Angustia en la diáspora venezolana por desaparecidos, fallecidos tras terremotos
Nilka Simosa Verde, una venezolana-estadounidense residente en Miami Beach, ha estado esperando y rezando por saber de su familia desde que dos terremotos sacudieron la costa caribeña de Venezuela el miércoles por la tarde.
En La Guaira, el estado costero vecino a Caracas donde vive su familia -y una de las zonas más afectadas por los sismos de magnitud 7.2 y 7.5-, la señal telefónica ha sido prácticamente inexistente; los mensajes de texto y las llamadas no logran entrar. El gobierno declaró el estado como zona de desastre.
Alrededor de las 3:30 a.m. del jueves, recibió noticias de otros familiares en Caracas confirmando que su padre, de 84 años, estaba bien. Su hermana y su cuñado se encontraban con él en su casa cuando ocurrieron los terremotos, poco después de las 6 p.m. del miércoles. Es probable que eso les salvara la vida, ya que el edificio de ellos se derrumbó, mientras que el de su padre no.
Sin embargo, nadie ha tenido noticias de su cuñada ni de sus sobrinos, quienes vivían en un edificio de apartamentos de 12 plantas en La Guaira que también se desplomó. Ella publicó fotos en las redes sociales pidiendo ayuda para localizarlos.
El jueves por la mañana, el padre de Simosa visitó los escombros donde antes se alzaba el edificio en el que vivían sus nietos -de 19, 11 y nueve años- en Los Corales, La Guaira. Temía que todas las personas que se encontraban en el edificio de 12 plantas hubieran fallecido. Ella relató que él gritó sus nombres y pidió auxilio a los equipos de rescate, pero nadie respondió.
“Mi papá me dice ‘hija, si dios ha sido benevolente se los llevó juntos’. Porque si hubiese dejado a uno afuera u otro, como hubiesen sufrido”.
Modelos del Servicio Geológico de EEUU sugieren que un terremoto de esta magnitud podría causar decenas de miles de víctimas. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, declaró el estado de emergencia a última hora del miércoles.
La cifra de fallecidos ha aumentado constantemente mientras los equipos de rescate buscan entre los escombros de edificios y estructuras derrumbados. Para la tarde del jueves, el número de muertos superaba los 180 y había más de 1,500 heridos. Hasta 250 edificios se han derrumbado o han sufrido daños estructurales, informó el gobierno.
Las redes sociales se llenaron de mensajes de personas que intentaban localizar a sus seres queridos. Se habilitaron varios sitios web para reportar personas desaparecidas tras los sismos, incluido “Desaparecidos Terremoto Venezuela”, donde se han reportado decenas de miles de desapariciones y se ha logrado localizar a cientos de personas.
Entre los venezolanos en Estados Unidos que aguardan noticias de sus seres queridos se encuentra Denys Silva, quien dejó su apartamento en el vecindario de Caraballeda, en La Guaira, hace años. Por aquel entonces, su hermana, Laura Silva, y su cuñado, Onai Quiñones, se mudaron a dicho apartamento.
Cuando ocurrió el terremoto, Laura se encontraba fuera paseando al perro de la pareja. Onai estaba dentro del edificio de apartamentos, según relató Silva, quien reside en Iowa.
Minutos después, el edificio se derrumbó.
Desde la distancia, Silva, quien vive en Iowa, ha visto cómo la angustia de su hermana se intensifica con el paso de las horas. Se queda cerca del derrumbe, esperando que su esposo siga vivo.
“Está desesperada”, dijo Silva. “Solo quiere que alguien vaya a ayudar a su esposo”.
María Eugenia Pardo, residente en Wellington, en el Condado Palm Beach, dijo que estaba consternada con la tragedia y angustiada porque tiene desaparecido un primo, la esposa, sus dos hijas y la suegra de este, en el estado de La Guaira.
“Estoy paralizada por primera vez en mi vida, no veo cómo ayudar. Tampoco sabemos cómo hacer llegar insumos a Venezuela. Montar un operativo de recaudación es sencillo, pero no la logística, el Aeropuerto Internacional de Maiquetía está destruido”, dijo.
Expresó que siente impotencia ante la magnitud de la tragedia.
“Ver los edificios que eran parte del día a día de mi familia destruidos, no hay palabras para describirlo. Donde quiera que tenemos familia hay destrucción”, dijo con la voz entrecortada.
Lismer Meléndez, quien vive en Miami, dijo que sintió mucha angustia al no poder hablar con la familia por las interrupciones de las comunicaciones cuando ocurrieron los sismos.
“Uno desde lejos siente también mucha angustia sin saber qué hacer para ayudarlos, es como tener el corazón en dos partes”, dijo.
Meléndez tiene familiares en Maracay, en el estado Aragua, en el centro de Venezuela, quienes le contaron una vez que logró hablar con ellos que estaban aterrados tras los dos intensos terremotos.
En varias zonas de Aragua hubo muchos daños estructurales, especialmente en Turmero y Cagua.
Tras lograr comunicarse con su familia, confirmó que estaban bien a pesar de la grave situación.
“Vivía mucha angustia tratando de contactarlos y después de casi una hora lo logré. Fue muy duro”, expresó.
Perdida de propiedades
Lisbeth De Cambra, de 59 años, dejó su apartamento frente al mar en el vecindario de Tanaguarena, en La Guaira, hace casi una década, pero nunca perdió el vínculo con el edificio.
Con el paso de los años, ella y un grupo muy unido de amigos y colegas compraron apartamentos allí, creando una comunidad que perduró incluso después de que muchos se mudaron o emigraron.
Varios de esos amigos vivían en el edificio cuando ocurrió el terremoto, De Cambra señaló.
“No fue que perdimos una propiedad; nos arrancaron algo que en cierto modo, había crecido con nosotros”, dijo De Cambra, una ex periodista venezolana que ahora reside en Orlando.
“No sabes quién está en situación de vulnerabilidad en este momento y no hay nada que puedas hacer. Es como vivir en una película de terror”.
Simosa Verde, la residente de Miami Beach, llamó los terremotos la última tragedia para los venezolanos.
“Es otra desgracia más que hemos vivido”, dijo.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de junio de 2026 a las 4:21 p. m..