la canción Victory is Mine, mientras recorría el pasillo del tribunal. Comentó a los periodistas que la familia se siente satisfecha de que Malik haya rendido cuentas ante la justicia y espera poder dejar atrás este caso penal.
“Me alegra saber que hoy mi hijo puede, por fin, descansar en paz, sabiendo que se ha hecho justicia”, afirmó.
Los abogados de Malik habían solicitado que su defendida fuera sentenciada como infractora juvenil y enviada al programa de “campo de entrenamiento” (boot camp) del Departamento Correccional de Miami-Dade; un programa disponible para personas de entre 14 y 24 años que se centra en la rehabilitación mediante una disciplina de estilo militar. Por su parte, la fiscalía solicitó al juez que impusiera una pena de 20 años de prisión, seguida de 10 años de libertad condicional.
Malik, quien tenía 17 años en el momento del apuñalamiento, fue imputada como adulta por el delito de homicidio involuntario. La joven declaró a la policía que ella y Yahkeim estaban ”jugando bruscamente” a altas horas de la noche en el garaje del complejo de apartamentos de él, situado en el barrio del Pequeño Haití, cuando ella lo apuñaló.
La fiscalía argumentó que la condena de Malik por homicidio involuntario revestía tal gravedad que no justificaba la aplicación de una sentencia propia de un infractor juvenil. En este sentido, señalaron el “historial de estallidos violentos” de la acusada.
En al menos tres ocasiones, Malik había destrozado el teléfono de Yahkeim durante un ataque de ira. En una ocasión —previa al apuñalamiento—, persiguió a Yahkeim con un cuchillo mientras ambos jugaban. Asimismo, según la fiscalía, había amenazado a un ex novio diciéndole: “Quiero ver sangre”.
Los abogados de Malik, sin embargo, destacaron que, según la opinión de un psicólogo, su defendida padece trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión y ansiedad; y que dicho especialista determinó que el apuñalamiento constituyó un “incidente aislado, y no un patrón recurrente de delincuencia o agresividad”.
Una vida “robada”
La tía de Yahkeim, Zelda Beecham, afirmó que llora a su sobrino a diario. Relató que recuerda su amable sonrisa en las reuniones familiares, y también cada vez que se aproxima la temporada de tormentas, pues él siempre la ayudaba a colocar las persianas anticiclónicas.
Beecham fue una de al menos diez familiares y amigos que prestaron declaración sobre el estudiante excepcional y talentoso jugador. Todos ellos instaron a la juez a imponer a Malik la pena máxima —30 años— por el asesinato de Yahkeim, aspirante a corredor de bolsa que soñaba con llegar a la NFL.
Beecham comentó que extraña elogiar sus impecables cortes de cabello y darle dinero para que se comprara dulces y alitas de pollo, que eran sus favoritos. Sin embargo, para Beecham —quien ejerció como agente de policía durante tres décadas—, el asesinato de Yahkeim constituye la peor experiencia que ha vivido. “Nada ha distorsionado tanto mi visión de la vida como lo ha hecho ella”, declaró Beecham, lanzando a Malik una mirada penetrante.
Para Daveed Lollar Sr., aceptar el asesinato de su hijo ha sido un proceso difícil; sin embargo, afirmó, el proceso judicial ha intensificado aún más su dolor. Dijo que no logra comprender por qué Malik no fue acusado de asesinato en segundo grado.
“Es lo que más me indigna de todo esto”, declaró Lollar Sr. “Mi hijo ya no está; no va a volver. No me agrada la forma en que se ha gestionado este caso. Esa noche me robaron algo. Me lo arrebataron”.
Darveed Lollar Jr., hermano de Yahkeim, recordó a su hermano como una persona bondadosa y amiga de todos.
“Su futuro le fue robado a él y a todos nosotros”, lamentó Lollar Jr. “Mi hermano nunca se graduará, ni tendrá una carrera profesional, ni formará su propia familia”.
Rodeada por un grupo de amigos de Yahkeim y leyendo una carta en nombre de todos ellos, Cierra Harrell expresó que el tiempo se detuvo el día en que el estudiante y deportista fue asesinado. La carta iba dirigida directamente a Malik.
“Alguien que debería estar aquí no lo está debido a lo que hiciste. Esa es la verdad”, dijo Harrell mientras leía la carta. “Las personas que aman a Keimo tienen que cargar [con el peso] de lo que hiciste, día tras día. Nuestro amigo debería estar aquí. Debería estar vivo, creciendo, graduándose, yendo al baile de graduación”.
El apuñalamiento mortal
Poco después de las 11:00 p.m. del 20 de diciembre de 2024, Malik llamó al 911 para informar que Yahkeim había sido apuñalado en el garaje del tercer piso de su complejo de apartamentos, ubicado en la intersección de la 6 court y la calle 61 del NW. Los paramédicos lo encontraron con una herida de arma blanca en el pecho.
Yahkeim falleció una hora más tarde, a pesar de los esfuerzos de los rescatistas y del personal médico.
Mientras prestaba declaración el martes, el sargento de la policía de Miami, Juan Santos, extrajo de una bolsa de pruebas sellada el cuchillo utilizado en el crimen, el cual parecía ser un pequeño cuchillo de cocina. Dicha arma, explicó, atravesó la sudadera con capucha de Yahkeim y se alojó en su corazón.
Varios de los seres queridos de Yahkeim rompieron a llorar —y salieron apresuradamente de la sala del tribunal— cuando se reprodujo la llamada al 911 y se mostraron las grabaciones de vigilancia y las fotografías durante el testimonio del sargento Santos. El video mostraba a Malik y a un amigo saliendo de un vehículo en el estacionamiento; se veía a Yahkeim sangrando por el pecho y a Malik dejando caer un cuchillo, según la policía.
En el lugar de los hechos, Malik dijo a los agentes que Yahkeim chocó contra ella y se clavó el cuchillo al tropezar con él mientras jugaban a pelear. Sin embargo, la naturaleza de las heridas de Yahkeim indicaba que ese no había sido el caso, testificó Santos.
Santos también declaró que las imágenes de vigilancia captaron a Yahkeim diciendo: “Jahara, no” o “Jahara, detente” antes de ser asesinado.
Malik fue arrestada en enero de 2025, después de que la Oficina del Médico Forense de Miami-Dade dictaminó que la muerte de Yahkeim fue un homicidio.