FABIOLA SANTIAGO: La lección de Mitt Romney
El plan de inmigración de Donald Trump, el republicano que encabeza las encuestas, de “recuperar nuestro país” ya ha dado resultados: Ha inspirado un violento crimen de odio en Boston.
Dos hermanos que salían de un juego de los Medias Rojas de Boston utilizaron a un desamparado hispano como saco de boxeo para ventilar sus frustraciones. Según el reporte de la policía, se orinaron en la cara del hombre, le cayeron a puñetazos y lo golpearon con una cabilla, dejándolo herido, en temblores y con la nariz fracturada.
Los hermanos abandonaron la escena del crimen riéndose, algunos testigos le contaron a la policía. En el momento en que lo arrestaban, uno de los hermanos, Scott Leader, de 38 años, le dijo a la policía que no había delito alguno en asaltar al hombre por ser hispano y por ser un indigente sin hogar.
“Trump tiene razón, todos estos ilegales deben ser deportados, dijo Leader.
Eso es lo que logran los discursos cargados de odio: alimentan la ignorancia, envenenan a la gente y los convierten en bárbaros.
Ya hemos visto suficiente evidencia de que, desde que ocurrieron ataques terroristas como el del 11 de septiembre y del Maratón de Boston, la violencia se enardece en todo el país cada vez que la retórica antiinmigratoria se eleva a un nivel acalorado en debates del Congreso y campañas electorales.
Entonces ¿por que los otros candidatos republicanos no le salen al paso a la retórica de odio de Trump y se distancian de su tipo de campaña negativa y desalmada?
Porque, a pesar de haber revelado una plataforma xenofóbica con una “Reforma de inmigración que engrandecerá a Estados Unidos otra vez”, una encuesta de CNN coloca a Trump más cerca que nunca a Hillary Clinton, que encabeza las campañas demócratas. Está ahora a sólo seis puntos porcentuales de ella.
Miedo e ignorancia es lo que Trump ofrece a sus seguidores en una plataforma carente de datos reales y plena de prejuicios racistas. Él no solamente habla de erigir un muro de 2,000 millas a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México y de deportar a 11 millones de personas, incluyendo a los Dreamers, sino que también quiere eliminar la ciudadanía por nacimiento e institucionalizar un estado policíaco de ultraderecha. Bajo el presidente Trump hasta los ciudadanos tendrían que tener un permiso federal de trabajo y estar listos para responder preguntas de la policía de inmigración a cargo de proteger las ciudades, como si este país fuera una dictadura militar.
Las propuestas divisivas de Trump — aparte de su actitud ofensiva y su tono vulgar de pacotilla — deberían ser una oportunidad para que los demás candidatos republicanos ofrecieran una dosis de cordura extremadamente necesaria.
Sin embargo, lo que han hecho es cobijarse bajo el manto del famoso multimillonario en el tema de inmigración.
“Soy fanático de Donald Trump”, dice baboseando el senador por Texas Ted Cruz.
El gobernador de Wisconsin Scott Walker dice que Estados Unidos debería cesar “totalmente” de otorgar ciudadanías por nacimiento.
El hijo de Miami, Marco Rubio, cuyos padres no eran ciudadanos cuando él nació aquí en 1971, dijo que “no está a favor de derogar” la provisión constitucional de otorgar automáticamente la ciudadanía a personas nacidas en Estados Unidos. Pero declaró a los reporteros en Iowa: “Estoy abierto a hacer algo para impedir que la gente venga deliberadamente a Estados Unidos con el propósito de aprovecharse y tomar ventaja de la Enmienda 14”.
No explicó, sin embargo, cómo se las va a arreglar para vigilar en la cama a una pareja en el momento de concebir a fin de saber cuál es la motivación de esas personas para procrear.
No importa cuánto quiera Rubio distanciarse del barrio donde creció para poder apelar a la base republicana de hombres blancos, estoy segura de que él también ha oído la expresión popular “nos mastican, pero no nos tragan”. Su bajos números en las encuestas demuestran que todos sus esfuerzos por apelar a estos votantes han fracasado. En la agenda de los candidatos republicanos que injurian a los inmigrantes Rubio se ha convertido en un inmigrante más. Lo mismo ocurre con el gobernador de Louisiana Bobby Jindal, otro lamentable ejemplo de hijo de inmigrantes que es capaz de abrigar repugnancia por sí mismo.
El único candidato con una posibilidad de revertir el odio y obtener la nominación republicana es otro miamense, el ex gobernador de la Florida Jeb Bush. Pero él no puede darse el lujo de disgustar a su base conservadora de Texas-Florida y por tanto su posición sobre inmigración es, en el mejor de los casos, anémica. Su desafortunado uso del controversial término “bebés anclas” para describir a los hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos no ayuda a su causa de sostener una conversación constructiva sobre el tema de inmigración.
Pero al menos Bush estuvo dispuesto a rechazar a Trump el viernes. Tuiteó: “Poniendo a un lado sus masivas contradicciones, el plan de inmigración de @realDonaldTrump ni es conservador ni refleja los valores de nuestra nación”.
Al menos, eso es algo para los que están hartos de la situación.
Si su objetivo es ganar las elecciones, los candidatos republicanos no deberían seguir a Trump, sino aprender la lección de la derrota de Mitt Romney, quien creó el término “autodeportación” e insultó a la minoría del 47 por ciento que él pensó que no votarían por él de ninguna manera. Se autodestruyó donde más contaba: en el recinto electoral.
Los tiempos hacen un llamado al liderazgo que aboga por un plan sustancial bipartidista de reforma migratoria basado en la realidad, no en la política del miedo. Convertir a los inmigrantes en el chivo expiatorio de los males que sufre el país es una cortina de humo que Trump ha creado para secuestrar el proceso electoral.
Lo que hace su reacción inicial a la golpiza del desamparado en Boston es resaltar al egocéntrico que habita en él.
“Les diré que los que me siguen son muy apasionados”, dijo Trump al Boston Globe. “Aman a este país y quieren que este país sea grande otra vez. Son muy apasionados”.
Pero el viernes comenzó a suavizar el tono y tuiteó que el incidente había sido algo “terrible”.
“Necesitamos energía y pasión, pero debemos tratarnos unos a otros con respeto”, dijo.
Un comentario anodino y demasiado tardío.
Necesitamos rescatar a nuestro país de Donald Trump. Y la campaña también.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de agosto de 2015, 8:25 p. m. with the headline "FABIOLA SANTIAGO: La lección de Mitt Romney."