Sur de la Florida

La implosión del mundo de Alex Rodríguez tras el su uso de esteroides


Alex Rodríguez, el estelar antesalista de los Yankees de Nueva York, está envuelto en un desagradable escándalo por uso de esteroides.
Alex Rodríguez, el estelar antesalista de los Yankees de Nueva York, está envuelto en un desagradable escándalo por uso de esteroides. AP

Una tarde de primavera en el 2013, Carlos Acevedo estaba preocupado sobre su creciente montaña de facturas legales. El llamó a Anthony Bosch, el falso médico que le había enseñado el negocio del mercado negro de esteroides.

“¿A quién crees que deba contactar, si me entiendes lo que quiero decir?”, le preguntó Acevedo. Bosch entendió exactamente qué quería decir. Según transcripciones de conversaciones escuchadas subrepticiamente, Acevedo quería que uno de sus clientes del béisbol de las grandes ligas cubriera sus facturas.

Había muchas posibilidades, entre ellas Ryan Braun, uno de los jonroneros más temidos del Béisbol de las Grandes Ligas (MLB). El era un consumidor de esteroides, y lo había negado repetidas veces. El probablemente le daría algún dinero, supusieron.

Pero el blanco más fácil era otro consumidor de esteroides, Alex Rodríguez, el jugador superestrella de los Yankees de Nueva York con el contrato más jugoso del béisbol, $270 millones sobre un plazo de 10 años.

“El que tiene más dinero evidentemente es Cacique”, dijo Bosch, usando el nombre en clave que él había dado al jonronero de los Yankees. Además, dijo Bosch, Rodríguez le había pagado a él sus tarifas legales.

Las transcripciones de conversaciones escuchadas subrepticiamente que no se habían revelado nunca antes, así como otros documentos investigativos, brindan un raro vislumbre de la subcultura de esteroides del sur de la Florida en el momento en que estallaba el escándalo de Biogenesis. Ellas muestran que, cuando las cosas se pusieron malas, los miembros de la red de venta de esteroides empezaron a buscar modos de salvarse y a sacarle dinero a Rodríguez hasta que acabaron traicionándolo.

A cambio de mantener su secreto, ellos esperaban ser pagados. Aunque había otros clientes adinerados como “Bleeping Braun” (”El Cabrero Braun”), como lo llamaba Acevedo, A-Rod era el que tenía la billetera más gruesa y más que perder. El estaba desesperado por proteger su nombre, su reputación y su gigantesco contrato.

Bosch y Acevedo, socios en la clínica anti-envejecimiento de Coral Gables, no eran los únicos que veían así a Rodríguez. Entre otros estaba el primo de Rodríguez, Yuri Sucart, un correveidile de esteroides bautizado como “shrek” por los medios de prensa de Nueva York, quien tuvo una pelea con él por dinero luego de dos décadas de servirle en sus más mínimas necesidades.

Documentos acusadores

Era la primavera del 2013. La clínica de Biogenesis había sido cerrada y se encontraba bajo investigación por lo criminal. Una pesquisa federal de drogas en curso había ganado impulso después de que el Miami New Times reportara en enero que Bosch y su pandilla estaban distribuyendo testosterona, hormonas de crecimiento humano y otras sustancias prohibidas a jugadores de MLB.

Pero no había pruebas — ninguna prueba de droga fallida — sólo un artículo en un periódico basado en expedientes médicos que las autoridades federales y MLB no tenían en su poder. Ambos estaban decididos a toda costa a echarle mano a esos expedientes. Para las personas que tenían los documentos o sabían los secretos de Rodríguez de primera mano, esta era una oportunidad única, según muestran registros judiciales e investigativos.

Rodríguez, con la esperanza de hacerse de las pruebas y asegurar el silencio, dio dinero a manos llenas a Bosch, el ex dueño de Biogenesis. Y a Gary Jones, un hombre con un expediente delictivo que se las arregló para sacar un montón de expedientes clínicos de la clínica a Porter Fischer, el empleado despechado de Biogenesis que se los robó. Y a Sucart, el asistente de mucho tiempo del pelotero.

Con su arsenal de información, Jones sacó beneficios por ambas partes, vendiendo documentos de Biogenesis a Rodríguez por $200,000 y a los investigadores de MLB por $150,000.

“Si la gente acudía a Rodríguez, fue porque él estaba a la venta”, dijo una fuente familiarizada con la investigación federal por lo criminal, centrada en la red de suministro de Biogenesis. “El hizo saber a través de sus intermediarios que estaba dispuesto a pagar por su silencio. En otros casos, él acudió a testigos y los sobornó para mantenerlos callados”.

Desde que la fiscalía federal presentara cargos de distribución de esteroides en agosto, Bosch, Acevedo, el proveedor Jorge Velázquez y el repartidor Christopher Engroba se han declarado culpables. Sucart, a pesar de las grabaciones de agentes encubiertos que captaron su papel en las compras de esteroides, planea ir a juicio en febrero. Ni Jones ni Fischer han sido acusados en el caso de conspiración para venta de esteroides.

Al final, algunas de las personas que prometieron no hablar a las autoridades lo contaron todo como quiera. Bosch y Acevedo se convirtieron en testigos para el gobierno.

El mismo Rodríguez acabó denunciándose a sí mismo. Esta última semana, el Miami Herald reportó en exclusiva que el jugador de 39 años admitió a agentes federales de droga en enero que él había usado sustancias dopantes. El las había comprado en la clínica de Bosch entre fines del 2010 y octubre del 2012, a un costo de $12,000 al mes. El testimonio de Rodríguez está resumido en un informe de 15 páginas reportado por el Miami Herald.

La declaración de Rodríguez, presentada bajo juramento tras una promesa de inmunidad, contradijo meses de constantes negativas en público sobre uso de esteroides durante el tiempo que jugó con los Yankees.

El año pasado, el jonronero de los Yankees estuvo entre 14 peloteros suspendidos por el comisionado de MLB por sus vínculos con la clínica de Biogenesis.

Rodríguez, pelotero estrella en la secundaria en Miami-Dade y benefactor de la Universidad de Miami cuyo nombre había sido dado al estadio de béisbol de UM en Coral Gables, recibió la suspensión más larga: 211 juegos. En enero, un arbitrador redujo la penalidad a 162 juegos. El infielder pudo volver a jugar con los Yankees después de la Serie Mundial del 2014.

Derrochador

Pocas veces se ha gastado tanto dinero en aras del silencio con tan pobres resultados.

Cuando estalló el escándalo de Biogenesis a principios del 2013, Bosch tenía aún unos 20 clientes que necesitaban sus sustancias para crear músculo. Pero él ya no operaba su clínica y se había quedado sin suministros, según su declaración a la autoridades. ¿Qué podía hacer? Presionar a Rodríguez.

A-Rod, quien ya no estaba usando esteroides en ese momento, acordó pagar por los suministros — subvencionando de hecho a los demás clientes de Bosch — para mantenerlo contento” de modo que él “no abriera la boca” sobre su relación con el pelotero ante directivos de las grandes ligas, dijo el traficante de esteroides a agentes de la DEA en abril de este año.

El jonronero compró miles de dólares en drogas a uno de los proveedores de Bosch, Velázquez, para que Bosch pudiera cumplir con los pedidos de sus clientes restantes, dijo Bosch en su declaración a la DEA. Debido a que la clínica cerca del recinto de la Universidad de Miami camya no estaba abierto, la casa de Bosch en Coconut Grove se convirtió en un dispensario de drogas.

Velázquez compró supuestamente la testosterona y otras sustancias dopantes a un farmacéutico, Paulo Berejuk, a quien se acusa de prepararlas en el garaje de su casa de Kendall. El fue sumado recientemente al encausamiento de Biogenesis y se declaró inocente.

Bosch dijo que se había reunido con Velázquez y un hombre de confianza de Rodríguez, José “Pepe” Gómez, para discutir pagos adicionales. Sentado con los demás en el jeep de Gómez estacionado en Coral Gables, Velázquez dijo que Gómez “había ideado una estrategia” para que Bosch recibiera entre $20,000 y $25,000 al mes de manos de Rodríguez para ayudarlo hasta que el escándalo de Biogenesis “se calmara”, según la declaración de Bosch a la DEA.

Bosch dijo a los agentes federales que “él acordó quitarse de en medio y recibir el dinero”. El acabó cooperando con directivos de MLB y agentes de la DEA.

Bosch presionó a Rodríguez numerosas veces. Apenas días antes de que el New Times publicara su reportaje poniendo al descubierto la conexión de Biogenesis con MLB a fines de enero del 2013, su abogada defensora, Susy Ribero-Ayala, pidió inicialmente un anticipo de 500,000, contó Bosch a la DEA. El plan de Bosch era de que se lo pagara Rodríguez.

Un amigo de Rodríguez, el famoso abogado defensor por lo criminal Roy Black, negoció para bajar esa cifra a $25,000 y aconsejó al pelotero que la pagara, lo cual él hizo en febrero del 2013, dijo Rodríguez en su declaración a la DEA.

Una oferta para desaparecer

En medio de esa reunión con la DEA en Weston en enero de este año, Joseph Tacopina, abogado defensor de Rodríguez, le pidió a su cliente que saliera del salón de conferencias para poder compartir cierta información con investigadores y fiscales.

Después el abogado describió otro intento por sacarle $500,000 a su cliente. Tacopina dijo que Bosch hizo que Velázquez, el suministrador de esteroides, se acercara a Gómez, amigo de Rodríguez, con la siguiente propuesta:

Si me das $500,000 “desaparezco”.

Gómez, que no está acusado de ningún delito, la rechazó.

Durante la reunión con la DEA, Tacopina también le dijo a los investigadores que Gómez empezó a actuar por su cuenta para “ayudar” a Rodríguez. Contó que Velázquez le dijo a Gómez que sabía quién había robado los archivos de Biogenesis: Porter Fischer.

Fischer, ex vicepresidente de mercadeo de la clínica, estaba furioso con Bosch porque éste no le pagó los $4,000 que le prestó para el negocio.

De hecho, Fischer fue el soplón que instigó la historia del New Times sobre Biogenesis cuando le dió copias de los archivos de la clínica —específicamente cuadernos de Bosch donde se detallaba qué pacientes usaron drogas para mejorar el rendimiento de su clínica— al periódico en el otoño del 2012.

El abogado de Rodríguez dijo que Gómez, por su propia iniciativa, le dio a Velázquez $4,000 para que le diera a Fischer. A cambio, Fischer le entregó los cuadernos robados, según el reporte de la DEA.

La semana pasada, Fischer contradijo la declaración que le dio Tacopina a la DEA, y le dijo al Miami Herald que recuperó sus $4,000 pero que recibió el dinero de manos de Peter Carbone, dueño de un salón de bronceado de Boca Raton que Fischer frecuentaba. En cualquier caso, el dinero vino de los intermediarios de Rodríguez.

Fue justamente en el Boca Tanning Club que Fischer conoció a Gary Jones, un empleado que reparaba las camas de bronceado. Por razones que no están del todo claras, Jones también tenía en su poder algunos archivos de Biogenesis. El equipo investigador de Rodríguez quería también esos documentos, de modo que le pagó $200,000, le narró Tacopina a los agentes de la DEA.

A cambio del dinero, los representantes de Rodríguez también recibirían un video de la reunión de Jones con un investigador de la MLB, Dan Mullin. En dicha reunión, por $125,000.

Jones le vendió otro grupo de documentos a Mullin, ex detective de Nueva York, por $25,000.

Aunque Rodríguez quería que los archivos no estuvieran al alcance de otras manos, funcionarios de la MLB los querían para poder demostrar que Rodríguez y otros peloteros habían hecho trampa.

En un declaración jurada, Jones dijo que el último grupo, el que vendió por $25,000, había sido “robado” del auto de Fischer cuando estaba estacionado afuera del salón de bronceado y que le dijo a Mullin que los documentos habían sido robados.

El equipo investigador de Rodríguez trató de usar la declaración jurada de Jones para desacreditar la “cacería de brujas” de MLB, diciendo que era una prueba evidente de que la MLB quería destruir su carrera de la forma que fuera necesaria. Los funcionarios de MLB disputaron la afirmación de Jones, y dijeron que nunca le dijo a Mullin que los archivos habían sido robados.

El primo Yuri

Nadie se aprovechó de la cuenta bancaria de Rodríguez más que su primo, Yuri, que había estado a entera disposición del pelotero desde que Rodríguez llegó a las Mayores como un fenómeno de 18 años de Miami-Dade en 1993.

La controversia no ha dejado de seguir a ambos desde el 2009, la primera vez que Rodríguez tuvo problemas por el consumo de esteroides. En aquella ocasión, la revista Sports Illustrated reportó que Rodríguez había dado positivo cuando jugaba para los Rangers de Texas Rangers entre el 2001 y el 2003, una noticia que se conoció al filtrarse los resultados de sus análisis.

Después que se publicó la historia, Rodríguez admitió que era cierta, pero dijo que había dejado de usar esteroides desde entonces. En una conferencia de prensa, dijo que obtuvo las drogas a través de su asistente, Sucart, una declaración que provocó que a Sucart se le prohibiera asociarse con nadie de las Grandes Ligas.

Sin embargo, Sucart siguió siendo asistente personal de Rodríguez. En el verano del 2010, Sucart le presentó a Rodríguez un “médico” que lo había ayudado a ponerse en mejores condiciones físicas. Era Bosch, el propietario de Biogenesis, que en realidad no era médico.

La reunión convirtió a Rodríguez en un cliente regular, que le pagaba a Bosch $12,000 mensuales por crema de testosterona, píldoras “gummy” con testosterona y jeringas previamente llenas de hormonas para el crecimiento humano, según reconoció Rodríguez en su declaración a la DEA. Rodríguez dijo que mantuvo el “protocolo” de esteroides de Bosch hasta finales de la temporada del 2012.

Entretanto, Rodríguez y Sucart tuvieron un amargo enfrentamiento después que el jugador dijo que su contador descubrió que Sucart había “gastado frívolamente” entre $250,000 y $500,000 sin su aprobación, de acuerdo con la declaración de Rodríguez a la DEA. Posteriormente, Rodríguez lo despidió.

Sucart, que vive en una casa del suroeste de Miami-Dade que le compró Rodríguez, contrató a un abogado, quien presionó al pelotero para que prometiera ocuparse de Sucart de por vida. Antes que surgiera el escándalo de Biogenesis, Rodríguez le propuso a Sucart dos acuerdos. Cada uno estaba valorado en unos $600,000, aunque la cifra incluía el valor de su casa.

Sucart rechazó las ofertas de Rodríguez. En diciembre del 2012, el abogado de Sucart, Jeffrey Sonn, le mandó al jugador una carta con una propuesta de $5 millones.

“Yuri, incluso después de haber sido acusado de ser una mula de esteroides para ti [en 2009], mantuvo tu confianza en todas tus actividades cuando jugabas para los Rangers y los Yankees”, escribió Sonn. “Yuri está completamente perdido y no puede comprender por qué lo abandonaste”.

Rodríguez le dijo a la DEA que considerada la carta como “extorsión”. Durante la semana pasada, se citaron las palabras del abogado de Sucart cuando dijo que la disputa fue simplemente un “rompimiento de contrato”. El viernes, Sonn declinó hacer comentarios para esta historia.

En junio del 2013, los dos primos firmaron un acuerdo confidencial sin tener que ir a los tribunales: Rodríguez estuvo de acuerdo a pagarle a Sucart $900,000 y dejar que conservara su casa de Miami-Dade y un Chevy Suburban, además de $300,000 en un “seguro médico”.

A cambio del dinero de Rodríguez, Sucart accedió a no discutir los asuntos personales y confidenciales de su primo.

Carmen, la esposa de Sucart, ha hablado, pero no sobre el consumo de esteroides de Rodríguez.

La semana pasada, Carmen describió a Rodríguez como el “diablo en persona”, y le dijo al diario New York Daily News que durante la pelea por el dinero, el jugador recorrió la casa de Sucart como si quisiera marcar su territorio.

“Actuó de una forma arrogante”, dijo. “¿Sabe lo que hizo? Orinó contra la pared de mi casa, cerca de la piscina”.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de noviembre de 2014, 8:07 a. m. with the headline "La implosión del mundo de Alex Rodríguez tras el su uso de esteroides."

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