Sur de la Florida

La Liga contra el Cáncer, una tabla de salvación


Noemi de Raffaele junyo a su amiga Francisca González. Ambas recibieron ayuda de La Liga contra el cáncer y allí se hicieron amigas.
Noemi de Raffaele junyo a su amiga Francisca González. Ambas recibieron ayuda de La Liga contra el cáncer y allí se hicieron amigas. Miami Herald

El coro al inicio de la canción Waka Waka, de Shakira, trae a la pantalla una puesta de sol en la llanura africana. Por la pasarela, chicas vestidas con telas de rayas y estampados africanos en tonos tierra unen sus manos en oración mientras balancean sus caderas de un lado a otro. Las mesas, que estaban repletas, quedan vacías en lo que padres y abuelos tratan de buscar el mejor lugar para corear la canción y captar la escena, cámaras y teléfonos celulares en mano, mientras las jóvenes modelos desfilaban por la pasarela.

Esta era la escena el 25 de octubre en el 13er Desfile de Moda Infantil, al cual asistieron amigos y familiares de más de 100 niños quienes desfilaron para el público presente, recaudando más de $100,000 a través de venta de entradas, campañas de recaudación de fondos, una subasta silente y rifas.

Lo recaudado permitirá darle la oportunidad a hombres, mujeres y niños de bajos ingresos, que sean residentes de la Florida, de luchar contra el cáncer, cumpliendo con la misión de la Liga Contra el Cáncer, una organización sin ánimo de lucro, que fue fundada en Miami en 1975.

“Fue uno de los mejores desfiles de modas que hayamos tenido”, dijo Mayra Piña, organizadora del evento, quien lleva más de 30 años como voluntaria de La Liga. “Fue un éxito total”.

Para Piña, de 65 años, el éxito de la Liga, la cual ha tratado a más de 61,000 personas en todo este tiempo, es el resultado de un compromiso: a diferencia de muchas otras organizaciones similares, tanto los médicos de la Liga como su junta directiva y su junta ejecutiva son todos voluntarios. “Ni siquiera recibimos reembolsos por la gasolina”, dijo Piña.

La fuerza de voluntarios de la Liga y los hospitales de apoyo como el Baptist Health, el cual no cobra a la Liga por usar sus instalaciones, asegura que, de cada dólar que se dona, 80 centavos van a parar a los pacientes, y 12 centavos se dedican a costos administrativos.

“Aquí se le da tratamiento a las personas”, dijo Manny Alfonso, de 46 años, quien empezó como “cangrejito” (niño voluntario) a los 8. “Si te diagnostican cáncer, no tienes a dónde ir, estás desesperado y no tienes un centavo para pagar, vienes, y, si calificas, la Liga te lo paga todo”, dijo.

Los residentes de la Florida de bajos ingresos con un diagnóstico de cáncer que son aceptados en la Liga, reciben todo para su tratamiento, incluyendo medicinas, visitas de seguimiento, apoyo psicológico y hasta pelucas sin costo alguno.

“Probablemente yo ya no estaría viva si no hubiera sido por la Liga”, dijo Francisca González, de 47 años, mientras su amiga Noemi de Raffaele, de 73, asentía con la cabeza. Las amigas se conocieron hace 10 años en la sala de quimioterapia de la sede de la Liga. Ambas eran amas de casa sin seguro médico cuando fueron diagnosticadas.

De Raffaele, a quien se le diagnosticó un tumor canceroso entre la clavícula y el seno, consideró la posibilidad de vender su casa para pagar sus facturas médicas. González pensó en regresar a México porque temía que no podría pagar por el tratamiento de su cáncer de seno en etapa II.

“No hay palabras para describir la labor de estas personas”, dijo De Raffaele, quien recibe inyecciones mensuales para prevenir el regreso del cáncer. “Aquí, nunca tenemos que preocuparnos por nada”.

Ambas mujeres continúan visitando la Liga cada vez que pueden, incluso después de terminar sus tratamientos, ya sea para ayudar a los demás pacientes o para cualquier otra cosa que se necesite.

“Quisiera poder ganarme la lotería para poder venir aquí cada vez que me necesiten”, dijo González, quien no tiene problemas en faltar al trabajo para ayudar a su segunda familia.

La Liga no es sólo una familia adoptiva. La mayor parte de la junta directiva puede decir que sus madres participaban activamente en la Liga décadas atrás en Cuba. Sus hijos y nietos son también voluntarios.

Los dos hijos de Piña, Alexander y Christopher, quienes ya tienen 30 y tantos años, empezaron como “cangrejitos” y continúan participando en la actualidad. Sus tres nietas, Sophia, de 12 años, Carolina, de 6, y Emma, de 3, también son “cangrejitas”.

“Por eso es que la Liga es un lugar tan bello, es que va de generación en generación”, dijo Piña.

La clave de la larga historia generacional de la Liga es su fundación original en Cuba en 1925. La organización se disolvió después de la revolución de 1959, pero se las arregló para llegar al sur de la Florida con los miles de cubanos que vinieron a parar aquí en los años que siguieron a la revolución.

“La Liga tenía mucha fuerza en Cuba”, dijo Adriana Cora, de 73 años, vicepresidenta ejecutiva y voluntaria a tiempo completo desde hace más de 40 años. “Cuando vinimos acá, la comunidad cubana tenían algo que los conectaba con su pasado”.

Según Cora, quien es sobreviviente de cáncer de seno, muchos miembros están tan comprometidos con la Liga que a menudo siguen trabajando como voluntarios a pesar de sus problemas personales.

Cora continuó su participación en la misma tras vencer el cáncer. Piña siguió trabajando como voluntario a pesar del accidente de clavado de su hijo menor hace tres años, el cual lo dejó cuadrapléjico. Alfonso continuó tras vencer su cáncer de testículo ocho años atrás.

“No creo que nos consideremos abnegados”, dijo Cora. “Es un privilegio, un honor, estar aquí y hacer esto”.

“Una vez que estás en la Liga”, dijo Piña, “no te puedes ir”.

For more information

La Contra el cáncer

305-856-4914; ligacontraelcancer.org

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de noviembre de 2014, 7:08 p. m. with the headline "La Liga contra el Cáncer, una tabla de salvación."

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