‘Solo necesito ayuda'. Lo que revelan las llamadas al 911 sobre el Centro de Detención de Alligator Alcatraz
Las llamadas llegaron de todo el mundo —Francia, Illinois y la cercana Miami— mientras personas con familiares y amigos en uno de los centros de detención de inmigrantes más tristemente célebres del país marcaban el único número en el que confiaban para obtener ayuda: el 911.
Una y otra vez, familiares confundidos y desesperados, sin saber cómo contactar con el Centro de Detención de Inmigrantes Alligator, llamaban y eran conectados con la Oficina de la policía del Condado Collier para obtener ayuda para sus seres queridos recluidos en tiendas de campaña y jaulas en los Everglades de la Florida.
“Un guardia de seguridad me llamó hoy para decirme que el padre de mis hijos sufrió un paro cardíaco y no siente el brazo”, dijo una mujer de Miami-Dade que buscaba atención médica para un detenido de 41 años a un operador del 911.
El Miami Herald revisó más de 130 informes de incidentes y llamadas al 911 durante 328 días, todas dirigidas a la policía del Condado Collier desde el verano pasado, cuando el sitio estaba en construcción. Las llamadas, obtenidas mediante una solicitud de acceso a registros públicos, abarcan hasta mediados de mayo de este año, cuando funcionarios estatales y federales reconocieron que se estaban llevando a cabo conversaciones sobre el cierre del complejo.
Las conversaciones grabadas ofrecen una visión de las operaciones diarias de Alligator Alcatraz y la confusión sobre lo que sucede dentro del campo de detención, e ilustran la desesperación de los detenidos y sus familias en el exterior, quienes, en el mejor de los casos, pueden implorar ayuda.
“Solo necesito que alguien se asegure de que le den antibióticos o algo. No hay ningún número de teléfono para este lugar”, suplicó una mujer que se identificó como Jessica, pidiendo que enviaran paramédicos para su prometido. “Solo necesito que alguien me ayude”.
Llamadas de auxilio
Desde su apertura, las actividades del centro de detención han permanecido opacas, con escasa información para las familias de los detenidos. Las visitas están prohibidas y los abogados han tenido dificultades para acceder a ellas.
Los pocos detalles que reciben las familias provienen de alarmantes llamadas telefónicas de detenidos preocupados por su salud y los malos tratos que sufren en el centro. A su vez, los familiares que no pueden contactar con el centro de detención de Everglades llaman a los servicios de emergencia.
Las llamadas de familiares preocupados comenzaron a llegar en masa el verano pasado, cuando el centro de detención —promocionado como un complejo aislado construido para albergar a los “peores criminales”— apareció en todos los medios de comunicación, tanto en televisión como en redes sociales.
Alligator Alcatraz funciona como una miniciudad, equipada con personal de emergencias, personal médico y un equipo de despacho integrado principalmente por contratistas privados. Sin embargo, el número que figura públicamente como contacto del centro de detención corresponde al Centro de Procesamiento Krome North, otro centro ubicado en el sur del Condado de Miami-Dade.
El servicio de despacho de Alligator Alcatraz no gestiona llamadas al 911. Cuando la policía recibe una llamada de emergencia, remite la información al centro de detención para su gestión interna.
Esvin Rodezno, un detenido de 29 años, llevaba dos días buscando atención médica cuando su prometida, Jessica, llamó al 911 el 5 de agosto.
Ella afirmó que a Rodezno le negaban la atención médica a pesar de presentar síntomas como fatiga, dolor de garganta y una erupción que se extendía a la cabeza y el brazo. El personal médico de Alligator Alcatraz le dijo: “No te estás muriendo”, relató Jessica.
Jessica, quien solo proporcionó su nombre de pila, esperaba que el agente del Condado Collier enviara una unidad médica al centro para examinarlo.
El agente le dijo que lo mejor que podían hacer era transmitir su información al personal médico de Alligator Alcatraz y que alguien se pondría en contacto con ella.
“¿Cree que realmente se lo tomarán en serio?”, preguntó Jessica.
“Yo no trabajo para ellos”, respondió el agente. Alligator Alcatraz cuenta con su propio personal médico en las instalaciones y la asistencia se proporciona únicamente cuando se solicita, afirmó.
Con un tono dubitativo y desanimado, Jessica colgó el teléfono. Los intentos por contactarla no tuvieron éxito.
La División de Manejo de Emergencias de la Florida, que supervisa las operaciones de Alligator Alcatraz, no hizo comentarios para este artículo. Un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) declaró que sus centros de detención de inmigrantes brindan “servicios médicos integrales” y que los detenidos “que requieren un mayor nivel de atención médica son remitidos a los servicios de emergencia locales según sea necesario”.
“Por precaución y en aras de las necesidades médicas de los detenidos, los inmigrantes indocumentados pueden ser trasladados a hospitales de la zona mediante servicios médicos de emergencia”, declaró el portavoz. “A medida que han llegado al centro más detenidos con necesidades médicas más complejas, el personal médico ha establecido protocolos médicos adicionales. Esta es la mejor atención médica que muchos inmigrantes han recibido en toda su vida”.
Familias y defensores de los derechos humanos discrepan. En un informe de diciembre, la organización de derechos humanos Amnistía Internacional acusó a los gobiernos estatal y federal de brindar atención médica inadecuada en el centro de detención de Everglades. Los hallazgos del informe indicaron “una negación rutinaria del acceso a la atención médica y la falta de satisfacción de las necesidades de salud física y mental de las personas, lo que las expone a un grave riesgo de sufrir daños”.
“El personal del centro ignoraba sistemáticamente a las personas que manifestaban sentir dolor o estar enfermas; además, cuando se proporcionaba tratamiento médico, este sufría retrasos o era de calidad deficiente”, señalaba el informe.
El informe —cuestionado tanto por el gobierno estatal como por el federal— también afirmaba que el centro y sus condiciones habían sido diseñados para hacer que el confinamiento de los detenidos resultara “insoportable”. Han circulado rumores sobre intentos de suicidio y fallecimientos en el centro, información que el Herald no ha podido confirmar.
Las llamadas al servicio de emergencias 911 revelan uno de estos sucesos inusuales.
En marzo, un hombre que se identificó como Emess y dijo llamar desde Francia comunicó al operador que su “hermano se encuentra actualmente en un centro de detención y amenaza con hacerse daño; necesito ayuda”.
Emess relató que su hermano, un inmigrante de 30 años oriundo de Costa de Marfil, lo había llamado para que transmitiera un mensaje a sus seres queridos: “Está muerto. Se suicidó”.
Su hermano detenido le dio el código de su teléfono, dijo “los quiero” y colgó.
El Herald intentó contactar a Emess, pero el número estaba desconectado. Una base de datos federal de inmigrantes detenidos indica que su hermano se encuentra recluido en el centro de detención Mesa Verde, en Bakersfield, California.
Un portavoz del DHS declaró que “los suicidios bajo custodia del DHS son trágicos y poco frecuentes” y que existe un estricto “protocolo de intervención para garantizar la protección de la salud y el bienestar del detenido”, pero no respondió a la pregunta sobre cuántos detenidos —si es que hubo alguno— se habían suicidado en Alligator Alcatraz.
“El ICE exige una capacitación anual sobre prevención del suicidio, aplica revisiones cada 15 minutos a quienes están bajo vigilancia por riesgo de suicidio y garantiza que solo el personal clínico —y no el personal de custodia— pueda retirar a alguien de dicha vigilancia”, afirmó el portavoz del DHS.
El Herald no tuvo acceso a las llamadas gestionadas internamente que documentaban cómo el centro de detención resolvía las inquietudes transmitidas por los operadores del 911. No está claro si posteriormente se comunicaron con los familiares que habían llamado.
Algunas de las llamadas grabadas dejan claro que el centro estaba al tanto de la situación del detenido y que este ya estaba recibiendo atención médica.
A principios de marzo, el Cuerpo de Bomberos y Rescatistas de Miami-Dade llamó a la oficina del sheriff tras recibir una llamada de una mujer que informaba que un detenido de 61 años “presentaba falta de aire y dificultad para respirar”.
El agente del Condado Collier transfirió la llamada a Alligator Alcatraz, donde se confirmó que el detenido ya había sido localizado y estaba siendo evaluado por el personal médico del centro.
Poco después, ese mismo mes, un hombre de Illinois llamó para informar sobre un detenido que, según dijo, había sufrido una convulsión.
“Por lo que me contó mi familiar, tuvo una convulsión, se desplomó en el suelo y empezó a echar espuma por la boca”, le dijo el hombre al agente.
Cuando el agente del Condado Collier llamó al centro de detención para reportar el incidente, el operador de Alligator Alcatraz confirmó: “Efectivamente tuvimos un paciente con convulsiones, pero aún no tenemos el nombre”.
Las grabaciones obtenidas por el Herald también arrojan luz sobre las consecuencias de los altercados ocurridos dentro del centro, donde los detenidos y sus abogados han denunciado abusos por parte de los guardias y violaciones de los derechos que les garantiza la Primera Enmienda.
El 2 de abril, los detenidos iniciaron un motín después de que el centro cortara el servicio telefónico por el resto del día sin dar explicaciones, de acuerdo con documentos judiciales federales. Los guardias los sacaron de sus celdas y los golpearon —dejando a uno con un ojo ensangrentado y a otro con la muñeca fracturada—, además de rociarlos indiscriminadamente con gas pimienta, según un escrito presentado por un abogado en el caso relacionado con la Primera Enmienda.
Dos días después, Natalie —una mujer de West Palm Beach que pidió ser identificada únicamente por su nombre de pila— llamó para solicitar el envío de socorristas al centro de detención para atender a su prometido, Djo Paul, un inmigrante haitiano de 29 años.
«Siente dolor en el pecho y tiene dificultades para respirar; ya sabe, debido al Mace, al gas pimienta que había en las instalaciones... no puede respirar», le dijo al agente.
Ella comentó que Paul había desarrollado “problemas de irritación cutánea”. El agente le indicó que transmitirían la información y que recibiría una llamada con novedades.
Dos días más tarde, volvió a llamar. Paul no había recibido atención médica y se había producido otro incidente con gas pimienta, según relató.
Cuando el Herald habló con Natalie, ella afirmó que Paul no había recibido la atención médica adecuada en el centro y que había sido deportado.
Empleados confundidos
Las grabaciones revelan que, al principio, incluso los empleados de Alligator Alcatraz estaban confundidos sobre cómo gestionar diversas situaciones, desde emergencias hasta el transporte.
El personal del centro de detención llamó a la policía de Collier para pedir consejo sobre cómo tratar a los intrusos. Una empleada de Critical Response Strategy —una empresa contratista del estado— llamó porque “hoy despidieron a todo el mundo; ella se ha quedado varada allí y necesita ayuda para llegar a Miami”.
Algunas de las llamadas de los empleados reflejan la misma confusión que experimentaban las familias al buscar atención médica para un detenido: tampoco ellos sabían a dónde acudir.
El 25 de julio, después de que los empleados intentaran aplicar la maniobra de Heimlich a una mujer que se estaba asfixiando, otro trabajador llamó al 911. La mujer se había desmayado en la zona situada entre la lavandería y las duchas, rodeada por otros ocho miembros del personal que, presas del pánico, debatían qué hacer.
“¿Sigue asfixiándose todavía?, preguntó el agente.
“Ya no. Se desmayó, pero ha vuelto a respirar y parece que pierde y recupera el conocimiento”, respondió la persona que llamaba.
La operadora pidió a quien llamaba que permaneciera en línea mientras transmitía la información a los paramédicos. De fondo, se oían las voces del personal intentando decidir qué hacer.
“¿Ha ido algún miembro del personal a ayudarles?”, preguntó la operadora.
“¿Se refiere a algún guardia?”, preguntó la persona que llamaba. Esta confirmó que ya había informado a los guardias sobre el incidente. “Adelante, hable con ellos, ¿de acuerdo?”, dijo el operador, y la llamada terminó.
Se había dado instrucciones a los trabajadores de llamar a su propia central operativa, pero la llamada se desvió a la policía de Collier.
Una llamada indicó que es posible que el estado no hubiera verificado adecuadamente a una empleada en su prisa por poner en marcha las instalaciones.
El 31 de julio, un operador de Alligator Alcatraz llamó a la policía de Collier para pedir orientación sobre cómo proceder con una empleada que tenía una orden de arresto pendiente por una infracción de tráfico. Preguntaron cómo confirmar la orden y si debían detenerla.
“Todavía no nos habíamos encontrado con esto, así que todo es nuevo para nosotros”, le dijo el operador de Alligator Alcatraz al agente.
Desde el inicio de las operaciones, los detenidos se han quejado del duro entorno de las instalaciones de los Everglades, mencionando desde insectos gigantes y temperaturas sofocantes hasta mosquitos. No eran los únicos; los empleados del improvisado centro de detención también estaban expuestos a condiciones similares.
“Hola, no sé por qué sigo llamando y me comunican con otro condado, pero estoy marcando el número correcto”, dijo una voz apagada durante una llamada realizada el 14 de agosto al Condado Collier. “Siento que me voy a desmayar”.
La empleada dijo que se encontraba en la parte trasera del estacionamiento, a bordo de un carrito de golf. Con voz débil, explicó que intentaba resguardarse del sol y que no tenía agua.
En otras ocasiones, los empleados de Alligator Alcatraz llamaban por asuntos personales, como cuando su pareja no les devolvía el automóvil tras habérselo prestado o para reportar el robo de la matrícula del vehículo.
Los empleados incluso indicaron a un hombre que llamara a los servicios de emergencia cuando este llegó al lugar en mayo en busca de sus documentos de inmigración, según relató él mismo.
“Fui a la sección de objetos perdidos, pero no estaban allí. Así que me dijeron simplemente que llamara al 911”.
Claire Healy, becaria de investigación Esserman, contribuyó a este informe